aviso

Este blog no está recomendado para menores, así que tú mismo con tu mecanismo.

fin del aviso


17 de mayo de 2015

tus copias

Un día cualquiera te levantas por la mañana, sales a la calle como de costumbre, cruzas un escaparate y algo te llama la atención.
Te paras, miras y no ves nada raro allí.
Pero en el reflejo te ves doble. Dos veces. Repetido. Como hermanos gemelos.
A tu lado no hay nadie, así que el reflejo miente. O estás volviéndote majara.
Te olvidas de eso y sigues a lo tuyo.
Días después vas por otra calle y a lo lejos ves a alguien sospechosamente familiar. No le das importancia.
Otro día tienes una intuición extraña y te vas a la otra punta de la ciudad. Callejeas al azar por un barrio que apenas has visto antes.
Al doblar una esquina te topas con alguien idéntico a ti.
Tu doble se muestra igual de sorprendido. No sabes cómo reaccionar y te alejas rápidamente.
Quieres convencerte de que ha sido una confusión, una ilusión óptica o algo así. Pero no se te va de la cabeza.
Vuelves repetidamente a esa zona, camuflado con gafas y sombrero.
Hasta que vuelves a verlo. Discretamente sigues sus pasos. Averiguas dónde vive. Dudas si abordarlo directamente. No se te ocurre qué preguntarle. Algo te dice que es mejor no hacerlo. Desistes.
Vuelves a tu casa. Le das vueltas y más vueltas pero al final lo dejas por imposible y te olvidas del asunto.
Días después, cuando vuelves de comprar el pan, te encuentras con un doble tuyo en tu sofá, viendo la tele. Al instante os enzarzáis en una violenta discusión. No lográis sacar nada en limpio. Los dos pretendéis ser el único, auténtico y verdadero tú. Los dos pretendéis que el otro reconozca su intrusión y falsedad y desaparezca. Pero el empate es insoluble.
No te queda más remedio que adaptarte y tolerar su presencia.
Esto es absurdo, seguramente has perdido completamente la cabeza. Mejor callar y aguantar. Quizás en unos días entre en razón y recapacite. O resulte que todo ha sido un sueño. Ojalá.
Pero no. A los pocos días lo que pasa es que aparece otro doble más. Ya sois tres. Y venga a pelear y a discutir para nada. Menudo rollo.
Luego siguen apareciendo más copias y la convivencia ya es insoportable. Ya pasas de todo y te marchas definitivamente.
Deambulas de un lado a otro sin saber muy bien qué hacer.
No tardas en encontrarte más copias tuyas haciendo parecido.
Es el colmo. Ni aun así te libras de ellas.
Lo curioso es que, ahora que te fijas, no eres el único al que le pasa esto.
Igual no estás loco después de todo.
Pero de todas maneras esto es muy raro. A qué viene esta movida? De dónde salen esas copias? Es una broma demencial o es que se ha ido todo al infierno?
Nadie tiene ni idea.
Al final no queda otra que aceptar la situación y llevarla lo mejor posible.
Si lo piensas, tampoco es tan terrible.
Es más, hasta puede tener su lado bueno.
Tú y tus copias no tardáis en llegar a una conclusión parecida.
Ya no hay rechazo ni hostilidad.
Ahora comprendéis que verdaderamente todos sois igual de válidos y legítimos. Todos sois tú. No tiene vuelta de hoja. Sería estúpido convertiros en vuestros propios enemigos. La autodestrucción no resulta nada apetecible. Ni necesaria.
Empezáis a cooperar.
Aprendéis qué cosas os salen bien juntos y qué cosas preferís hacer por libre.
Todo intento de mandar a los otros para tu holganza no funciona.
Todo intento de someter no funciona.
Todo intento de exigir no funciona.
Todo intento de coartar no funciona.
Cuando tu voluntad se particulariza, tus copias se dispersan y te ves solo ante tu tarea.
Cuando tu actividad vuelve al cauce común, te reencuentras con tus copias.
Solo funciona la sincera naturalidad. Cuando tu corazón está en sintonía con tu realidad multicópica.
La colaboración es espontánea.
El beneficio es conjuntivo.
La forma de vida se simplifica y humaniza. Regresáis a la naturaleza.
Construís un domo. Cultiváis un huerto.
La convivencia es sencilla. Quien importuna es apalizado sin contemplaciones y pronto aprende a tener más consideración.
La paz y la tranquilidad es vuestro estado preferido.
El silencio os envuelve. Breves conversaciones os acercan de tanto en tanto. Aunque no hay mucho que decir, sois tan iguales que ni falta hace.
A todo esto, tu número de copias va oscilando continuamente. Entre media docena y una docena. No se sabe a dónde van las que desaparecen, ni de dónde vienen las que aparecen.
Todas son tú, perfectamente iguales en todo. Nadie tiene la percepción de ser una versión, ni de venir de otro lado ni nada de eso.
Tu vida ha cambiado mucho. Al igual que la de todo el mundo. Nadie se ha librado de esto. Las ciudades se han vuelto reliquias de una civilización pasada. La gente pasea por ellas con nostalgia y curiosidad, pero ya nadie vive allí. Ya nada funciona como antes.
Se acabó la loca persecución por sobrevivir. Se acabó la desesperada opresión. Se acabó la inhumana indefensión.
Tus copias han sido una bendición. Tu salvación. La de todos.
Ahora las comunidades viven tranquilas en la naturaleza. Se saludan y respetan. Comparten gentilmente.
El espacio, la libertad, sana el alma humana, que feliz nada en la inocencia de nuevo.
Y el amor es lo más grande. Imagina. Trece parejas multiplicando su luz. Inmenso. Perfecto. No hay palabras para describirlo.
Es pura magia. Los números siempre coinciden. La química encaja. Tremendo. Solo con eso ya quieres cantar de gratitud infinita.
Y en eso estamos.
Esto es el cielo, tío. Lo hemos alcanzado o lo hemos creado o lo que sea. Ni idea. Pero así es.