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1 de abril de 2010

A verlas venir

A-verlas-venir es una persona sencilla. Mmuuyy sencilla. Tal vez incluso DEMASIADO sencilla.
La única formación que ha tenido es la mínima, la recibida en la infancia.

A-verlas-venir considera que con eso ya es suficiente.
Tras su proceso de 'educación' se ha limitado a seguir el modelo de vida inculcado. Trabajo, dinero, pareja, hogar, familia, más trabajo, más dinero, más cosas (caprichos y tonterías) y, eventualmente, si así lo quiere el aburrimiento o el instinto animal, más familia.

A-verlas-venir únicamente aspira a descansar. Se acomoda en el sofá y mira la tele. Eso es todo.
Pero, por supuesto, no es feliz, pues multitud de cosas y hechos logran incordiar e incomodar su tranquilidad lo indecible.

A-verlas-venir no ha desarrollado un criterio significativo, no tiene capacidad de adaptación. Se aferra a lo que conoce, a su modo de ver y entender las cosas. Nadie le ha dicho que el A-B-C que aprendió en la escuela ya no basta ni alcanza.
El tiempo ha cambiado todas las cosas, pero su esquema tradicional no se ha movido ni un milímetro.

A-verlas-venir no procesa la información, no asimila el contexto.
Así pues, para esta persona todo lo que recibe del exterior es una agresión, un ataque, una ofensa a sus 'valores', a los 'principios' que sustentan su vida.

A-verlas-venir mira las noticias y rabia y maldice y reniega.
No puede evitar culpabilizar, responsabilizar, penalizar a todo el que asoma la cabeza por la pantalla (como un perro que ladra a los trenes que pasan por su lado (tal vez con destino Belleville)).

A-verlas-venir no se anda con chiquitas, no se detiene a considerar las circunstancias. Su juicio es severo, implacable y automático: Todos son unos inútiles y unos malnacidos, que merecerían incruentos castigos, cuando no directamente la muerte.

A-verlas-venir no quiere complicaciones en su vida.
Por eso exige que los problemas DEBEN resolverlos las autoridades de turno, sea el caso que sea.

A-verlas-venir, claro, sufre, padece y nunca encuentra satisfacción valorando lo que posee y de lo que dispone. Tal vez porque jamás mira hacia su interior.
Desconoce por completo sus cualidades y capacidades.

A-verlas-venir funciona la mayor parte del tiempo a base de reacciones automáticas. Incluso sus palabras nacen de igual manera, no hay una inteligencia procesadora tras ellas.

A-verlas-venir resulta pues completamente predecible en su comportamiento y respuestas.
Sus lemas se repiten una y otra vez como en un disco rayado.

A-verlas-venir lleva una vida de lo más elemental, primaria, limitada.
Cada novedad, cada mínimo cambio le supone un amargo trauma, un agotador esfuerzo.

A-verlas-venir no tiene voluntad propia ni capacidad de decisión autónoma. Para cada situación simplemente actúa según su arcaico sistema le dicta que se supone debe actuar.

A-verlas-venir huye de lo nuevo, lo desconocido, lo que se sale de su patrón habitual. La rutina ordenada y previsible es lo más importante para esta persona.

A-verlas-venir siempre cuida y procura mantenerse dentro de los límites de su cuadriculada (encajonada) vida.
Siguiendo su carril acostumbrado puede funcionar a base de simple inercia, casi por completo en modo mecánico, con el mínimo esfuerzo.

A-verlas-venir cierra los ojos ante muchas cosas, evita pensar en cosas preocupantes o inquietantes.
Toda reflexión que requiera un mínimo detenimiento y profundidad es atajada con alguna de sus muchas sentencias simplistas recurrentes (y a otra cosa, mariposa).

A-verlas-venir no elabora proyectos ni planes ni propósitos.
No evalúa ni hace balance.

A-verlas-venir envejece de forma horrible. Considera su deterioro natural como un ataque (otro más) del sistema y de las autoridades sanitarias. Si la gente se muere es por culpa de los inútiles de los médicos.

A-verlas-venir censura todo lo que se sale de sus parámetros.
Desprecia lo diferente, no puede evitar expresar su parecer (siempre negativo) sobre lo que hace y deja de hacer todo el que se menea a su alrededor.

A-verlas-venir no sabe dar solución a sus molestias habituales.
No ve más allá de los síntomas. No comprende, ni remotamente, la parte de responsabilidad al respecto que le corresponde.

A-verlas-venir se mantiene obcecadamente fiel a sus hábitos, a pesar de que sean, claramente, el origen de sus padecimientos.
Así, lo que comienza como un simple aviso de su cuerpo, acaba derivando en un total y completo agravamiento, un desmoronamiento autoinducido, que conduce, sin duda, al colapso y extinción de su propia vida.

A-verlas-venir no atiende a matices. No entiende de sutilezas.
Todo es o blanco o negro. Y tan gruesa (basta) escala hace que su habilidad de examen y ajuste sean poco menos que desastrosas (como un elefante en una cacharrería).

A-verlas-venir sabe mucho de leyes y obligaciones DE LOS DEMÁS, y nada de las suyas propias. Tiende a crearse todo tipo de problemas tontos y generar situaciones absurdas y contraproducentes.

A-verlas-venir no sabe conducirse de un punto a otro con normalidad, más bien se mueve erráticamente a base de bandazos, titubeos, tropiezos, accidentes, indecisiones, extravíos, confusiones, quejas, lamentos, distracciones, increpaciones, maldiciones, etc.
Va a puro de golpes, como si el mundo estuviera mal diseñado para sus movimientos.

Entre sus mayores logros tiene el subir por su propio pie unas escaleras. Bajarlas le resulta mucho más fácil, simplemente se arroja por ellas y se deja caer como un peso muerto.

A-verlas-venir tiene una especial habilidad para lograr autosabotear la realización de cualquier sencillo empeño, antes incluso de empezar siquiera el proceso. Su cerrada inflexibilidad y fijación le lleva a convertir los pequeños detalles en motivo de castigo y tortura para su propia persona.

Un simple hilo, una diminuta piedrecilla, permanecerá ahí incordiándole por los siglos de los siglos. Su mente no acostumbra a destilar soluciones, ni aun para lo más básico.

A-verlas-venir no entiende de dobles sentidos, de significados figurados, de analogías, paralelismos, ni de fantasías ni imaginaciones ni chorradas de esas.
Carece de tolerancia para el sufrimiento, lo cual no deja de ser llamativo, teniendo en cuenta que su forma de ser le proporciona y garantiza en abundancia precisamente eso.

A-verlas-venir gusta de abusar de los placebos y anestesizantes (como dicen los de allende) senso-anímicos, en todas sus modalidades y formatos.

Se regodea en la humillación ajena, concibe la vida como una burda competición. Buenos contra malos. Ricos contra pobres. Listos contra tontos. Vencedores contra PERDEDORES (y, por supuesto, siempre quiere considerarse del lado de los MEJORES. Aunque, curiosamente, la vida se empeña en negarle lo que le corresponde y pertenece por derecho propio).

A-verlas-venir es una persona esencialmente egoísta e insolidaria, no por maldad, sino por cortedad de miras.
Desde su ombligo el mundo no es más que un feo paisaje, y los desdichados son una afrenta a la vista, un insulto a las Personas Decentes y Buenas (las que son como se debe ser), una ofensa al orden y la decencia.

A-verlas-venir sólo sabe de una justicia, la suya.
El mundo está hecho un desastre porque todos son unos idiotas que no saben hacer las cosas en condiciones, como tiene que ser, como manda el sentido 'común' y el 'orden' de las cosas.

A la naturaleza le pasa tres cuartos de lo mismo, se ha vuelto loca, ya no hay quien la entienda. Antes todo era normal y funcionaba bien, pero hoy se ha puesto tonta, todo está desordenado y mal. No se puede comprender, es raro, no tiene sentido nada de lo que pasa (y si alguien tiene la culpa son los ecologistas).

Yo no sé... (este es su lema estrella, la punta del iceberg de su ciega, terrible y tremenda ignorancia, prejuzgante, excluyente, paralizante, inhabilitante, atrofiante, deformante. Nada que ver con la apertura ACTIVA e integradora de la duda inteligente.)

A cuento de qué hay tanta desgracia, problemas y muerte? (Por qué se muere la gente? Es que no se dan cuenta de que eso es malo? Es que no ven que luego tenemos que tragarnos sus miserias en las noticias los demás? Es que no saben tener MÁS cuidado? La gente es tonta con ganas, oye.)

A mí que no me vengan con historias, yo no he hecho nada, yo no tengo la culpa de NADA, el que haya estropeado las cosas que las arregle.
A mí que me dejen en paz, yo sólo quiero hacer lo de SIEMPRE y que me siga funcionando, que me sirva igual que antes.

Y me cago en sus muertos si no me ayudan a que mi vida sea mejor. Me lo deben, es su obligación! Yo he trabajado toda mi vida para ELLOS y ahora dejan que los inmigrantes de mierda me roben lo que me pertenece.
Aquí hace falta alguien que los tenga bien puestos y que ponga las cosas en su sitio, tal y como eran antes.

Y qué vergüenza con los terroristas, los piratas, las guerras y todo eso! Cómo PERMITEN que existan esas cosas? Qué poca vergüenza. Deberían estar prohibidas, como muchas más cosas. Para eso hacen tantas leyes? Y luego los jueces hacen lo que les da la gana! Y todos los negritos que se mueren de hambre, qué? Es que NADIE va a hacer nada?

Y qué pasa con los médicos que tardan tanto en curar el Cáncer? Me cago en la mierda! Qué bonito, no? Que la gente tenga que morirse por su culpa. Más les vale que a mí no me toque, porque si no... se van a enterar esos!

Y qué pasa con los de las pateras, están tontos o qué? Para qué vienen? Aquí no hay nada para ellos. Luego todo son quejas y problemas... Ah, idiotas! No haberos marchado. Qué pensabais que ibais a encontrar, eh? No hacen más que perjudicarnos a los demás. Que se vayan a su país y que se dejen de joder a los demás. Eso es lo que tienen que hacer, que te lo digo yo.

El que tenga problemas y sea un desgraciado que se aguante y se fastidie, como hacemos todos...

(...así hasta el infinito.)