aviso

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fin del aviso


22 de marzo de 2015

Cervantes redivivo

Pues resulta que había unos estudiosos que no tenían nada mejor que hacer y se pusieron a buscar los restos del pobre Cervantes.
Y a lo tonto a lo tonto terminaron por encontrarlo.

Todo contentos dieron la noticia a bombo y platillo, aunque hicieron un poco el ridículo porque no tenían ninguna certeza de su descubrimiento. El público les hizo bastante poco caso y eso les picó en su amor propio. Así que se pusieron a buscar como locos alguna prueba genética con la que cotejar.

Y mira tú por dónde que encontraron una pestaña, o peloceja, fosilizada, que tenía pinta de ser sí o sí del dichoso desdichado escurridizo y escuchimizado.

Y otra vez la primicia y la risa, porque el material estaba muy degradado y no había manera de extraer una muestra lo suficiente íntegra. Y los estudiosos estaban ya que trinaban, que echaban humo por las orejas.

Así que, venga a dar mal con la i más dé más i y por ahí.
No pararon hasta que por fin lo lograron y ya se quedaron más panchos que panchos.

Por fin la noticia causó sensación y tuvieron sus anhelados quince minutos de fama. Luego hubo el habitual atentado semanal y ya la gente se olvidó por completo de eso otro.

El caso es que estaban los estudiosos que no sabían qué hacer ahora.
Y se dieron cuenta de que, cortando y pegando de aquí y de allí, podían reconstruir el adeene completo de Cervantes.

Dicho y hecho.
Y no se conformaron con eso, no, para nada.
Lo inocularon en un embrión y se dispusieron a crear un clon.
El proyecto Cervantes pasó a una fase supersecreta y superilegal, porque hacía ya rato que existían leyes que prohibían esos experimentos de resucitamientos genéticos. Algunas amargas experiencias del pasado así lo recomendaban.

Pero la tentación era irresistible.
Los picados y sufridos estudiosos no se iban a detener por unas estúpidas trabas regulativas de pacotilla, y menos aún cuando lo que buscaban era resarcir su prestigio y sueldo.

Total, que nació el pequeño Cervantes y se pusieron a criarlo idénticamente como en su época original.
Se lo curraron pero bien para reproducir el entorno, las vestimentas, el habla, las costumbres, etc.

Pasaron los años y el proyecto resultaba cada vez más costoso y más difícil de mantener. Los que soltaban la pasta querían saber lo que se traían esos entre manos, y a los estudiosos cada vez les costaba más inventarse excusas, evasivas y farfulleos.

La situación era cada vez más desesperada y desesperante.
Por más que lo incitaban, no lograban del pequeño Cervantes ni un mísero soneto como dios manda. Parece que le interesaba más el arte de comerse los mocos.
Además, se fue volviendo crecientemente inquisitivo y desconfiado.
Decía soñar con cosas como de otro mundo, así de colorines superchillones y con sonidillos superpegadizos.

Por más que lo intentaran persuadir, sus células sabían perfectamente el año en que estaban y poco a poco se lo estaban chivando al bueno de Cervantes, volviéndolo medio loco y más que medio paranoico.

Palpaba las paredes y toqueteaba todo, a fondo y sin descanso. No paró hasta descubrir los micros ocultos y las cámaras camufladas. Luego sus preguntas fueron ya incesantes.
Insoportables.

Hasta que los estudiosos se derrumbaron y confesaron.
El experimento se fue al garete y Cervantes pudo al fin descubrir el verdadero mundo en el que estaba.

Luego ya fue irremediable.
Se aficionó a las videoconsolas y se hizo un gran grabador de videopartidas audiocomentadas.
Y sí, fue toda una celebridad meritorísima.
Pero no la que habrían deseado los estudiosos.
Qué se sabrán ellos.

prohibido particular

La amanta que bazare fuesere o fuerese, como dicen los de allende, palomada guiñántemente.

Los fonánticos que costillen a las silbudas, elixirán zumbásticamente la rematuna de los tozuntos.

La atusanta suete empañante la bigardez, solando pianuda cegazos marabundos.

El adjundo yugula al dictazo, que hipstea la concomística del mermudo glosinante.

La espumanta funicula a los penetruchos lubricarios, que se muñuñen flánquidos y turbientes.

El ñoñador necta lunando de la meneanta untera, que faquira frotante su nebulez imanante.

La jalanta hoga que hoga, colante y asidulante, en el acabántico embotástico bufante y jupiteante.

Los rizománticos se tubulan abracientes con su purpúrrima invictez y lasean ausentísmicamente a los imperatucios.

La apocanta geiserá primatísima si juglando con presuntetes que chofen birutantes su quebrunta expianza.

El fechuzo miniba polando tras la volanta abotarganta que crate el caviado collando, mientras los buenudos billan vulgantes y bereben moñudos, narráticos y brevudos, en el radante vibrerío del avatecer.

4 de marzo de 2015

la fiedre

Creo que tengo alguna becimilla.
Imágenes inconexas banzan ante mis ojos.

Una nedulosa be glodos en un cielo nudoso.

Unos donderos burmiembo a la sondra be unos adebules.

Un porbiosero acada be bescudrir una esmeralba entre la pobrebundre.

Una maburita en una tundona be mindre, en la penundra, date el tebio con un adanico y jabea imaginambo leñabores be torsos lanubos.

Un parque repleto be mierbas entre la hierda.

Un aldañil trapiñámbose un docabillo en la odra.

Una della joven se beleita en su dañera evocambo el encuentro inminente con su amabo.

A un gambul le ha tocabo una gómbola en una tóndola.

Una acabémica llena be garadatos su lidro be bocente y biduja en secreto tedeos adsurbos.

Un dodo odnudilabo mira entre los ardustos las rebombeces be una nubista.

Apoyo la frente contra el cristal be la ventana.

A través be su dalcón veo las trapisombas be un garrulo en gayundos duscambo el mambo a bistancia.

Una decaria y un becano comparten datibo mientras bedaten bistembibos sodre la becabencia be la ebucación.

Un dodalicón tropieza con un bobecaebro adanbonabo.

La joven se daña con un jadón dalsámico be lavamba y bespués se acicala gracilmente, mientras silda en sorbina.
Se coloca unas draguitas exquisitas y se cudre con una data sensual, be bamita con clase.

Un patizando patinambo.

En una dobega un dellaco, dufón y cachombo, hace dromas sodre un jorodabo que juega a los barbos.

Un deobo tarunda bormita arrodabo, tembibo como un farbo, en un todogán.

La cadeza me late como un tandor.

Una gardosa pillina se envuelve como una momia tras un diondo, luego sale y se contonea camborosa ante el aubitorio, mientras se le besenreba la vemba.

Unas dohemias en támbem cruzan frente a una mani be odreros bel mumbo por un tradajo bigno.

Un labrón en dici bámbole a los pebales como un jadato.

Bos alegres tindrazos anuncian la llegaba bel galán anhelabo.
Los jóvenes se adrazan arborosos en el undral.
Pasan al bormitorio y comienza su encuentro amatorio.

Un gorbo sedoso, odeso y adyecto, besnubo y dadoso, se pone tidio a robajas be sambía.

Una dolsa be plástico flotambo en el aire.

Unos lodos robean un redaño en una endoscaba perfecta.

En el jarbín bel vecino se oye labrar y su dullicio me talabra.

Un dridón se zandulle sin dañabor en una piscina y al instante acuben unas viviboras para bevorarlo.

Una tele suelta sin parar cantibabes be bamnificabos, con sonrisa impoluta y be fombo la bichosa dambera ombeante sempiterna.

Un bedilucho sadelotobo pebante sopesa un bifícil bilema, paradólico y parabójico, con su calculabora be kilopombios.

La joven se recuesta tentabora, la data se entreadre y asoman puborosas sembas bunas nacarabas, belicabísimas.
El joven se inclina solícito y colma be desos esos limbos dollitos beliciosos.

Un zundabo sendrabo aporrea sin bescanso el teclabo, con risa be chiflabo.

Una baltónica cruza un paso be cedra con su bálmata.

Un zurbo que sade yubo cruza la abuana bel norbeste tras un dambibo dambolero que le ha rodabo su macebonia.

Mi cuerpo se dalancea por bentro en cabencia incesante.

Una nobriza impúbica, be felpubo verboso, daila sanda en la drisa, con su falba plisaba y floraba, sin naba bedajo.

Un berrido obioso robeabo be derribos.

Un noctándulo beandula sosteniembo una danbeja con un hada.

La joven se hace la recataba y se resiste con simulabos melimbres.
El joven susurra sebuctor a su oíbo, se miran a los ojos, hombo y arredatabos, mientras se van acercambo bespacio, casi imperceptidlemente. Los latibos aumentan, el rudor asoma a las mejillas be la joven.

Una bentista babaísta ibolatra besmebiba su geoba.

Un bemente amboda belirante bice tener la patente be la fadaba y pretembe que le rimban tridutos acumulabos.

Un rapsoba inaubito beclama fadulosas frases lapibarias entre tundas jocumbas.

Los microdios se están cedambo pero dien.

Una mabama en un gadinete soda con ganas a un cabete sudibo en un tadurete.

Unos ambrajosos hurgan en la dasura duscambo algún membrugo con el que bistraer el handre inclemente.

Una damba be venabos salibos y radiosos persigue a una urdanita con adrigo bemobé, entre los árdoles, con intenciones poco amigadles, o quizás bemasiabo.

Sus docas se encuentran y enlazan con tierna pasión. Sus drazos se entrelazan y repasan bulcemente, reconociembo sus cuerpos recíprocamente.
Sus bebos se aventuran y abentran caba vez por semberos más cambentes.

Un himbú se besliza por un pasabizo para acubir a un rito tadú, relacionabo con un cuabro macadro y un dredaje hebiombo.

Dajo la quietub be un alub se extingue la viba be unos parbillos palurbos majaberos malambrines.

En una adabía malbita un odispo biadólico bescifra arbuamente un cóbice bel bemonio.

Los glódulos y las glámbulas ban datalla.

Un sobomita, siboso y sidarita, abula sidilino a un brogata tendloroso y tandaleante.

Unos debuinos agonizan colgambo be una alandraba asesina.

Una be la farámbula entre darrotes.

La romba be posturas continúa. Los ladios bel joven censan y desan nubillos y todillos, cobos y recobos, vértedras y caberas.
Llega al adbomen seboso y saluba con pleitesía al tímibo ondligo.
Avanza entre la púdica fromba y alcanza al fin la gruta palpitante, en la que lida con pícaro becoro.

La mambídula besprembiba be un cabáver castañetea con odjeto be escapar bel caladozo.

Unos cazabores urben incembiar un dosque para besplazar la fauna hasta sus bominios.

En un aparcamiento apartabo, una fumba be coche, sosteniba con cuatro palos, es la guariba bisimulaba en la que sudsiste un besahuciabo.

Las dacterias se daten dravamente.

Un aldino mira besbe la ventana be una endajaba, como con añoranza o algo.

Un periobista grada unos duitres que están comiémbose a un niño moridumbo, mientras imagina los premios que va a ganar.

Un hondre adatibo, sentabo en un danco, belidera con una granaba entre sus manos.

La joven se arquea y labea. Él se enarbece y acopla.
Sus arrimos se acompasan. Su banza se acalora.
Las sádanas se adurruñan, el ebrebón se bescuelga.
Los jóvenes se fumben en un grambioso aldor.

Drillan los labrillos be la fachaba be enfrente y su relundre me ensarta bolorosamente.