Una mañana te levantas, te diriges a la cocina y descubres que no puedes entrar, pues hay una puerta blindada, con ranura para bandeja, al más puro estilo carcelario.
Aporreas esa barrera inadmisible, hasta que se abre la ranura y ves al otro lado los ojos de alguien.
Entonces comienza el más absurdo diálogo.
El desconocido ocupante, demuestra poseer notables dotes oratorias. Reconduce todas tus quejas y protestas, hasta hacerlas parecer insignificantes.
Te convence de las ventajas de esta nueva situación.
Tal susodicho, a cambio de la usurpación de esa parcela de tus dominios, te ofrece sus servicios como cocinero personal, además de correr con los gastos y la compra de los alimentos.
La oferta es tentadora, pues ni te sobra dinero ni te apasiona cocinar.
Tras mucho negociar, cerráis el acuerdo mediante la firma de un contrato.
Una de las cláusulas más curiosas del legajo, es la que te obliga a elegir un nuevo cocineril relevo cada cuatro meses.
Tu no has pedido eso, y ya no recuerdas las razones que te convencieron de la idoneidad de semejante requisito.
Supuestamente, ello obliga a dicho fulano a esforzarse y esmerarse en su labor. Pero a ti te suena a pretexto trilero.
Lo cierto y verdad es que, esa rotación de 'sirvientes', te roba toda posibilidad de recuperar jamás tu cocina.
Pero, si lo piensas, aun sin eso, poco podrías hacer.
No conoces ni el nombre ni la identidad de tu expropiante inquilino.
Así pues, comienzas a disfrutar de este servicio sobrevenido.
Al principio te debates entre la rebeldía y la complacencia.
Realmente es muy cómodo disponer de comidas preparadas y gratuitas.
Pero todavía buscas alguna manera de deshacerte del autoinstaurado convidado.
Inspeccionas el exterior del edificio y descubres que la ventana de tu cocina da a una nueva escalera de incendios, que curiosamente no desciende hasta la calle, sino que sube hasta el tejado.
Espías con unos prismáticos las entradas y salidas del interfecto, pero no logras obtener ningún rasgo identificativo, pues va cubierto con amplias ropas, capucha, gafas de sol y mascarilla anticontaminación.
No hay manera de seguirle el rastro, pues el acceso a los tejados está cerrado con una insólita cerradura, de la que nadie parece tener llave.
Intentas movilizar a la policía en ayuda de tu causa, pero descubres lo que ya sospechabas: No mueven ni un dedo a tu favor.
Acudes a la vía judicial. Lo mismo de lo mismo. El contrato es legal y vinculante. Y para colmo solo se puede finalizar si ambas partes están de acuerdo. Resulta que la ley se ha vuelto totalmente antilógica para según que cosas. Casualidades de la vida.
Por eso no te sorprende descubrir que todos tus vecinos se encuentran igualmente parasitados.
Los medios no dicen ni mu de esta masiva invasión orquestada.
Y, cómo no, los precios de los alimentos se han disparado. Ya no podrías alimentarte por tu cuenta ni aunque quisieras.
Así pasan cuatro meses y por vez primera debes elegir el próximo 'chef' de tu cocina.
Se te ofrece un libreto con los menús ofertados por cada candidato.
En realidad hay poca diferencia entre los platos de unos y otros.
Los aspirantes se hacen llamar cada uno con el nombre de un color, lo cual te hace sentir como en una película de atracos.
Tras mucho darle vueltas, eliges al señor Marrón, no por nada en particular.
Pasa el tiempo y cada vez te incomoda más esta dependencia involuntaria. Te molesta la rigidez del programa semanal de menús. Te molestan las no negociables cantidades que se te sirven. Te molesta no poder eludir ni una sola comida.
Pero lo peor de todo es lo que no sabes.
No sabes que tu cocinero te está envenenando en secreto.
Poco a poco, te vas volviendo apático, lento, memo.
Ya no te queda seso ni energía, para escapar de esa trampa fatal.
Sin darte cuenta, te estás dando por vencido.
Cada día más débil, tonto y estéril.
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3 de noviembre de 2018
13 de julio de 2018
uno contra uno
Tras una serie de rocambolescas carambolas que no voy a explicar ahora, la humanidad ha encontrado una solución definitiva para sus problemas:
La ley del uno contra uno.
Esta ley establece que la única violencia permitida es la de la lucha cuerpo a cuerpo, sin armas ni protecciones.
La contienda es a vida o muerte y se efectúa en un recinto especial del que no se puede salir hasta que uno de los contrincantes fallece.
Y solo se permite la lucha si ambos antagonistas certifican oficialmente su voluntad de enfrentamiento.
Obviamente, casi nadie hace uso de semejante servicio. Ahora, todo conflicto se resuelve civilizadamente mediante pleitos y litigios, arbitrados o no, a veces interminables.
Por supuesto, una simple ley no basta para acotar las pulsiones criminales, por eso hay otras disposiciones adicionales y complementarias. La principal de ellas: Que toda persona queda bajo la vigilancia permanente de un robot que le sigue en todo momento.
Los tales robots son denominados 'sombras', pues se mantienen siempre en un discreto segundo plano. Y solo tienen una directriz: Si su vigilado aplica sobre cualquier otra persona una fuerza física superior a la permitida, el robot procede a la inmediata aniquilación del infractor.
El umbral de fuerza aceptable está perfectamente medido y balanceado, y es bastante bajo.
Un chocar de palmas especialmente efusivo, sería suficiente para sobrepasar dicha medida.
Por eso, ahora se pone gran cuidado en el comportamiento y las maneras.
Chocar con alguien por ir corriendo distraído, es una forma muy tonta de perder la vida.
Debo aclarar un matiz de dicha directriz: Se considera que el vigilado aplica una fuerza física, incluso cuando lo hace de manera indirecta.
Por ejemplo, si el sujeto le pone la zancadilla a otra persona y la persona cae al suelo y el impacto recibido sobrepasa el límite de fuerza permitido, se extermina igualmente al zancadilleador.
Los robots están conectados en red y comparten toda su información, de esta manera pueden dilucidar perfectamente el origen de cualquier evento violento, por más que el causante pretenda eludir su responsabilidad.
Lo mismo sucede con cualquier otro delito hacia bienes materiales o hacia el ecosistema: Todo infractor es inmediatamente apresado e inmovilizado por su robot-sombra, que mantiene su presa indefinidamente durante tanto tiempo como se haya estipulado a modo de condena, de acuerdo a la falta cometida.
De esta manera, el sistema prescinde y se ahorra de tener jurados y prisiones.
Una falta grave, puede traducirse en semanas de retención, sin comida ni agua ni resguardo frente a las inclemencias.
Asique, no es para tomárselo a broma, que digamos.
Los malvados parecen no querer comprender esto, por eso son los primeros en pagar las consecuencias de su insensatez.
El sistema ha cambiado grandemente su diseño y estructura. Ya no existen instituciones oficiales. Los robots han asumido toda función administrativa, por una simple cuestión de eficiencia.
Los robots saben muy bien que deben intervenir y participar lo menos posible, por eso limitan su actuación directa a lo mínimo imprescindible, en aquellos puestos clave donde una mala acción podría ocasionar daños considerables.
Cuanto más limitada queda la posibilidad de violencia, más retorcidas se vuelven las mentes malignas. Eso les lleva a maquinar todo tipo de sabotajes indirectos y colaterales.
Sin embargo, tales argucias resultan de lo más pueriles frente a la superior inteligencia y control de los robots.
Así es cómo la humanidad ha alcanzado una existencia altamente civilizada. Más o menos.
La estupidez es más persistente de lo que parece.
El sistema procura canalizarla de manera que moleste lo menos posible.
Para esto, hay también una supervisión del comportamiento social.
Los robots no solo vigilan las acciones físicas, también hacen seguimiento de las interacciones virtuales.
Esto les permite calibrar la inteligencia de cada persona.
Miden la inteligencia mediante un porcentaje.
Toda persona comienza con la media, lo normal, cifrada como un salomónico 50%.
Cada acción que contravenga alguna norma cívica, o cada mensaje que produzca considerable rechazo en la comunidad, se traduce en la pérdida de un punto de inteligencia.
Ganar puntos de inteligencia es un poco más difícil, pues requiere sobresaliente comportamiento y/o sobresaliente aceptación de tus aportes sapienciales a la comunidad.
Lo interesante de esto, es que los robots asignan y reparten los distintos oficios y cargos, en función de la inteligencia de cada cual.
No hay puestos fijos. Cada día se te indica el sitio y la hora para cumplir una tarea.
Eres libre de obedecer o no, pero faltar a tu deber se traduce en pérdida de puntuación de inteligencia y en no ganancia de dinero.
El dinero es ahora totalmente virtual y está enteramente controlado por los robots. Ya no hay posibilidad de especulación ni de maluso, ya no hay modo de evasión ni de extorsión, ya no hay forma de explotar al prójimo para ganar económicamente preponderancia o poder.
Las personas de máxima inteligencia, acceden a puestos de especial responsabilidad, sin que ello implique mayor remuneración o altos privilegios, aparte de un cierto estatus que se explicará luego.
Obviamente, una gran responsabilidad te prestigia y otorga notable satisfacción, pues posibilita el participar plenamente en la gestión y administración de la comunidad, te da ocasión de sentirte fraternalmente relevante, reconocido y realizado.
Por otra parte, las personas de menor inteligencia, son destinadas a las tareas más básicas y elementales. Uséase, limpiar la calle y cosas así.
Limpiar la calle puede parecer una nimia trivialidad, pero tiene más importancia de lo que parece. Cada vez que un robot elimina a un infractor, envía una orden de despojamiento para que alguien retire el cadáver, sanee la calle y traslade el cuerpo hasta la planta de incineración.
Que las personas de parva inteligencia efectúen este cometido, sirve para que tomen conciencia de su propia mortalidad y de su proximidad a terminar de tan lamentable manera.
A poco inteligente que sea uno, tal incentivo es más que suficiente para esforzarse lo más posible en elevar su puntuación.
Para aquellos que ni aun así parecen dispuestos a entrar en razón, existe la zona de evasión. La zona de evasión son unas instalaciones algo apartadas, que solo abren durante la noche y que ofrecen alcohol gratis.
Ni que decir tiene, eso actúa como irresistible imán congregador de descarriados, que tienen todos los números para acabar malamente la juerga, debido a sus excesos etílicos.
Así se atenúa la carga de ineptitud y la sociedad se mantiene en unos términos cada vez más óptimos y adecuados.
Por cierto, a los eliminados se los denomina boñigas y nunca se indica su identidad, ni su pasado, ni las circunstancias de su cese vital. A todos los efectos, las boñigas son materia inmunda, merecedora de poca o nula consideración mediática.
Ya no hay noticiarios per se. Ahora toda la información objetiva está disponible cronológicamente en la red. Sin embargo, según tu puntuación de inteligencia, tu acceso a dicha información es restringido.
Respecto a la puntuación de inteligencia, debo hacer una aclaración: Oficialmente la puntuación máxima es 100% y la puntuación mínima es 1%. Sin embargo, extraoficialmente, los robots contabilizan en secreto toda puntuación que sobrepase dichos límites. Esto les sirve para sopesar mejor sus asignaciones, cuando en ellas cabe aplicar un baremo de prioridad jerárquica.
Volviendo al acceso a la información: A diario cada persona debe superar primero el modo radio, para así después poder hacer uso de internet.
El modo radio consiste en un noticiario personalizado, locutado por una carismática voz sintética.
La gracia del modo radio es que el número y duración de sus noticias es inversamente proporcional a tu puntuación.
Si tu inteligencia es de 1, te tocará escuchar 100 largas noticias que relaten los logros y hazañas protagonizados por las personas de inteligencia 100.
Y si tu inteligencia es de 100, te tocará escuchar 1 breve noticia protagonizada por una persona de inteligencia 1.
Una vez superado este trámite, tu acceso a la información también dependerá de tu puntuación.
Toda inteligencia menor de 50, no tendrá acceso a los detalles de ningún suceso que implique alguna boñiga, ni de ninguna otra disposición con datos estratégicamente valiosos o delicados.
De 50 hacia arriba, el acceso a los detalles va siendo progresivamente mayor, cosa que permite una mejor participación conjunta en la sociedad.
Este es un punto clave, pues los robots adecuan sus prioridades y gestiones, de acuerdo al criterio consensuado de la comunidad.
Los robots no están dotados de conciencia cognitiva, asique no pueden valorar en sí misma la lucidez o cordura de la población. Simplemente depuran las tendencias más claras, viables y sostenibles, de acuerdo a su directriz principal. Entonces, en concordancia con los múltiples parámetros intervinientes, organizan y disponen los recursos y las tareas, encaminados hacia la consecución de los propósitos establecidos.
Por ejemplo, pongamos que de pronto a la gente le da por construir una torre que llegue hasta el Cielo. Los robots van a colaborar perfectamente con tal empeño y proyecto, siempre y cuando se efectúe respetando la integridad física de los implicados en dicha actividad.
Para decirlo más claro: Los robots no tienen juicio propio ni empatía, no poseen ley robótica alguna que les obligue a preservar la vida humana, su función se limita a castigar la violencia y a administrar sabiamente los recursos del sistema.
Si una persona, haciendo montañismo se cae y queda malherida, su robot-sombra dará aviso para que otras personas acudan a su rescate si así lo desean, pero no hará nada más.
Entonces es cuando se pone a prueba la verdadera solidaridad de la sociedad.
La puntuación de inteligencia es siempre secreta. El sistema únicamente te notifica los +1 o -1 que te aplica cuando corresponde.
Asique, la única manera de hacerte una idea aproximada de tu puntuación, es contando el número de noticias de tu modo radio.
Volviendo al montañista malherido. Puede ser que se trate de alguien de alta puntuación o de baja puntuación. Dependiendo del caso, su rescate tendrá +1 o no. Y también dependiendo del caso, la omisión de su rescate tendrá -1 o no.
Los robots tienden a ofrecer primeramente las tareas a aquellas puntuaciones más necesitadas de aumento y mejora, teniendo en cuenta las capacidades de cada candidato para cada caso concreto. Su lógica, siempre busca resultados efectivos, eficaces y eficientes.
Conocen a la perfección las virtudes y defectos de cada persona, y diseñan cuidadosamente un programa personalizado de tareas, para completar y propiciar el crecimiento armónico de todo sujeto.
Otra cosa es que la persona sea lo suficientemente lúcida como para consentir en progresar adecuadamente.
Hay mucho desgraciado suelto, cuyo único propósito es ir a la perdición.
Los robots no tienen ningún problema con esto. Pueden readaptar infinitamente los itinerarios propuestos.
Luego, es cuestión de tiempo que el condenado salve su pellejo o, en los más de los casos, acabe en boñiga más pronto que tarde.
Otro aspecto que ha cambiado significativamente, es el transporte.
Cualquier cosa en manos de un necio o malévolo, se convierte en arma peligrosa. Por eso ya no hay vehículos de conducción humana, se han sustituido por cañones balísticos.
Los robots han perfeccionado este método de envío de mercancías y pasajeros.
Ahora, para viajar debes colocarte en posición fetal con una máscara respiratoria y se te recubre con una protectora espuma polímera, que te convierte en cápsula aerodinámica.
Luego, basta un bien orientado y calibrado cañonazo, para llegar a tu destino en un abrir y cerrar de ojos.
Respecto a los robot-sombra, decir que pueden modificar su altura y complexión, que siempre adaptan similar a la de su vigilado.
Y cabe añadir que hacen honor a su nombre, pues son completamente negros y silenciosos.
Intentar averiarlos o desactivarlos, es garantía de acabar boñiga.
Cuando algún robot se estropea, inmediatamente es reemplazado por su semejante operativo más cercano, proceso que efectúan en cadena, coordinadamente, tantos como sea preciso, hasta cubrir todas las posiciones, con el mínimo lapso y desplazamiento posible, con apoyo y cobertura de drones para mantener a los vigilados controlados en todo momento, hasta la rauda incorporación de una unidad nueva, proveniente de alguna de las muchas sucursales robóticas esparcidas por el área poblacional.
En cuanto al método que utilizan para acabar con la vida de los infractores, consiste en un sencillo quiebre de pescuezo.
Con los menores de edad, se sigue un protocolo algo más clemente y permisivo.
Cuando el menor comete alguna infracción, se le inmoviliza tanto tiempo como grave se considere su falta, teniendo en cuenta su edad y madurez, su fuerza e intencionalidad.
Creo que ya está todo.
Este es el bonito mundo que tenemos ahora.
Y bien que está y que dure así, pues en verdad nos libra de mucho mal.
Raro es quien no sabe apreciarlo y disfrutarlo.
Los malnacidos y renegados ya se han extinguido, y los que prueban a asomarse de nuevo, duran menos que un suspiro.
Pobrecillos.
La ley del uno contra uno.
Esta ley establece que la única violencia permitida es la de la lucha cuerpo a cuerpo, sin armas ni protecciones.
La contienda es a vida o muerte y se efectúa en un recinto especial del que no se puede salir hasta que uno de los contrincantes fallece.
Y solo se permite la lucha si ambos antagonistas certifican oficialmente su voluntad de enfrentamiento.
Obviamente, casi nadie hace uso de semejante servicio. Ahora, todo conflicto se resuelve civilizadamente mediante pleitos y litigios, arbitrados o no, a veces interminables.
Por supuesto, una simple ley no basta para acotar las pulsiones criminales, por eso hay otras disposiciones adicionales y complementarias. La principal de ellas: Que toda persona queda bajo la vigilancia permanente de un robot que le sigue en todo momento.
Los tales robots son denominados 'sombras', pues se mantienen siempre en un discreto segundo plano. Y solo tienen una directriz: Si su vigilado aplica sobre cualquier otra persona una fuerza física superior a la permitida, el robot procede a la inmediata aniquilación del infractor.
El umbral de fuerza aceptable está perfectamente medido y balanceado, y es bastante bajo.
Un chocar de palmas especialmente efusivo, sería suficiente para sobrepasar dicha medida.
Por eso, ahora se pone gran cuidado en el comportamiento y las maneras.
Chocar con alguien por ir corriendo distraído, es una forma muy tonta de perder la vida.
Debo aclarar un matiz de dicha directriz: Se considera que el vigilado aplica una fuerza física, incluso cuando lo hace de manera indirecta.
Por ejemplo, si el sujeto le pone la zancadilla a otra persona y la persona cae al suelo y el impacto recibido sobrepasa el límite de fuerza permitido, se extermina igualmente al zancadilleador.
Los robots están conectados en red y comparten toda su información, de esta manera pueden dilucidar perfectamente el origen de cualquier evento violento, por más que el causante pretenda eludir su responsabilidad.
Lo mismo sucede con cualquier otro delito hacia bienes materiales o hacia el ecosistema: Todo infractor es inmediatamente apresado e inmovilizado por su robot-sombra, que mantiene su presa indefinidamente durante tanto tiempo como se haya estipulado a modo de condena, de acuerdo a la falta cometida.
De esta manera, el sistema prescinde y se ahorra de tener jurados y prisiones.
Una falta grave, puede traducirse en semanas de retención, sin comida ni agua ni resguardo frente a las inclemencias.
Asique, no es para tomárselo a broma, que digamos.
Los malvados parecen no querer comprender esto, por eso son los primeros en pagar las consecuencias de su insensatez.
El sistema ha cambiado grandemente su diseño y estructura. Ya no existen instituciones oficiales. Los robots han asumido toda función administrativa, por una simple cuestión de eficiencia.
Los robots saben muy bien que deben intervenir y participar lo menos posible, por eso limitan su actuación directa a lo mínimo imprescindible, en aquellos puestos clave donde una mala acción podría ocasionar daños considerables.
Cuanto más limitada queda la posibilidad de violencia, más retorcidas se vuelven las mentes malignas. Eso les lleva a maquinar todo tipo de sabotajes indirectos y colaterales.
Sin embargo, tales argucias resultan de lo más pueriles frente a la superior inteligencia y control de los robots.
Así es cómo la humanidad ha alcanzado una existencia altamente civilizada. Más o menos.
La estupidez es más persistente de lo que parece.
El sistema procura canalizarla de manera que moleste lo menos posible.
Para esto, hay también una supervisión del comportamiento social.
Los robots no solo vigilan las acciones físicas, también hacen seguimiento de las interacciones virtuales.
Esto les permite calibrar la inteligencia de cada persona.
Miden la inteligencia mediante un porcentaje.
Toda persona comienza con la media, lo normal, cifrada como un salomónico 50%.
Cada acción que contravenga alguna norma cívica, o cada mensaje que produzca considerable rechazo en la comunidad, se traduce en la pérdida de un punto de inteligencia.
Ganar puntos de inteligencia es un poco más difícil, pues requiere sobresaliente comportamiento y/o sobresaliente aceptación de tus aportes sapienciales a la comunidad.
Lo interesante de esto, es que los robots asignan y reparten los distintos oficios y cargos, en función de la inteligencia de cada cual.
No hay puestos fijos. Cada día se te indica el sitio y la hora para cumplir una tarea.
Eres libre de obedecer o no, pero faltar a tu deber se traduce en pérdida de puntuación de inteligencia y en no ganancia de dinero.
El dinero es ahora totalmente virtual y está enteramente controlado por los robots. Ya no hay posibilidad de especulación ni de maluso, ya no hay modo de evasión ni de extorsión, ya no hay forma de explotar al prójimo para ganar económicamente preponderancia o poder.
Las personas de máxima inteligencia, acceden a puestos de especial responsabilidad, sin que ello implique mayor remuneración o altos privilegios, aparte de un cierto estatus que se explicará luego.
Obviamente, una gran responsabilidad te prestigia y otorga notable satisfacción, pues posibilita el participar plenamente en la gestión y administración de la comunidad, te da ocasión de sentirte fraternalmente relevante, reconocido y realizado.
Por otra parte, las personas de menor inteligencia, son destinadas a las tareas más básicas y elementales. Uséase, limpiar la calle y cosas así.
Limpiar la calle puede parecer una nimia trivialidad, pero tiene más importancia de lo que parece. Cada vez que un robot elimina a un infractor, envía una orden de despojamiento para que alguien retire el cadáver, sanee la calle y traslade el cuerpo hasta la planta de incineración.
Que las personas de parva inteligencia efectúen este cometido, sirve para que tomen conciencia de su propia mortalidad y de su proximidad a terminar de tan lamentable manera.
A poco inteligente que sea uno, tal incentivo es más que suficiente para esforzarse lo más posible en elevar su puntuación.
Para aquellos que ni aun así parecen dispuestos a entrar en razón, existe la zona de evasión. La zona de evasión son unas instalaciones algo apartadas, que solo abren durante la noche y que ofrecen alcohol gratis.
Ni que decir tiene, eso actúa como irresistible imán congregador de descarriados, que tienen todos los números para acabar malamente la juerga, debido a sus excesos etílicos.
Así se atenúa la carga de ineptitud y la sociedad se mantiene en unos términos cada vez más óptimos y adecuados.
Por cierto, a los eliminados se los denomina boñigas y nunca se indica su identidad, ni su pasado, ni las circunstancias de su cese vital. A todos los efectos, las boñigas son materia inmunda, merecedora de poca o nula consideración mediática.
Ya no hay noticiarios per se. Ahora toda la información objetiva está disponible cronológicamente en la red. Sin embargo, según tu puntuación de inteligencia, tu acceso a dicha información es restringido.
Respecto a la puntuación de inteligencia, debo hacer una aclaración: Oficialmente la puntuación máxima es 100% y la puntuación mínima es 1%. Sin embargo, extraoficialmente, los robots contabilizan en secreto toda puntuación que sobrepase dichos límites. Esto les sirve para sopesar mejor sus asignaciones, cuando en ellas cabe aplicar un baremo de prioridad jerárquica.
Volviendo al acceso a la información: A diario cada persona debe superar primero el modo radio, para así después poder hacer uso de internet.
El modo radio consiste en un noticiario personalizado, locutado por una carismática voz sintética.
La gracia del modo radio es que el número y duración de sus noticias es inversamente proporcional a tu puntuación.
Si tu inteligencia es de 1, te tocará escuchar 100 largas noticias que relaten los logros y hazañas protagonizados por las personas de inteligencia 100.
Y si tu inteligencia es de 100, te tocará escuchar 1 breve noticia protagonizada por una persona de inteligencia 1.
Una vez superado este trámite, tu acceso a la información también dependerá de tu puntuación.
Toda inteligencia menor de 50, no tendrá acceso a los detalles de ningún suceso que implique alguna boñiga, ni de ninguna otra disposición con datos estratégicamente valiosos o delicados.
De 50 hacia arriba, el acceso a los detalles va siendo progresivamente mayor, cosa que permite una mejor participación conjunta en la sociedad.
Este es un punto clave, pues los robots adecuan sus prioridades y gestiones, de acuerdo al criterio consensuado de la comunidad.
Los robots no están dotados de conciencia cognitiva, asique no pueden valorar en sí misma la lucidez o cordura de la población. Simplemente depuran las tendencias más claras, viables y sostenibles, de acuerdo a su directriz principal. Entonces, en concordancia con los múltiples parámetros intervinientes, organizan y disponen los recursos y las tareas, encaminados hacia la consecución de los propósitos establecidos.
Por ejemplo, pongamos que de pronto a la gente le da por construir una torre que llegue hasta el Cielo. Los robots van a colaborar perfectamente con tal empeño y proyecto, siempre y cuando se efectúe respetando la integridad física de los implicados en dicha actividad.
Para decirlo más claro: Los robots no tienen juicio propio ni empatía, no poseen ley robótica alguna que les obligue a preservar la vida humana, su función se limita a castigar la violencia y a administrar sabiamente los recursos del sistema.
Si una persona, haciendo montañismo se cae y queda malherida, su robot-sombra dará aviso para que otras personas acudan a su rescate si así lo desean, pero no hará nada más.
Entonces es cuando se pone a prueba la verdadera solidaridad de la sociedad.
La puntuación de inteligencia es siempre secreta. El sistema únicamente te notifica los +1 o -1 que te aplica cuando corresponde.
Asique, la única manera de hacerte una idea aproximada de tu puntuación, es contando el número de noticias de tu modo radio.
Volviendo al montañista malherido. Puede ser que se trate de alguien de alta puntuación o de baja puntuación. Dependiendo del caso, su rescate tendrá +1 o no. Y también dependiendo del caso, la omisión de su rescate tendrá -1 o no.
Los robots tienden a ofrecer primeramente las tareas a aquellas puntuaciones más necesitadas de aumento y mejora, teniendo en cuenta las capacidades de cada candidato para cada caso concreto. Su lógica, siempre busca resultados efectivos, eficaces y eficientes.
Conocen a la perfección las virtudes y defectos de cada persona, y diseñan cuidadosamente un programa personalizado de tareas, para completar y propiciar el crecimiento armónico de todo sujeto.
Otra cosa es que la persona sea lo suficientemente lúcida como para consentir en progresar adecuadamente.
Hay mucho desgraciado suelto, cuyo único propósito es ir a la perdición.
Los robots no tienen ningún problema con esto. Pueden readaptar infinitamente los itinerarios propuestos.
Luego, es cuestión de tiempo que el condenado salve su pellejo o, en los más de los casos, acabe en boñiga más pronto que tarde.
Otro aspecto que ha cambiado significativamente, es el transporte.
Cualquier cosa en manos de un necio o malévolo, se convierte en arma peligrosa. Por eso ya no hay vehículos de conducción humana, se han sustituido por cañones balísticos.
Los robots han perfeccionado este método de envío de mercancías y pasajeros.
Ahora, para viajar debes colocarte en posición fetal con una máscara respiratoria y se te recubre con una protectora espuma polímera, que te convierte en cápsula aerodinámica.
Luego, basta un bien orientado y calibrado cañonazo, para llegar a tu destino en un abrir y cerrar de ojos.
Respecto a los robot-sombra, decir que pueden modificar su altura y complexión, que siempre adaptan similar a la de su vigilado.
Y cabe añadir que hacen honor a su nombre, pues son completamente negros y silenciosos.
Intentar averiarlos o desactivarlos, es garantía de acabar boñiga.
Cuando algún robot se estropea, inmediatamente es reemplazado por su semejante operativo más cercano, proceso que efectúan en cadena, coordinadamente, tantos como sea preciso, hasta cubrir todas las posiciones, con el mínimo lapso y desplazamiento posible, con apoyo y cobertura de drones para mantener a los vigilados controlados en todo momento, hasta la rauda incorporación de una unidad nueva, proveniente de alguna de las muchas sucursales robóticas esparcidas por el área poblacional.
En cuanto al método que utilizan para acabar con la vida de los infractores, consiste en un sencillo quiebre de pescuezo.
Con los menores de edad, se sigue un protocolo algo más clemente y permisivo.
Cuando el menor comete alguna infracción, se le inmoviliza tanto tiempo como grave se considere su falta, teniendo en cuenta su edad y madurez, su fuerza e intencionalidad.
Creo que ya está todo.
Este es el bonito mundo que tenemos ahora.
Y bien que está y que dure así, pues en verdad nos libra de mucho mal.
Raro es quien no sabe apreciarlo y disfrutarlo.
Los malnacidos y renegados ya se han extinguido, y los que prueban a asomarse de nuevo, duran menos que un suspiro.
Pobrecillos.
11 de marzo de 2017
bi-bala virgen
Pues resulta que había un enconado conflicto de intereses entre el poder y la sociedad.
El poder quería reducir la población a toda costa, y la sociedad quería viento favorable para vivir y prosperar.
Este tira y afloja parecía no tener solución, hasta que un buen día apareció un invento que lo cambió todo.
Inesperadamente, ambas partes encontraron en aquel ingenio un camino válido para sus intereses.
El dispositivo en cuestión, consistía en una especie de chip microscópico que se implantaba junto al corazón.
La función de este chip era muy sencilla, se vinculaba con su chip gemelo, que a su vez estaba implantado en otra persona, de tal manera que, si se separaban más de cinco metros, ambos producían la muerte instantánea de sus portadores.
No hizo falta explicar nada. De golpe, la sociedad entendió cómo y por qué aquello le interesaba y convenía.
Lenta y consensuadamente, se fue diseñando el modo y la forma de aplicar y aprovechar eso.
A tales efectos, se promulgaron leyes extraordinarias.
Decidieron que todo puesto funcionarial, sería a partir de ahora vitalicio y parejil, esto es, ocupado por una pareja.
Con dos condiciones.
Cada miembro de la pareja debía llevar el chip de marras, que permanecía operativo durante el horario laboral.
Y, todavía más importante: La pareja era hasta-que-la-muerte-nos-separe. O sea, que no había opción a divorcio ni a separación.
La muerte de uno, significaba la muerte del otro.
Así que esto no era cosa de broma, para nada.
Grande era la responsabilidad, al igual que grande era la estabilidad que proporcionaba tal compromiso.
El éxito fue total.
Al principio, las muertes fueron abundantes y frecuentes.
La precipitación y las ansias, propiciaban emparejamientos endebles y efímeros, abocados a su pronta y fatídica terminación.
Poco a poco, las personas comprendieron que aquello requería auténtico cuidado y respeto.
Cada vez ponían más tiempo y esfuerzo en prepararse a fondo para permanecer fieles a su propósito y para asociarse en verdadera sintonía, y así poder disfrutar de una vida plena y dichosa.
A pesar de todo, la desproporción era inmensa: Había más aspirantes que puestos a cubrir.
Gracias a lo cual, las instituciones fueron progresivamente creciendo y ampliando su marco de acción, ramificándose hasta alcanzar todas las áreas habidas y por haber.
De pronto, la empresa privada se encontraba con un firme competidor implacable.
Muchas desaparecieron sin remedio, barridas por una fuerza que no podían asimilar ni manejar de ningún modo.
Ya que, todas las decisiones de los cuerpos funcionariales, debían ser consensuadas y refrendadas por su plantilla al completo.
Se comprenderá entonces que su prioridad era manifiestamente preservadora.
Y había otro detallito que ayudaba grandemente a esto.
Resulta que los puestos no eran fijos. Sino que cada día se repartían mediante sorteo, entre todos los funcionarios.
Así pues, la eliminación de cualquier puesto funcionarial, significaba que en el sorteo del día siguiente, alguien se iba a quedar sin sitio y a morir automáticamente por ello.
Todo esto, tenía una tremenda capacidad de atracción que iba en aumento.
Casi toda la población anhelaba desesperadamente formar parte de dicho sistema tan compactamente organizado y estructurado, pues la recompensa era inigualable.
A sus ojos, brillaban más las ventajas que los riesgos.
Pero, claro está, no todo el mundo era tan sensato y civilizado.
Siempre hay una porción malévola que desea destruir lo que no puede alcanzar.
Así que, las instituciones debían tomar cada vez más medidas y precauciones.
Las fuerzas del orden se empleaban al máximo para defender y proteger las estructuras oficiales y a sus administradores. Labor que poco a poco se fue extendiendo hacia fuera, hasta lograr un entorno convivencial adamantino y propicio, donde los eventuales percances eran raudamente solventados y minimizados los daños.
Convenía pues, equipar y preparar lo mejor posible a los funcionarios para desempeñar eficazmente tan cruciales tareas de salvaguardia.
Cosa a la que se dedicaba no poco seso y empeño.
El sistema sabía a la perfección que debía tener siempre de su lado a la población, o no sobreviviría. Por eso ponía absoluto cuidado en implementar políticas de desarrollo y amparo, para permanecer implicado y aliado.
De esta manera, la sociedad participaba en las instituciones y supervisaba su correcto funcionamiento.
La continua y completa vigilancia era clave, para impedir toda falta o irregularidad operativa o procesal.
Para lo cual se utilizaba a pre-funcionarios.
Los pre-funcionarios eran ciudadanos corrientes que asumían la norma de la bi-bala, como se llamaba extraoficialmente al chip ese. Por lo tanto, para poder realizar sus labores, cada pareja de pre-funcionarios se instalaba el dispositivo aquel, y quedaba sujeta a las mismas leyes que los funcionarios. Pero con sueldo menor y con su empleo sujeto a examen. O sea, que en función de la calidad de su servicio, el pre-funcionario era más o menos solicitado, y ganaba más o menos puntos como aspirante a convertirse en funcionario.
Con todo esto, el control era cada vez mayor y mejor.
La ley y el orden imperaba en la sociedad y pocos eran los díscolos y descontentos, así como menguante su capacidad de traba o extorsión.
Aunque, cierto es, el chip también tenía sus limitaciones.
La ley de los cinco metros hacía fácil aniquilar a una pareja, simplemente impidiendo que uno de sus miembros pudiera acudir al trabajo puntualmente.
Por esto, existía una aplicación de móvil que permitía en todo momento conocer la localización de la pareja.
Además, dependiendo del alejamiento del sujeto o pareja y de la proximidad de su hora de incorporación al trabajo, se activaba un protocolo de reclutamiento. Las fuerzas del orden más cercanas, acudían y procedían al transporte del sujeto o pareja hasta su puesto de trabajo. Este servicio era luego descontado del sueldo conjunto de la pareja, al igual que sucedía con cualquier otra irregularidad o incumplimiento.
En caso de que la falta al trabajo fuese justificada o inevitable, de inmediato se bloqueaba la cuenta bancaria de la pareja y se activaba la ley de los cinco metros, prevenciones ambas que se mantenían indefinidamente, hasta que la institución viese resarcida dicha omisión del deber.
Y bueno, luego se inventaron unos nanorrobots para detectar y prevenir aún mejor cualquier amago de malevolencia y tal, pero esa es otra historia...
El poder quería reducir la población a toda costa, y la sociedad quería viento favorable para vivir y prosperar.
Este tira y afloja parecía no tener solución, hasta que un buen día apareció un invento que lo cambió todo.
Inesperadamente, ambas partes encontraron en aquel ingenio un camino válido para sus intereses.
El dispositivo en cuestión, consistía en una especie de chip microscópico que se implantaba junto al corazón.
La función de este chip era muy sencilla, se vinculaba con su chip gemelo, que a su vez estaba implantado en otra persona, de tal manera que, si se separaban más de cinco metros, ambos producían la muerte instantánea de sus portadores.
No hizo falta explicar nada. De golpe, la sociedad entendió cómo y por qué aquello le interesaba y convenía.
Lenta y consensuadamente, se fue diseñando el modo y la forma de aplicar y aprovechar eso.
A tales efectos, se promulgaron leyes extraordinarias.
Decidieron que todo puesto funcionarial, sería a partir de ahora vitalicio y parejil, esto es, ocupado por una pareja.
Con dos condiciones.
Cada miembro de la pareja debía llevar el chip de marras, que permanecía operativo durante el horario laboral.
Y, todavía más importante: La pareja era hasta-que-la-muerte-nos-separe. O sea, que no había opción a divorcio ni a separación.
La muerte de uno, significaba la muerte del otro.
Así que esto no era cosa de broma, para nada.
Grande era la responsabilidad, al igual que grande era la estabilidad que proporcionaba tal compromiso.
El éxito fue total.
Al principio, las muertes fueron abundantes y frecuentes.
La precipitación y las ansias, propiciaban emparejamientos endebles y efímeros, abocados a su pronta y fatídica terminación.
Poco a poco, las personas comprendieron que aquello requería auténtico cuidado y respeto.
Cada vez ponían más tiempo y esfuerzo en prepararse a fondo para permanecer fieles a su propósito y para asociarse en verdadera sintonía, y así poder disfrutar de una vida plena y dichosa.
A pesar de todo, la desproporción era inmensa: Había más aspirantes que puestos a cubrir.
Gracias a lo cual, las instituciones fueron progresivamente creciendo y ampliando su marco de acción, ramificándose hasta alcanzar todas las áreas habidas y por haber.
De pronto, la empresa privada se encontraba con un firme competidor implacable.
Muchas desaparecieron sin remedio, barridas por una fuerza que no podían asimilar ni manejar de ningún modo.
Ya que, todas las decisiones de los cuerpos funcionariales, debían ser consensuadas y refrendadas por su plantilla al completo.
Se comprenderá entonces que su prioridad era manifiestamente preservadora.
Y había otro detallito que ayudaba grandemente a esto.
Resulta que los puestos no eran fijos. Sino que cada día se repartían mediante sorteo, entre todos los funcionarios.
Así pues, la eliminación de cualquier puesto funcionarial, significaba que en el sorteo del día siguiente, alguien se iba a quedar sin sitio y a morir automáticamente por ello.
Todo esto, tenía una tremenda capacidad de atracción que iba en aumento.
Casi toda la población anhelaba desesperadamente formar parte de dicho sistema tan compactamente organizado y estructurado, pues la recompensa era inigualable.
A sus ojos, brillaban más las ventajas que los riesgos.
Pero, claro está, no todo el mundo era tan sensato y civilizado.
Siempre hay una porción malévola que desea destruir lo que no puede alcanzar.
Así que, las instituciones debían tomar cada vez más medidas y precauciones.
Las fuerzas del orden se empleaban al máximo para defender y proteger las estructuras oficiales y a sus administradores. Labor que poco a poco se fue extendiendo hacia fuera, hasta lograr un entorno convivencial adamantino y propicio, donde los eventuales percances eran raudamente solventados y minimizados los daños.
Convenía pues, equipar y preparar lo mejor posible a los funcionarios para desempeñar eficazmente tan cruciales tareas de salvaguardia.
Cosa a la que se dedicaba no poco seso y empeño.
El sistema sabía a la perfección que debía tener siempre de su lado a la población, o no sobreviviría. Por eso ponía absoluto cuidado en implementar políticas de desarrollo y amparo, para permanecer implicado y aliado.
De esta manera, la sociedad participaba en las instituciones y supervisaba su correcto funcionamiento.
La continua y completa vigilancia era clave, para impedir toda falta o irregularidad operativa o procesal.
Para lo cual se utilizaba a pre-funcionarios.
Los pre-funcionarios eran ciudadanos corrientes que asumían la norma de la bi-bala, como se llamaba extraoficialmente al chip ese. Por lo tanto, para poder realizar sus labores, cada pareja de pre-funcionarios se instalaba el dispositivo aquel, y quedaba sujeta a las mismas leyes que los funcionarios. Pero con sueldo menor y con su empleo sujeto a examen. O sea, que en función de la calidad de su servicio, el pre-funcionario era más o menos solicitado, y ganaba más o menos puntos como aspirante a convertirse en funcionario.
Con todo esto, el control era cada vez mayor y mejor.
La ley y el orden imperaba en la sociedad y pocos eran los díscolos y descontentos, así como menguante su capacidad de traba o extorsión.
Aunque, cierto es, el chip también tenía sus limitaciones.
La ley de los cinco metros hacía fácil aniquilar a una pareja, simplemente impidiendo que uno de sus miembros pudiera acudir al trabajo puntualmente.
Por esto, existía una aplicación de móvil que permitía en todo momento conocer la localización de la pareja.
Además, dependiendo del alejamiento del sujeto o pareja y de la proximidad de su hora de incorporación al trabajo, se activaba un protocolo de reclutamiento. Las fuerzas del orden más cercanas, acudían y procedían al transporte del sujeto o pareja hasta su puesto de trabajo. Este servicio era luego descontado del sueldo conjunto de la pareja, al igual que sucedía con cualquier otra irregularidad o incumplimiento.
En caso de que la falta al trabajo fuese justificada o inevitable, de inmediato se bloqueaba la cuenta bancaria de la pareja y se activaba la ley de los cinco metros, prevenciones ambas que se mantenían indefinidamente, hasta que la institución viese resarcida dicha omisión del deber.
Y bueno, luego se inventaron unos nanorrobots para detectar y prevenir aún mejor cualquier amago de malevolencia y tal, pero esa es otra historia...
17 de mayo de 2015
tus copias
Un día cualquiera te levantas por la mañana, sales a la calle como de costumbre, cruzas un escaparate y algo te llama la atención.
Te paras, miras y no ves nada raro allí.
Pero en el reflejo te ves doble. Dos veces. Repetido. Como hermanos gemelos.
A tu lado no hay nadie, así que el reflejo miente. O estás volviéndote majara.
Te olvidas de eso y sigues a lo tuyo.
Días después vas por otra calle y a lo lejos ves a alguien sospechosamente familiar. No le das importancia.
Otro día tienes una intuición extraña y te vas a la otra punta de la ciudad. Callejeas al azar por un barrio que apenas has visto antes.
Al doblar una esquina te topas con alguien idéntico a ti.
Tu doble se muestra igual de sorprendido. No sabes cómo reaccionar y te alejas rápidamente.
Quieres convencerte de que ha sido una confusión, una ilusión óptica o algo así. Pero no se te va de la cabeza.
Vuelves repetidamente a esa zona, camuflado con gafas y sombrero.
Hasta que vuelves a verlo. Discretamente sigues sus pasos. Averiguas dónde vive. Dudas si abordarlo directamente. No se te ocurre qué preguntarle. Algo te dice que es mejor no hacerlo. Desistes.
Vuelves a tu casa. Le das vueltas y más vueltas pero al final lo dejas por imposible y te olvidas del asunto.
Días después, cuando vuelves de comprar el pan, te encuentras con un doble tuyo en tu sofá, viendo la tele. Al instante os enzarzáis en una violenta discusión. No lográis sacar nada en limpio. Los dos pretendéis ser el único, auténtico y verdadero tú. Los dos pretendéis que el otro reconozca su intrusión y falsedad y desaparezca. Pero el empate es insoluble.
No te queda más remedio que adaptarte y tolerar su presencia.
Esto es absurdo, seguramente has perdido completamente la cabeza. Mejor callar y aguantar. Quizás en unos días entre en razón y recapacite. O resulte que todo ha sido un sueño. Ojalá.
Pero no. A los pocos días lo que pasa es que aparece otro doble más. Ya sois tres. Y venga a pelear y a discutir para nada. Menudo rollo.
Luego siguen apareciendo más copias y la convivencia ya es insoportable. Ya pasas de todo y te marchas definitivamente.
Deambulas de un lado a otro sin saber muy bien qué hacer.
No tardas en encontrarte más copias tuyas haciendo parecido.
Es el colmo. Ni aun así te libras de ellas.
Lo curioso es que, ahora que te fijas, no eres el único al que le pasa esto.
Igual no estás loco después de todo.
Pero de todas maneras esto es muy raro. A qué viene esta movida? De dónde salen esas copias? Es una broma demencial o es que se ha ido todo al infierno?
Nadie tiene ni idea.
Al final no queda otra que aceptar la situación y llevarla lo mejor posible.
Si lo piensas, tampoco es tan terrible.
Es más, hasta puede tener su lado bueno.
Tú y tus copias no tardáis en llegar a una conclusión parecida.
Ya no hay rechazo ni hostilidad.
Ahora comprendéis que verdaderamente todos sois igual de válidos y legítimos. Todos sois tú. No tiene vuelta de hoja. Sería estúpido convertiros en vuestros propios enemigos. La autodestrucción no resulta nada apetecible. Ni necesaria.
Empezáis a cooperar.
Aprendéis qué cosas os salen bien juntos y qué cosas preferís hacer por libre.
Todo intento de mandar a los otros para tu holganza no funciona.
Todo intento de someter no funciona.
Todo intento de exigir no funciona.
Todo intento de coartar no funciona.
Cuando tu voluntad se particulariza, tus copias se dispersan y te ves solo ante tu tarea.
Cuando tu actividad vuelve al cauce común, te reencuentras con tus copias.
Solo funciona la sincera naturalidad. Cuando tu corazón está en sintonía con tu realidad multicópica.
La colaboración es espontánea.
El beneficio es conjuntivo.
La forma de vida se simplifica y humaniza. Regresáis a la naturaleza.
Construís un domo. Cultiváis un huerto.
La convivencia es sencilla. Quien importuna es apalizado sin contemplaciones y pronto aprende a tener más consideración.
La paz y la tranquilidad es vuestro estado preferido.
El silencio os envuelve. Breves conversaciones os acercan de tanto en tanto. Aunque no hay mucho que decir, sois tan iguales que ni falta hace.
A todo esto, tu número de copias va oscilando continuamente. Entre media docena y una docena. No se sabe a dónde van las que desaparecen, ni de dónde vienen las que aparecen.
Todas son tú, perfectamente iguales en todo. Nadie tiene la percepción de ser una versión, ni de venir de otro lado ni nada de eso.
Tu vida ha cambiado mucho. Al igual que la de todo el mundo. Nadie se ha librado de esto. Las ciudades se han vuelto reliquias de una civilización pasada. La gente pasea por ellas con nostalgia y curiosidad, pero ya nadie vive allí. Ya nada funciona como antes.
Se acabó la loca persecución por sobrevivir. Se acabó la desesperada opresión. Se acabó la inhumana indefensión.
Tus copias han sido una bendición. Tu salvación. La de todos.
Ahora las comunidades viven tranquilas en la naturaleza. Se saludan y respetan. Comparten gentilmente.
El espacio, la libertad, sana el alma humana, que feliz nada en la inocencia de nuevo.
Y el amor es lo más grande. Imagina. Trece parejas multiplicando su luz. Inmenso. Perfecto. No hay palabras para describirlo.
Es pura magia. Los números siempre coinciden. La química encaja. Tremendo. Solo con eso ya quieres cantar de gratitud infinita.
Y en eso estamos.
Esto es el cielo, tío. Lo hemos alcanzado o lo hemos creado o lo que sea. Ni idea. Pero así es.
Te paras, miras y no ves nada raro allí.
Pero en el reflejo te ves doble. Dos veces. Repetido. Como hermanos gemelos.
A tu lado no hay nadie, así que el reflejo miente. O estás volviéndote majara.
Te olvidas de eso y sigues a lo tuyo.
Días después vas por otra calle y a lo lejos ves a alguien sospechosamente familiar. No le das importancia.
Otro día tienes una intuición extraña y te vas a la otra punta de la ciudad. Callejeas al azar por un barrio que apenas has visto antes.
Al doblar una esquina te topas con alguien idéntico a ti.
Tu doble se muestra igual de sorprendido. No sabes cómo reaccionar y te alejas rápidamente.
Quieres convencerte de que ha sido una confusión, una ilusión óptica o algo así. Pero no se te va de la cabeza.
Vuelves repetidamente a esa zona, camuflado con gafas y sombrero.
Hasta que vuelves a verlo. Discretamente sigues sus pasos. Averiguas dónde vive. Dudas si abordarlo directamente. No se te ocurre qué preguntarle. Algo te dice que es mejor no hacerlo. Desistes.
Vuelves a tu casa. Le das vueltas y más vueltas pero al final lo dejas por imposible y te olvidas del asunto.
Días después, cuando vuelves de comprar el pan, te encuentras con un doble tuyo en tu sofá, viendo la tele. Al instante os enzarzáis en una violenta discusión. No lográis sacar nada en limpio. Los dos pretendéis ser el único, auténtico y verdadero tú. Los dos pretendéis que el otro reconozca su intrusión y falsedad y desaparezca. Pero el empate es insoluble.
No te queda más remedio que adaptarte y tolerar su presencia.
Esto es absurdo, seguramente has perdido completamente la cabeza. Mejor callar y aguantar. Quizás en unos días entre en razón y recapacite. O resulte que todo ha sido un sueño. Ojalá.
Pero no. A los pocos días lo que pasa es que aparece otro doble más. Ya sois tres. Y venga a pelear y a discutir para nada. Menudo rollo.
Luego siguen apareciendo más copias y la convivencia ya es insoportable. Ya pasas de todo y te marchas definitivamente.
Deambulas de un lado a otro sin saber muy bien qué hacer.
No tardas en encontrarte más copias tuyas haciendo parecido.
Es el colmo. Ni aun así te libras de ellas.
Lo curioso es que, ahora que te fijas, no eres el único al que le pasa esto.
Igual no estás loco después de todo.
Pero de todas maneras esto es muy raro. A qué viene esta movida? De dónde salen esas copias? Es una broma demencial o es que se ha ido todo al infierno?
Nadie tiene ni idea.
Al final no queda otra que aceptar la situación y llevarla lo mejor posible.
Si lo piensas, tampoco es tan terrible.
Es más, hasta puede tener su lado bueno.
Tú y tus copias no tardáis en llegar a una conclusión parecida.
Ya no hay rechazo ni hostilidad.
Ahora comprendéis que verdaderamente todos sois igual de válidos y legítimos. Todos sois tú. No tiene vuelta de hoja. Sería estúpido convertiros en vuestros propios enemigos. La autodestrucción no resulta nada apetecible. Ni necesaria.
Empezáis a cooperar.
Aprendéis qué cosas os salen bien juntos y qué cosas preferís hacer por libre.
Todo intento de mandar a los otros para tu holganza no funciona.
Todo intento de someter no funciona.
Todo intento de exigir no funciona.
Todo intento de coartar no funciona.
Cuando tu voluntad se particulariza, tus copias se dispersan y te ves solo ante tu tarea.
Cuando tu actividad vuelve al cauce común, te reencuentras con tus copias.
Solo funciona la sincera naturalidad. Cuando tu corazón está en sintonía con tu realidad multicópica.
La colaboración es espontánea.
El beneficio es conjuntivo.
La forma de vida se simplifica y humaniza. Regresáis a la naturaleza.
Construís un domo. Cultiváis un huerto.
La convivencia es sencilla. Quien importuna es apalizado sin contemplaciones y pronto aprende a tener más consideración.
La paz y la tranquilidad es vuestro estado preferido.
El silencio os envuelve. Breves conversaciones os acercan de tanto en tanto. Aunque no hay mucho que decir, sois tan iguales que ni falta hace.
A todo esto, tu número de copias va oscilando continuamente. Entre media docena y una docena. No se sabe a dónde van las que desaparecen, ni de dónde vienen las que aparecen.
Todas son tú, perfectamente iguales en todo. Nadie tiene la percepción de ser una versión, ni de venir de otro lado ni nada de eso.
Tu vida ha cambiado mucho. Al igual que la de todo el mundo. Nadie se ha librado de esto. Las ciudades se han vuelto reliquias de una civilización pasada. La gente pasea por ellas con nostalgia y curiosidad, pero ya nadie vive allí. Ya nada funciona como antes.
Se acabó la loca persecución por sobrevivir. Se acabó la desesperada opresión. Se acabó la inhumana indefensión.
Tus copias han sido una bendición. Tu salvación. La de todos.
Ahora las comunidades viven tranquilas en la naturaleza. Se saludan y respetan. Comparten gentilmente.
El espacio, la libertad, sana el alma humana, que feliz nada en la inocencia de nuevo.
Y el amor es lo más grande. Imagina. Trece parejas multiplicando su luz. Inmenso. Perfecto. No hay palabras para describirlo.
Es pura magia. Los números siempre coinciden. La química encaja. Tremendo. Solo con eso ya quieres cantar de gratitud infinita.
Y en eso estamos.
Esto es el cielo, tío. Lo hemos alcanzado o lo hemos creado o lo que sea. Ni idea. Pero así es.
4 de febrero de 2015
arde la tierra
Un buen día te levantas y hay dos soles en el cielo.
Resulta que Mercurio se ha convertido en una estrella.
Enseguida los agoreros se ponen a vaticinar que vamos a morir todos, por el calor y tal.
El caso es que algo de mejor tiempo sí que se nota.
Pasan algunas semanas y ahora hay tres soles.
Venus se ha sumado a la fiesta.
Cunde el desconcierto.
Se funden los polos, el termómetro alcanza cimas desconocidas.
Pero al final no es para tanto.
Ya nadie viste ropa y hay tanta energía en el aire que no hace falta comer ni nada.
A lo tonto nos estamos divirtiendo de lo lindo unos con otros.
No hay otra cosa que hacer, así que...
Luego, como era de esperar, la propia tierra se inflama y arde entera.
Y otra vez los alarmistas proclamando el fin inminente.
Pero qué va.
Estas semanitas han hecho que nuestra piel se adapte.
Tanto roce y tanto sudar nos ha vuelto medio salamandras.
Ahora respiramos fuego tan ricamente.
Se vive mejor entre las llamas.
Toda la vida metiéndonos miedo con el infierno y resulta que era al revés.
Las iglesias nos han estafado de lo lindo, demonizando el paraíso para que nunca lo alcanzáramos.
Al final resulta que los únicos malignos eran ellos.
Tuvimos que borrarlos del mapa, claro.
Luego a nadie le importó ya eso.
Ahora podemos disfrutar en paz.
Los demás planetas también se han convertido en estrellas y la verdad es que esto es una gozada.
El fuego hace cosquillas todo el rato.
Nuestros cuerpos se han ido aligerando hasta convertirnos en pura energía.
Imagina unos encapuchados con capirote, hechos de puro fuego. Apenas se nos distingue, pero ahí estamos.
Ahora vamos aprendiendo a viajar.
Te elongas al máximo y viajas automáticamente, impulsado por la emisión de luz.
Así puedes recorrer el universo en un abrir y cerrar de ojos.
Casi todo es parecido.
A veces encuentras algún planeta con vida y te quedas un rato mirando.
Es entretenido.
Alguno hasta desciende y todo, pero por lo general un fuego parlante causa demasiada conmoción.
Se lo toman todo a la tremenda, a la mínima te adoptan como su dios.
Entonces ya la has liado, hagas lo que hagas lucharán entre sí y se matarán en tu nombre.
No es divertido contemplar semejante estúpida barbarie.
Hora de hacer zápin y cambiar de lugar.
El universo es lo bastante grande.
Poco a poco vas aprendiendo mejores maneras de ir descubriéndolo.
un truco sutil es entrar por los ojos de alguna criatura inteligente y provocar, aquí y allí, cuatro chispitas de nada que lo convertirán en un genio.
Eso sí que mola.
Te sientes realizado con sus logros y orgulloso como un padre.
Al final todos acabamos jugando a esto.
Y siempre hay malos perdedores que se pasan al bando contrario.
Pero así es más emocionante, más aliciente.
En fin, que eso, prende tu fuego y aprende a moverte.
La acción te aguarda.
Resulta que Mercurio se ha convertido en una estrella.
Enseguida los agoreros se ponen a vaticinar que vamos a morir todos, por el calor y tal.
El caso es que algo de mejor tiempo sí que se nota.
Pasan algunas semanas y ahora hay tres soles.
Venus se ha sumado a la fiesta.
Cunde el desconcierto.
Se funden los polos, el termómetro alcanza cimas desconocidas.
Pero al final no es para tanto.
Ya nadie viste ropa y hay tanta energía en el aire que no hace falta comer ni nada.
A lo tonto nos estamos divirtiendo de lo lindo unos con otros.
No hay otra cosa que hacer, así que...
Luego, como era de esperar, la propia tierra se inflama y arde entera.
Y otra vez los alarmistas proclamando el fin inminente.
Pero qué va.
Estas semanitas han hecho que nuestra piel se adapte.
Tanto roce y tanto sudar nos ha vuelto medio salamandras.
Ahora respiramos fuego tan ricamente.
Se vive mejor entre las llamas.
Toda la vida metiéndonos miedo con el infierno y resulta que era al revés.
Las iglesias nos han estafado de lo lindo, demonizando el paraíso para que nunca lo alcanzáramos.
Al final resulta que los únicos malignos eran ellos.
Tuvimos que borrarlos del mapa, claro.
Luego a nadie le importó ya eso.
Ahora podemos disfrutar en paz.
Los demás planetas también se han convertido en estrellas y la verdad es que esto es una gozada.
El fuego hace cosquillas todo el rato.
Nuestros cuerpos se han ido aligerando hasta convertirnos en pura energía.
Imagina unos encapuchados con capirote, hechos de puro fuego. Apenas se nos distingue, pero ahí estamos.
Ahora vamos aprendiendo a viajar.
Te elongas al máximo y viajas automáticamente, impulsado por la emisión de luz.
Así puedes recorrer el universo en un abrir y cerrar de ojos.
Casi todo es parecido.
A veces encuentras algún planeta con vida y te quedas un rato mirando.
Es entretenido.
Alguno hasta desciende y todo, pero por lo general un fuego parlante causa demasiada conmoción.
Se lo toman todo a la tremenda, a la mínima te adoptan como su dios.
Entonces ya la has liado, hagas lo que hagas lucharán entre sí y se matarán en tu nombre.
No es divertido contemplar semejante estúpida barbarie.
Hora de hacer zápin y cambiar de lugar.
El universo es lo bastante grande.
Poco a poco vas aprendiendo mejores maneras de ir descubriéndolo.
un truco sutil es entrar por los ojos de alguna criatura inteligente y provocar, aquí y allí, cuatro chispitas de nada que lo convertirán en un genio.
Eso sí que mola.
Te sientes realizado con sus logros y orgulloso como un padre.
Al final todos acabamos jugando a esto.
Y siempre hay malos perdedores que se pasan al bando contrario.
Pero así es más emocionante, más aliciente.
En fin, que eso, prende tu fuego y aprende a moverte.
La acción te aguarda.
20 de julio de 2014
enterrados en gelatina
Los visores de realidad virtual están muy bien, aunque llega un momento en que quieres más. Quieres tocar. El tacto es lo que mejor completa la experiencia. El olfato y el gusto son secundarios, prescindibles.
Total, que se pusieron los expertos a buscar la forma de lograr eso. Empezaron a experimentar un montón con el cerebro. Entendían que esa era la mejor manera de conseguirlo. Pronto se dieron cuenta de que habían sobreestimado sus capacidades.
El cerebro no es como una maquinita que puedas manejar a tu antojo. Es más, aun quienes creen comprenderlo, tarde o temprano acaban reconociendo que no saben cómo trabajar con él. La teoría y la práctica no se corresponden. Parece que no se deja domar. O tal vez es que no está hecho para poder ser manipulado.
Sea como sea, estaba claro que por esa vía la cosa no iba a resultar, al menos a corto o medio plazo. El mercado se impacientaba, así que tiraron por otro lado. Y ya inventaron la gelatina. Fue pan comido, comparado con eso otro.
La gelatina es una especie de fluido sintético de estructura programable. Alberga en su interior unos nanorrobots que son los que se encargan de transmitir la información y hacer que la gelatina adopte la forma definida.
A los nanotécnicos esto les vino que ni pintado, porque la verdad es que tampoco estaban consiguiendo demasiados resultados en otros campos. El cuento de siempre, muchas promesas de futuro y luego nada de nada. Suerte que tuvieron.
Al principio la densidad de nanorrobots era de cinco por centímetro cúbico. Esto limitaba la resolución, el detalle de las figuras reproducidas. Daba una sensación tosca, como de cartón piedra. Así y todo ya era un gran avance, comparado con la fantasmal intangibilidad previa. Luego la densidad aumentó hasta alcanzar la proporción ideal.
Los tanques de inmersión también han ido evolucionando. Los primeros modelos eran monstruosos armatostes, tal y como para criar una morsa en tu salón. La forma cúbica del contenedor obligaba a que sus paredes fueran de un grosor tremendo, y todavía daba problemas la enorme presión que debía soportar.
Pronto vieron el desperdicio de recursos que suponía la rectangularidad y mejoraron el diseño con un contenedor esférico. Eso alivió la presión, redujo costes y materiales y simplificó mucho las cosas.
Otro tanto pasó con los nanorrobots. No hacía falta que todo el líquido estuviera uniformemente ocupado, bastaba el número suficiente para cubrir el perímetro del usuario y poco más.
Y tampoco hacía falta que todo el tanque estuviera lleno con la carísima gelatina esa. Las zonas más remotas podían rellenarse con otras materias más convencionales. Eso sí, lo suficiente maleables como para que la gelatina pudiera distribuirlas a voluntad.
Al final, la gelatina tenía como varias capas para las distintas funcionalidades. La más importante y sensible era la inmediata al usuario, su segunda piel como si dijéramos, la encargada de transmitir toda la experiencia táctil.
Aquí sí que tuvieron que trabajar mogollón hasta lograr codificar y reproducir todos los materiales de la naturaleza, su textura y comportamiento.
El cuerpo humano fue lo que más quebraderos de cabeza les dio. Porque hasta que no lo lograron era como tocar una estatua. Luego ya mejor, era puro deleite palpar la suavidad y elasticidad de la piel, notar tras ella músculo, hueso, órganos, etc.
Era muy importante dotar de cierta vitalidad creíble a los personajes, ya que de otro modo la interacción toma unos tintes macabros, espeluznantes y desalentadores. Al menos para el común de los mortales, pues siempre hay algún tarado al que le pone lo más repulsivo y repugnante.
De todas formas, el mayor logro era la tangibilidad en sí. La gelatina conseguía reproducir a la perfección la física de los volúmenes y el comportamiento del entorno. La inmersión era total, en seguida perdías la noción de estar en un simulador. Toda acción emprendida era real, al igual que su repercusión. Al andar, la gelatina se va desplazando hacia atrás bajo tus pies. Así permaneces siempre en el centro de la esfera, aunque no lo notas porque tu referencia visual te muestra tu desplazamiento por el mundo virtual.
Si caes, chocas con el suelo. Correr cansa. Subir escaleras agota. Todo igual que en la realidad, porque realmente lo estás haciendo.
El peso de los objetos también se consigue mediante el endurecimiento de la gelatina en torno al elemento en cuestión. Y sobre tus músculos en acción, si fuera preciso.
En realidad toda la gelatina trabaja de manera conjunta y ultrarrápida, casi hasta anticiparse a tus propios movimientos. Prácticamente no la notas, es como un guante que flota siempre a unas micras de tu piel y se readapta continuamente a cada postura tuya. Cuando el contacto es imprescindible, se reparte perfectamente por todo tu cuerpo, de tal manera que es muy sutil y casi imperceptible.
Lo que intento explicar es que la gelatina-aire y las gelatinas-objeto están siempre en interrelación. Tú no lo ves, pero trabajan conjuntamente para que te sientas trasladado a un entorno perfectamente físico. Si pudieras verte desde fuera, te verías flotando en la gelatina mientras vertiginosas oleadas de elastodensidad y microdinamismo van creando, trasladando y destruyendo las superficies más inmediatas con las que te vas cruzando.
Y no quieras ni saber la monstruosa cantidad de datos y cálculos que hacen falta para lograr semejante resultado.
Aunque, el pelo no terminan de imitarlo del todo bien, pero la ropa da bastante el pego.
Todo esto, sumado a la información visual y sonora, nos da una realidad virtuarreal más que lograda y sugerente.
Otro problema era la respiración. Al principio se usaba una simple boquilla de submarinismo, pero los usuarios se quejaban. Querían poder usar la boca, vete a saber por qué.
Así que diseñaron un microrrespirador solo para la nariz. Lo malo es que algunos se desmadraban y terminaban tragando gelatina, con gravísimas secuelas para su organismo.
Hubo que dotar a la gelatina de una inteligencia autónoma, un protocolo que le hace velar continuamente por la seguridad del usuario.
La propia gelatina se encarga de mantener un canal de respiración dinámico, una bolsa de aire frente a la cara del usuario, que conecta con la superficie y se adapta a todo movimiento y al ritmo de la respiración, facilitando la circulación y renovación del aire.
La propia gelatina mantiene un seguimiento continuo, por contacto directo, de las constantes vitales del usuario, y tiene directrices muy estrictas para interrumpir toda simulación cuando se sobrepasan los umbrales de seguridad saludables.
Además, la gelatina tiene el firme mandato de no permitir su ingesta por parte del usuario. Puedes morder y chupar cuanto quieras, pero en ningún caso la gelatina consentirá ser troceada ni separada de sí.
Por último, la gelatina cuenta con una base de datos central mundial, donde almacena y procesa los parámetros del cuerpo humano, sus capacidades y resistencias, según edad, forma física, entorno, trabajo desempeñado, etc. De tal manera que puede predecir los límites básicos de cada usuario, que luego podrá ir calibrando y actualizando mediante pruebas y tal.
Así pues, la simulación puede proporcionar experiencias extremas, pero siempre con margen suficiente para no provocar lesiones o daños considerables.
Luego ya es cosa de los programadores y su inventiva y originalidad.
Aunque, no hizo falta complicarse demasiado. Los juegos causaron sensación al principio, pero pronto quedaron relegados y prácticamente olvidados. La aplicación que triunfó de todas todas fue el Vis-a-vis, una especie de chat virtual pero de cuerpo entero. Ya te imaginas para qué lo quiere la gente.
Total que, la gelatina es un éxito tremendo. A pesar de lo cara que es, las compañías se las han ingeniado para hacerla llegar al gran público, a cambio de contratos de esclavitud semi-encubierta. Y, dado que el negocio más lucrativo resulta ser el sexo, se da la paradoja de que la gente se vuelve trabajadora del gremio para poder tener acceso y disfrute de eso mismo. Con lo cual todos salen ganando, y tan contentos.
Pero, el problema es todo lo demás que se deja de lado. La adicción lleva a desatender los cuidados más elementales, y es frecuente encontrar el cuerpo inerte de un usuario, consumido por pura desnutrición, suspendido en su tanque de gelatina, en posición fetal. Postura programada para ser adoptada cuando las constantes vitales cesan. Detalle este no sé si poético o irónico, por parte de quien fuera que lo decidiera.
Total, que se pusieron los expertos a buscar la forma de lograr eso. Empezaron a experimentar un montón con el cerebro. Entendían que esa era la mejor manera de conseguirlo. Pronto se dieron cuenta de que habían sobreestimado sus capacidades.
El cerebro no es como una maquinita que puedas manejar a tu antojo. Es más, aun quienes creen comprenderlo, tarde o temprano acaban reconociendo que no saben cómo trabajar con él. La teoría y la práctica no se corresponden. Parece que no se deja domar. O tal vez es que no está hecho para poder ser manipulado.
Sea como sea, estaba claro que por esa vía la cosa no iba a resultar, al menos a corto o medio plazo. El mercado se impacientaba, así que tiraron por otro lado. Y ya inventaron la gelatina. Fue pan comido, comparado con eso otro.
La gelatina es una especie de fluido sintético de estructura programable. Alberga en su interior unos nanorrobots que son los que se encargan de transmitir la información y hacer que la gelatina adopte la forma definida.
A los nanotécnicos esto les vino que ni pintado, porque la verdad es que tampoco estaban consiguiendo demasiados resultados en otros campos. El cuento de siempre, muchas promesas de futuro y luego nada de nada. Suerte que tuvieron.
Al principio la densidad de nanorrobots era de cinco por centímetro cúbico. Esto limitaba la resolución, el detalle de las figuras reproducidas. Daba una sensación tosca, como de cartón piedra. Así y todo ya era un gran avance, comparado con la fantasmal intangibilidad previa. Luego la densidad aumentó hasta alcanzar la proporción ideal.
Los tanques de inmersión también han ido evolucionando. Los primeros modelos eran monstruosos armatostes, tal y como para criar una morsa en tu salón. La forma cúbica del contenedor obligaba a que sus paredes fueran de un grosor tremendo, y todavía daba problemas la enorme presión que debía soportar.
Pronto vieron el desperdicio de recursos que suponía la rectangularidad y mejoraron el diseño con un contenedor esférico. Eso alivió la presión, redujo costes y materiales y simplificó mucho las cosas.
Otro tanto pasó con los nanorrobots. No hacía falta que todo el líquido estuviera uniformemente ocupado, bastaba el número suficiente para cubrir el perímetro del usuario y poco más.
Y tampoco hacía falta que todo el tanque estuviera lleno con la carísima gelatina esa. Las zonas más remotas podían rellenarse con otras materias más convencionales. Eso sí, lo suficiente maleables como para que la gelatina pudiera distribuirlas a voluntad.
Al final, la gelatina tenía como varias capas para las distintas funcionalidades. La más importante y sensible era la inmediata al usuario, su segunda piel como si dijéramos, la encargada de transmitir toda la experiencia táctil.
Aquí sí que tuvieron que trabajar mogollón hasta lograr codificar y reproducir todos los materiales de la naturaleza, su textura y comportamiento.
El cuerpo humano fue lo que más quebraderos de cabeza les dio. Porque hasta que no lo lograron era como tocar una estatua. Luego ya mejor, era puro deleite palpar la suavidad y elasticidad de la piel, notar tras ella músculo, hueso, órganos, etc.
Era muy importante dotar de cierta vitalidad creíble a los personajes, ya que de otro modo la interacción toma unos tintes macabros, espeluznantes y desalentadores. Al menos para el común de los mortales, pues siempre hay algún tarado al que le pone lo más repulsivo y repugnante.
De todas formas, el mayor logro era la tangibilidad en sí. La gelatina conseguía reproducir a la perfección la física de los volúmenes y el comportamiento del entorno. La inmersión era total, en seguida perdías la noción de estar en un simulador. Toda acción emprendida era real, al igual que su repercusión. Al andar, la gelatina se va desplazando hacia atrás bajo tus pies. Así permaneces siempre en el centro de la esfera, aunque no lo notas porque tu referencia visual te muestra tu desplazamiento por el mundo virtual.
Si caes, chocas con el suelo. Correr cansa. Subir escaleras agota. Todo igual que en la realidad, porque realmente lo estás haciendo.
El peso de los objetos también se consigue mediante el endurecimiento de la gelatina en torno al elemento en cuestión. Y sobre tus músculos en acción, si fuera preciso.
En realidad toda la gelatina trabaja de manera conjunta y ultrarrápida, casi hasta anticiparse a tus propios movimientos. Prácticamente no la notas, es como un guante que flota siempre a unas micras de tu piel y se readapta continuamente a cada postura tuya. Cuando el contacto es imprescindible, se reparte perfectamente por todo tu cuerpo, de tal manera que es muy sutil y casi imperceptible.
Lo que intento explicar es que la gelatina-aire y las gelatinas-objeto están siempre en interrelación. Tú no lo ves, pero trabajan conjuntamente para que te sientas trasladado a un entorno perfectamente físico. Si pudieras verte desde fuera, te verías flotando en la gelatina mientras vertiginosas oleadas de elastodensidad y microdinamismo van creando, trasladando y destruyendo las superficies más inmediatas con las que te vas cruzando.
Y no quieras ni saber la monstruosa cantidad de datos y cálculos que hacen falta para lograr semejante resultado.
Aunque, el pelo no terminan de imitarlo del todo bien, pero la ropa da bastante el pego.
Todo esto, sumado a la información visual y sonora, nos da una realidad virtuarreal más que lograda y sugerente.
Otro problema era la respiración. Al principio se usaba una simple boquilla de submarinismo, pero los usuarios se quejaban. Querían poder usar la boca, vete a saber por qué.
Así que diseñaron un microrrespirador solo para la nariz. Lo malo es que algunos se desmadraban y terminaban tragando gelatina, con gravísimas secuelas para su organismo.
Hubo que dotar a la gelatina de una inteligencia autónoma, un protocolo que le hace velar continuamente por la seguridad del usuario.
La propia gelatina se encarga de mantener un canal de respiración dinámico, una bolsa de aire frente a la cara del usuario, que conecta con la superficie y se adapta a todo movimiento y al ritmo de la respiración, facilitando la circulación y renovación del aire.
La propia gelatina mantiene un seguimiento continuo, por contacto directo, de las constantes vitales del usuario, y tiene directrices muy estrictas para interrumpir toda simulación cuando se sobrepasan los umbrales de seguridad saludables.
Además, la gelatina tiene el firme mandato de no permitir su ingesta por parte del usuario. Puedes morder y chupar cuanto quieras, pero en ningún caso la gelatina consentirá ser troceada ni separada de sí.
Por último, la gelatina cuenta con una base de datos central mundial, donde almacena y procesa los parámetros del cuerpo humano, sus capacidades y resistencias, según edad, forma física, entorno, trabajo desempeñado, etc. De tal manera que puede predecir los límites básicos de cada usuario, que luego podrá ir calibrando y actualizando mediante pruebas y tal.
Así pues, la simulación puede proporcionar experiencias extremas, pero siempre con margen suficiente para no provocar lesiones o daños considerables.
Luego ya es cosa de los programadores y su inventiva y originalidad.
Aunque, no hizo falta complicarse demasiado. Los juegos causaron sensación al principio, pero pronto quedaron relegados y prácticamente olvidados. La aplicación que triunfó de todas todas fue el Vis-a-vis, una especie de chat virtual pero de cuerpo entero. Ya te imaginas para qué lo quiere la gente.
Total que, la gelatina es un éxito tremendo. A pesar de lo cara que es, las compañías se las han ingeniado para hacerla llegar al gran público, a cambio de contratos de esclavitud semi-encubierta. Y, dado que el negocio más lucrativo resulta ser el sexo, se da la paradoja de que la gente se vuelve trabajadora del gremio para poder tener acceso y disfrute de eso mismo. Con lo cual todos salen ganando, y tan contentos.
Pero, el problema es todo lo demás que se deja de lado. La adicción lleva a desatender los cuidados más elementales, y es frecuente encontrar el cuerpo inerte de un usuario, consumido por pura desnutrición, suspendido en su tanque de gelatina, en posición fetal. Postura programada para ser adoptada cuando las constantes vitales cesan. Detalle este no sé si poético o irónico, por parte de quien fuera que lo decidiera.
19 de febrero de 2014
mundo incomprensible
La cosa empezó en una galería de arte.
Por hacerse el moderno, a un artista se le ocurrió pintar únicamente códigos-qr en sus cuadros.
El caso es que tuvo bastante éxito, porque en verdad era algo novedoso y chocante.
A la gente le hacía gracia eso de poner en su salón un cuadro-código de apariencia sobria y minimalista.
Además, que daba pie para que las visitas sacaran su móvil, lo escanearan y vieran en sus pantallas cuál era la imagen que contenía el susodicho a la postre.
Total, que era un divertimento ameno y refrescante.
Y no tardó en extenderse la moda.
Y en algún momento se les fue de las manos.
Hasta llegar a la situación actual.
Al principio, bueno, se podía entender la proliferación, por la novedad y eso.
Incluso tenía hasta su lado bueno y todo. Sobre todo con los anuncios de la calle.
Era muy de agradecer perder de vista toda esa propaganda incrustada a todas caras. Era apaciguador y sosegante ver sustituido todo eso por simples, anodinos, uniformes códigos-qr. Neutros e insignificantes a ojos del viandante.
Pero claro, todos se querían subir al carro, así que la cosa enseguida adquirió proporciones preocupantes. Absurdas, grotescas, delirantes.
Porque, vamos a ver, a santo de qué cambiar las señales de tráfico por códigos-qr? Semáforos y todo? Es un contrasentido absoluto.
Y qué necesidad había de dejar mondos los pedestales? A qué quitar toda estatua, decoración u ornamento y reemplazarla por su correspondiente código insulso?
Sin duda, latía un deseo oculto y profundo tras estas modificaciones.
Siempre el hombre ha querido distanciarse y separarse de su pasado.
Y parece que en la tecnología ha encontrado su ideal aliado.
A fin de cuentas, se trata de interponer una capa, un filtro, una barrera, que intermedie entre el sujeto y lo que le rodea. Para que nada ni nadie le afecte ni interfiera.
Esto se traduce en una inquina, irracional y permanente, al prójimo. Que es lo que lleva a querer secuestrar toda la realidad. Privatizar la vida para el solo disfrute de unos pocos. Máximo egoísmo que produce el mayor odio psicópata y que conduce a la implantación de penalidades y pesadillas autoimpuestas como éstas.
Por eso la naturaleza ya no le importa un bledo a nadie.
Es un vínculo molesto, despreciado, indeseable.
Por eso cuanto más artificial y antinatural todo, mejor.
Por eso el lado perverso es el que manda y decide, sin comprender que el desdén repercute también sobre lo más esencial y delicado de ser humano.
En fin, para qué seguir, ya sabes.
Estábamos con los códigos-qr, que lo invadieron todo en un abrir y cerrar de ojos, en un suspiro, en un santiamén.
Y, aunque no lo parezca, también tienen alguna ventaja. Por ejemplo, la ropa se ha simplificado enormemente. Todo el mundo viste chándal blanco, con su correspondiente código en pecho y espalda.
Así, el diseño y la apariencia quedan registrados en distintos planos.
Puedes presentar diferentes vestimentas según quién te mire. Puedes lucir tus galas con tus allegados y vestir discreto y correcto para el populacho. Así gestionas y proteges tus grados de intimidad. Al fin y al cabo se trata de información personal, y administrarla es facultad y responsabilidad de cada cual.
Curiosamente, el recato ha desaparecido por completo en ciertos sitios. Ya no existen playas no-nudistas, por la sencilla razón de que ya no existen bañadores, ni ropa interior, dicho sea de paso.
La evolución de esto es bastante clarificadora. Internet abrió el mercado a tope, de par en par. Tanto es así, que las empresas se enfrentaban a multitud de problemas. La competencia era total y desleal a más no poder. De nada servía volverse exquisito. No te podías descuidar ni un pelo. La presión y la velocidad obligaban a exprimir todo al límite. Sin esperanza de futuro alguno. Así pues, la virtualización de los productos fue casi un paso forzado.
Descabellado al principio, pero sumamente ventajoso luego.
Te permitía reducir el precio y llegar a mucha más gente, te liberaba de ataduras ni dependencias. Adiós materiales, adiós mano de obra, adiós gastos e intermediarios.
Y lo mejor de todo, podías proteger y diferenciar tus productos mucho más eficazmente.
Primeramente costó un poco convencer a la gente, pero en cuanto le cogieron el punto ya fue totalmente imparable.
Al fin y al cabo, el salto del micro-bikini al bikini-virtual no era tan grande.
Total que, ahora la gente simplemente lleva tatuado un código-qr en el abdomen y otro en la bajoespalda y para de contar. Así que, si quieres dejar algo para la imaginación, necesitas unas gafas de realidad aumentada.
Y ésta es la madre del cordero, porque no cualquiera puede permitírselas. Y ya no es solo el tenerlas, sino poder afrontar los gastos que supone acceder a las funciones o servicios deseados.
Esto es lo que divide el mundo. O estás dentro o estás fuera.
Y estar dentro tiene un alto precio, y estar fuera es penoso y dificultoso. Así que, ya me dirás tú.
Porque, a ver cómo te las apañas en un mundo que se mantiene codificado y ajeno, despiadado y mecánico.
Porque esa es otra, cada vez más se ha restringido y limitado el papel humano en todos los lados. Todo son asistentes virtuales, y si no dispones de los permisos y los periféricos para interactuar, se siente y te jodes.
Que hasta los libros son una sucesión absurda de código-qr tras código-qr página tras página. Si al menos las portadas fueran reconocibles a simple vista... Pero nada, ya no hay lenguaje humano por ningún lado. Ni letreros, ni carteles, ni nada de nada.
Si hasta tu propio documento de identidad es un código-qr.
Así, fácil que ni sepas quién eres.
De hecho, esa es la idea. Sin aparatos no existes, no eres nadie, nada. Un desecho andante, un vestigio del pasado, un fantasma en proceso de desintegración.
Y peor aún es en los supermercados. Tienes que andar adivinando por la forma y los envases lo que puede ser cada cosa. Y ya ni digamos saber los ingredientes.
La información se ha estratificado y elitizado, hasta tal punto, que pocos son los que pueden llegar a saber realmente lo que es menester. Así pues, el libre albedrío es un lujo cada vez más lejano e inalcanzable. Escondido y guardado bajo siete llaves.
La historia de siempre, solo que ahora con un toque más tecnológico y refinado. Perfeccionado.
Es triste seguir, porque el suma y sigue es bastante deprimente.
Hay estampas que, quieras que no, sobrecogen.
Como los cines, todos ahí sentados con sus gafas mirando a la pantalla, donde tan solo aparece un enorme código-qr.
Espeluznante.
O la patética área de maternidad, donde los recién nacidos son etiquetados con su correspondiente código, y como no sepas identificar el tuyo no te lo dan.
Y otro tanto con los envíos, recibos y contratos. Si no portas un código validado y validificado, como dicen los de allende, no se te reconoce ni se te autoriza trámite alguno. De nada sirven firma, huellas ni nada de nada.
Así que bueno, ya lo ves, un invento bastante siniestro, o al menos el uso que le estamos dando, que ya nos vale, ya.
Por hacerse el moderno, a un artista se le ocurrió pintar únicamente códigos-qr en sus cuadros.
El caso es que tuvo bastante éxito, porque en verdad era algo novedoso y chocante.
A la gente le hacía gracia eso de poner en su salón un cuadro-código de apariencia sobria y minimalista.
Además, que daba pie para que las visitas sacaran su móvil, lo escanearan y vieran en sus pantallas cuál era la imagen que contenía el susodicho a la postre.
Total, que era un divertimento ameno y refrescante.
Y no tardó en extenderse la moda.
Y en algún momento se les fue de las manos.
Hasta llegar a la situación actual.
Al principio, bueno, se podía entender la proliferación, por la novedad y eso.
Incluso tenía hasta su lado bueno y todo. Sobre todo con los anuncios de la calle.
Era muy de agradecer perder de vista toda esa propaganda incrustada a todas caras. Era apaciguador y sosegante ver sustituido todo eso por simples, anodinos, uniformes códigos-qr. Neutros e insignificantes a ojos del viandante.
Pero claro, todos se querían subir al carro, así que la cosa enseguida adquirió proporciones preocupantes. Absurdas, grotescas, delirantes.
Porque, vamos a ver, a santo de qué cambiar las señales de tráfico por códigos-qr? Semáforos y todo? Es un contrasentido absoluto.
Y qué necesidad había de dejar mondos los pedestales? A qué quitar toda estatua, decoración u ornamento y reemplazarla por su correspondiente código insulso?
Sin duda, latía un deseo oculto y profundo tras estas modificaciones.
Siempre el hombre ha querido distanciarse y separarse de su pasado.
Y parece que en la tecnología ha encontrado su ideal aliado.
A fin de cuentas, se trata de interponer una capa, un filtro, una barrera, que intermedie entre el sujeto y lo que le rodea. Para que nada ni nadie le afecte ni interfiera.
Esto se traduce en una inquina, irracional y permanente, al prójimo. Que es lo que lleva a querer secuestrar toda la realidad. Privatizar la vida para el solo disfrute de unos pocos. Máximo egoísmo que produce el mayor odio psicópata y que conduce a la implantación de penalidades y pesadillas autoimpuestas como éstas.
Por eso la naturaleza ya no le importa un bledo a nadie.
Es un vínculo molesto, despreciado, indeseable.
Por eso cuanto más artificial y antinatural todo, mejor.
Por eso el lado perverso es el que manda y decide, sin comprender que el desdén repercute también sobre lo más esencial y delicado de ser humano.
En fin, para qué seguir, ya sabes.
Estábamos con los códigos-qr, que lo invadieron todo en un abrir y cerrar de ojos, en un suspiro, en un santiamén.
Y, aunque no lo parezca, también tienen alguna ventaja. Por ejemplo, la ropa se ha simplificado enormemente. Todo el mundo viste chándal blanco, con su correspondiente código en pecho y espalda.
Así, el diseño y la apariencia quedan registrados en distintos planos.
Puedes presentar diferentes vestimentas según quién te mire. Puedes lucir tus galas con tus allegados y vestir discreto y correcto para el populacho. Así gestionas y proteges tus grados de intimidad. Al fin y al cabo se trata de información personal, y administrarla es facultad y responsabilidad de cada cual.
Curiosamente, el recato ha desaparecido por completo en ciertos sitios. Ya no existen playas no-nudistas, por la sencilla razón de que ya no existen bañadores, ni ropa interior, dicho sea de paso.
La evolución de esto es bastante clarificadora. Internet abrió el mercado a tope, de par en par. Tanto es así, que las empresas se enfrentaban a multitud de problemas. La competencia era total y desleal a más no poder. De nada servía volverse exquisito. No te podías descuidar ni un pelo. La presión y la velocidad obligaban a exprimir todo al límite. Sin esperanza de futuro alguno. Así pues, la virtualización de los productos fue casi un paso forzado.
Descabellado al principio, pero sumamente ventajoso luego.
Te permitía reducir el precio y llegar a mucha más gente, te liberaba de ataduras ni dependencias. Adiós materiales, adiós mano de obra, adiós gastos e intermediarios.
Y lo mejor de todo, podías proteger y diferenciar tus productos mucho más eficazmente.
Primeramente costó un poco convencer a la gente, pero en cuanto le cogieron el punto ya fue totalmente imparable.
Al fin y al cabo, el salto del micro-bikini al bikini-virtual no era tan grande.
Total que, ahora la gente simplemente lleva tatuado un código-qr en el abdomen y otro en la bajoespalda y para de contar. Así que, si quieres dejar algo para la imaginación, necesitas unas gafas de realidad aumentada.
Y ésta es la madre del cordero, porque no cualquiera puede permitírselas. Y ya no es solo el tenerlas, sino poder afrontar los gastos que supone acceder a las funciones o servicios deseados.
Esto es lo que divide el mundo. O estás dentro o estás fuera.
Y estar dentro tiene un alto precio, y estar fuera es penoso y dificultoso. Así que, ya me dirás tú.
Porque, a ver cómo te las apañas en un mundo que se mantiene codificado y ajeno, despiadado y mecánico.
Porque esa es otra, cada vez más se ha restringido y limitado el papel humano en todos los lados. Todo son asistentes virtuales, y si no dispones de los permisos y los periféricos para interactuar, se siente y te jodes.
Que hasta los libros son una sucesión absurda de código-qr tras código-qr página tras página. Si al menos las portadas fueran reconocibles a simple vista... Pero nada, ya no hay lenguaje humano por ningún lado. Ni letreros, ni carteles, ni nada de nada.
Si hasta tu propio documento de identidad es un código-qr.
Así, fácil que ni sepas quién eres.
De hecho, esa es la idea. Sin aparatos no existes, no eres nadie, nada. Un desecho andante, un vestigio del pasado, un fantasma en proceso de desintegración.
Y peor aún es en los supermercados. Tienes que andar adivinando por la forma y los envases lo que puede ser cada cosa. Y ya ni digamos saber los ingredientes.
La información se ha estratificado y elitizado, hasta tal punto, que pocos son los que pueden llegar a saber realmente lo que es menester. Así pues, el libre albedrío es un lujo cada vez más lejano e inalcanzable. Escondido y guardado bajo siete llaves.
La historia de siempre, solo que ahora con un toque más tecnológico y refinado. Perfeccionado.
Es triste seguir, porque el suma y sigue es bastante deprimente.
Hay estampas que, quieras que no, sobrecogen.
Como los cines, todos ahí sentados con sus gafas mirando a la pantalla, donde tan solo aparece un enorme código-qr.
Espeluznante.
O la patética área de maternidad, donde los recién nacidos son etiquetados con su correspondiente código, y como no sepas identificar el tuyo no te lo dan.
Y otro tanto con los envíos, recibos y contratos. Si no portas un código validado y validificado, como dicen los de allende, no se te reconoce ni se te autoriza trámite alguno. De nada sirven firma, huellas ni nada de nada.
Así que bueno, ya lo ves, un invento bastante siniestro, o al menos el uso que le estamos dando, que ya nos vale, ya.
30 de junio de 2013
La Gente
La Gente son idiotas porque pasan de todo.
La Gente viven a su bola y no se preocupan de nada.
La Gente son egoístas y no les importa lo de los demás.
La Gente no quieren problemas de ningún tipo.
La Gente no ven ni reconocen su parte de responsabilidad en todo.
La Gente se quejan y protestan pero no hacen nada.
La Gente no quieren alterar de ninguna manera su vida.
La Gente no tienen conciencia ni dignidad.
La Gente no tienen ética ni vergüenza.
La Gente no respetan nada que no sea su inmaduro egoísmo.
La Gente viven como unos animales, sin educación ni cuidado.
La Gente desprecian y abusan sobre cuanto les rodea.
La Gente maldicen y critican todo y a todos.
La Gente matarían antes que perder su costumbre.
La Gente morirían antes que crecer y aprender.
La Gente son de tal ruindad y mezquindad que se dan asco y todo.
La Gente son tan miserables que siempre eligen lo peor de lo peor.
La Gente son de tal insolidaridad que antes revientan que ayudar.
La Gente son tan cobardes que se esconden en su rutina.
La Gente se atrincheran en su ignorancia y de ahí no se cantean.
La Gente prefieren sufrir lo indecible con tal de no cambiar.
La Gente se degradan y padecen las consecuencias que se merecen.
La Gente envidian y desean el mal al que se hace notar.
La Gente se someten por pura bellaquería y villanía.
La Gente odian a muerte a La Gente.
Yo soy idiota porque paso de todo.
Yo vivo a mi bola y no me preocupo de nada.
Yo soy egoísta y no me importa lo de los demás.
Yo no quiero problemas de ningún tipo.
Yo no veo ni reconozco mi parte de responsabilidad en todo.
Yo me quejo y protesto pero no hago nada.
Yo no quiero alterar de ninguna manera mi vida.
Yo no tengo conciencia ni dignidad.
Yo no tengo ética ni vergüenza.
Yo no respeto nada que no sea mi inmaduro egoísmo.
Yo vivo como un animal, sin educación ni cuidado.
Yo desprecio y abuso sobre cuanto me rodea.
Yo maldigo y critico todo y a todos.
Yo mataría antes que perder mi costumbre.
Yo moriría antes que crecer y aprender.
Yo soy de tal ruindad y mezquindad que me doy asco y todo.
Yo soy tan miserable que siempre elijo lo peor de lo peor.
Yo soy de tal insolidaridad que antes reviento que ayudar.
Yo soy tan cobarde que me escondo en mi rutina.
Yo me atrinchero en mi ignorancia y de ahí no me canteo.
Yo prefiero sufrir lo indecible con tal de no cambiar.
Yo me degrado y padezco las consecuencias que me merezco.
Yo envidio y deseo el mal al que se hace notar.
Yo me someto por pura bellaquería y villanía.
Yo me odio a muerte a mí mismo.
La Gente viven a su bola y no se preocupan de nada.
La Gente son egoístas y no les importa lo de los demás.
La Gente no quieren problemas de ningún tipo.
La Gente no ven ni reconocen su parte de responsabilidad en todo.
La Gente se quejan y protestan pero no hacen nada.
La Gente no quieren alterar de ninguna manera su vida.
La Gente no tienen conciencia ni dignidad.
La Gente no tienen ética ni vergüenza.
La Gente no respetan nada que no sea su inmaduro egoísmo.
La Gente viven como unos animales, sin educación ni cuidado.
La Gente desprecian y abusan sobre cuanto les rodea.
La Gente maldicen y critican todo y a todos.
La Gente matarían antes que perder su costumbre.
La Gente morirían antes que crecer y aprender.
La Gente son de tal ruindad y mezquindad que se dan asco y todo.
La Gente son tan miserables que siempre eligen lo peor de lo peor.
La Gente son de tal insolidaridad que antes revientan que ayudar.
La Gente son tan cobardes que se esconden en su rutina.
La Gente se atrincheran en su ignorancia y de ahí no se cantean.
La Gente prefieren sufrir lo indecible con tal de no cambiar.
La Gente se degradan y padecen las consecuencias que se merecen.
La Gente envidian y desean el mal al que se hace notar.
La Gente se someten por pura bellaquería y villanía.
La Gente odian a muerte a La Gente.
Yo soy idiota porque paso de todo.
Yo vivo a mi bola y no me preocupo de nada.
Yo soy egoísta y no me importa lo de los demás.
Yo no quiero problemas de ningún tipo.
Yo no veo ni reconozco mi parte de responsabilidad en todo.
Yo me quejo y protesto pero no hago nada.
Yo no quiero alterar de ninguna manera mi vida.
Yo no tengo conciencia ni dignidad.
Yo no tengo ética ni vergüenza.
Yo no respeto nada que no sea mi inmaduro egoísmo.
Yo vivo como un animal, sin educación ni cuidado.
Yo desprecio y abuso sobre cuanto me rodea.
Yo maldigo y critico todo y a todos.
Yo mataría antes que perder mi costumbre.
Yo moriría antes que crecer y aprender.
Yo soy de tal ruindad y mezquindad que me doy asco y todo.
Yo soy tan miserable que siempre elijo lo peor de lo peor.
Yo soy de tal insolidaridad que antes reviento que ayudar.
Yo soy tan cobarde que me escondo en mi rutina.
Yo me atrinchero en mi ignorancia y de ahí no me canteo.
Yo prefiero sufrir lo indecible con tal de no cambiar.
Yo me degrado y padezco las consecuencias que me merezco.
Yo envidio y deseo el mal al que se hace notar.
Yo me someto por pura bellaquería y villanía.
Yo me odio a muerte a mí mismo.
9 de diciembre de 2012
disicuruso elitisita
Nosotoros los superiores tenemos pirivilegios por derecho natural. Nosotoros nacemos con venetajas poreque somos mejores.
La vida nos da esete don y nos pone aquí para manadar sobere el ganado.
Nuesatara superioridad es una resoponosabilidad.
Nosotoros esetamos obiligados a exopolotar y conotorolar al ganado.
El ganado es iniferior por naturaleza.
El ganado es tonoto, leredo, idiota.
El ganado es tan inútil que si lo abanodonas a su suerete muere al poco, o peor todavía, se mulitipilica sin medida y acaba con todo como una palaga.
El ganado no sabe vivir por sí solo, no le alacanaza ni le llega su esecaso seso, que ni se puede llamar cereboro.
El ganado es un pedazo de carene con ojos.
Nosotoros podemos hacer lo que queramos con el ganado.
Es un tarabajo muy sakirificado exopolotar y conotorolar al ganado.
Nosotoros tenemos que decirile todo el rato lo que tiene que hacer el ganado.
Nosotoros tenemos que decirile todo el rato lo que no tiene que hacer el ganado.
Nosotoros somos la ley y el oroden.
Nosotoros somos los dioses para el ganado.
Nosotoros eneseñamos al ganado para que apereneda a adoraronos.
Nosotoros le damos al ganado una religión para que la siga, poreque es la única manera de que haga alogo al menos.
Nosotoros somos su guía y su faro.
Nosotoros somos la luz en sus tiniebalas.
El ganado nos debe la vida y nos lo paga con su tiemopo y esufuerezo.
El ganado nos rinide culuto y tiributo.
El ganado comuluga con el keredo y los dogomas que nosotoros le dikitamos.
El ganado nos sirive y adora.
El ganado es fiel y se sakirifica por nosotoros.
El ganado da su vida con solo que se lo pidamos.
El ganado defecutuoso se debe eliminar sin taradanaza ni reparo.
El ganado es torope y débil, se conotagia con facilidad con cualiquier ridícula poroquería.
Lo peor que le puede eneterar al ganado son las ganas de penesar.
El ganado se iniveneta unas ideologías de lo más tirisites y abusurudas.
El ganado se eneteretiene cotorreanodo y paroloteanodo esutúpidamenete de todo lo que le pasa y tal.
Nosotoros tenemos que corregirile las ideas al ganado todo el rato para que no se desivíe de la seneda que le maracamos.
Cuanodo el ganado se echa a pereder lo mejor es dejarolo que muera por su natural, pero es tan vil kiriatura que hasata en eso pide ateneción y ayuda.
Nosotoros tenemos que disimular un poco, haciénedole alugunas operaciones o coneketánodole a alugunas máquinas iniserivibeles.
El ganado es tan coroto y ciego que solo sabe quejarese, porotesetar y pedir derechos y pirivilegios que no le corresoponoden, jajaja.
Nosotoros no tenemos más que marearolos un rato con menitiras y enegañarolos con cuatoro disitarakiciones y comodidades y ya el ganado se olivida de lo que quería y nos sirive otara vez como se manada.
Dale unas palamaditas de alieneto y el ganado te lamerá con garatitud y veneración auténiticas y duraderas.
Nosotoros no podemos desucuidaronos en nuesetaras obiligaciones.
Nosotoros tenemos que esetar siemepere al tanoto para que el ganado rinida lo que debe y como debe.
Nosotoros no debemos conotagiaronos de los defecotos del ganado.
Los superiores desecarriados tereminan voliviénodose ganado y eso es lo peor que le puede pasar a nadie, una taragedia y una desegaracia inusuperabele.
Nosotoros los superiores tenemos que cuidaronos y porotegerenos enetere nosotoros para que no nos pase esoto.
Tamibién tenemos que vigilar siemepere para que el ganado no terepe y se kerezeca más de la cueneta.
A veces el ganado se pone un poco tonoto y se quiere pasar de lisito, nosotoros enetonoces tenemos que darele un esecaramieneto rápido y conotunedenete, para que se le quiten las ganas de porobar otora vez y le siriva de ejemopolo.
Nosotoros tenemos que recorodarele y demosotararele siemepere al ganado quién es el que manada, y tenemos que hacerolo de foroma muy calara para que le enetere en la mollera y se le quede bien garabado.
El ganado nos imita en todo y siemepere asipira a ser como nosotoros.
Es diveritido ver sus patéticos vanos initenotos.
A nosotoros nos coniviene y beneficia esoto, el ganado se vueleve más peredecibele y conotorolabele cuanodo le dejas abarazar nuesataras maneras.
El ganado juega a ser mejor de lo que es y por el camino se olivida de sus peores cualidades, piedad, humanidad, ética, solidaridad, etecétera.
El ganado se conoteneta con nuesataras migajas.
El ganado se conoforoma con verenos comer.
El ganado aperenede muy bien a ser egoísita y desepiadado.
El ganado se vueleve nuesotoro mejor aliado cuanodo le damos falasas eseperanazas de asecenoso y mejora.
El ganado es el mejor lobo para el ganado.
Nosotoros esetamos muy conotenetos con el comoporotamienoto y los porogueresos del ganado.
Muy poronoto ya no tenederemos casi ni que esoforozaronos.
La vida nos da esete don y nos pone aquí para manadar sobere el ganado.
Nuesatara superioridad es una resoponosabilidad.
Nosotoros esetamos obiligados a exopolotar y conotorolar al ganado.
El ganado es iniferior por naturaleza.
El ganado es tonoto, leredo, idiota.
El ganado es tan inútil que si lo abanodonas a su suerete muere al poco, o peor todavía, se mulitipilica sin medida y acaba con todo como una palaga.
El ganado no sabe vivir por sí solo, no le alacanaza ni le llega su esecaso seso, que ni se puede llamar cereboro.
El ganado es un pedazo de carene con ojos.
Nosotoros podemos hacer lo que queramos con el ganado.
Es un tarabajo muy sakirificado exopolotar y conotorolar al ganado.
Nosotoros tenemos que decirile todo el rato lo que tiene que hacer el ganado.
Nosotoros tenemos que decirile todo el rato lo que no tiene que hacer el ganado.
Nosotoros somos la ley y el oroden.
Nosotoros somos los dioses para el ganado.
Nosotoros eneseñamos al ganado para que apereneda a adoraronos.
Nosotoros le damos al ganado una religión para que la siga, poreque es la única manera de que haga alogo al menos.
Nosotoros somos su guía y su faro.
Nosotoros somos la luz en sus tiniebalas.
El ganado nos debe la vida y nos lo paga con su tiemopo y esufuerezo.
El ganado nos rinide culuto y tiributo.
El ganado comuluga con el keredo y los dogomas que nosotoros le dikitamos.
El ganado nos sirive y adora.
El ganado es fiel y se sakirifica por nosotoros.
El ganado da su vida con solo que se lo pidamos.
El ganado defecutuoso se debe eliminar sin taradanaza ni reparo.
El ganado es torope y débil, se conotagia con facilidad con cualiquier ridícula poroquería.
Lo peor que le puede eneterar al ganado son las ganas de penesar.
El ganado se iniveneta unas ideologías de lo más tirisites y abusurudas.
El ganado se eneteretiene cotorreanodo y paroloteanodo esutúpidamenete de todo lo que le pasa y tal.
Nosotoros tenemos que corregirile las ideas al ganado todo el rato para que no se desivíe de la seneda que le maracamos.
Cuanodo el ganado se echa a pereder lo mejor es dejarolo que muera por su natural, pero es tan vil kiriatura que hasata en eso pide ateneción y ayuda.
Nosotoros tenemos que disimular un poco, haciénedole alugunas operaciones o coneketánodole a alugunas máquinas iniserivibeles.
El ganado es tan coroto y ciego que solo sabe quejarese, porotesetar y pedir derechos y pirivilegios que no le corresoponoden, jajaja.
Nosotoros no tenemos más que marearolos un rato con menitiras y enegañarolos con cuatoro disitarakiciones y comodidades y ya el ganado se olivida de lo que quería y nos sirive otara vez como se manada.
Dale unas palamaditas de alieneto y el ganado te lamerá con garatitud y veneración auténiticas y duraderas.
Nosotoros no podemos desucuidaronos en nuesetaras obiligaciones.
Nosotoros tenemos que esetar siemepere al tanoto para que el ganado rinida lo que debe y como debe.
Nosotoros no debemos conotagiaronos de los defecotos del ganado.
Los superiores desecarriados tereminan voliviénodose ganado y eso es lo peor que le puede pasar a nadie, una taragedia y una desegaracia inusuperabele.
Nosotoros los superiores tenemos que cuidaronos y porotegerenos enetere nosotoros para que no nos pase esoto.
Tamibién tenemos que vigilar siemepere para que el ganado no terepe y se kerezeca más de la cueneta.
A veces el ganado se pone un poco tonoto y se quiere pasar de lisito, nosotoros enetonoces tenemos que darele un esecaramieneto rápido y conotunedenete, para que se le quiten las ganas de porobar otora vez y le siriva de ejemopolo.
Nosotoros tenemos que recorodarele y demosotararele siemepere al ganado quién es el que manada, y tenemos que hacerolo de foroma muy calara para que le enetere en la mollera y se le quede bien garabado.
El ganado nos imita en todo y siemepere asipira a ser como nosotoros.
Es diveritido ver sus patéticos vanos initenotos.
A nosotoros nos coniviene y beneficia esoto, el ganado se vueleve más peredecibele y conotorolabele cuanodo le dejas abarazar nuesataras maneras.
El ganado juega a ser mejor de lo que es y por el camino se olivida de sus peores cualidades, piedad, humanidad, ética, solidaridad, etecétera.
El ganado se conoteneta con nuesataras migajas.
El ganado se conoforoma con verenos comer.
El ganado aperenede muy bien a ser egoísita y desepiadado.
El ganado se vueleve nuesotoro mejor aliado cuanodo le damos falasas eseperanazas de asecenoso y mejora.
El ganado es el mejor lobo para el ganado.
Nosotoros esetamos muy conotenetos con el comoporotamienoto y los porogueresos del ganado.
Muy poronoto ya no tenederemos casi ni que esoforozaronos.
30 de junio de 2012
hacer el amor con las manos
Jugamos a una cosa?
Vale.
Tú cierra la mano así y yo te meto un dedo. Empiezo con el índice.
Jiji.
Te gusta, eh?
Pero no dejes la mano tan floja, tienes que apretar un poquito.
No tanto, no seas mala.
Así, ves? Cuanto más despacio, más gustito.
Ahora cierra los ojos, nota el calorcito por el roce.
Mi dedo entra y sale y tu mano lo acoge y abraza.
Y ahora le toca al medio.
Hum, está fresquito.
Sí.
Ya no.
Ves qué bien?
Sí, sí.
Y ahora el anular.
Me suda la mano.
Mejor todavía.
Jiji.
Muy bien, puedes hacer como si me quisieras atrapar el dedo.
O como si no quisieras dejarlo entrar.
Oh, sí.
Hummm.
Te está poniendo, eh?
Mucho.
A que nunca te habías imaginado que se podía hacer esto?
Pues no, pero mola.
Vale, ahora con el meñique.
Suelta, diablillo, no te aproveches.
Jijiji.
Y ahora el pulgar.
O-ooh. Qué gordote.
Sip.
Pero cortito, casi no llega al fondo.
Que no, eh? Ahora verás.
Hala, bestia, no empujes tanto.
Jeje. Perdona.
Además, no hace falta.
Es verdad.
Bueno, pues nada, ya está. Ya lo hemos hecho con todos.
Y ahora qué hacemos?
Lo estás deseando, venga, dilo.
Ahora tú la mano y yo el dedito, jijij.
Jeje.
Culebrilla, te gusta enroscarte como un tornillo, eh?
Chi.
Humm.
Suave, suavecito, así, no tengas prisa.
Siente el contacto, el roce, el deslizar, el calorcito.
Tu piel con mi piel.
Tu carne con mi carne.
Tus dedos con mis dedos.
Tu mano con mi mano.
Tu cuerpo con mi cuerpo.
Uf, cómo me pone.
Ya te digo.
Más, quiero más.
Vale, ahora besitos.
Cómo?
Así, mira, cierras el puño y con el pulgar es como si fueran los labios.
Jiji, tontito.
Sí, sí, muac muac muac muac.
Muac muac muac.
Ay, no se vale pellizcar.
Pellizquitos pequeñitos solo.
Bueno.
Pero estos besos no molan tanto, les falta la lengua.
Es verdad. Pero eso es más complicado.
Pon los dedos así y saca el pulgar entre el medio y el anular.
Qué raro.
Parecemos mongolos con las manos, jeje.
Vale, ahora ya sin imaginar nada, solo caricias en las manos.
Humm, qué bien.
Sí.
Y ahora guerra de cosquillas!
Ay, ay, jiji, malo.
Quita, para, ahí no...
Hummm...
Vale.
Tú cierra la mano así y yo te meto un dedo. Empiezo con el índice.
Jiji.
Te gusta, eh?
Pero no dejes la mano tan floja, tienes que apretar un poquito.
No tanto, no seas mala.
Así, ves? Cuanto más despacio, más gustito.
Ahora cierra los ojos, nota el calorcito por el roce.
Mi dedo entra y sale y tu mano lo acoge y abraza.
Y ahora le toca al medio.
Hum, está fresquito.
Sí.
Ya no.
Ves qué bien?
Sí, sí.
Y ahora el anular.
Me suda la mano.
Mejor todavía.
Jiji.
Muy bien, puedes hacer como si me quisieras atrapar el dedo.
O como si no quisieras dejarlo entrar.
Oh, sí.
Hummm.
Te está poniendo, eh?
Mucho.
A que nunca te habías imaginado que se podía hacer esto?
Pues no, pero mola.
Vale, ahora con el meñique.
Suelta, diablillo, no te aproveches.
Jijiji.
Y ahora el pulgar.
O-ooh. Qué gordote.
Sip.
Pero cortito, casi no llega al fondo.
Que no, eh? Ahora verás.
Hala, bestia, no empujes tanto.
Jeje. Perdona.
Además, no hace falta.
Es verdad.
Bueno, pues nada, ya está. Ya lo hemos hecho con todos.
Y ahora qué hacemos?
Lo estás deseando, venga, dilo.
Ahora tú la mano y yo el dedito, jijij.
Jeje.
Culebrilla, te gusta enroscarte como un tornillo, eh?
Chi.
Humm.
Suave, suavecito, así, no tengas prisa.
Siente el contacto, el roce, el deslizar, el calorcito.
Tu piel con mi piel.
Tu carne con mi carne.
Tus dedos con mis dedos.
Tu mano con mi mano.
Tu cuerpo con mi cuerpo.
Uf, cómo me pone.
Ya te digo.
Más, quiero más.
Vale, ahora besitos.
Cómo?
Así, mira, cierras el puño y con el pulgar es como si fueran los labios.
Jiji, tontito.
Sí, sí, muac muac muac muac.
Muac muac muac.
Ay, no se vale pellizcar.
Pellizquitos pequeñitos solo.
Bueno.
Pero estos besos no molan tanto, les falta la lengua.
Es verdad. Pero eso es más complicado.
Pon los dedos así y saca el pulgar entre el medio y el anular.
Qué raro.
Parecemos mongolos con las manos, jeje.
Vale, ahora ya sin imaginar nada, solo caricias en las manos.
Humm, qué bien.
Sí.
Y ahora guerra de cosquillas!
Ay, ay, jiji, malo.
Quita, para, ahí no...
Hummm...
30 de junio de 2011
la dimensión paralela
Era domingo.
Habían comido una comida copiosa.
Sus padres se habían quedado traspuestos en el sofá.
Mirando sin ver las noticias.
Él se había ido a su cuarto a leer un rato.
Tumbado sobre la cama.
Le entró modorra y echó una cabezadita.
Hasta ahí todo normal.
El abuso alimentario es lo que tiene.
La hora de la siesta, le dicen.
Al rato, el muchacho despertó.
La casa estaba en silencio.
Supuso que sus padres seguían durmiendo.
Leyó un poco más.
Pasó otro rato.
Nada.
Ni un ruido.
Extraño.
Se asomó al salón.
Ni rastro de sus padres.
Se habrán ido a algún lado mientras yo soñaba.
Pensó.
Pero sus llaves colgaban en el llavero.
El cerrojo de la puerta estaba echado.
Y las ventanas cerradas.
Pero bueno!
Qué misterio es este?
Buscó bien por toda la casa.
Buscó y rebuscó a fondo, sin dejar pasar nada.
Ni la más remota y extraña posibilidad.
No estaban.
Ni en el más recóndito rincón.
Ni en el más imposible escondrijo.
No estaban y punto.
Llamó, preguntó, salió, movilizó a todo el mundo.
Las autoridades abrieron un expediente.
Otro caso de desaparecidos.
El muchacho tuvo que declarar y responder a multitud de preguntas.
Cada vez estaba más impactado y consternado con el suceso.
Fue derivado a atención psicológica y servicios sociales.
El muchacho pasó a convivir con unos tíos allegados.
Al principio del caso aparecieron muchas pistas o indicios.
Bienintencionados testigos que querían ayudar.
Falsas esperanzas.
Ocurrentes espontáneos que creían ayudar.
Con comentarios o ideas de lo más inoportuno y odioso.
Teorías bobas, ridículas, absurdas, idiotas.
El mundo está lleno de cretinos y tarados.
Aparte de constatar esto, poco más sacó.
Pasó el tiempo.
Sin noticias ni novedades.
Creció.
Rehizo su vida como mejor pudo, dadas las circunstancias.
Se adaptó a vivir con esa ausencia permanente.
Inexplicable.
A veces sufría crisis emocionales o ataques de pánico.
Súbitos, repentinos, inesperados.
Por suerte, remitían con igual celeridad.
La conducta del muchacho se vio afectada.
Había un temor o inseguridad latentes en su forma de ser.
Las amistades y la diversión le eran cruciales, acuciantes.
Una necesidad de evasión profundamente acentuada.
Constante.
Por lo demás era un sujeto bastante convencional.
Cuando pudo independizarse se estableció de nuevo en su casa.
Pero el recuerdo de sus padres desaparecidos le atormentaba.
Indeciblemente.
Con gran dolor tuvo que mudarse a otro sitio.
Pero a la larga fue lo mejor.
Con el tiempo aprendió a taponar su desesperación.
Contener su incomprensión.
Reprimir sus ideas.
Se centró en crear su propia familia.
En la que volcarse y refugiarse.
En la que enmascarar su trauma.
En la que esconderse de su pasado.
En la que olvidar su estigma.
En la que ahogar su pena.
En la que escapar de su pesadilla.
Si fuera posible.
Así transcurrió su vida.
Con aciertos y desengaños.
Hasta que murió.
Más o menos frustrado.
Más o menos escamado.
Más o menos decepcionado.
Más o menos en general.
Sin entrar demasiado en detalles.
Era domingo.
Habían comido una comida copiosa.
Ellos se habían quedado traspuestos en el sofá.
Mirando sin ver las noticias.
Su hijo se había ido a su cuarto a leer un rato.
Tumbado sobre su cama.
Hasta ahí todo normal.
El abuso alimentario es lo que tiene.
La hora de la siesta, le dicen.
Al rato, los padres despertaron.
La casa estaba en silencio.
Supusieron que su hijo estaría echando una cabezadita.
Miraron la tele un poco más.
Paso otro rato.
Nada.
Ni un ruido.
Extraño.
Se asomaron a su habitación.
Ni rastro del hijo.
Se habrá ido a algún lado mientras dormitábamos.
Pensaron.
Pero sus llaves colgaban en el llavero.
El cerrojo de la puerta estaba echado.
Y las ventanas cerradas.
Pero bueno!
Qué misterio es este?
Buscaron bien por toda la casa.
Buscaron y rebuscaron a fondo, sin dejar pasar nada.
Ni la más remota y extraña posibilidad.
No estaba.
Ni en el más recóndito rincón.
Ni en el más imposible escondrijo.
No estaba y punto.
Llamaron, preguntaron, salieron, movilizaron a todo el mundo.
Las autoridades abrieron un expediente.
Otro caso de desaparecido.
Los padres tuvieron que responder a multitud de preguntas.
Cada vez estaban más impactados y consternados con la situación.
Fueron derivados a atención psicológica.
Los padres trataron de retomar una rutina más o menos normal.
Al principio del caso aparecieron muchas pistas o indicios.
Bienintencionados testigos que querían ayudar.
Dolorosos equívocos.
Ocurrentes espontáneos que creían ayudar.
Con comentarios o ideas de lo más variopinto y pintoresco.
Variopintoresco, como dicen los de allende.
Teorías increíbles, hipótesis inverosímiles.
El mundo está lleno de pirados y chalados.
Aparte de este descubrimiento, poco provecho sacaron.
Pasó el tiempo.
Sin noticias ni novedades.
Envejecieron.
Llevaron su vida lo mejor que pudieron, dadas las circunstancias.
Pero no lograron adaptarse a la ausencia permanente del hijo.
Imposible, insufrible, implacable.
A veces caían en honda pena y depresión.
Desesperación.
Otras veces les embargaba una esperanza repentina, inexplicable.
Oscilaban así en una noria emocional infernal.
Tenían gran miedo a moverse.
Un profundo temor irracional a ausentarse de su hogar incompleto.
Por si llegara el milagro.
Por lo demás su existencia era bastante rutinaria.
Anodina.
Con la jubilación decayeron aún más sus energías y ánimos.
Se ajaron y deterioraron rápidamente.
Demasiada incomprensión, demasiado tormento continuo acumulado.
Presentaron síntomas de demencia senil.
Fijación con el pasado.
Obsesión por los recuerdos.
Opresivos, asfixiantes.
Atrapados en su delirio.
Con el fantasma omnipresente de su hijo perdido.
Así se fue extinguiendo su penosa existencia.
Llena de pesares y tormentos.
Hasta que murieron.
Más o menos desdichados.
Más o menos desesperados.
Más o menos desencantados.
Más o menos en general.
Sin entrar demasiado en detalles.
Habían comido una comida copiosa.
Sus padres se habían quedado traspuestos en el sofá.
Mirando sin ver las noticias.
Él se había ido a su cuarto a leer un rato.
Tumbado sobre la cama.
Le entró modorra y echó una cabezadita.
Hasta ahí todo normal.
El abuso alimentario es lo que tiene.
La hora de la siesta, le dicen.
Al rato, el muchacho despertó.
La casa estaba en silencio.
Supuso que sus padres seguían durmiendo.
Leyó un poco más.
Pasó otro rato.
Nada.
Ni un ruido.
Extraño.
Se asomó al salón.
Ni rastro de sus padres.
Se habrán ido a algún lado mientras yo soñaba.
Pensó.
Pero sus llaves colgaban en el llavero.
El cerrojo de la puerta estaba echado.
Y las ventanas cerradas.
Pero bueno!
Qué misterio es este?
Buscó bien por toda la casa.
Buscó y rebuscó a fondo, sin dejar pasar nada.
Ni la más remota y extraña posibilidad.
No estaban.
Ni en el más recóndito rincón.
Ni en el más imposible escondrijo.
No estaban y punto.
Llamó, preguntó, salió, movilizó a todo el mundo.
Las autoridades abrieron un expediente.
Otro caso de desaparecidos.
El muchacho tuvo que declarar y responder a multitud de preguntas.
Cada vez estaba más impactado y consternado con el suceso.
Fue derivado a atención psicológica y servicios sociales.
El muchacho pasó a convivir con unos tíos allegados.
Al principio del caso aparecieron muchas pistas o indicios.
Bienintencionados testigos que querían ayudar.
Falsas esperanzas.
Ocurrentes espontáneos que creían ayudar.
Con comentarios o ideas de lo más inoportuno y odioso.
Teorías bobas, ridículas, absurdas, idiotas.
El mundo está lleno de cretinos y tarados.
Aparte de constatar esto, poco más sacó.
Pasó el tiempo.
Sin noticias ni novedades.
Creció.
Rehizo su vida como mejor pudo, dadas las circunstancias.
Se adaptó a vivir con esa ausencia permanente.
Inexplicable.
A veces sufría crisis emocionales o ataques de pánico.
Súbitos, repentinos, inesperados.
Por suerte, remitían con igual celeridad.
La conducta del muchacho se vio afectada.
Había un temor o inseguridad latentes en su forma de ser.
Las amistades y la diversión le eran cruciales, acuciantes.
Una necesidad de evasión profundamente acentuada.
Constante.
Por lo demás era un sujeto bastante convencional.
Cuando pudo independizarse se estableció de nuevo en su casa.
Pero el recuerdo de sus padres desaparecidos le atormentaba.
Indeciblemente.
Con gran dolor tuvo que mudarse a otro sitio.
Pero a la larga fue lo mejor.
Con el tiempo aprendió a taponar su desesperación.
Contener su incomprensión.
Reprimir sus ideas.
Se centró en crear su propia familia.
En la que volcarse y refugiarse.
En la que enmascarar su trauma.
En la que esconderse de su pasado.
En la que olvidar su estigma.
En la que ahogar su pena.
En la que escapar de su pesadilla.
Si fuera posible.
Así transcurrió su vida.
Con aciertos y desengaños.
Hasta que murió.
Más o menos frustrado.
Más o menos escamado.
Más o menos decepcionado.
Más o menos en general.
Sin entrar demasiado en detalles.
Era domingo.
Habían comido una comida copiosa.
Ellos se habían quedado traspuestos en el sofá.
Mirando sin ver las noticias.
Su hijo se había ido a su cuarto a leer un rato.
Tumbado sobre su cama.
Hasta ahí todo normal.
El abuso alimentario es lo que tiene.
La hora de la siesta, le dicen.
Al rato, los padres despertaron.
La casa estaba en silencio.
Supusieron que su hijo estaría echando una cabezadita.
Miraron la tele un poco más.
Paso otro rato.
Nada.
Ni un ruido.
Extraño.
Se asomaron a su habitación.
Ni rastro del hijo.
Se habrá ido a algún lado mientras dormitábamos.
Pensaron.
Pero sus llaves colgaban en el llavero.
El cerrojo de la puerta estaba echado.
Y las ventanas cerradas.
Pero bueno!
Qué misterio es este?
Buscaron bien por toda la casa.
Buscaron y rebuscaron a fondo, sin dejar pasar nada.
Ni la más remota y extraña posibilidad.
No estaba.
Ni en el más recóndito rincón.
Ni en el más imposible escondrijo.
No estaba y punto.
Llamaron, preguntaron, salieron, movilizaron a todo el mundo.
Las autoridades abrieron un expediente.
Otro caso de desaparecido.
Los padres tuvieron que responder a multitud de preguntas.
Cada vez estaban más impactados y consternados con la situación.
Fueron derivados a atención psicológica.
Los padres trataron de retomar una rutina más o menos normal.
Al principio del caso aparecieron muchas pistas o indicios.
Bienintencionados testigos que querían ayudar.
Dolorosos equívocos.
Ocurrentes espontáneos que creían ayudar.
Con comentarios o ideas de lo más variopinto y pintoresco.
Variopintoresco, como dicen los de allende.
Teorías increíbles, hipótesis inverosímiles.
El mundo está lleno de pirados y chalados.
Aparte de este descubrimiento, poco provecho sacaron.
Pasó el tiempo.
Sin noticias ni novedades.
Envejecieron.
Llevaron su vida lo mejor que pudieron, dadas las circunstancias.
Pero no lograron adaptarse a la ausencia permanente del hijo.
Imposible, insufrible, implacable.
A veces caían en honda pena y depresión.
Desesperación.
Otras veces les embargaba una esperanza repentina, inexplicable.
Oscilaban así en una noria emocional infernal.
Tenían gran miedo a moverse.
Un profundo temor irracional a ausentarse de su hogar incompleto.
Por si llegara el milagro.
Por lo demás su existencia era bastante rutinaria.
Anodina.
Con la jubilación decayeron aún más sus energías y ánimos.
Se ajaron y deterioraron rápidamente.
Demasiada incomprensión, demasiado tormento continuo acumulado.
Presentaron síntomas de demencia senil.
Fijación con el pasado.
Obsesión por los recuerdos.
Opresivos, asfixiantes.
Atrapados en su delirio.
Con el fantasma omnipresente de su hijo perdido.
Así se fue extinguiendo su penosa existencia.
Llena de pesares y tormentos.
Hasta que murieron.
Más o menos desdichados.
Más o menos desesperados.
Más o menos desencantados.
Más o menos en general.
Sin entrar demasiado en detalles.
31 de marzo de 2011
aventura fragmentada
Una buena mañana, tu cabeza se separa de tu cuerpo y decide que ya no quiere ir más al trabajo. Tu cuerpo es más responsable y se propone cumplir con su deber, aun sin ella.
Mientras, la cabeza se hace la dormida.
El cuerpo se viste a tientas, como un ciego, y se prepara el desayuno, con bastantes dificultades. Se queda perplejo cuando se da cuenta de que ya no tiene boca con la que tomarlo.
Tras tantear un rato por la zona del cuello, se decide a verter por ahí el desayuno que tanto le ha costado preparar.
De poco no se ahoga al hacerlo. Parte del líquido se le mete por los pulmones, otra parte llega al estómago y el resto resbala por fuera, mojando la camisa y dejándole hecho un asco.
Mientras el cuerpo se sacude violentamente, tosiendo para expulsar el líquido de los pulmones, la cabeza tose y se agita también, compartiendo la sensación de angustia y asfixia, aunque luego adquiere una actitud divertida ante el suceso.
Al no poder saborear lo que ha tomado, el cuerpo se siente como vacío o decepcionado. Sin embargo, la cabeza sí que percibe un ligero aroma del desayuno que se ha colado hasta el dormitorio, cosa que despierta su apetito y le hace salivar un poquito. Con lo cual, curiosamente, el cuerpo termina por sentir más hambre que la que tenía antes de haber tomado nada.
Aun empapado como está, ni se plantea el cambiarse de ropa, bastante odisea ha tenido ya. Se toca el reloj de la pulsera, como intentando adivinar la hora. Barrunta que se le hace tarde, así que, sin más, sale como puede y cierra con un portazo tras de sí.
De repente, un sudor frío se apodera de su espalda. Teme haber olvidado las llaves. Comprueba que están en su bolsillo. Se tranquiliza.
Baja las escaleras con cuidado.
Sale a la calle.
Toma el camino de todos los días, con infinita prudencia, para no perder la orientación, manteniendo siempre el contacto con algún punto de referencia.
La cabeza se sumerge en un ligero duermevela y empieza a soñar con alguna escena semierótica.
El cuerpo se distrae con eso y participa de las sensaciones de la fantasía. Se desvanece su noción del espacio y del tiempo, justo cuando acaba de llegar a la parada del bus.
Pierde su autobús.
Para cuando despierta de nuevo, se descubre desorientado y con una erección inoportuna.
Llega otro autobús. Reza para que sea el suyo, intenta preguntarlo por señas a alguien. Esto le resulta más difícil de lo que parece. Sólo dispone de un sentido, el tacto, para percibir lo que le rodea, y la gente se asusta ante sus mímicas y tanteos.
De repente, la cabeza se sorprende a sí misma gesticulando como si estuviera hablando. Al no pasar aire por sus cuerdas vocales no produce sonido alguno, pero en su mente la pregunta que intenta formular es clara: Oiga, por favor, es este el 24?
Esto marea un poco a la cabeza. Nota que, a pesar de la separación, ambos siguen siendo conscientes de lo que hace y siente el otro. Eso fastidia un poco la cosa. Es como si siguieran conectados y necesitándose y, a la vez, se interfirieran en sus diferentes caminos.
La culpa es de ese estúpido cuerpo, por irse de mi lado y ponerse a hacer lo que no debe. Piensa la cabeza.
La culpa es de esa maldita cabeza, por desprenderse de mí y negarse a obedecerme. Piensa-siente el cuerpo.
De repente, una especie de idea ilumina al cuerpo. A la porra, yo así no puedo seguir. Qué tonto, cómo no se me habrá ocurrido antes.
Se baja del autobús antes de que arranque y decide regresar a casa.
La cabeza adivina sus intenciones y no le gustan ni un pelo. Este viene a por mí, va a obligarme a ir donde él quiera.
La cabeza se inquieta y empieza a maquinar alguna escapatoria.
El cuerpo percibe lo que trama la cabeza y procura acelerar el paso, todo lo que le es posible en sus condiciones.
La cabeza intenta salir de la cama, esconderse en algún rincón, fuera del alcance del cuerpo. Pero decirlo es más fácil que hacerlo.
Se contorsiona violentamente intentando propulsarse con los músculos del cuello. Con todo, a duras penas logra agitarse un poco, como un pez fuera del agua, a coletazos.
Tras mucho esfuerzo, consigue salirse de la cama y caer al suelo. Se da un buen cocotazo al aterrizar, pero no hay tiempo para lamentaciones.
A la desesperada, no ve otra salida que meterse debajo de la cama, tratando de colocarse en el rincón más recóndito y apartado.
En su histérica agitación va removiendo la pelusilla acumulada bajo la cama, que se le mete por todos lados. Más vale que no sea alérgico a esta basura, que si no estoy apañado, piensa.
Finalmente, la cabeza se queda quieta, alerta, atenta, arrinconada en su improvisado refugio, a la espera de lo inevitable.
Al poco, se escuchan unos pasos subiendo las escaleras, lentos, tétricos, espantosos.
Luego se escucha un largo forcejeo con las llaves, hasta que acierta con la cerradura y se abre la puerta.
Entra.
Cierra.
Silencio.
La cabeza aprieta con fuerza los párpados. Tiene la extraña sospecha, infundada, de que el cuerpo sea capaz de recibir lo que ven sus ojos y adivinar así dónde se esconde.
Él no ve, pero siente. Intuye y sabe con plena certeza dónde está la cabeza. Ha seguido todos los acontecimientos, al igual que ella los suyos.
Por eso ahora la cabeza se sabe descubierta, atrapada, perdida. Siente cómo el cuerpo se aproxima, con sigilo, y se dispone a levantar la cama y alcanzarla.
Nota cómo sus manos agarran el borde del somier. La fuerza terrible, solemne, implacable con la que comienza a levantar el peso, el obstáculo que se interpone entre ellos.
Entonces, pasa algo inesperado, los brazos se desprenden y caen junto al somier, que arma un poco de estruendo al volver a su posición.
Al cuerpo le da un brinco el corazón, un ataque de pasmo, un tembleque incontrolable, por la sorpresa, por lo increíble de la situación. No puede ser, y ahora qué hago? Se dice.
Los brazos cobran vida y se van reptando, cada uno por su lado.
El cuerpo no se rinde, recobra la calma, recupera la serenidad como buenamente puede (por no decir que se recompone en su entereza, pues eso sería una pésima broma de muy mal gusto, jeje) y trata de introducirse bajo la cama, empujándose, sirviéndose de las piernas. Con la intención de magullar a la cabeza, la primera y última responsable, según su parecer y entendimiento, de todo este desaguisado.
La cabeza ve cómo se aproxima, se agita aterrorizada y grita silenciosamente. Los ojos se le salen de las órbitas de puro espanto.
Literalmente.
Se le salen y se van rodando. Uno acaba debajo del armario y el otro llega hasta el pasillo.
Mientras, el brazo izquierdo está en el baño, se ha trepado hasta el váter, ha caído dentro y ahora no logra salir, sacarse de ahí.
El brazo derecho está trepando las cortinas del salón. En un momento dado, sin previo aviso, el brazo se le separa de la mano y cae al suelo, donde se agita tontamente, como el rabo recién cortado de una lagartija.
La mano se queda colgando, aferrada a la tela, suspendida en las alturas, quieta, sin saber qué hacer.
A todo esto, las piernas se han desprendido también.
El pene se escapa de los calzoncillos y se va de parranda, en busca de marcha y diversión.
Las piernas se han enzarzado en una pelea de zancadillas. Los pies deciden irse por libre, a explorar mundo.
En sus erráticos avances casi aplastan al ojo que estaba en el pasillo. Menos mal que ha salido despedido y ahora se ha quedando mirando hacia la entrada, que su retina ve boca abajo, como si la puerta naciera del techo y no del suelo.
Reina el caos y la confusión. Confusión dada, más que nada, porque todas las partes se siguen percibiendo entre sí, lo que hacen, dónde se encuentran, lo que sienten, etecé. Siguen conformando una unidad, a pesar de toda la fragmentación acaecida.
Esto coloca en una intensa esquizofrenia a cada elemento. Eres el contrincante y al mismo tiempo el perseguido. Eres el tránsfuga y el perdido. El explorador y el abandonado. El buscado y el olvidado.
La alegría y el llanto.
Todo se mezcla en una cacofonía decadente y absurda. La desarmonía lleva a una desarticulación total. Se suspende la actividad, cesa el movimiento, se apaga la vida.
Quedan las partes, detenidas, congeladas, a la espera, a la escucha.
Sintiendo el paso del tiempo, notando cómo la nada se les mete dentro. Cómo se disecan sus restos, cómo se les deseca el alma, el espíritu, el aliento...
Triste panorama que encontrare quien lo hallare. Con todas tus partes por ahí desperdigadas. Salpicando la vivienda, como si se hubiera producido una explosión incomprensible, inexplicable.
Inenarrable.
Mientras, la cabeza se hace la dormida.
El cuerpo se viste a tientas, como un ciego, y se prepara el desayuno, con bastantes dificultades. Se queda perplejo cuando se da cuenta de que ya no tiene boca con la que tomarlo.
Tras tantear un rato por la zona del cuello, se decide a verter por ahí el desayuno que tanto le ha costado preparar.
De poco no se ahoga al hacerlo. Parte del líquido se le mete por los pulmones, otra parte llega al estómago y el resto resbala por fuera, mojando la camisa y dejándole hecho un asco.
Mientras el cuerpo se sacude violentamente, tosiendo para expulsar el líquido de los pulmones, la cabeza tose y se agita también, compartiendo la sensación de angustia y asfixia, aunque luego adquiere una actitud divertida ante el suceso.
Al no poder saborear lo que ha tomado, el cuerpo se siente como vacío o decepcionado. Sin embargo, la cabeza sí que percibe un ligero aroma del desayuno que se ha colado hasta el dormitorio, cosa que despierta su apetito y le hace salivar un poquito. Con lo cual, curiosamente, el cuerpo termina por sentir más hambre que la que tenía antes de haber tomado nada.
Aun empapado como está, ni se plantea el cambiarse de ropa, bastante odisea ha tenido ya. Se toca el reloj de la pulsera, como intentando adivinar la hora. Barrunta que se le hace tarde, así que, sin más, sale como puede y cierra con un portazo tras de sí.
De repente, un sudor frío se apodera de su espalda. Teme haber olvidado las llaves. Comprueba que están en su bolsillo. Se tranquiliza.
Baja las escaleras con cuidado.
Sale a la calle.
Toma el camino de todos los días, con infinita prudencia, para no perder la orientación, manteniendo siempre el contacto con algún punto de referencia.
La cabeza se sumerge en un ligero duermevela y empieza a soñar con alguna escena semierótica.
El cuerpo se distrae con eso y participa de las sensaciones de la fantasía. Se desvanece su noción del espacio y del tiempo, justo cuando acaba de llegar a la parada del bus.
Pierde su autobús.
Para cuando despierta de nuevo, se descubre desorientado y con una erección inoportuna.
Llega otro autobús. Reza para que sea el suyo, intenta preguntarlo por señas a alguien. Esto le resulta más difícil de lo que parece. Sólo dispone de un sentido, el tacto, para percibir lo que le rodea, y la gente se asusta ante sus mímicas y tanteos.
De repente, la cabeza se sorprende a sí misma gesticulando como si estuviera hablando. Al no pasar aire por sus cuerdas vocales no produce sonido alguno, pero en su mente la pregunta que intenta formular es clara: Oiga, por favor, es este el 24?
Esto marea un poco a la cabeza. Nota que, a pesar de la separación, ambos siguen siendo conscientes de lo que hace y siente el otro. Eso fastidia un poco la cosa. Es como si siguieran conectados y necesitándose y, a la vez, se interfirieran en sus diferentes caminos.
La culpa es de ese estúpido cuerpo, por irse de mi lado y ponerse a hacer lo que no debe. Piensa la cabeza.
La culpa es de esa maldita cabeza, por desprenderse de mí y negarse a obedecerme. Piensa-siente el cuerpo.
De repente, una especie de idea ilumina al cuerpo. A la porra, yo así no puedo seguir. Qué tonto, cómo no se me habrá ocurrido antes.
Se baja del autobús antes de que arranque y decide regresar a casa.
La cabeza adivina sus intenciones y no le gustan ni un pelo. Este viene a por mí, va a obligarme a ir donde él quiera.
La cabeza se inquieta y empieza a maquinar alguna escapatoria.
El cuerpo percibe lo que trama la cabeza y procura acelerar el paso, todo lo que le es posible en sus condiciones.
La cabeza intenta salir de la cama, esconderse en algún rincón, fuera del alcance del cuerpo. Pero decirlo es más fácil que hacerlo.
Se contorsiona violentamente intentando propulsarse con los músculos del cuello. Con todo, a duras penas logra agitarse un poco, como un pez fuera del agua, a coletazos.
Tras mucho esfuerzo, consigue salirse de la cama y caer al suelo. Se da un buen cocotazo al aterrizar, pero no hay tiempo para lamentaciones.
A la desesperada, no ve otra salida que meterse debajo de la cama, tratando de colocarse en el rincón más recóndito y apartado.
En su histérica agitación va removiendo la pelusilla acumulada bajo la cama, que se le mete por todos lados. Más vale que no sea alérgico a esta basura, que si no estoy apañado, piensa.
Finalmente, la cabeza se queda quieta, alerta, atenta, arrinconada en su improvisado refugio, a la espera de lo inevitable.
Al poco, se escuchan unos pasos subiendo las escaleras, lentos, tétricos, espantosos.
Luego se escucha un largo forcejeo con las llaves, hasta que acierta con la cerradura y se abre la puerta.
Entra.
Cierra.
Silencio.
La cabeza aprieta con fuerza los párpados. Tiene la extraña sospecha, infundada, de que el cuerpo sea capaz de recibir lo que ven sus ojos y adivinar así dónde se esconde.
Él no ve, pero siente. Intuye y sabe con plena certeza dónde está la cabeza. Ha seguido todos los acontecimientos, al igual que ella los suyos.
Por eso ahora la cabeza se sabe descubierta, atrapada, perdida. Siente cómo el cuerpo se aproxima, con sigilo, y se dispone a levantar la cama y alcanzarla.
Nota cómo sus manos agarran el borde del somier. La fuerza terrible, solemne, implacable con la que comienza a levantar el peso, el obstáculo que se interpone entre ellos.
Entonces, pasa algo inesperado, los brazos se desprenden y caen junto al somier, que arma un poco de estruendo al volver a su posición.
Al cuerpo le da un brinco el corazón, un ataque de pasmo, un tembleque incontrolable, por la sorpresa, por lo increíble de la situación. No puede ser, y ahora qué hago? Se dice.
Los brazos cobran vida y se van reptando, cada uno por su lado.
El cuerpo no se rinde, recobra la calma, recupera la serenidad como buenamente puede (por no decir que se recompone en su entereza, pues eso sería una pésima broma de muy mal gusto, jeje) y trata de introducirse bajo la cama, empujándose, sirviéndose de las piernas. Con la intención de magullar a la cabeza, la primera y última responsable, según su parecer y entendimiento, de todo este desaguisado.
La cabeza ve cómo se aproxima, se agita aterrorizada y grita silenciosamente. Los ojos se le salen de las órbitas de puro espanto.
Literalmente.
Se le salen y se van rodando. Uno acaba debajo del armario y el otro llega hasta el pasillo.
Mientras, el brazo izquierdo está en el baño, se ha trepado hasta el váter, ha caído dentro y ahora no logra salir, sacarse de ahí.
El brazo derecho está trepando las cortinas del salón. En un momento dado, sin previo aviso, el brazo se le separa de la mano y cae al suelo, donde se agita tontamente, como el rabo recién cortado de una lagartija.
La mano se queda colgando, aferrada a la tela, suspendida en las alturas, quieta, sin saber qué hacer.
A todo esto, las piernas se han desprendido también.
El pene se escapa de los calzoncillos y se va de parranda, en busca de marcha y diversión.
Las piernas se han enzarzado en una pelea de zancadillas. Los pies deciden irse por libre, a explorar mundo.
En sus erráticos avances casi aplastan al ojo que estaba en el pasillo. Menos mal que ha salido despedido y ahora se ha quedando mirando hacia la entrada, que su retina ve boca abajo, como si la puerta naciera del techo y no del suelo.
Reina el caos y la confusión. Confusión dada, más que nada, porque todas las partes se siguen percibiendo entre sí, lo que hacen, dónde se encuentran, lo que sienten, etecé. Siguen conformando una unidad, a pesar de toda la fragmentación acaecida.
Esto coloca en una intensa esquizofrenia a cada elemento. Eres el contrincante y al mismo tiempo el perseguido. Eres el tránsfuga y el perdido. El explorador y el abandonado. El buscado y el olvidado.
La alegría y el llanto.
Todo se mezcla en una cacofonía decadente y absurda. La desarmonía lleva a una desarticulación total. Se suspende la actividad, cesa el movimiento, se apaga la vida.
Quedan las partes, detenidas, congeladas, a la espera, a la escucha.
Sintiendo el paso del tiempo, notando cómo la nada se les mete dentro. Cómo se disecan sus restos, cómo se les deseca el alma, el espíritu, el aliento...
Triste panorama que encontrare quien lo hallare. Con todas tus partes por ahí desperdigadas. Salpicando la vivienda, como si se hubiera producido una explosión incomprensible, inexplicable.
Inenarrable.
20 de enero de 2011
raíles
Antes soñaba mucho con trenes. Se mezclaba la angustia y la fascinación. Me gustan los trenes y las vías y todo. A los autistas también les gustan los trenes. Y a más gente.
Veo mi vida como si fuera un tren que va por su vía. A cada lado tengo otra vía paralela. La de la izquierda es mi vida óptima y la de la derecha es mi vida pésima. Por la que voy es mi vida mediocre.
Ya la palabra lo dice todo. No me puedo quejar, pero tampoco es para tirar cohetes.
Cuando miro a la izquierda me veo a mí mismo tal y como sería ahora si hubiera tomado todas las decisiones acertadas. Veo la fama, el éxito, los grandes proyectos cobrando forma, hogar, familia, viajes y mil cosas más.
Eso está muy bien, pero hay detalles que me chocan un poco. Hay rasgos de mí que no reconozco. Hay cambios que no entiendo, como si para llegar ahí hubiera tenido que prescindir de ciertas cosas. Tal vez es razonable que sea así, aunque desde mi posición me es difícil comprender o aceptar eso.
En resumen, me da envidia lo que veo, me inspira, me sorprende, me impresiona y me da un poco de vértigo y miedo. Me inquieta, me deja intranquilo.
Cuando miro a la derecha me veo tal y como sería ahora de haber tomado las decisiones erróneas. Soledad, pobreza, miseria, enfermedad, odio, rencor, amargura, etc. Me doy pena por verme en ese estado de degradación. Y no dejo de preguntarme cómo he podido caer tan bajo.
Me preocupa más esto que veo que no el otro caso de antes.
Sobre todo porque lo siento mucho más cercano. Me identifico y reconozco de forma intensa y directa. Es más fácil caer que trepar.
Siento empatía y compasión y tomo buena nota del terrible deterioro para no aproximarme a eso ni en broma.
Es curioso el diferente impacto y efecto que produce cada alternativa. Si hay algo en común es el miedo, el miedo a cambiar a peor, el miedo a cambiar demasiado. Y también el miedo parece la clave para llegar a cada extremo. Por un lado superando todos los escrúpulos, dudas y temores. Por otro lado entregándose más y más a ellos.
Avanzar por la vía es fácil, todo recto y siempre hacia delante. De tanto en tanto surgen desvíos hacia un sentido o el otro. Aparecen con muy poca frecuencia, así que hay que estar preparado de antemano si uno desea cambiar de rumbo. Hay que estar atento.
Algunos desvíos llegan abiertos por sí solos y si no te interesan tienes que reaccionar a tiempo. Los descuidos se pagan caros.
La comodidad de la rutina es engañosa y traicionera.
Es esto lo que deseo? Estoy siguiendo el rumbo correcto?
Y si me equivoco en el desvío? Compensa la oportunidad el riesgo?
En ningún caso veo el camino que ha seguido cada uno para llegar donde están. Puedo imaginarlo, suponerlo, pero eso es incierto. Quién no te dice a ti que tras la gloria se esconde la ruina y tras la ruina la gloria. No sé. Igual es una paranoia, pero puede ser que si uno arriesga demasiado, se meta en una montaña rusa con altibajos incesantes.
La estabilidad es una virtud, el anquilosamiento un problema. Hay que estar atento.
Es curiosa la asimetría a la hora de conectar con una u otra posibilidad. La propensión a lo negativo a lo mejor es normal o tal vez sea sintomática. Quién sabe. Sí parece claro que esa asimetría actúa como llamada de atención, como aviso, como autoprotección, como seguro.
Pero, y lo otro? Tal vez llama a examen, a revisar los impedimentos, las barreras que uno ha establecido, los límites que no me doy permiso para cruzar. Y al mismo tiempo también revela posibles inconvenientes tras esa aparente maravillosidad, como dicen los de allende.
Casi estoy por imaginar que esas alternativas no son más que visiones de realidades paralelas, que no están pensadas específicamente para poder ser alcanzadas ni realizadas desde donde estoy. Si lo piensas bien, tiene sentido. Para poder ser ahora mi yo óptimo, las decisiones adecuadas tendría que haberlas tomado desde mucho antes. En todo caso sirven de ejemplo de posibles futuros similares, pero eso es siempre incierto.
Pienso que sería interesante dialogar un poco con cada uno de ellos. Que podríamos aportarnos pequeñas observaciones, algún consejo útil para nuestras respectivas situaciones. Pero luego lo pienso mejor y creo que no, que sería más bien confuso y desorientador. Cada uno tenemos nuestra forma de valorar lo de los otros en base a nuestra propia experiencia.
Mi punto de vista poco puede ayudar al sobrado o al necesitado, más allá de lo tópico y evidente. Y lo mismo ellos conmigo. No hay que perderse en quimeras. Cada uno con su vida, con lo bueno y lo malo que tenga. Lo demás son antojos y desvaríos. Distracciones, proyecciones.
En todo caso puedo extraer mis propias apreciaciones de la mera contemplación de sus ejemplos. En el fondo siempre funciona así. Uno es el único responsable de procesar y elaborar cada información para darle sentido y provecho.
Además hay que tener en cuenta otra cosa. Al ser un tren arrastro una serie de vagones, que simbolizan las cargas del pasado, los asuntos no solucionados. Cuantos más vagones menos capacidad de maniobra hay. Si uno se pone a tomar desvíos a lo loco distorsiona toda la organización, la estructura de los vagones, atorando cada vez más la marcha y con serio riesgo de descarrilamiento.
Visto así, tal vez lo óptimo y lo pésimo sirven para saber guardar el equilibrio. Exceso, defecto, mesura. O tal vez esto no son más que justificaciones baratas y soy una rata miserable, cobarde y conformista. Vete a saber, jeje.
Veo mi vida como si fuera un tren que va por su vía. A cada lado tengo otra vía paralela. La de la izquierda es mi vida óptima y la de la derecha es mi vida pésima. Por la que voy es mi vida mediocre.
Ya la palabra lo dice todo. No me puedo quejar, pero tampoco es para tirar cohetes.
Cuando miro a la izquierda me veo a mí mismo tal y como sería ahora si hubiera tomado todas las decisiones acertadas. Veo la fama, el éxito, los grandes proyectos cobrando forma, hogar, familia, viajes y mil cosas más.
Eso está muy bien, pero hay detalles que me chocan un poco. Hay rasgos de mí que no reconozco. Hay cambios que no entiendo, como si para llegar ahí hubiera tenido que prescindir de ciertas cosas. Tal vez es razonable que sea así, aunque desde mi posición me es difícil comprender o aceptar eso.
En resumen, me da envidia lo que veo, me inspira, me sorprende, me impresiona y me da un poco de vértigo y miedo. Me inquieta, me deja intranquilo.
Cuando miro a la derecha me veo tal y como sería ahora de haber tomado las decisiones erróneas. Soledad, pobreza, miseria, enfermedad, odio, rencor, amargura, etc. Me doy pena por verme en ese estado de degradación. Y no dejo de preguntarme cómo he podido caer tan bajo.
Me preocupa más esto que veo que no el otro caso de antes.
Sobre todo porque lo siento mucho más cercano. Me identifico y reconozco de forma intensa y directa. Es más fácil caer que trepar.
Siento empatía y compasión y tomo buena nota del terrible deterioro para no aproximarme a eso ni en broma.
Es curioso el diferente impacto y efecto que produce cada alternativa. Si hay algo en común es el miedo, el miedo a cambiar a peor, el miedo a cambiar demasiado. Y también el miedo parece la clave para llegar a cada extremo. Por un lado superando todos los escrúpulos, dudas y temores. Por otro lado entregándose más y más a ellos.
Avanzar por la vía es fácil, todo recto y siempre hacia delante. De tanto en tanto surgen desvíos hacia un sentido o el otro. Aparecen con muy poca frecuencia, así que hay que estar preparado de antemano si uno desea cambiar de rumbo. Hay que estar atento.
Algunos desvíos llegan abiertos por sí solos y si no te interesan tienes que reaccionar a tiempo. Los descuidos se pagan caros.
La comodidad de la rutina es engañosa y traicionera.
Es esto lo que deseo? Estoy siguiendo el rumbo correcto?
Y si me equivoco en el desvío? Compensa la oportunidad el riesgo?
En ningún caso veo el camino que ha seguido cada uno para llegar donde están. Puedo imaginarlo, suponerlo, pero eso es incierto. Quién no te dice a ti que tras la gloria se esconde la ruina y tras la ruina la gloria. No sé. Igual es una paranoia, pero puede ser que si uno arriesga demasiado, se meta en una montaña rusa con altibajos incesantes.
La estabilidad es una virtud, el anquilosamiento un problema. Hay que estar atento.
Es curiosa la asimetría a la hora de conectar con una u otra posibilidad. La propensión a lo negativo a lo mejor es normal o tal vez sea sintomática. Quién sabe. Sí parece claro que esa asimetría actúa como llamada de atención, como aviso, como autoprotección, como seguro.
Pero, y lo otro? Tal vez llama a examen, a revisar los impedimentos, las barreras que uno ha establecido, los límites que no me doy permiso para cruzar. Y al mismo tiempo también revela posibles inconvenientes tras esa aparente maravillosidad, como dicen los de allende.
Casi estoy por imaginar que esas alternativas no son más que visiones de realidades paralelas, que no están pensadas específicamente para poder ser alcanzadas ni realizadas desde donde estoy. Si lo piensas bien, tiene sentido. Para poder ser ahora mi yo óptimo, las decisiones adecuadas tendría que haberlas tomado desde mucho antes. En todo caso sirven de ejemplo de posibles futuros similares, pero eso es siempre incierto.
Pienso que sería interesante dialogar un poco con cada uno de ellos. Que podríamos aportarnos pequeñas observaciones, algún consejo útil para nuestras respectivas situaciones. Pero luego lo pienso mejor y creo que no, que sería más bien confuso y desorientador. Cada uno tenemos nuestra forma de valorar lo de los otros en base a nuestra propia experiencia.
Mi punto de vista poco puede ayudar al sobrado o al necesitado, más allá de lo tópico y evidente. Y lo mismo ellos conmigo. No hay que perderse en quimeras. Cada uno con su vida, con lo bueno y lo malo que tenga. Lo demás son antojos y desvaríos. Distracciones, proyecciones.
En todo caso puedo extraer mis propias apreciaciones de la mera contemplación de sus ejemplos. En el fondo siempre funciona así. Uno es el único responsable de procesar y elaborar cada información para darle sentido y provecho.
Además hay que tener en cuenta otra cosa. Al ser un tren arrastro una serie de vagones, que simbolizan las cargas del pasado, los asuntos no solucionados. Cuantos más vagones menos capacidad de maniobra hay. Si uno se pone a tomar desvíos a lo loco distorsiona toda la organización, la estructura de los vagones, atorando cada vez más la marcha y con serio riesgo de descarrilamiento.
Visto así, tal vez lo óptimo y lo pésimo sirven para saber guardar el equilibrio. Exceso, defecto, mesura. O tal vez esto no son más que justificaciones baratas y soy una rata miserable, cobarde y conformista. Vete a saber, jeje.
1 de abril de 2010
A verlas venir
A-verlas-venir es una persona sencilla. Mmuuyy sencilla. Tal vez incluso DEMASIADO sencilla.
La única formación que ha tenido es la mínima, la recibida en la infancia.
A-verlas-venir considera que con eso ya es suficiente.
Tras su proceso de 'educación' se ha limitado a seguir el modelo de vida inculcado. Trabajo, dinero, pareja, hogar, familia, más trabajo, más dinero, más cosas (caprichos y tonterías) y, eventualmente, si así lo quiere el aburrimiento o el instinto animal, más familia.
A-verlas-venir únicamente aspira a descansar. Se acomoda en el sofá y mira la tele. Eso es todo.
Pero, por supuesto, no es feliz, pues multitud de cosas y hechos logran incordiar e incomodar su tranquilidad lo indecible.
A-verlas-venir no ha desarrollado un criterio significativo, no tiene capacidad de adaptación. Se aferra a lo que conoce, a su modo de ver y entender las cosas. Nadie le ha dicho que el A-B-C que aprendió en la escuela ya no basta ni alcanza.
El tiempo ha cambiado todas las cosas, pero su esquema tradicional no se ha movido ni un milímetro.
A-verlas-venir no procesa la información, no asimila el contexto.
Así pues, para esta persona todo lo que recibe del exterior es una agresión, un ataque, una ofensa a sus 'valores', a los 'principios' que sustentan su vida.
A-verlas-venir mira las noticias y rabia y maldice y reniega.
No puede evitar culpabilizar, responsabilizar, penalizar a todo el que asoma la cabeza por la pantalla (como un perro que ladra a los trenes que pasan por su lado (tal vez con destino Belleville)).
A-verlas-venir no se anda con chiquitas, no se detiene a considerar las circunstancias. Su juicio es severo, implacable y automático: Todos son unos inútiles y unos malnacidos, que merecerían incruentos castigos, cuando no directamente la muerte.
A-verlas-venir no quiere complicaciones en su vida.
Por eso exige que los problemas DEBEN resolverlos las autoridades de turno, sea el caso que sea.
A-verlas-venir, claro, sufre, padece y nunca encuentra satisfacción valorando lo que posee y de lo que dispone. Tal vez porque jamás mira hacia su interior.
Desconoce por completo sus cualidades y capacidades.
A-verlas-venir funciona la mayor parte del tiempo a base de reacciones automáticas. Incluso sus palabras nacen de igual manera, no hay una inteligencia procesadora tras ellas.
A-verlas-venir resulta pues completamente predecible en su comportamiento y respuestas.
Sus lemas se repiten una y otra vez como en un disco rayado.
A-verlas-venir lleva una vida de lo más elemental, primaria, limitada.
Cada novedad, cada mínimo cambio le supone un amargo trauma, un agotador esfuerzo.
A-verlas-venir no tiene voluntad propia ni capacidad de decisión autónoma. Para cada situación simplemente actúa según su arcaico sistema le dicta que se supone debe actuar.
A-verlas-venir huye de lo nuevo, lo desconocido, lo que se sale de su patrón habitual. La rutina ordenada y previsible es lo más importante para esta persona.
A-verlas-venir siempre cuida y procura mantenerse dentro de los límites de su cuadriculada (encajonada) vida.
Siguiendo su carril acostumbrado puede funcionar a base de simple inercia, casi por completo en modo mecánico, con el mínimo esfuerzo.
A-verlas-venir cierra los ojos ante muchas cosas, evita pensar en cosas preocupantes o inquietantes.
Toda reflexión que requiera un mínimo detenimiento y profundidad es atajada con alguna de sus muchas sentencias simplistas recurrentes (y a otra cosa, mariposa).
A-verlas-venir no elabora proyectos ni planes ni propósitos.
No evalúa ni hace balance.
A-verlas-venir envejece de forma horrible. Considera su deterioro natural como un ataque (otro más) del sistema y de las autoridades sanitarias. Si la gente se muere es por culpa de los inútiles de los médicos.
A-verlas-venir censura todo lo que se sale de sus parámetros.
Desprecia lo diferente, no puede evitar expresar su parecer (siempre negativo) sobre lo que hace y deja de hacer todo el que se menea a su alrededor.
A-verlas-venir no sabe dar solución a sus molestias habituales.
No ve más allá de los síntomas. No comprende, ni remotamente, la parte de responsabilidad al respecto que le corresponde.
A-verlas-venir se mantiene obcecadamente fiel a sus hábitos, a pesar de que sean, claramente, el origen de sus padecimientos.
Así, lo que comienza como un simple aviso de su cuerpo, acaba derivando en un total y completo agravamiento, un desmoronamiento autoinducido, que conduce, sin duda, al colapso y extinción de su propia vida.
A-verlas-venir no atiende a matices. No entiende de sutilezas.
Todo es o blanco o negro. Y tan gruesa (basta) escala hace que su habilidad de examen y ajuste sean poco menos que desastrosas (como un elefante en una cacharrería).
A-verlas-venir sabe mucho de leyes y obligaciones DE LOS DEMÁS, y nada de las suyas propias. Tiende a crearse todo tipo de problemas tontos y generar situaciones absurdas y contraproducentes.
A-verlas-venir no sabe conducirse de un punto a otro con normalidad, más bien se mueve erráticamente a base de bandazos, titubeos, tropiezos, accidentes, indecisiones, extravíos, confusiones, quejas, lamentos, distracciones, increpaciones, maldiciones, etc.
Va a puro de golpes, como si el mundo estuviera mal diseñado para sus movimientos.
Entre sus mayores logros tiene el subir por su propio pie unas escaleras. Bajarlas le resulta mucho más fácil, simplemente se arroja por ellas y se deja caer como un peso muerto.
A-verlas-venir tiene una especial habilidad para lograr autosabotear la realización de cualquier sencillo empeño, antes incluso de empezar siquiera el proceso. Su cerrada inflexibilidad y fijación le lleva a convertir los pequeños detalles en motivo de castigo y tortura para su propia persona.
Un simple hilo, una diminuta piedrecilla, permanecerá ahí incordiándole por los siglos de los siglos. Su mente no acostumbra a destilar soluciones, ni aun para lo más básico.
A-verlas-venir no entiende de dobles sentidos, de significados figurados, de analogías, paralelismos, ni de fantasías ni imaginaciones ni chorradas de esas.
Carece de tolerancia para el sufrimiento, lo cual no deja de ser llamativo, teniendo en cuenta que su forma de ser le proporciona y garantiza en abundancia precisamente eso.
A-verlas-venir gusta de abusar de los placebos y anestesizantes (como dicen los de allende) senso-anímicos, en todas sus modalidades y formatos.
Se regodea en la humillación ajena, concibe la vida como una burda competición. Buenos contra malos. Ricos contra pobres. Listos contra tontos. Vencedores contra PERDEDORES (y, por supuesto, siempre quiere considerarse del lado de los MEJORES. Aunque, curiosamente, la vida se empeña en negarle lo que le corresponde y pertenece por derecho propio).
A-verlas-venir es una persona esencialmente egoísta e insolidaria, no por maldad, sino por cortedad de miras.
Desde su ombligo el mundo no es más que un feo paisaje, y los desdichados son una afrenta a la vista, un insulto a las Personas Decentes y Buenas (las que son como se debe ser), una ofensa al orden y la decencia.
A-verlas-venir sólo sabe de una justicia, la suya.
El mundo está hecho un desastre porque todos son unos idiotas que no saben hacer las cosas en condiciones, como tiene que ser, como manda el sentido 'común' y el 'orden' de las cosas.
A la naturaleza le pasa tres cuartos de lo mismo, se ha vuelto loca, ya no hay quien la entienda. Antes todo era normal y funcionaba bien, pero hoy se ha puesto tonta, todo está desordenado y mal. No se puede comprender, es raro, no tiene sentido nada de lo que pasa (y si alguien tiene la culpa son los ecologistas).
Yo no sé... (este es su lema estrella, la punta del iceberg de su ciega, terrible y tremenda ignorancia, prejuzgante, excluyente, paralizante, inhabilitante, atrofiante, deformante. Nada que ver con la apertura ACTIVA e integradora de la duda inteligente.)
A cuento de qué hay tanta desgracia, problemas y muerte? (Por qué se muere la gente? Es que no se dan cuenta de que eso es malo? Es que no ven que luego tenemos que tragarnos sus miserias en las noticias los demás? Es que no saben tener MÁS cuidado? La gente es tonta con ganas, oye.)
A mí que no me vengan con historias, yo no he hecho nada, yo no tengo la culpa de NADA, el que haya estropeado las cosas que las arregle.
A mí que me dejen en paz, yo sólo quiero hacer lo de SIEMPRE y que me siga funcionando, que me sirva igual que antes.
Y me cago en sus muertos si no me ayudan a que mi vida sea mejor. Me lo deben, es su obligación! Yo he trabajado toda mi vida para ELLOS y ahora dejan que los inmigrantes de mierda me roben lo que me pertenece.
Aquí hace falta alguien que los tenga bien puestos y que ponga las cosas en su sitio, tal y como eran antes.
Y qué vergüenza con los terroristas, los piratas, las guerras y todo eso! Cómo PERMITEN que existan esas cosas? Qué poca vergüenza. Deberían estar prohibidas, como muchas más cosas. Para eso hacen tantas leyes? Y luego los jueces hacen lo que les da la gana! Y todos los negritos que se mueren de hambre, qué? Es que NADIE va a hacer nada?
Y qué pasa con los médicos que tardan tanto en curar el Cáncer? Me cago en la mierda! Qué bonito, no? Que la gente tenga que morirse por su culpa. Más les vale que a mí no me toque, porque si no... se van a enterar esos!
Y qué pasa con los de las pateras, están tontos o qué? Para qué vienen? Aquí no hay nada para ellos. Luego todo son quejas y problemas... Ah, idiotas! No haberos marchado. Qué pensabais que ibais a encontrar, eh? No hacen más que perjudicarnos a los demás. Que se vayan a su país y que se dejen de joder a los demás. Eso es lo que tienen que hacer, que te lo digo yo.
El que tenga problemas y sea un desgraciado que se aguante y se fastidie, como hacemos todos...
(...así hasta el infinito.)
La única formación que ha tenido es la mínima, la recibida en la infancia.
A-verlas-venir considera que con eso ya es suficiente.
Tras su proceso de 'educación' se ha limitado a seguir el modelo de vida inculcado. Trabajo, dinero, pareja, hogar, familia, más trabajo, más dinero, más cosas (caprichos y tonterías) y, eventualmente, si así lo quiere el aburrimiento o el instinto animal, más familia.
A-verlas-venir únicamente aspira a descansar. Se acomoda en el sofá y mira la tele. Eso es todo.
Pero, por supuesto, no es feliz, pues multitud de cosas y hechos logran incordiar e incomodar su tranquilidad lo indecible.
A-verlas-venir no ha desarrollado un criterio significativo, no tiene capacidad de adaptación. Se aferra a lo que conoce, a su modo de ver y entender las cosas. Nadie le ha dicho que el A-B-C que aprendió en la escuela ya no basta ni alcanza.
El tiempo ha cambiado todas las cosas, pero su esquema tradicional no se ha movido ni un milímetro.
A-verlas-venir no procesa la información, no asimila el contexto.
Así pues, para esta persona todo lo que recibe del exterior es una agresión, un ataque, una ofensa a sus 'valores', a los 'principios' que sustentan su vida.
A-verlas-venir mira las noticias y rabia y maldice y reniega.
No puede evitar culpabilizar, responsabilizar, penalizar a todo el que asoma la cabeza por la pantalla (como un perro que ladra a los trenes que pasan por su lado (tal vez con destino Belleville)).
A-verlas-venir no se anda con chiquitas, no se detiene a considerar las circunstancias. Su juicio es severo, implacable y automático: Todos son unos inútiles y unos malnacidos, que merecerían incruentos castigos, cuando no directamente la muerte.
A-verlas-venir no quiere complicaciones en su vida.
Por eso exige que los problemas DEBEN resolverlos las autoridades de turno, sea el caso que sea.
A-verlas-venir, claro, sufre, padece y nunca encuentra satisfacción valorando lo que posee y de lo que dispone. Tal vez porque jamás mira hacia su interior.
Desconoce por completo sus cualidades y capacidades.
A-verlas-venir funciona la mayor parte del tiempo a base de reacciones automáticas. Incluso sus palabras nacen de igual manera, no hay una inteligencia procesadora tras ellas.
A-verlas-venir resulta pues completamente predecible en su comportamiento y respuestas.
Sus lemas se repiten una y otra vez como en un disco rayado.
A-verlas-venir lleva una vida de lo más elemental, primaria, limitada.
Cada novedad, cada mínimo cambio le supone un amargo trauma, un agotador esfuerzo.
A-verlas-venir no tiene voluntad propia ni capacidad de decisión autónoma. Para cada situación simplemente actúa según su arcaico sistema le dicta que se supone debe actuar.
A-verlas-venir huye de lo nuevo, lo desconocido, lo que se sale de su patrón habitual. La rutina ordenada y previsible es lo más importante para esta persona.
A-verlas-venir siempre cuida y procura mantenerse dentro de los límites de su cuadriculada (encajonada) vida.
Siguiendo su carril acostumbrado puede funcionar a base de simple inercia, casi por completo en modo mecánico, con el mínimo esfuerzo.
A-verlas-venir cierra los ojos ante muchas cosas, evita pensar en cosas preocupantes o inquietantes.
Toda reflexión que requiera un mínimo detenimiento y profundidad es atajada con alguna de sus muchas sentencias simplistas recurrentes (y a otra cosa, mariposa).
A-verlas-venir no elabora proyectos ni planes ni propósitos.
No evalúa ni hace balance.
A-verlas-venir envejece de forma horrible. Considera su deterioro natural como un ataque (otro más) del sistema y de las autoridades sanitarias. Si la gente se muere es por culpa de los inútiles de los médicos.
A-verlas-venir censura todo lo que se sale de sus parámetros.
Desprecia lo diferente, no puede evitar expresar su parecer (siempre negativo) sobre lo que hace y deja de hacer todo el que se menea a su alrededor.
A-verlas-venir no sabe dar solución a sus molestias habituales.
No ve más allá de los síntomas. No comprende, ni remotamente, la parte de responsabilidad al respecto que le corresponde.
A-verlas-venir se mantiene obcecadamente fiel a sus hábitos, a pesar de que sean, claramente, el origen de sus padecimientos.
Así, lo que comienza como un simple aviso de su cuerpo, acaba derivando en un total y completo agravamiento, un desmoronamiento autoinducido, que conduce, sin duda, al colapso y extinción de su propia vida.
A-verlas-venir no atiende a matices. No entiende de sutilezas.
Todo es o blanco o negro. Y tan gruesa (basta) escala hace que su habilidad de examen y ajuste sean poco menos que desastrosas (como un elefante en una cacharrería).
A-verlas-venir sabe mucho de leyes y obligaciones DE LOS DEMÁS, y nada de las suyas propias. Tiende a crearse todo tipo de problemas tontos y generar situaciones absurdas y contraproducentes.
A-verlas-venir no sabe conducirse de un punto a otro con normalidad, más bien se mueve erráticamente a base de bandazos, titubeos, tropiezos, accidentes, indecisiones, extravíos, confusiones, quejas, lamentos, distracciones, increpaciones, maldiciones, etc.
Va a puro de golpes, como si el mundo estuviera mal diseñado para sus movimientos.
Entre sus mayores logros tiene el subir por su propio pie unas escaleras. Bajarlas le resulta mucho más fácil, simplemente se arroja por ellas y se deja caer como un peso muerto.
A-verlas-venir tiene una especial habilidad para lograr autosabotear la realización de cualquier sencillo empeño, antes incluso de empezar siquiera el proceso. Su cerrada inflexibilidad y fijación le lleva a convertir los pequeños detalles en motivo de castigo y tortura para su propia persona.
Un simple hilo, una diminuta piedrecilla, permanecerá ahí incordiándole por los siglos de los siglos. Su mente no acostumbra a destilar soluciones, ni aun para lo más básico.
A-verlas-venir no entiende de dobles sentidos, de significados figurados, de analogías, paralelismos, ni de fantasías ni imaginaciones ni chorradas de esas.
Carece de tolerancia para el sufrimiento, lo cual no deja de ser llamativo, teniendo en cuenta que su forma de ser le proporciona y garantiza en abundancia precisamente eso.
A-verlas-venir gusta de abusar de los placebos y anestesizantes (como dicen los de allende) senso-anímicos, en todas sus modalidades y formatos.
Se regodea en la humillación ajena, concibe la vida como una burda competición. Buenos contra malos. Ricos contra pobres. Listos contra tontos. Vencedores contra PERDEDORES (y, por supuesto, siempre quiere considerarse del lado de los MEJORES. Aunque, curiosamente, la vida se empeña en negarle lo que le corresponde y pertenece por derecho propio).
A-verlas-venir es una persona esencialmente egoísta e insolidaria, no por maldad, sino por cortedad de miras.
Desde su ombligo el mundo no es más que un feo paisaje, y los desdichados son una afrenta a la vista, un insulto a las Personas Decentes y Buenas (las que son como se debe ser), una ofensa al orden y la decencia.
A-verlas-venir sólo sabe de una justicia, la suya.
El mundo está hecho un desastre porque todos son unos idiotas que no saben hacer las cosas en condiciones, como tiene que ser, como manda el sentido 'común' y el 'orden' de las cosas.
A la naturaleza le pasa tres cuartos de lo mismo, se ha vuelto loca, ya no hay quien la entienda. Antes todo era normal y funcionaba bien, pero hoy se ha puesto tonta, todo está desordenado y mal. No se puede comprender, es raro, no tiene sentido nada de lo que pasa (y si alguien tiene la culpa son los ecologistas).
Yo no sé... (este es su lema estrella, la punta del iceberg de su ciega, terrible y tremenda ignorancia, prejuzgante, excluyente, paralizante, inhabilitante, atrofiante, deformante. Nada que ver con la apertura ACTIVA e integradora de la duda inteligente.)
A cuento de qué hay tanta desgracia, problemas y muerte? (Por qué se muere la gente? Es que no se dan cuenta de que eso es malo? Es que no ven que luego tenemos que tragarnos sus miserias en las noticias los demás? Es que no saben tener MÁS cuidado? La gente es tonta con ganas, oye.)
A mí que no me vengan con historias, yo no he hecho nada, yo no tengo la culpa de NADA, el que haya estropeado las cosas que las arregle.
A mí que me dejen en paz, yo sólo quiero hacer lo de SIEMPRE y que me siga funcionando, que me sirva igual que antes.
Y me cago en sus muertos si no me ayudan a que mi vida sea mejor. Me lo deben, es su obligación! Yo he trabajado toda mi vida para ELLOS y ahora dejan que los inmigrantes de mierda me roben lo que me pertenece.
Aquí hace falta alguien que los tenga bien puestos y que ponga las cosas en su sitio, tal y como eran antes.
Y qué vergüenza con los terroristas, los piratas, las guerras y todo eso! Cómo PERMITEN que existan esas cosas? Qué poca vergüenza. Deberían estar prohibidas, como muchas más cosas. Para eso hacen tantas leyes? Y luego los jueces hacen lo que les da la gana! Y todos los negritos que se mueren de hambre, qué? Es que NADIE va a hacer nada?
Y qué pasa con los médicos que tardan tanto en curar el Cáncer? Me cago en la mierda! Qué bonito, no? Que la gente tenga que morirse por su culpa. Más les vale que a mí no me toque, porque si no... se van a enterar esos!
Y qué pasa con los de las pateras, están tontos o qué? Para qué vienen? Aquí no hay nada para ellos. Luego todo son quejas y problemas... Ah, idiotas! No haberos marchado. Qué pensabais que ibais a encontrar, eh? No hacen más que perjudicarnos a los demás. Que se vayan a su país y que se dejen de joder a los demás. Eso es lo que tienen que hacer, que te lo digo yo.
El que tenga problemas y sea un desgraciado que se aguante y se fastidie, como hacemos todos...
(...así hasta el infinito.)
1 de febrero de 2010
amor prisionero
Él era el amo(r) de su vida.
Ella lo amaba con todo su ser, totalmente entregada.
Él era su vida, lo que daba sentido a su existencia, él llenaba de significado y orden cada instante, cada momento, todos y cada uno de los días. El tiempo ya no lo marcaba el reloj, lo escribía él con su presencia, con su amor, con su maravillosa personalidad.
Y ella era la feliz, la dichosa, la afortunada protagonista de su historia juntos, de su precioso cuento de hadas.
Él la amaba apasionada, dulcemente, y ella lo colmaba de cuidados y atenciones. (Y los mimos se volvieron servicios, el cariño se hizo servidumbre y ella se convirtió en esclava de su amor. Su sierva amantísima, cuyo único fin era complacerle, procurarle gozo y bienestar. Voluntaria sumisión placentera, de gratísimo pago.)
Ella vivía para él, por él, a través de él.
Él era su luz, su faro (su falo), su alegría, su placer, el aire que respiraban sus pulmones, la sangre que corría por sus venas, el brillo que iluminaba su mirada, la sonrisa dulce, pícara, traviesa, el pulso acelerado de su corazón, las mariposas en el estómago, las cosquillas de la piel, el perfume de sus sueños, el susurro cálido en sus oídos, los besos que llenaban sus labios, el sabor del más dulce néctar, la melodía del mar, tarareada, las caricias del viento, el estremecimiento, la chispa, el gusanillo, la boca que se hace agua, el baile, la risa, el silencio que lo dice todo, la dicha, el vértigo, el deseo...
Él era su cielo, su sueño, su paraíso eterno. Pero, un día, ay, murió.
Él, murió! (Oh, drama, oh, desdicha, oh, tragedia.)
Y ese día ella quebró por dentro. Se partió en dos, su cuerpo quedó en pie pero su alma se fue con él.
El entierro fue desgarrador, sepultó su corazón junto a su amado (venerado, idolatrado).
Ella quedó apagada, desanimada, acabada, como una marioneta desarticulada.
Él había muerto, sí, pero seguía vivo en su interior.
Ha desaparecido: no volverá (No ha desaparecido: volverá, ya lo verás) No, no: está muerto (No: no está muerto) Muerto: muerto por siempre jamás (Nunca: nunca) Siempre: siempre: siempre:::
Su cabeza rondaba (rodaba) continuamente la locura, como una peonza descontrolada, mientras él (su vida, su amor, su esperanza) se arrugaba y descomponía silenciosamente en la oscuridad de su lecho eterno. Oscuridad que ella compartía con su luto perpetuo. Ya no tenía ilusión por nada, ya no tenía ánimos para nada, ya no tenía energía...
Lo había depositado todo, su amor, su dicha y vitalidad, en él, el mejor y más fiable procurador. Y lo imposible, lo impensable, lo increíble se había hecho realidad (maldita realidad). La muerte vino sin avisar y se lo arrebató de su lado, cruel, despiadada, insobornable.
Y ella lo perdió todo, lo que fue, lo que era y lo que podía ser. Su futuro, su historia, su identidad. Su vigor, su tono. Su trono, su fortaleza. Sus riquezas, su belleza. Su refugio, su cobijo. Sus proyectos, sus ideas. Sus ilusiones, sus esperanzas.
Ahora ya nada le queda, sino visitar su tumba en el cementerio.
Triste, escaso consuelo.
Allí, a su lado (tan cerca, tan lejos) se siente más sola, ante su inmensa, insoportable, clamorosa ausencia.
Y el vacío que ha dejado se le hace espantoso, palpable, doloroso, como miles de lanzas atravesándola, despedazándola.
Mas su alma descuartizada ya nada puede, sino llorar por dentro (implorar), destilando su desesperada amargura, llenándose de lágrimas hasta el borde, como una cantimplora, tratando de ahogarse en su propio sufrimiento. Y al instante ver cómo emergen de nuevo los recuerdos y revive la honda herida, que la deja seca, fría, helada, exhausta, muerta por dentro (como si un vampiro le vaciara toda su sangre de golpe), y quedar otra vez a merced de sus tormentos, intensificados por el eco de su cuerpo hueco.
Se siente lesionada, mutilada, amputada, y al otro lado de la losa yace su parte seccionada, sustraída, ajenada (como dicen los de allende), su miembro fantasma, inalcanzable, intocable, irrecuperable. Su vida, su aliento, su alimento, su apetito, su deseo, su fuego, la droga que más ansía. El alivio, el bálsamo, la cura que tanto anhela. El remedio a su sueño roto en añicos (la salida, el descanso, para esta pesadilla que no termina).
Pero ya no hay arreglo, no hay solución, el cofre está cerrado y con su llave dentro. La barrera es insalvable.
Así languidece, frente a su lápida, que ella quisiera habitar, desplomarse, sucumbir allí mismo, sustituirle, ocupar su lugar.
Ella ya no puede bregar con la vida, va a la deriva, como un alma errante, como una nave sin gobierno, como una gallina descabezada, aturdida, anulada, despistada, vacilante.
Él era su guía, su brújula, su timón, Él era su mapa, su itinerario, su destino. Su sustento.
Pobre viuda desdichada, abandonada, inconsolable, dejada a su suerte, como un trapo viejo, olvidado, tirado, gastado.
Pobre lánguida desahuciada, desvalida, desamparada.
Quién te salvará ahora? Quién te rescatará de tu desidia? Quién te protegerá de tus miedos? Quién remendará tus entresijos? Quién resolverá tus problemas? Quién vencerá tus dificultades?
La vida ríe y ella llora,
la vida bulle y ella huye,
la vida vuela y ella se hunde.
El sol brilla, la dama se esconde. El viento silba, la dama se tapa los oídos. Los pájaros bailan, la dama mira al suelo. El agua baña sus dedos, la dama arde en su infierno.
La vida rueda pero la viuda queda, anclada, atascada, cautiva.
Apresada, recluida, encerrada. Retirada, aislada en su dolor, envuelta por la bruma y la tiniebla. Abrazada a la fría piedra.
Castigada, condenada a sufrir su pena. Atada a su pasado muerto, a su dicha agotada, acabada.
A su vida, exprimida, deprimida, atrapada.
Como una presa con la pierna cazada en un cepo fiero, hiel(o).
Ella lo amaba con todo su ser, totalmente entregada.
Él era su vida, lo que daba sentido a su existencia, él llenaba de significado y orden cada instante, cada momento, todos y cada uno de los días. El tiempo ya no lo marcaba el reloj, lo escribía él con su presencia, con su amor, con su maravillosa personalidad.
Y ella era la feliz, la dichosa, la afortunada protagonista de su historia juntos, de su precioso cuento de hadas.
Él la amaba apasionada, dulcemente, y ella lo colmaba de cuidados y atenciones. (Y los mimos se volvieron servicios, el cariño se hizo servidumbre y ella se convirtió en esclava de su amor. Su sierva amantísima, cuyo único fin era complacerle, procurarle gozo y bienestar. Voluntaria sumisión placentera, de gratísimo pago.)
Ella vivía para él, por él, a través de él.
Él era su luz, su faro (su falo), su alegría, su placer, el aire que respiraban sus pulmones, la sangre que corría por sus venas, el brillo que iluminaba su mirada, la sonrisa dulce, pícara, traviesa, el pulso acelerado de su corazón, las mariposas en el estómago, las cosquillas de la piel, el perfume de sus sueños, el susurro cálido en sus oídos, los besos que llenaban sus labios, el sabor del más dulce néctar, la melodía del mar, tarareada, las caricias del viento, el estremecimiento, la chispa, el gusanillo, la boca que se hace agua, el baile, la risa, el silencio que lo dice todo, la dicha, el vértigo, el deseo...
Él era su cielo, su sueño, su paraíso eterno. Pero, un día, ay, murió.
Él, murió! (Oh, drama, oh, desdicha, oh, tragedia.)
Y ese día ella quebró por dentro. Se partió en dos, su cuerpo quedó en pie pero su alma se fue con él.
El entierro fue desgarrador, sepultó su corazón junto a su amado (venerado, idolatrado).
Ella quedó apagada, desanimada, acabada, como una marioneta desarticulada.
Él había muerto, sí, pero seguía vivo en su interior.
Ha desaparecido: no volverá (No ha desaparecido: volverá, ya lo verás) No, no: está muerto (No: no está muerto) Muerto: muerto por siempre jamás (Nunca: nunca) Siempre: siempre: siempre:::
Su cabeza rondaba (rodaba) continuamente la locura, como una peonza descontrolada, mientras él (su vida, su amor, su esperanza) se arrugaba y descomponía silenciosamente en la oscuridad de su lecho eterno. Oscuridad que ella compartía con su luto perpetuo. Ya no tenía ilusión por nada, ya no tenía ánimos para nada, ya no tenía energía...
Lo había depositado todo, su amor, su dicha y vitalidad, en él, el mejor y más fiable procurador. Y lo imposible, lo impensable, lo increíble se había hecho realidad (maldita realidad). La muerte vino sin avisar y se lo arrebató de su lado, cruel, despiadada, insobornable.
Y ella lo perdió todo, lo que fue, lo que era y lo que podía ser. Su futuro, su historia, su identidad. Su vigor, su tono. Su trono, su fortaleza. Sus riquezas, su belleza. Su refugio, su cobijo. Sus proyectos, sus ideas. Sus ilusiones, sus esperanzas.
Ahora ya nada le queda, sino visitar su tumba en el cementerio.
Triste, escaso consuelo.
Allí, a su lado (tan cerca, tan lejos) se siente más sola, ante su inmensa, insoportable, clamorosa ausencia.
Y el vacío que ha dejado se le hace espantoso, palpable, doloroso, como miles de lanzas atravesándola, despedazándola.
Mas su alma descuartizada ya nada puede, sino llorar por dentro (implorar), destilando su desesperada amargura, llenándose de lágrimas hasta el borde, como una cantimplora, tratando de ahogarse en su propio sufrimiento. Y al instante ver cómo emergen de nuevo los recuerdos y revive la honda herida, que la deja seca, fría, helada, exhausta, muerta por dentro (como si un vampiro le vaciara toda su sangre de golpe), y quedar otra vez a merced de sus tormentos, intensificados por el eco de su cuerpo hueco.
Se siente lesionada, mutilada, amputada, y al otro lado de la losa yace su parte seccionada, sustraída, ajenada (como dicen los de allende), su miembro fantasma, inalcanzable, intocable, irrecuperable. Su vida, su aliento, su alimento, su apetito, su deseo, su fuego, la droga que más ansía. El alivio, el bálsamo, la cura que tanto anhela. El remedio a su sueño roto en añicos (la salida, el descanso, para esta pesadilla que no termina).
Pero ya no hay arreglo, no hay solución, el cofre está cerrado y con su llave dentro. La barrera es insalvable.
Así languidece, frente a su lápida, que ella quisiera habitar, desplomarse, sucumbir allí mismo, sustituirle, ocupar su lugar.
Ella ya no puede bregar con la vida, va a la deriva, como un alma errante, como una nave sin gobierno, como una gallina descabezada, aturdida, anulada, despistada, vacilante.
Él era su guía, su brújula, su timón, Él era su mapa, su itinerario, su destino. Su sustento.
Pobre viuda desdichada, abandonada, inconsolable, dejada a su suerte, como un trapo viejo, olvidado, tirado, gastado.
Pobre lánguida desahuciada, desvalida, desamparada.
Quién te salvará ahora? Quién te rescatará de tu desidia? Quién te protegerá de tus miedos? Quién remendará tus entresijos? Quién resolverá tus problemas? Quién vencerá tus dificultades?
La vida ríe y ella llora,
la vida bulle y ella huye,
la vida vuela y ella se hunde.
El sol brilla, la dama se esconde. El viento silba, la dama se tapa los oídos. Los pájaros bailan, la dama mira al suelo. El agua baña sus dedos, la dama arde en su infierno.
La vida rueda pero la viuda queda, anclada, atascada, cautiva.
Apresada, recluida, encerrada. Retirada, aislada en su dolor, envuelta por la bruma y la tiniebla. Abrazada a la fría piedra.
Castigada, condenada a sufrir su pena. Atada a su pasado muerto, a su dicha agotada, acabada.
A su vida, exprimida, deprimida, atrapada.
Como una presa con la pierna cazada en un cepo fiero, hiel(o).
3 de enero de 2010
realidad aumentada
Me pongo las gafas y salgo a la calle. Cargar Escáner, sólo mujeres, de 0 a 35 años. Esa, desnuda, zoom, copiar, modo interactivo.
Detalle, follar, otra postura, otra, volumen. Más, esa, desnuda, esa, copiar. Esa, lencería, no, desnuda, copiar, esa...
Aivá perdona, que no te había visto. Tu eres del pasao, a que sí. Y no te estás coscando de nada, no? Pues haberlo dicho hombre!
Venga, que te voy a explicar cómo va esto.
Las gafas de realidad aumentada son estas, mira. Son chulas eh?
Las mías son unas 'Increase', que son las mejores. Estas son el modelo 2.0, que hace más cosas y chutan que no veas.
Tú te las pones y con estas patillas se conectan a tu cerebro, en el modelo anterior había que mover el cursor con la mirada y seleccionar guiñando un ojo, y era un coñazo, pero ahora ya te lee directamente lo que piensas y ya está. Así es mucho mejor, no tienes más que pensar en las ordenes y las ejecuta.
De serie te vienen con dos o tres programas básicos, pero por interné puedes pillarte los que de verdad molan, y encima gratis, jaja.
Por ejemplo el 'Escáner' este, ves? Pilla a las mujeres que pasan y te las enseña como si fueran desnudas. Luego tiene más opciones, puedes pillar una tía que te mole y tirártela ahí mismo, y puedes hacerlo en primera persona o verte a ti mismo desde fuera, y mientras vas desnudando a otras pavas y lo mismo, les haces lo que quieras. Mola eh?
Es una pillada, puedes tirarte a un montón de tías a la vez y ir haciendo zápin de una a otra, para ver como gimen y tal. Y si te pones en tercera persona ves a todos tus alteregos ahí dale que te pego, tirándose a las pavas, y en un momento te montas una orgía de la hostia en mitad de la calle. Yo a veces me he follado a tantas tías a la vez que no veía ni un pijo con las gafas, jajaja.
Otra cosa que mola es que el programa se va aprendiendo sobre la marcha tus gustos y retoca a las tías según tus preferencias. A mí ya sabe que las negras me gustan con muchas pecas y sudorosas, y las rubias con las tetas bien grandes, y los pezones rosas.
Y eso, que más te quería contar...
Ah sí, cuando una pava te mola le dices 'copiar' y te la deja ahí en la pantalla para que hagas con ella lo que quieras. Si le dices 'clip' lo que hace es que pega la simulación a la persona real y copia todos sus movimientos, así que tienes que seguirla para no perderla de vista. Esta no se usa casi nunca, pero a veces es divertido perseguir a la gente y mosquear al personal, jaja.
Luego si le dices 'detalle' flipas, porque se lo curra mucho más, le hace un rénder de los buenos y, ves? Es que parece que está ahí la jodía. Y el sonido también gana un huevo. Y mira, si te bajas este otro programa puedes hacer que la sientas y la huelas como si fuera real, te lo juro tío, es la hostia. Lo que pasa es que es ilegal, porque muchos se han jodido el cerebro con esto, pero bah, ni caso. Tú lo pruebas y verás cómo mola, luego no querrás otra cosa, jajaja.
El sonido? Mira, te lo manda directamente al cerebro a través de las patillas, así es mejor, lo de los auriculares ya es cosa del pasado, tío.
Venga, pruébatelas, que sé que lo estás deseando. Tranquilo, esas son las mías de recambio, siempre las llevo encima por si acaso.
Ves? Al principio cuesta un poco acostumbrarse, pero luego te acostumbras y ya está.
Jaja, todos decís lo mismo, os creéis que lo virtual se ve medio trasparente, como un holograma o una diapositiva superpuesta sobre la realidad. Pero es justo al revés, las gafas difuminan la realidad y le dan más presencia a lo virtual, así el efecto luce mucho mejor. Porque si no pa qué quieres unas gafas de realidad aumentada, menuda mierda sería si la realidad se viera más que lo otro.
Al principio te pierdes un poco, pero luego ya te mueves como si tal cosa. Y lo bueno es que puedes añadirle más capas por encima, por ejemplo, si cargas dos o tres programas a la vez, entonces sí se ven como trasparencias y luego eliges la capa que quieres ver mejor.
Lo bueno es que así puedes hacer muchas cosas a la vez, por ejemplo, ves a una tía, puedes desnudarla, puedes ver sus avatares, puedes ver si está metida en algún juego y qué cosas hace y todo eso.
Lo de los avatares funciona así, igual que en interné aquí puedes crearte tu propio personaje, y así, con la capa de avatares activada, la gente te ve como tu personaje, no como eres en realidad. Todo el mundo prefiere esta capa, casi nadie ve ya la realidad como es de verdad.
Puedes ir por la calle desnudo y nadie se entera, como mucho se piensan que es por el 'Escáner', jaja.
Luego está la capa 'Gúguel', donde te muestra toda la información importante sobre cada persona o cosa. Esta mola cuando logras 'jaquearla', te pones en tu historial que eres un psicópata-violador-pederasta y te partes con las reacciones de la gente. Se apartan de tu lado como de la peste, es lo mejor para cuando quieres algo de espacio.
También sirve para filtrar, le dices la gente que te interesa y sólo te mostrará a los que coincidan con eso, los demás se pierden en la niebla, como una masa amorfa sin importancia.
La capa 'Gúguel' en realidad es lo mismo que el interné, puedes sacarte un mapa y que te oriente como un GPS, puedes dejar notas virtuales en cada punto, chatear con cualquiera que pasa, yo que sé, mil cosas. Pillar imágenes...
Lo bueno es que esta capa es común para todos. O sea, los cambios que hace uno se quedan ahí a la vista de todos y al final la cosa va cambiando con lo que hacen todos y lo que sale suele ser un churro colectivo. Por eso los edificios en esta capa se ven tan marcianos, jaja.
Pero, en serio tío, esta capa mola un puñao porque sirve para más cosas.
Lo bueno es que hay muchos programas que se ocupan de darte la información que quieres sin tener que buscarla. Por ejemplo, hay uno de reconocimiento de personas, con ese identificas a la gente y le sacas todo su historial. Además, por las pintas que llevan ya te dice de qué palo van y puedes incluso hablarles en su jerga, tú piensas lo que le quieres decir y el programa te lo traduce y se lo enseña al otro en un bocadillo.
Sí, sí, como lo oyes. Ahora ya casi no se habla nunca, total pa qué.
En voz alta no, la gente te escribe y tu lo ves en las gafas como un bocadillo que les sale a su lado, y a veces ni eso, puedes hacer que el programa te lo traduzca directamente a sonidos y lo escuches en tu cerebro.
Esto también mola para cuando tienes que leer un libro, tú sólo pasas las hojas y el programa se ocupa de traducirte el texto a como tú mejor lo entiendas. O sea que cuando ve que hay muchas palabras que no entiendes él ya coge el texto y lo adapta a tu nivel pa que lo pilles a la primera. Una pasada, no?
Los ciegos también lo tienen mejor con esto, así pueden leer cualquier libro aunque no esté en braille. Y con las gafas pueden llegar a ver y todo en su cerebro, flipa, tío.
Mucha gente se queda ciega en realidad y casi ni se enteran, como se pasan todo el tiempo con las gafas puestas...
Y para los niños también hay algo parecido, pueden elegir la voz que les lea el cuento y conforme lo van leyendo van saliendo de las palabras los personajes que van haciendo lo que pone en el texto.
Ah, ahora que digo niños. También hay un programa que sirve para bloquear según qué contenidos. Porque, aunque no te lo creas, hay peña muy colgada, y sin quererlo te puedes ver cosas muy pero que muy chungas. De todas formas los 'jáquer' se las saben todas para burlar esos controles y traumatizar a la gente, jaja, qué cabrones.
A ver, qué te estaba contando...
Ah, sí.
La capa 'Gúguel' mola por otra cosa además. Sirve para que la gente haga lo que quiera con la realidad. Por ejemplo, la política ya no tiene poder gracias a esto. A base de acumulación de bromas y tal ya nadie les hace ni puto caso ni se los toma en serio.
Cada vez que sale un político en la tele diciendo sus chorradas la capa 'Gúguel' se llena de información y bromas que arruinan por completo el mensaje y el efecto que intentaba causar. Mocos que le cuelgan de la nariz, un parche pirata, etc.
Y lo mismo con las noticias. La gente no es tonta y ya no se tragan esas mierdas. Ahora tiene más peso y importancia la capa 'Gúguel', que la hacemos entre todos, lo otro se queda en segundo plano.
Ah sí, otra chulada es que todo lo que ves con las gafas se graba directamente en tu ordenador. Así luego puedes aprovechar lo que quieras y tal.
Resulta que ahora los discos duros son de tropecientos 'petabáis' y lo de interné también funciona un poco diferente. Ahora hay dos internés: La legal y la pirata.
La legal es una puta mierda, sólo la usan cuatro pringaos que no tienen otra elección. La que mola es la ilegal.
La cosa viene de cuando los gobiernos se pusieron tontos con la piratería. Querían jodernos vivos, pero les salió el tiro por la culata.
Entonces ya estaban de moda las gafas, y unos 'jáquers' tuvieron la idea de usarlas como repetidores wifi. Así se montó la interné 2.
Los ordenadores se convirtieron en servidores y las gafas hacían de red y de terminales. Total, que de esta manera interné era libre del todo. Ya no dependía de compañías ni historias de esas, totalmente gratis para todo el mundo. Y ahora intenta controlar a la peña, jajaja. Se quedaron con un palmo de narices los muy capullos, eso para que aprendan, jodidos capullos de mierda.
Aunque, eso sí, esto funciona sobre todo en las ciudades. Por que hay mazo de gente, pero en el campo lo tienen más chungo, necesitan poner antenas, y aun así. Ni punto de comparación, tío.
Otra movida es la familia y todo eso. Ahora es normal estar hablando con tu madre y estar desnudándola y tirándotela con las gafas.
Lo bueno es que así no tienes que aguantar los rollos de nadie, si no te gusta, le cambias lo que dice, o te pones a hacer otra cosa y a correr. Escuchar música, ver una peli, chatear, lo que sea...
También mola mucho el personalizar la decoración de tu espacio. Mi cuarto con las gafas es un pasote, pero sin las gafas es un tugurio lleno de mierda y cucarachas. La realidad te da un bajón que lo flipas, tío. Por eso nadie se quita las gafas ni pa dormir. Además, que mientras duermes puedes ponerte la capa 'Mátris'.
La capa 'Mátris' sirve para aprender cosas. Es como los audiolibros, pero leídos en una frecuencia especial. Se van directos al subconsciente. Así con el tiempo te va saliendo a la luz lo que sabes (y que no sabes que sabes).
Es una movida tope rara, jaja.
O también puedes, si lo necesitas al momento, pedirle que te recuerde lo que sabes. Entonces te lee en alto un resumen de la materia y ya con eso te viene el recuerdo de lo demás. Esta capa también la puedes tener funcionando todo el día, total ni te enteras de que está ahí.
Otra cosa que siempre se deja funcionando son las descargas.
Ya que los discos duros tienen tanta capacidad, lo que hace todo el mundo es que se pone a bajar el interné ENTERO, así no tienen que andar eligiendo y buscando lo que quieren. Lo único, que si se les apetece algo ya mismo, primero miran a ver si ya lo tienen bajado y si no pues le dan prioridad para que baje echando leches. Total, que es una gozada.
Lo de personalizar la decoración también puede hacerse con toda la realidad, no sólo con tu habitación. Entonces se usan como filtros temáticos.
Hoy me apetece verlo todo 'Pop', y ves los colores más vivos y la gente como dibujada.
Un filtro que mola es el 'Vangó', todo hecho de pinceladas, que van ondulando. Y para pegarte un buen viaje no hay nada como el filtro 'Tripi'. Psicodelia pura, tío. Con eso te pegas un chute que no veas.
Luego hay otros más flipados. Los japoneses son unos figuras en esto. Tienen un filtro, que no me acuerdo cómo se llama, que llena de pechos blanquitos de adolescente todas las superficies de las cosas. Es como andar en un mundo de gelatina, y cuando los tocas sueltan los típicos grititos cachondos de las niponas. Uff, es un vicio, colega...
Otra cosa que me olvidaba es que con las gafas puedes crearte una mascota virtual. Yo me he hecho una que es el perro Risitas, pero la personalidad que le he puesto me ha salido un poco sádica.
Así que bueno, él me va siguiendo por donde vaya y va haciendo trastadas y tal. Y obedece a mis ordenes, si le digo 'quieto' se para quieto. Si le digo 'putea a esa vieja', él venga a hacerle diabluras.
Eso en mi capa privada, claro. Porque cuando pones a tu mascota en la capa 'Gúguel' la cosa es un rollo tipo poquémon, todo el rato luchando entre sí. Se hace muy aburrido la verdad, por eso lo mejor es bloquear las mascotas en la capa 'Gúguel' y pasar de esas chorradas. Total, eso es pa críos.
Pero en la capa privada es otra historia. Si le digo 'descontrola', entonces el jodido Risitas se pone a hacer barbaridades de lo más bestia.
Está bien para cuando tienes un rato aburrido. Además hay varias modalidades, el modo 'dibujos animados' y el modo 'gore extremo'. Ya te imaginas cuál prefiere la mayoría, no?
Total que, al rato te ves paseando por una ciudad asolada, masacrada, llena de sangre y cadáveres. A veces me fijo en algún cuerpo y digo 'deshacer' y veo cómo se lo ha cargado. O digo 'restaurar' y me dedico a machacarlo yo mismo.
Yo que sé, mi mascota siempre saca mi lado más chungo, no sé por qué, jajaja.
Y menos mal que es una capa privada, porque hay cosas que sólo con verlas ya casi son delito, tío.
Pero no te me hagas ahora el moralista, colega. Aquí todos somos igual de burros, salvajes y depravados. Y es mejor así, le damos salida a nuestras neuras, que de otra forma nos llevarían a hacer cosas peores y encima en la realidad.
Otra cosa más seria son los videojuegos. Ahí sí que hay que tener cuidao, tío. Con las gafas te metes tanto en la historia que pierdes demasiado el control, las ganas de pasártelo te hacen hacer cosas que de normal no harías.
Por ejemplo, una cosa es jugar al 'San Andreas' en la consola y otra es con las gafas. Con las gafas el juego está en tu ciudad, y tienes que pateártela de verdad para completar las misiones y encontrar a los personajes. Además las productoras se aprovechan de esto para mezclar cosas de ficción con cosas reales. Por ejemplo, contratan a algunas personas de verdad para según qué cosas. Así, cuando visitas a la puta X en el juego, tienes que pagar a la señora puta Y en la realidad, o si no no avanzas. Jode bastante que se aprovechen de esta manera, pero bueno, también tiene su lado bueno, jaja.
Lo malo es que muchos juegos se pasan de rosca con esto, sobre todo los de matar, y te meten tal presión psicológica que muchos acaban metiéndose en el ejército con tal de poder pasarse el juego.
Así que mucho ojo con eso. No te vicies porque si no luego ya verás qué faena.
Y los juegos de miedo son muy chungos, se pasan tres pueblos. Te persiguen y se activan cuando les da la gana. Agobian demasiao en serio, tío.
Y de la publicidad ya ni te hablo. Hay que usar un bloqueo sí o sí, porque si no ya puedes tirar las gafas a la basura, es mejor sufrir la cruda realidad que esa mierda, fíjate lo que te digo. Ya lo dice el refrán: La publicidad te jode la vida, tío.
Al principio los coches y las gafas de realidad aumentada eran un problema, pero luego inventaron el 'exo-holo-áirbas' y ya mola.
Ahora puedes echarte carreras y hacer locuras y piques con los colegas, que cuando te estampas tu coche dispara sus 'áirbas' y sale botando hasta que se para. Luego se recogen otra vez solos y hala, a correr otra vez.
Para las relaciones también molan las gafas. Da igual cómo sea en realidad tu pareja, tú eliges cómo quieres verla y ya está. Mientras te la follas cada uno ve a quien quiere y tan contentos.
Otra cosa que ha cambiado es la educación. Ya no hay colegios, tío.
Ahora cada uno aprende cuando quiere y como quiere. Lo normal es usar la capa 'Mátris' para eso, y así no te dan el coñazo. Porque, cada cierto tiempo, el graduado te pide que pases una evaluación, y si no le haces caso, te va bloqueando opciones de las gafas. Bah, pero lo mejor es craquear tu historial y poner que ya te has sacado nosecuántos títulos y así ya te dejan en paz.
Luego ya cada uno aprende lo que le da la gana. Lo normal es que la peña se sepa de pe a pa todo sobre las series como 'drágon bal' y cosas así. Pero las cosas serias ya no interesan a casi nadie.
Eso es verdad, ves?
Si te creías que la gente iba a usar las gafas para cosas buenas o importantes, ya ves que no. Esto es lo que hay, colega.
Lo malo de las gafas es que si les das mucho tute te dejan el coco hecho polvo. Entonces empiezan a funcionar un poco más lentas que la realidad. Bueno, en realidad no son las gafas, es tu cerebro el que va más lento.
A mucha gente ese desfase les angustia y les da ansiedad, entonces pasa lo que pasa, la gente confunde una ventana con una puerta y: Adiós muy buenas. Los accidentes con las gafas son muy chungos, así que hay que cuidar de no llegar a eso. O te hinchas a tomar cafés o te echas a dormir la mona hasta que se te pase.
Hay algunos pirados que lo que hacen es que llevan una botellita de adrenalina conectada a una vena, y cuando ven que su cerebro se está agotando y saturando se pegan un chute y a correr. Pero eso no te lo aconsejo, a la larga terminan hechos una mierda, los pobres.
También hay peña que prefiere no salir de sus casas. Lo que hacen es piratear la señal de las gafas de los demás y ver lo que hacen y tal.
Es como la tele pero a lo bestia. Estos acaban pudriéndose en sus asientos, y sin que nadie se entere. Se olvidan de comer y todo, los pavos.
Los 'jáquer' son más divertidos. Son unos cabroncetes de cuidao. Se dedican a cambiar las cosas y confundir al personal.
Te ponen un interruptor justo encima de un cable pelado y si no te das cuenta te quedas tieso pero bien.
Lo que pasa es que algunos no se conforman con toquetear la programación de las gafas y se dedican a trastear también directamente con su cuerpo y su cerebro.
A veces consiguen mejoras que te cagas, se ponen reflejos automáticos para según que cosas y cosas así. Se ponen una camarita mirando hacia atrás y así no hay dios que los pille por sorpresa. Algunos incluso se implantan motores suplementarios. Son medio 'Cíbor', te pegan un salto y suben como tres metros o más.
Ah sí, ya me olvidaba. Las baterías se pueden cargar de muchas formas. A mí me mola cargarlas por fricción. Te pones estos guantes, te frotas las manos y hala, a correr. Incluso te la puedes menear mientras si te apetece, jajaja.
Otros se pillan la chaqueta solar, pero eso es muy 'Máicol' (yiah!), además con esta mierda de esmog no hace sol casi nunca.
Y bueno, no sé qué más decirte. Creo que ya te lo he contao todo.
Llévate las gafas, anda. Ya me las devolverás cuando te hayas pillao unas tuyas. No te preocupes, con esas te tengo localizao, ya nos veremos. Chau, tío.
Detalle, follar, otra postura, otra, volumen. Más, esa, desnuda, esa, copiar. Esa, lencería, no, desnuda, copiar, esa...
Aivá perdona, que no te había visto. Tu eres del pasao, a que sí. Y no te estás coscando de nada, no? Pues haberlo dicho hombre!
Venga, que te voy a explicar cómo va esto.
Las gafas de realidad aumentada son estas, mira. Son chulas eh?
Las mías son unas 'Increase', que son las mejores. Estas son el modelo 2.0, que hace más cosas y chutan que no veas.
Tú te las pones y con estas patillas se conectan a tu cerebro, en el modelo anterior había que mover el cursor con la mirada y seleccionar guiñando un ojo, y era un coñazo, pero ahora ya te lee directamente lo que piensas y ya está. Así es mucho mejor, no tienes más que pensar en las ordenes y las ejecuta.
De serie te vienen con dos o tres programas básicos, pero por interné puedes pillarte los que de verdad molan, y encima gratis, jaja.
Por ejemplo el 'Escáner' este, ves? Pilla a las mujeres que pasan y te las enseña como si fueran desnudas. Luego tiene más opciones, puedes pillar una tía que te mole y tirártela ahí mismo, y puedes hacerlo en primera persona o verte a ti mismo desde fuera, y mientras vas desnudando a otras pavas y lo mismo, les haces lo que quieras. Mola eh?
Es una pillada, puedes tirarte a un montón de tías a la vez y ir haciendo zápin de una a otra, para ver como gimen y tal. Y si te pones en tercera persona ves a todos tus alteregos ahí dale que te pego, tirándose a las pavas, y en un momento te montas una orgía de la hostia en mitad de la calle. Yo a veces me he follado a tantas tías a la vez que no veía ni un pijo con las gafas, jajaja.
Otra cosa que mola es que el programa se va aprendiendo sobre la marcha tus gustos y retoca a las tías según tus preferencias. A mí ya sabe que las negras me gustan con muchas pecas y sudorosas, y las rubias con las tetas bien grandes, y los pezones rosas.
Y eso, que más te quería contar...
Ah sí, cuando una pava te mola le dices 'copiar' y te la deja ahí en la pantalla para que hagas con ella lo que quieras. Si le dices 'clip' lo que hace es que pega la simulación a la persona real y copia todos sus movimientos, así que tienes que seguirla para no perderla de vista. Esta no se usa casi nunca, pero a veces es divertido perseguir a la gente y mosquear al personal, jaja.
Luego si le dices 'detalle' flipas, porque se lo curra mucho más, le hace un rénder de los buenos y, ves? Es que parece que está ahí la jodía. Y el sonido también gana un huevo. Y mira, si te bajas este otro programa puedes hacer que la sientas y la huelas como si fuera real, te lo juro tío, es la hostia. Lo que pasa es que es ilegal, porque muchos se han jodido el cerebro con esto, pero bah, ni caso. Tú lo pruebas y verás cómo mola, luego no querrás otra cosa, jajaja.
El sonido? Mira, te lo manda directamente al cerebro a través de las patillas, así es mejor, lo de los auriculares ya es cosa del pasado, tío.
Venga, pruébatelas, que sé que lo estás deseando. Tranquilo, esas son las mías de recambio, siempre las llevo encima por si acaso.
Ves? Al principio cuesta un poco acostumbrarse, pero luego te acostumbras y ya está.
Jaja, todos decís lo mismo, os creéis que lo virtual se ve medio trasparente, como un holograma o una diapositiva superpuesta sobre la realidad. Pero es justo al revés, las gafas difuminan la realidad y le dan más presencia a lo virtual, así el efecto luce mucho mejor. Porque si no pa qué quieres unas gafas de realidad aumentada, menuda mierda sería si la realidad se viera más que lo otro.
Al principio te pierdes un poco, pero luego ya te mueves como si tal cosa. Y lo bueno es que puedes añadirle más capas por encima, por ejemplo, si cargas dos o tres programas a la vez, entonces sí se ven como trasparencias y luego eliges la capa que quieres ver mejor.
Lo bueno es que así puedes hacer muchas cosas a la vez, por ejemplo, ves a una tía, puedes desnudarla, puedes ver sus avatares, puedes ver si está metida en algún juego y qué cosas hace y todo eso.
Lo de los avatares funciona así, igual que en interné aquí puedes crearte tu propio personaje, y así, con la capa de avatares activada, la gente te ve como tu personaje, no como eres en realidad. Todo el mundo prefiere esta capa, casi nadie ve ya la realidad como es de verdad.
Puedes ir por la calle desnudo y nadie se entera, como mucho se piensan que es por el 'Escáner', jaja.
Luego está la capa 'Gúguel', donde te muestra toda la información importante sobre cada persona o cosa. Esta mola cuando logras 'jaquearla', te pones en tu historial que eres un psicópata-violador-pederasta y te partes con las reacciones de la gente. Se apartan de tu lado como de la peste, es lo mejor para cuando quieres algo de espacio.
También sirve para filtrar, le dices la gente que te interesa y sólo te mostrará a los que coincidan con eso, los demás se pierden en la niebla, como una masa amorfa sin importancia.
La capa 'Gúguel' en realidad es lo mismo que el interné, puedes sacarte un mapa y que te oriente como un GPS, puedes dejar notas virtuales en cada punto, chatear con cualquiera que pasa, yo que sé, mil cosas. Pillar imágenes...
Lo bueno es que esta capa es común para todos. O sea, los cambios que hace uno se quedan ahí a la vista de todos y al final la cosa va cambiando con lo que hacen todos y lo que sale suele ser un churro colectivo. Por eso los edificios en esta capa se ven tan marcianos, jaja.
Pero, en serio tío, esta capa mola un puñao porque sirve para más cosas.
Lo bueno es que hay muchos programas que se ocupan de darte la información que quieres sin tener que buscarla. Por ejemplo, hay uno de reconocimiento de personas, con ese identificas a la gente y le sacas todo su historial. Además, por las pintas que llevan ya te dice de qué palo van y puedes incluso hablarles en su jerga, tú piensas lo que le quieres decir y el programa te lo traduce y se lo enseña al otro en un bocadillo.
Sí, sí, como lo oyes. Ahora ya casi no se habla nunca, total pa qué.
En voz alta no, la gente te escribe y tu lo ves en las gafas como un bocadillo que les sale a su lado, y a veces ni eso, puedes hacer que el programa te lo traduzca directamente a sonidos y lo escuches en tu cerebro.
Esto también mola para cuando tienes que leer un libro, tú sólo pasas las hojas y el programa se ocupa de traducirte el texto a como tú mejor lo entiendas. O sea que cuando ve que hay muchas palabras que no entiendes él ya coge el texto y lo adapta a tu nivel pa que lo pilles a la primera. Una pasada, no?
Los ciegos también lo tienen mejor con esto, así pueden leer cualquier libro aunque no esté en braille. Y con las gafas pueden llegar a ver y todo en su cerebro, flipa, tío.
Mucha gente se queda ciega en realidad y casi ni se enteran, como se pasan todo el tiempo con las gafas puestas...
Y para los niños también hay algo parecido, pueden elegir la voz que les lea el cuento y conforme lo van leyendo van saliendo de las palabras los personajes que van haciendo lo que pone en el texto.
Ah, ahora que digo niños. También hay un programa que sirve para bloquear según qué contenidos. Porque, aunque no te lo creas, hay peña muy colgada, y sin quererlo te puedes ver cosas muy pero que muy chungas. De todas formas los 'jáquer' se las saben todas para burlar esos controles y traumatizar a la gente, jaja, qué cabrones.
A ver, qué te estaba contando...
Ah, sí.
La capa 'Gúguel' mola por otra cosa además. Sirve para que la gente haga lo que quiera con la realidad. Por ejemplo, la política ya no tiene poder gracias a esto. A base de acumulación de bromas y tal ya nadie les hace ni puto caso ni se los toma en serio.
Cada vez que sale un político en la tele diciendo sus chorradas la capa 'Gúguel' se llena de información y bromas que arruinan por completo el mensaje y el efecto que intentaba causar. Mocos que le cuelgan de la nariz, un parche pirata, etc.
Y lo mismo con las noticias. La gente no es tonta y ya no se tragan esas mierdas. Ahora tiene más peso y importancia la capa 'Gúguel', que la hacemos entre todos, lo otro se queda en segundo plano.
Ah sí, otra chulada es que todo lo que ves con las gafas se graba directamente en tu ordenador. Así luego puedes aprovechar lo que quieras y tal.
Resulta que ahora los discos duros son de tropecientos 'petabáis' y lo de interné también funciona un poco diferente. Ahora hay dos internés: La legal y la pirata.
La legal es una puta mierda, sólo la usan cuatro pringaos que no tienen otra elección. La que mola es la ilegal.
La cosa viene de cuando los gobiernos se pusieron tontos con la piratería. Querían jodernos vivos, pero les salió el tiro por la culata.
Entonces ya estaban de moda las gafas, y unos 'jáquers' tuvieron la idea de usarlas como repetidores wifi. Así se montó la interné 2.
Los ordenadores se convirtieron en servidores y las gafas hacían de red y de terminales. Total, que de esta manera interné era libre del todo. Ya no dependía de compañías ni historias de esas, totalmente gratis para todo el mundo. Y ahora intenta controlar a la peña, jajaja. Se quedaron con un palmo de narices los muy capullos, eso para que aprendan, jodidos capullos de mierda.
Aunque, eso sí, esto funciona sobre todo en las ciudades. Por que hay mazo de gente, pero en el campo lo tienen más chungo, necesitan poner antenas, y aun así. Ni punto de comparación, tío.
Otra movida es la familia y todo eso. Ahora es normal estar hablando con tu madre y estar desnudándola y tirándotela con las gafas.
Lo bueno es que así no tienes que aguantar los rollos de nadie, si no te gusta, le cambias lo que dice, o te pones a hacer otra cosa y a correr. Escuchar música, ver una peli, chatear, lo que sea...
También mola mucho el personalizar la decoración de tu espacio. Mi cuarto con las gafas es un pasote, pero sin las gafas es un tugurio lleno de mierda y cucarachas. La realidad te da un bajón que lo flipas, tío. Por eso nadie se quita las gafas ni pa dormir. Además, que mientras duermes puedes ponerte la capa 'Mátris'.
La capa 'Mátris' sirve para aprender cosas. Es como los audiolibros, pero leídos en una frecuencia especial. Se van directos al subconsciente. Así con el tiempo te va saliendo a la luz lo que sabes (y que no sabes que sabes).
Es una movida tope rara, jaja.
O también puedes, si lo necesitas al momento, pedirle que te recuerde lo que sabes. Entonces te lee en alto un resumen de la materia y ya con eso te viene el recuerdo de lo demás. Esta capa también la puedes tener funcionando todo el día, total ni te enteras de que está ahí.
Otra cosa que siempre se deja funcionando son las descargas.
Ya que los discos duros tienen tanta capacidad, lo que hace todo el mundo es que se pone a bajar el interné ENTERO, así no tienen que andar eligiendo y buscando lo que quieren. Lo único, que si se les apetece algo ya mismo, primero miran a ver si ya lo tienen bajado y si no pues le dan prioridad para que baje echando leches. Total, que es una gozada.
Lo de personalizar la decoración también puede hacerse con toda la realidad, no sólo con tu habitación. Entonces se usan como filtros temáticos.
Hoy me apetece verlo todo 'Pop', y ves los colores más vivos y la gente como dibujada.
Un filtro que mola es el 'Vangó', todo hecho de pinceladas, que van ondulando. Y para pegarte un buen viaje no hay nada como el filtro 'Tripi'. Psicodelia pura, tío. Con eso te pegas un chute que no veas.
Luego hay otros más flipados. Los japoneses son unos figuras en esto. Tienen un filtro, que no me acuerdo cómo se llama, que llena de pechos blanquitos de adolescente todas las superficies de las cosas. Es como andar en un mundo de gelatina, y cuando los tocas sueltan los típicos grititos cachondos de las niponas. Uff, es un vicio, colega...
Otra cosa que me olvidaba es que con las gafas puedes crearte una mascota virtual. Yo me he hecho una que es el perro Risitas, pero la personalidad que le he puesto me ha salido un poco sádica.
Así que bueno, él me va siguiendo por donde vaya y va haciendo trastadas y tal. Y obedece a mis ordenes, si le digo 'quieto' se para quieto. Si le digo 'putea a esa vieja', él venga a hacerle diabluras.
Eso en mi capa privada, claro. Porque cuando pones a tu mascota en la capa 'Gúguel' la cosa es un rollo tipo poquémon, todo el rato luchando entre sí. Se hace muy aburrido la verdad, por eso lo mejor es bloquear las mascotas en la capa 'Gúguel' y pasar de esas chorradas. Total, eso es pa críos.
Pero en la capa privada es otra historia. Si le digo 'descontrola', entonces el jodido Risitas se pone a hacer barbaridades de lo más bestia.
Está bien para cuando tienes un rato aburrido. Además hay varias modalidades, el modo 'dibujos animados' y el modo 'gore extremo'. Ya te imaginas cuál prefiere la mayoría, no?
Total que, al rato te ves paseando por una ciudad asolada, masacrada, llena de sangre y cadáveres. A veces me fijo en algún cuerpo y digo 'deshacer' y veo cómo se lo ha cargado. O digo 'restaurar' y me dedico a machacarlo yo mismo.
Yo que sé, mi mascota siempre saca mi lado más chungo, no sé por qué, jajaja.
Y menos mal que es una capa privada, porque hay cosas que sólo con verlas ya casi son delito, tío.
Pero no te me hagas ahora el moralista, colega. Aquí todos somos igual de burros, salvajes y depravados. Y es mejor así, le damos salida a nuestras neuras, que de otra forma nos llevarían a hacer cosas peores y encima en la realidad.
Otra cosa más seria son los videojuegos. Ahí sí que hay que tener cuidao, tío. Con las gafas te metes tanto en la historia que pierdes demasiado el control, las ganas de pasártelo te hacen hacer cosas que de normal no harías.
Por ejemplo, una cosa es jugar al 'San Andreas' en la consola y otra es con las gafas. Con las gafas el juego está en tu ciudad, y tienes que pateártela de verdad para completar las misiones y encontrar a los personajes. Además las productoras se aprovechan de esto para mezclar cosas de ficción con cosas reales. Por ejemplo, contratan a algunas personas de verdad para según qué cosas. Así, cuando visitas a la puta X en el juego, tienes que pagar a la señora puta Y en la realidad, o si no no avanzas. Jode bastante que se aprovechen de esta manera, pero bueno, también tiene su lado bueno, jaja.
Lo malo es que muchos juegos se pasan de rosca con esto, sobre todo los de matar, y te meten tal presión psicológica que muchos acaban metiéndose en el ejército con tal de poder pasarse el juego.
Así que mucho ojo con eso. No te vicies porque si no luego ya verás qué faena.
Y los juegos de miedo son muy chungos, se pasan tres pueblos. Te persiguen y se activan cuando les da la gana. Agobian demasiao en serio, tío.
Y de la publicidad ya ni te hablo. Hay que usar un bloqueo sí o sí, porque si no ya puedes tirar las gafas a la basura, es mejor sufrir la cruda realidad que esa mierda, fíjate lo que te digo. Ya lo dice el refrán: La publicidad te jode la vida, tío.
Al principio los coches y las gafas de realidad aumentada eran un problema, pero luego inventaron el 'exo-holo-áirbas' y ya mola.
Ahora puedes echarte carreras y hacer locuras y piques con los colegas, que cuando te estampas tu coche dispara sus 'áirbas' y sale botando hasta que se para. Luego se recogen otra vez solos y hala, a correr otra vez.
Para las relaciones también molan las gafas. Da igual cómo sea en realidad tu pareja, tú eliges cómo quieres verla y ya está. Mientras te la follas cada uno ve a quien quiere y tan contentos.
Otra cosa que ha cambiado es la educación. Ya no hay colegios, tío.
Ahora cada uno aprende cuando quiere y como quiere. Lo normal es usar la capa 'Mátris' para eso, y así no te dan el coñazo. Porque, cada cierto tiempo, el graduado te pide que pases una evaluación, y si no le haces caso, te va bloqueando opciones de las gafas. Bah, pero lo mejor es craquear tu historial y poner que ya te has sacado nosecuántos títulos y así ya te dejan en paz.
Luego ya cada uno aprende lo que le da la gana. Lo normal es que la peña se sepa de pe a pa todo sobre las series como 'drágon bal' y cosas así. Pero las cosas serias ya no interesan a casi nadie.
Eso es verdad, ves?
Si te creías que la gente iba a usar las gafas para cosas buenas o importantes, ya ves que no. Esto es lo que hay, colega.
Lo malo de las gafas es que si les das mucho tute te dejan el coco hecho polvo. Entonces empiezan a funcionar un poco más lentas que la realidad. Bueno, en realidad no son las gafas, es tu cerebro el que va más lento.
A mucha gente ese desfase les angustia y les da ansiedad, entonces pasa lo que pasa, la gente confunde una ventana con una puerta y: Adiós muy buenas. Los accidentes con las gafas son muy chungos, así que hay que cuidar de no llegar a eso. O te hinchas a tomar cafés o te echas a dormir la mona hasta que se te pase.
Hay algunos pirados que lo que hacen es que llevan una botellita de adrenalina conectada a una vena, y cuando ven que su cerebro se está agotando y saturando se pegan un chute y a correr. Pero eso no te lo aconsejo, a la larga terminan hechos una mierda, los pobres.
También hay peña que prefiere no salir de sus casas. Lo que hacen es piratear la señal de las gafas de los demás y ver lo que hacen y tal.
Es como la tele pero a lo bestia. Estos acaban pudriéndose en sus asientos, y sin que nadie se entere. Se olvidan de comer y todo, los pavos.
Los 'jáquer' son más divertidos. Son unos cabroncetes de cuidao. Se dedican a cambiar las cosas y confundir al personal.
Te ponen un interruptor justo encima de un cable pelado y si no te das cuenta te quedas tieso pero bien.
Lo que pasa es que algunos no se conforman con toquetear la programación de las gafas y se dedican a trastear también directamente con su cuerpo y su cerebro.
A veces consiguen mejoras que te cagas, se ponen reflejos automáticos para según que cosas y cosas así. Se ponen una camarita mirando hacia atrás y así no hay dios que los pille por sorpresa. Algunos incluso se implantan motores suplementarios. Son medio 'Cíbor', te pegan un salto y suben como tres metros o más.
Ah sí, ya me olvidaba. Las baterías se pueden cargar de muchas formas. A mí me mola cargarlas por fricción. Te pones estos guantes, te frotas las manos y hala, a correr. Incluso te la puedes menear mientras si te apetece, jajaja.
Otros se pillan la chaqueta solar, pero eso es muy 'Máicol' (yiah!), además con esta mierda de esmog no hace sol casi nunca.
Y bueno, no sé qué más decirte. Creo que ya te lo he contao todo.
Llévate las gafas, anda. Ya me las devolverás cuando te hayas pillao unas tuyas. No te preocupes, con esas te tengo localizao, ya nos veremos. Chau, tío.
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