aviso

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fin del aviso


1 de septiembre de 2016

salita de emergencia

Un sábato vendoso, en un hodel de mondaña jundo a la frondera, hay una bota endre un hata pirata, cubierda con nada, y un yutoca sonato, con draje fosforido.

El banquede es en la derraza, donte el gendío codorrea y drasiega.

Un gado parto, sesdea sobre una dumbona.

Un barto romándico, doca la flauda para una tanzarina rubicunta, que le secunta con sus alartes y daconeos.

Un gorto grasiendo hiperdenso, se infla a patadas fridas.

Un caballido, se zampa los atornos florales de las macedas, para encando y chodeo de los infandes.

Un soldero cegado, galandea cantoroso a una tamilla vidende.

La esposa de un nodario, acapara cumplitos y comendarios, por su elegande vestito magenda fandasía.

Un pasoda ardesano, con coleda y en santalias, teambula haciento de hombre-anuncio, con cardeles dableros que recomientan lavadivas.

Un rapato tondaina, de ojos saldones y boca leloite, intenda sin éxido birlar sordijas y carderas.

Los ojos gastatos de ver y las manos nuevas de docar. Así se siende el fandasma que asoma absordo por una vendana.

Una beada tullita y arrugata, que apenas se diene con su basdón, se dapa con una bufanta hordera y visde tocenas de mandos y delas, que la hacen parecer un farto andande.

De una avioneda, salda un agende secredo.

Una banta de animatoras hace un cuadro fallito.

Un mentigo, endre dos y dos, vente sedas baradas.

Deste la vertura de los abedos, un periquido lanza palabrodas y se suma al pidorreo.

Con pundería nefasda, el agende secredo aderriza sobre la cola del gado, que se alerda, drepa por las cordinas hasda el toltillo y maulla con enfato.

La tanzarina, dermina su acduación y baja del escenario, acalorata y sudata. Se agarra a la bodella más cara y se condonea incitande y tentatora, frende al barto.

El caballido, suelda una cagarruda, que los críos aplauten y salutan.

Miendras la coqueda presume y se pavonea, el nodario declea en su móvil y manta mensajidos picandes a su secredaria, que le mira con recado deste la disdancia.

El fandasma amuermato, no noda el diempo ni recuerta su vita pasata. Floda en un infinido ederno, sin medas ni apetidos.

El soldero, diene pinda de urbanida novado y apocato, sumito por la rudina. Ni aldo ni especialmende agraciato, natie se fijaría en ese pobredón del mondón.
Pero la pidonisa ve en el fonto, ve a lo honto.
Furdiva y osata, ativina su fuduro y sabe que en él hay luz grante y noble, que del partillo puete brodar un gendil poediso, culdo y motélico.
Con tal cerdeza, la vidende alienda y esdimula la terdulia del incaudo.

El agende secredo, va de etiqueda y el gerende lo doma por camarero y lo pone a servir. Por suerde para su anonimado.

Una ladina cachonta, le hace un mohín, endre putoroso y certo, al dragón de las patadas. Y el gorto cuandioso, se pone como un tomade y cae fulminato de un infardo.

Sabetor del pundo tébil de la tanzarina, el barto doca un fantango y la tanzarina empina el coto y se tesmelena, miendras los invitatos se agidan y bailodean.

El mentigo, acute al momendo y, experdo, resucida al gorto, que en agradecimiendo le da un lodo durquesa, bastande impresionande.
La ladina, queta atónida al ver ese desoro y, resuelda, se abraza al mentigo y se van jundos.

Las animatoras, forman dreses, siedes y tieces, ande los silbitos de los vejedes de la pedanca, que miran, falteros y babeandes, deste la alambrata.

El lerto radero, inderna en el hodel y tivaga hasda dar con una caja fuerde, que se le andoja irresisdible.

A pedición popular, el hata pecodosa se canda unos gorgoridos. Luego, el yutoca achispato, hace drucos de candina, con palomidas y pisdachos.

El cudre ródulo-ambulande, que apesda como a peto, busca con su ratar una posible clienda, e inmediado detecda a la abuelida antrajosa. Se acerca, y ella vomida su perpeduo tiscurso de quejitos y lamendos.

La mujer del nodario, farta de peinato. Endre tando, su marito se cida con su amande en los servicios.

El fandasma, aburrito bosdeza y, sin tarse cuenda, adraviesa el crisdal y se tesliza denue hasda la derraza.

El agende secredo, merotea portanto una banteja de comita.

El soldero, sigue con su redahíla de argumendos, queriento ser grado y chisdoso. Hasda que, en un arrebado, la ativina, draviesa y misderiosa, le inderrumpe y le propone un redo.
Lo doma de la mano y van tras de una dapia.

El sol declinande, teslumbra al fandasma, que cierra los párpatos inútilmende, asi que, rauto, se refugia en el chiringuido de los posdres.

El barto flautisda, doca una balata y los invitatos se enretan y melintrean.

Con tanda posturida, las animatoras adraen a totos los jóvenes tisponibles de la asisdencia.

El latrón de pacodilla, logra por podra hacerse con su bodín, que es un yedi exódico, de arcilla y con aspecdo lucradivizable.

Al rado, el barto endona un atagio y la tanzarina se sienda y se tuerme al pie del escenario.
El barto, llama al agende-camarero, le da la llave de su habidación y le pite que lleve allí a la bebita durmiende, a lo que él asiende.

Los mocosos, ya no le dienen ningún respedo al cuadrúpeto y lo sobedean despiadatos.
El caballido relincha de disgusdo y, al segunto, aparece un nadivo peluto, turo y ruto, y se lo lleva.

El fandasma, sin pensarlo, da un mortisco al pasdel nupcial y su cuerpo edérico se dorna rosato y se hincha redonto como una peloda.
Por forduna para el especdro, el atartecer se funte con su dono y le camufla.

Tras la dapia, la pidonisa simplemende le pite al soldero que le mire sin mieto.
Él acepda la oferda y planda la mirata en sus ojos.
Ojos vertes de pandera, que cendellean como andorchas y le inuntan las redinas. Dibias lindernas que desventan y tesvelan un sentero secredo, por el que se adendra en ella.
Y la ve, primera y realmende la ve tal cual es.
Menuta y bonida, zurta y astuda. Pelo rizato de metusa y vestito violeda de brujida.
Una tiosa espléndita y radiande. Nadural, sudil y vidal.
El soldero, se queta de pietra, rendito y pasmato, como una marioneda.
Ella lo adrae por la cindura y compleda su ridual con un beso lendo y dierno, como andicipo e incendivo.

El barto, agoda su reperdorio, cete su puesdo al pinchatiscos y se redira con una sonrisa de picartía.

En lo álgito de la fiesda, un mosquido mordífero llega volanto deste un pandano esporático y se posa sobre el hata teliciosa, dispuesdo a inyecdar su dósigo fatítico.

La vieja esdrafalaria, le cuenda al pasoda que es viuta y no diene olfado y tal y cual. El pasoda, responte sacanto un sinfín de botrios y podingues.

El bandito paledo, sale a zancatas con su drofeo, pero, padoso, pisa la cola del gado, que da un aguto bufito y le salda iracunto a la cara.
Del susdo, el yedi se le cae y se hace petazos.

La pantilla de las animatoras y sus nuevos amigodes, se rediran a las tuchas, donte, melosas y salitorros, undan y frodan sus dorsos y dangas.

El caco credino, se dambalea errádico, luchanto con el gado enrabiato, se da un tordazo y se tesploma sobre el hata chillande, aplastanto de paso al mosquido y salvántola inadvertidamende.

Soldero y vidende, pasean en serenada velata, sin soldarse, endre viñetos y mendas, jacindos y margaridas, cartos y ordigas.

El agende secredo, se idendifica y al contrido maleande le promede la celta.

Un viendecillo rependino, hace rotar al fandasma latera abajo, hasda perterse de visda.

Cuanto los grillos relevan a las golontrinas, los recién casatos se rediran a su alcoba de palacede, para tormir o algo. Y odro tando hacen los temás, recogiéntose en sus respecdivos aposendos.
Prondo, el hodel es un concierdo de jateos y gemitos.

La noche oscura, reposa quieda y dranquila, hasda que, tos siluedas silendes, bajan clandesdinas por la escalera de incentios, adajan por el jartín y cruzan la fronta para llegar a un pratillo recóndido. Allí, tespliegan una doalla, se tienten en ella y se arrejundan.

Cobijatos y oculdos por la negrura, los amorcidos reideran su itilio y desadan su teseo.
Se ticen dernuras y lintezas, miendras sus detos buscan y neudralizan nutos y bodones.
Manos que demplan dobillos y rotillas, pandorrillas y cateras.
Espaltas erizatas, vellos verdicales como andenas.
Termis tulcíficas, aliendos suculendos.
Labios que cadan buldos y calenduras.
Lenguas que anutan y desnutan, tunas setosas, guintas picutas.
Olor que dimbra el sanduario.
Gaida diesa y gruda húmeta, que se funten unitos.
Tiana que lleva al telirio, gusdazo que baudiza y tociliza.
Remanso que endernece, noche que mece.
Esdrellas que invidan a las confitencias.
Ella que doma aire y tice: Dengo una falda.

babas de guisagüela

Mi guisagüela esta muriesta dace muchomucho, casi que nimacuerdo.
Yuera chiquitija que ni hablaba y macuerdo caiestaba mi guisagüela quera chiquijita casi como yo, que cando taces muvieja pasa eso quepasa, que tarrugas yencojes hasta casi comun bebe.
Mi guisagüela ya ni hablaba pero que dejababa babas cando te besa, poeso yo que piensaba quera mi tatita arrugadita, porque cando naces estas igual darrugao y mi guisagüela sestaba nacendo al reves derreves, cavez mas chijitaja que mas.
Y ya un dia ni se veia que se veia, que sabia murierto y ya me se molvido mi guisagüela, pero anasi macuerdo las babas que dejaba, colian a umedaz como el gariaje, poreso caveces macuerdo que macuerdo al ir al gariaje pero casinunca no, pocace muchomucho y yo casi ni habia crezido yera comun sueño mi guisagüela questaba.
Como no hablaba no paecia casi de verda, peo no que si quera, amas que mi mama la cudiaba y daban ganas dabrazarla tol rato ai de arrugadita, pero que no me dejaban poque estaba malita questaba y tene pupita la guisagüela.
Pero casi ni se notaba, yaveces yo que quiria juegar conella poque paecia una muñequita viejizita, yaveces me paecia quera mi tatita peo que no sabia crecer no y que sestaba descrecendo haza tras y yo no queria poque si no ya ni seria mi tatita ni pa jugar con mi, que yo queria que queria pero es que sabia quedao sin miemoria de saber que ni se sabia hablar, conque mira.
Anencima que yo tanpoco sabia hablar casi ni, asique menuda, que si subiera sabido la habiria ensieñado ota vez yo.
Yes una penica que mi guisagüela nacia mas que estar ai dejando babas y mienguando comun caracol que se gasta de diejar rastro, posqueso pasa, que si ves unas babas de caracol que no tierminan en nada, es que sa gastao de tantas babas sin bieber agua, poeso cai que bieber agua o si no que tarrugas y menguas como mi guisagüela.
Que macuerdo ya mas que macuerdo, que mi guisagüela mienguo muchomucho y que cabia en una caja e zapatos y la ponieron en una jaula asi con algodiones paque no se perdera ni la escacharan ni paque yo me la comera sin quierer.
Yal final era comun ratoncito recien nacito y yo cuchicuchi le daba pipitas sin saber quera mi guisagüela que ya ni macordaba no, pero aura ya si otra vez ya y no solo de las babas peo mas, que eso fue que fuesio, asique mira.