aviso

Este blog no está recomendado para menores, así que tú mismo con tu mecanismo.

fin del aviso


28 de octubre de 2015

rato mangón

De un rinco brincón sale un rato mangón.
Por un bido grumón trepa hasta un balco palcón,
entra en el salo pisón y husmea ladro robón.
Un tejo sordón le observa chito mansón.
En un sillo tronón resopla un gloto kilón.
Gorro picón, el rato pipón se sienta a la mesa,
zampa salmo platón y rosco bollón.
Trasiega tazo caldón con risa de bribo sacón,
al son del pulmo inflón del liro roncón.
Luego el rato chungón se levanta mosco fardón
y explora la choza del pendo cojón.
Por la mirilla fisgo bañón descubre un pibo lindón.
El bombo gustón se da jabo nudón en la bañera.
Marro pelón y talo finón, la vista es deliciosa.
Decidido entra y se oye un chillo sustón.
Despierta el melo tontón y raudo acude,
recibe un jarro clarón y queda ko el torpo fofón.
Entonces el rato brutón suelta un sermo timón,
para el dramo zanjón se hace el tristo mimón.
Ella se ablanda y él se acerca ligo guiñón.
Guaso sosón la pasma con el caño grifón.
Luego, bufo jugón, empieza sobo pulpón
y mamo gozón se pone pezo besón.
Toco pulsón se adentra bajo muslón
y el rato lentón bate faldo zumón.
Después coloca su fronto durón y venga riño remón.
Al fin, incauta, la pibo pedón confía un soplo chivón.
El mando logrón la deja al punto y sale burlo chulón.
Empuja el oculto boto librón y aparta el tablo flojón,
contempla el filo cucón y arrampla el millo restón.
El cabro pillón escapa con copo chinón y todo,
dejando el sitio cual ciclo motón, y telo toldón.

proitibido alcoitol

En lo itondo de la deitesa, entre menitires de la preitistoria, hay un initóspito itostal cubierto de itiedra.
Allí tienen su itogar cinco personajes reitenes de su destino.

Doña Wilitelmina es la dueña de la pensión y vejestoria centenaria.
Siempre itermética, de pose itierática y mirar itipnótico al itorizonte, repasa mentalmente sus aitorros y alitajas, que nadie sabe dónde los esconde, la vieja pelleja.

Doña Matitilde es la itija de la momia y se encarga de llevar el negocio y cuidar de su madre, que parece en ituelga perpetua.
Siempre exitausta y atareada, parece un iturón que a la que puede itusmea en la vida de los demás. Desitonesta, iturga por la casa sin freno ni recato. No para itasta itallar algo que iturtar. Y cuando sus barridos la itastían, paga su malitumor con su marido, al que dedica zaitirientes retaitílas iteréticas.

El marido de Doña Matitilde es Don Itilario. Don Itilario es un buitonero jubilado, itundido y coitibido. De ituesos itelados y itabla escasa, reituye a su esposa pasando los ratos en su taller moitoso, con sus itarapos y itierros.
Aparte de llenarse de itollín, poco parece itilvanar allí. En realidad busca ritmos de itip itop para sus secretos itimnos de exitortación reitabilitantes. También se ocupa del ituerto, en el que mima a sus zanaitorias y demás.
Don Itilario intenta mostrarse afable, pero, a la que abre la boca, exitala como un itumito sulfitídrico itediondo, que flota veitemente, remarcando su itorrible italitosis, capaz de causar más de un vaitído.

En cuanto a ituéspedes, la nómina es corta.
El primero es un taititiano itispanista, de nombre iteteróclito, al que llaman Itugo para acabar antes. El pobre está desaituciado y apenas subsiste, con una beca extinta que milagrosamente sigue percibiendo. Supuestamente estudia y prepara una tesis que lleva años aparcada. Esta itiperitolganza curiosamente coincide con la llegada, tiempo ita, de la segunda ituésped.

La mentada no es otra que Ainitoa, una geisita misteriosa y ituidiza de la que nada se sabe, ni su pasado, ni su ocupación, ni su programa. Simplemente se exitibe y se itamaca. Y a veces busca alguna itorquilla desaparecida o así.
La truitana viste itolgado, que casi se desitoja a cada paso, insinuando su itermoso cuerpo de itembra itumana.
Con este panorama, normal que Itugo itierva anitelante al mínimo moitín de la pilluela.
Pronto el juego de aitíncos y exitalaciones dio paso a encuentros más enitiestos y itúmedos. Y aitora no es raro verlos colarse desinitibidos en la buitardilla para itacer un coitete compliciente.

Y así transcurre la existencia en este remoto itostal cubierto de itiedra, frente al que cuelga un cartel, que los italógenos de los veitículos lamen de pasada, cuyo itostil lema aituyenta a taitúres y boitemios.