aviso

Este blog no está recomendado para menores, así que tú mismo con tu mecanismo.

fin del aviso


31 de diciembre de 2013

caso resuelto

Me enfrento a mi caso más difí-
el gato, era el gato, ojalá 
cil, no encuentro las gafas, 
tuviera todavía a mi secre-
si mi experiencia no me en-
taria, esto no me habría pasado, 
gaña no pueden haber ido muy le-
era muy buena solucionando 
jos, son muchos años investi-
problemas, y también en la ca-
gando como para no saber esto, 
ma, dichosas finanzas, por su 
ya las conozco y sé muy bien có-
culpa perdí una gran ayuda, va-
mo actúan, no te puedes fiar, 
mos, no te distraigas, sigue 
parecen de lo más inocentes pe-
buscando, se está haciendo tar-
ro al mínimo descuido te la 
de, no tendría que haber e-
juegan, las muy traidoras sa-
chado esa cabezadita, ahí ha em-
ben que sin ellas estoy desnudo, 
pezado todo, así, muy bien, 
se me mezcla todo y ya no sé 
sigue con eso, recuerda lo 
ni lo que veo, tendré que re-
que hiciste antes, estaba abu-
currir a toda mi capacidad de de-
rrido, haciendo tiempo para la 
ducción, mi olfato nunca me ha 
hora del papeo, me las qui-
fallado, aunque el trancazo no 
té para masajearme el entre-
me ayuda nada, delante de mí 
cejo, miraba al techo, y ahí 
tengo el escritorio, esta es 
me quedé seco, se te tuvieron 
mi máquina de escribir, un bo-
que caer al suelo, tienen que 
li para la sopa de letras, el 
estar por aquí, no pueden ha-
periódico, el abrecartas, ya 
ber ido muy lejos, vamos, boni-
he tirado algo, ha sonado a ro-
tas, salid de vuestro escondi-
to, espero que no sean las 
te, sé que estáis ahí, salid 
gafas, ay, me he cortado en el 
de una vez, no me hagáis en-
dedo, porras, era la bola pi-
fadar, que no tengo todo el dí-
sapapeles, ya no nevará más so-
a, mama mía, y si no las encu-
bre París, lástima, era un bo-
entro? no puedo andar así por 
nito recuerdo, luego tendré que 
la vida, a la que doy dos pa-
recoger el agua, si se ente-
sos me mareo, dando tumbos co-
ra el casero me mata, además 
mo un loco, me encerrarán, aca-
que ya le debo algunos meses, 
baré en un asilo, estoy per-
no hay que darle motivos, me-
dido, será mi ruina, dios di-
jor lo empapo ahora como pue-
os dios, por lo que más quieras 
da, este trapo me servirá, vaya, 
te lo pido, ayúdame, haz que a-
qué mullida es esta tela, de 
parezcan, sálvame, sácame de 
dónde habrá salido? aah! unas 
esta pesadilla, seré bueno, lo 
uñas se me clavan en la mano, 
prometo, dejaré de morderme 

las uñas, lo juro, aquí están,
milagro, las tenía encasquetadas
sobre la cabeza, menos mal,
ya veo de nuevo, gracias al cielo,
uf, qué mal rato…

retícula

Soy de nuevo estudiante jovenzano, estoy en la escuela de arte, terminan las clases por hoy, doy muchas vueltas buscando mis carpetas, que pesan y abultan, de paso veo una exposición de alguien que ha triunfado haciendo garabatos emborronados, muchos se muestran críticos y tienen envidia, a mí me gusta la idea y reconozco su fortuna, pero no apruebo que sobredimensione y explote su hallazgo, pues eso le acerca a ligarse y contagiarse de los corruptos, hablando de corrupción, ya andando por la ciudad, resulta que han quitado nuestro autobús porque piensan hacer pasar por ahí una autopista, idea absurda a más no poder, pues las calles son harto estrechas y tortuosas, así que ya me dirás, total que tomamos otro bus que más o menos sabemos nos puede dejar medio cerca de la estación de tren, el bus está hasta los topes pero logramos sentarnos, ahora, y solo mientras dura el trayecto, es de noche y suena una música, cierro los ojos y recito la letra, mis compañeros y una señora que está a mi lado responden y continúan a lo dicho con sincera emoción, eso ha sido muy especial para todos nosotros, algo nos ha tocado muy hondo, algo sencillo pero significativo que ya no me acuerdo lo que era, luego nos bajamos en una parada que resulta más alejada de lo que nos habíamos pensado, cruzamos por dentro de un centro comercial totalmente vacío de gente y objetos, ni puertas ni estantes ni nada, un gris laberinto de pasillos interminables y solitarios, luego subimos por unas escaleras y salimos al aire libre de nuevo, estamos en una parte elevada de la ciudad y para llegar a la estación tenemos que atravesar varios jardines que parecen privados o así, lo que está claro es que no hay ninguna calle que lleve hasta ahí abajo, así que me adentro en el primer jardín y noto que algo raro está pasando, hay una extraña acumulación de diversos pedestales bastante básicos sobre los que descansan bustos animales o remates geométricos simples y elementales, sin demasiado valor estético ni material, pero que están completamente recubiertos por una capa irregular, de dos dedos de grosor aprox, de una especie de telaraña atípica y volumétrica, parecida a las celdillas poligonales que forman las burbujas de jabón cuando se apelotonan, pero sin burbuja alguna en este caso, solo los hilos imitando esa estructura, lo más surreal de todo es que da la sensación de que esos objetos han sido transformados por esa insólita redecilla de procedencia desconocida, como si previamente esas estatuas hubieran sido seres vivos o cualquier otro objeto cotidiano y esa cosa inexplicable los hubiera convertido en esto otro, así que, mientras voy avanzando entre semejante batiburrillo enmohecido, capto cada vez más vivamente la amenaza que supone y representa esa fungosidad incomprensible y delirante, intuyo y adivino sin duda alguna que se trata de una epidemia imparable que se extiende velozmente, al instante siento cómo el aire todo a mi alrededor se cuaja de esa telaraña, que llena de pinchacitos mi piel al completo en los puntos de contacto y ya no me puedo mover ni un milímetro, despertándome de golpe por la impresión que me produce eso.

la chuleta perfecta

De cómo las hamburguesas vencieron a los móviles.

Pues resulta que con tanta tecnología la gente se estaba volviendo lista, o menos tonta, y estaban cambiando sus costumbres alimentarias. Eso fue bueno para su salud y malo para el negocio de las hamburguesas.

Así que las hamburguesas no estaban nada contentas. Se gastaban una pasta en anuncios, se esforzaban por ofrecer la mayor calidad y el máximo de garantías, regalaban mil chorradas para atraer clientes. Todo para nada, su parte del pastel menguaba inmisericorde y sin tregua.

A la desesperada contrataron a un experto inexperto. Bueno, eso, el típico listo recién titulado. El mejor de su promoción, para más señas. Casualmente familia del jefazo, casualmente.

Pues bueno, el pipiolo va y presenta un plan descabellado a más no poder. La inversión y el esfuerzo eran demenciales. Se lo jugaban todo a una carta. Además, se estaban quedando sin margen de maniobra a marchas forzadas. Así que le dieron luz verde.

De la noche a la mañana las hamburguesas se deshicieron de todos sus contratos cárnicos y a cambio construyeron unas mega-instalaciones bioquímicas, vamos, unos laboratorios del copón, mazo grandes y punteros.

Allí producían como por arte de magia la materia prima para sus hamburguesas. Y no solo eso, encima habían encontrado la manera de mejorar sus propiedades, y no solo las organolépticas.
No sé cómo, los tíos habían conseguido que el alimento modificara tu organismo. Y eso tenía interesantes aplicaciones.

Básicamente podían fabricar cualquier hamburguesa que activara o desarrollara cualquier tipo de propiedad o habilidad humana elevada a la máxima potencia.

Pero se guardaron muy mucho de ofertar las cualidades más importantes. Más bien se centraron en todas aquellas que les permitían competir con los móviles.

Empezaron poco a poco, con metas discretas y humildes.
El primer gran éxito fue la calcu-burguer.
Los críos estaban como locos con ella. No es para menos, claro. Con un consumo moderado y frecuente, te proporcionaba todas las habilidades de cálculo de una máquina. Y luego ríete tú de las matemáticas.
Después vinieron la lengu-burguer, la mnemo-burguer, la gimno-burguer, en fin, el sueño de todo retaco.

Luego pasaron a otras más de ocio y tal, psicodelia, telepatía, sinestesia, levitación y más flipadas tope flipantes.

Con esto, las hamburguesas conquistaron y se zamparon por completo el mercado que les habían robado los móviles. Ya nadie se acordaba de esos aparatos. Para qué? Si podías hacer todo por ti mismo y sin ningún trasto o cacharro.

Y así fue que pasó. El experto tuvo suerte y le salió bien la jugada, así que se ganó un buen sueldo y un peazo despacho. Lo malo fue luego, cuando empezaron los problemas y las complicaciones.
Pero eso ya te imaginas cómo terminó. Lo típico de siempre, para qué te voy a contar.