"Sin amor no hay libertad, sino egoísmo que es el infierno."

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23 de febrero de 2026

los muertos también votan

Cuando la tecnología es indistinguible de la magia, es que la ignorancia abunda.
A todo el mundo se le caía la baba con cada nuevo logro cacharrístico.
Pero nadie supo anticiparse al desastre que eso traería.
Bastó una estúpida carambola para mandarlo todo al carajo.
La gente estaba muy quemada.
Los políticos se dedicaban a amargarnos la existencia con su asquerosa palabrería y su maligna perfidia.
Hasta que pasó lo que tenía que pasar.
Alguien le quitó educadamente la vida al señor presidente.
Unos se alegraron muchísimo y otros se cabrearon ídem.
Entonces, un notario dio lectura a sus últimas voluntades.
Y ahí se supo el regalito que nos tenía guardado.
El mensaje venía a decir que ya era hora de que los muertos pudieran votar.
Sus sucesores en el poder se apresuraron a instaurar semejante chaladura.
Gracias a la informática avanzada, se crearon copias virtuales de los fallecidos.
Claro, no de todos.
Porque se necesitaba como mínimo un registro oficial y alguna imagen certificada del respectivo interfecto.
Así y todo, fueron un montonazo.
Tantos como para sobrepasar holgadamente a los vivos.
Y ahí empezó el problema.
No hace falta ser una lumbrera para comprender que esas emulaciones digitales no eran verdaderas resurrecciones ni nada de eso.
Todo era un teatrillo, pero las autoridades le daban viso de realidad.
Una cosa llevó a otra, y pronto el poder quedó en manos de esas fotocopias parlantes.
Las leyes que promulgaron fueron super catastróficas.
A un ente virtual le importa un bledo el padecimiento de los vivientes.
Por fin la gente reaccionó y se montó un lío de dos pares de narices.
Pero lo único que se logró fue un extraño ajuste en el sistema electoral.
Se estableció que sólo se podía emitir un voto por familia.
Que dicho voto debía formalizarlo el antepasado más antiguo.
Y que sólo se haría efectivo tras alcanzar un consenso en la familia respecto a todos los temas sometidos a escrutinio.
O sea, que los votos familiares iban apareciendo esporádicamente.
La mayoría de las familias se negaban a participar en semejante circo.
Pero luego veían el terrible rumbo de los acontecimientos y se enfrascaban desesperadamente en dicho proceso.
Con la urgente necesidad de salvar el pellejo in extremis.
Así, mal que bien, iba todo a bandazos y trompicones.
El gobierno, con fría indiferencia, hacía y deshacía según el criterio imperante a cada momento.
Había una crueldad despiadada en la manera en que las cosas cambiaban de un día para otro.
Era como si alguien hubiera metido en una coctelera todas las teorías socio-económicas y te obligase a catar todas las combinaciones posibles.
Ya nadie sabía a qué carta quedarse, ni qué camino tomar.
Era demencial.
Los que peor lo pasaban eran los de las clases altas.
Los privilegiados, los enchufados, los acomodados.
Muchos no soportaban verse expulsados de su edén particular.
Preferían morir.
Y pasaban a engrosar la plantilla de los muertos pseudovivientes.
Pero, no hay mal que por bien no venga.
El mundo parecía estar autofiltrándose.
A un lado las sabandijas, y al otro los mansos.
Los vivos tuvieron que espabilar bastante.
Cuando sufres en tus carnes las consecuencias de una mala idea, aprendes a poner más cuidado.
Así pues, las familias empezaron a debatir largamente con sus dizque antepasados.
Fue un trago amargo y penoso.
Porque cuanto más profundizaban en el conocimiento de aquellos seres virtuales, más patente era el desalmado egoísmo que los articulaba.
Buscaron todas las formas posibles de ganarse su favor.
Pero lo único que consiguieron fue avivar su maldad.
No puedes sobornar a una entidad intangible.
Nada hay que quiera ni necesite.
Sólo le divierte ver el sufrimiento reinante.
Algunos insensatos quisieron prestarse a ello.
Y lo que consiguieron fue autodestruirse.
La mayoría comprendió que dialogar con esos seres era tiempo perdido.
Asique desistieron de ello.
Poco a poco, las personas sensatas fueron abandonando sus dispositivos y desatendiendo a los fantoches virtuales.
Entonces, los atropellos institucionales cesaron y la vida volvió a ser humanamente transitable.
La solución era tan sencilla que parecía mentira.
Lo demás fue la clásica brega de siempre.

7 de diciembre de 2025

el cuento de los tres cerditos tontitos

Había una vez tres cerditos tontitos que vivían felices y contentos en su casa de ladrillitos.
Y también había un lobo feroz que se moría de ganas de zampárselos.
Lo normal era que los lobos se comieran a los cerditos.
De vez en cuando, con disimulo, cazaban uno y se lo repartían.
Los cerditos no le daban importancia a esas desapariciones, se imaginaban que los ausentes se habían ido de repente a viajar por el mundo; y se quedaban tan panchitos.
Pero el lobo feroz no se conformaba con esto.
Por alguna causa, era capaz de ver más allá que los demás.
Y no paraba de imaginar un futuro en el que los cerditos vivieran en granjas, totalmente a merced de los lobos.
Esta idea le obsesionaba grandemente y le hacía salivar sin parar.
Tanto es así, que algunos cerditos huían asustados sólo con verlo.
Y digo 'algunos', porque cada cerdito tenía su propio grado de tontez.
La mayoría eran tontísimos, otros eran medio tontos y unos pocos eran algo menos tontitos.
El caso es que el lobo feroz estaba loco de ganas de alcanzar ese mundo ideal soñado y anhelado.
Por eso se devanaba los sesos buscando la manera de realizarlo.
Y después de mucho porfiar y cavilar, trazó un plan maestro.
Se lo expuso a sus hermanos y los implicó en su aplicación.
El primer paso consistía en regalarles una radio a todos los cerditos tontitos en sus casitas de ladrillitos.
A los cerditos les encantó ese regalo, pues disfrutaban mucho cantando y bailando con la música de la radio.
Pero la diversión se cortaba a cada hora, para dar paso al parte noticiero.
Las noticias eran un rollo tremendo, porque siempre estaban llenas de problemas y desgracias.
Esto inquietaba bastante a los cerditos, que no sabían qué hacer al respecto.
Entonces, los lobos se ofrecieron a ocuparse de esos asuntos.
Y a los cerditos les pareció superbien la idea.
Pero en realidad eso no hizo sino traer más complicaciones.
Las noticias seguían siendo igual de terribles.
Ahora con el añadido de las controversias en las que se enzarzaban los lobos.
Los cerditos no comprendían nada.
Se supone que los lobos iban a solucionar los problemas.
Pero cada día eran más las adversidades, cada vez mayores, más graves y más acuciantes.
La radio no dejaba de taladrarles sus tontitas cabecitas con disputas y polémicas.
Ante tan machacona matraca y hostigamiento, a los cerditos no les quedó otra que posicionarse.
Por supuesto, la radio les proporcionó la pauta y el ejemplo para ello.
Así pues, cada cerdito se declaró rojo, azul o de otro color, según su opinión.
Hay que admitir que lo de los colores fue una idea brillante por parte de los lobos.
Porque es una manera muy comoda de definirte; y porque envolver las ideas en colores garantiza la discordia.
Lo de escuchar y considerar al prójimo, es un incordio y un engorro; mejor etiquetarlo con un color y a correr.
Los tontitos preferían lo fácil, asique esto les venía como anillo al dedo.
Por eso se pusieron a discutir, culpándose unos a otros de los males que les acosaban.
Los lobos restauraron la paz, asumiendo el orden y mando de la región.
Total, que los lobos se apropiaron de las casas de ladrillo y reubicaron a los cerditos en casitas de madera.
Los cerditos pensaron que así se apaciguarían las cosas.
Pero no.
Cada día amanecía con nuevos problemas pregonados por la radio.
Era como estar sumidos en una pesadilla delirante y monstruosa.
Muerte y peligros por todos lados.
Menos mal que los lobos estaban ahí para decirles a los cerditos lo que tenían que hacer.
Los cerditos obedecían ciegamente, porque habían visto lo que les pasaba a los insumisos.
Los lobos tenían un pronto sanguinario y era mejor no buscarles las cosquillas.
A la postre, daba igual lo mucho o poco que los cerditos se esforzasen.
Los líos y las trifulcas seguían abundando.
Era de locos.
La maraña de normas, prohibiciones y cortapisas no dejaba de crecer.
Curiosamente, nada de eso parecía servir en realidad para poner remedio a los tormentos que apabullaban y acorralaban a los cerditos.
Infinidad de amenazas y desastres seguían asediando su conmocionada pervivencia.
En cada esquina acechaba un enemigo invisible.
Los pobres tontitos no podían soportar esa angustia incesante.
Por suerte, los lobos habían inventado un pinchacito que te quitaba todas las preocupaciones.
Las calles empezaron a estar llenas de cerditos alelados, sin rumbo ni empeño.
Y la radio venga a gritar, chillar, ladrar y rabiar.
Ya no se andaba con retóricas ni tapujos.
Su mensaje era cruel y directo:
Tú tienes la culpa; todo esto es por tu grandisísima culpa; y mereces el peor castigo posible.
Ya hasta las canciones eran abominables, con letras despiadadas y malignas.
Puro veneno.
Los pocos cerditos cuerdos que quedaban, enloquecieron ante semejante panorama y se liaron a palos con los alelados.
Total que los lobos confiscaron todos los palos y, ya de paso, las casitas de madera.
Los cerditos fueron trasladados a chocitas de paja, agrupadas en cercados fuertemente custodiados.
Una vez instalados allí, como por arte de magia, la radio cambió de tono por completo.
Regreso la bella música amansante y los noticieros se volvieron dulces y melodiosos cual tierna nana.
Esto, sumado a los frecuentes pinchazos alelantes, convirtió a los cerditos tontitos en dócil ganado manejable.
Y así, por fin, los lobos fueron felices y comieron cerdices.

29 de mayo de 2024

la guarida del fénix

El fénix es un pájaro de fuego.
Es tan poderoso que casi no tiene ni que mover las alas para volar.
Puede volar todo lo alto que quiera.
Se alimenta de los volcanes, chapotea en la lava y se llena de energía a tope.
Así puede vivir para siempre.
Pero cuando no hay volcanes, pierde fuerzas poco a poco.
Entonces se tumba en la tierra y se va aplanando hasta que sólo quedan cenizas.
Muchos creen que esas cenizas significan que el fénix ha muerto.
Pero esa no es la verdad.
Lo que pasa es que el fénix, al tumbarse, se va filtrando por debajo de la tierra.
Su fuego se escurre en hilillos hacia abajo.
Hasta que llega al fondo del todo.
Dentro de la Tierra hay un Sol.
Y allí reposa el fénix todo el tiempo que quiere.
Luego, para volver a salir al aire libre, tiene dos caminos.
Uno corto y uno largo.
El camino corto consiste en esperar a que algún volcán entre en erupción y salir por ahí disparado.
El camino largo consiste en romperse en mil pedacitos y dejar que las hormigas los lleven hasta la superficie.
Luego esos pedacitos se los comen unos bichitos, que se ponen a brillar y se convierten en luciérnagas.
Y cuando ya están todas las luciérnagas preparadas y reunidas, se van volando a lo más alto que pueden y se dejan caer muy pero que muy juntitas.
Y con tanta velocidad se prenden fuego y se funden formando otra vez el fénix.
Alucina.
Otro día te contaré que los dragones en realidad eran fénixs disfrazados.
Y eso que dicen de que los dragones escupen fuego no es verdad.
Lo que pasa es que cuando un fénix se cansa de su disfraz, sale por la boca y parece que el dragón está lanzando llamas, pero no es eso.
Además el fénix ha aprendido a disfrazarse de muchas cosas distintas y ya casi nunca se le ve con su forma natural.
Supongo que le divierte infiltrarse camuflado sin que nadie se entere de su verdadera identidad.
O es para que no se metan con él y que le dejen en paz.
Porque es que hay muchos cazadores en este mundo, que se creen que tienen derecho a coleccionar animales como si fuesen cromos.
Y mejor habría que quitarles las armas a esos zopencos y así podría volver otra vez a volar libre el fénix.
Que sería supergenial eso.

22 de diciembre de 2023

memorias cebolletiles

Cuando yo era joven, nos comíamos los caracoles con concha incluida y teníamos los huesos más duros que la piedra.

Cuando yo era joven, los números de teléfono sólo tenían tres cifras.

Cuando yo era joven, los coches tenían manivela y había que darles cuerda cada quince metros.

Cuando yo era joven, los ricos se bañaban en oro de pies a cabeza, pero por la calle llevaban armadura para no ser despellejados vivos.

Cuando yo era joven, los avestruces volaban y los elefantes no tenían trompa.

Cuando yo era joven, en el boxeo no se podían usar los puños; se peleaba a narizazos.

Cuando yo era joven, teníamos de presidente a un lorito la mar de simpático; en todas las ventanas dejábamos un puñado de pipas por si venía a visitarnos.

Cuando yo era joven, los bomberos estaban gordotes y apagaban los incendios soplando a pleno pulmón.

Cuando yo era joven, las casas se construían elevadas como las torres de agua, porque nos gustaba ver las nubes de cerca.

Cuando yo era joven, la estatua de la libertad era del tamaño de un guisante y había que regarla todos los días para que creciera.

Cuando yo era joven, los gatos no decían miau, decían gachiau.

Cuando yo era joven, teníamos pingüinos mensajeros, para enviar cartas al otro lado del charco.

Cuando yo era joven, las monedas eran grandes como ladrillos y los billetes eran pequeños como botones.

Cuando yo era joven, sólo podía ser profesor quien tuviese el pelo totalmente blanco.

Cuando yo era joven, las bombillas eran grandes como sandías y no se fundían nunca; eso sí, cómo pesaban las condenadas.

Cuando yo era joven, a los aprendices de cura los crucificaban unos cuantos días, para que pudiesen hablar con conocimiento de causa sobre eso.

Cuando yo era joven, no existía la tauromaquia; en cuenta lo que hacíamos era sacarle la lengua a la policía y salir pitando para que no nos pillase.

Cuando yo era joven, la luna era de queso, pero el ratoncito Pérez se la comió y fue castigado a construir otra; por eso se lleva todos los dientes de leche, pues todavía tiene que hacerla más grande.

Cuando yo era joven, los banqueros usaban antifaz de caco, para que nadie se llevase a engaño.

Cuando yo era joven, si te tocaba la lotería, te quitaban todo lo que tenías y lo repartían entre los demás.

Cuando yo era joven, la sopa se hacía hirviendo piedras; y bien rica que estaba.

Cuando yo era joven, los periódicos eran muy rigurosos y sólo publicaban noticias de varias décadas de antigüedad, ampliamente cotejadas y refrendadas.

Cuando yo era joven, sólo existía un reloj en todo el país; y para saber la hora, tenías que preguntarla por carta.

Cuando yo era joven, la semana tenía cinco días, porque aún no se había descubierto ni el martes ni el sábado.

Cuando yo era joven, en los hospitales se operaba con sacacorchos.

Cuando yo era joven, la televisión sólo daba la carta de ajuste, y la radio sólo emitía el himno nacional.

Cuando yo era joven, la navidad se celebraba el 29 de febrero.

Cuando yo era joven, ir por la calle sin sombrero se castigaba con veinte latigazos.

Cuando yo era joven, los godos se habían quedado sin rey, y buscaban uno nuevo llamando de puerta en puerta.

Cuando yo era joven, los dibujos animados se hacían con marionetas.

Cuando yo era joven, las iglesias tenían las paredes forradas con auténticas calaveras, por dentro y por fuera.

Cuando yo era joven, el abecedario tenía quince letras, y el diccionario cincuenta páginas.

Cuando yo era joven, África se llamaba Chozalandia, y en los mapas aún no salía Australia.

Cuando yo era joven, las moscas no tenían alas.

Cuando yo era joven, los fontaneros no trabajaban a domicilio.

Cuando yo era joven, el ombligo estaba en la frente; por eso todo el mundo llevaba flequillo largo.

Cuando yo era joven, las calculadoras no tenían botón de resultado.

Cuando yo era joven, si te costaba dormirte, llamabas al sereno y te cantaba una nana.

Cuando yo era joven, los ascensores sólo bajaban y no subían.

Cuando yo era joven, el único circo que existía era el de pulgas, y para verlo tenías que aportar una gotita de sangre en un vaso que había a la entrada.

Cuando yo era joven, Mortadelo tenía pelo.

Cuando yo era joven, la ropa interior era de esparto.

Cuando yo era joven, no existían las pinzas de tender, y los traperos iban por la calle vendiendo la ropa que se habían encontrado por ahí tirada.

Cuando yo era joven, todo el mundo usaba zuecos.

Cuando yo era joven, las bolas de helado te las servían directamente en la mano.

Cuando yo era joven, había que empujar los trenes en las pendientes.

Cuando yo era joven, no existía el cemento y las obras se hacían con chicle mascado; por eso los críos siempre estábamos mascando chicle sin parar.

Cuando yo era joven, los gorilas eran imbatibles al ajedrez, hasta que uno perdió y ya nunca más volvieron a jugar.

Cuando yo era joven, lo normal era medir metro y medio; quien se pasaba de alto, tenía que ir en silla de ruedas o le daban una paliza.

25 de marzo de 2023

la roca que era nube

Cadinsqui era un soñador, de esos que siempre miran al cielo y casi nunca al suelo.
Con lo cual, se pegaba unos trompazos que para qué.
En una de esas, se fijó en una roca grandota y se percató de que, en realidad, aquella mole no era pétrea sino nubosa.
Entonces decidió tallarla, con su mejor pericia, hasta convertirla en una magnífica edificación castilforme, castilloide o como se diga que se diga.
Luego se llegó hasta la caldera central de dicha fortificación, y depositó en ella su cálido aliento.
Aquello bastó para que la construcción recobrase su nubística flotabilidad y ambos emprendieran el vuelo por los cielos.
Pero hete aquí que, al poco, un pajarraco vino a posarse sobre la cúspide de aquella ciudadela.
Las intrusas garras del plumífero bichejo, revelaron algo terrible. Pues resulta que dicha roca, a la postre, tampoco era nubosa sino arenosa.
Con lo cual, su querida y reciente garita, tan elevada y luminosa, comenzó a desmoronarse lentamente.
Se desmigajaba inexorable, a la par que descendía gradualmente de altitud.
Al tocar tierra, tan sólo quedaba un montoncillo de arena.
Y para colmo, el pobre Cadinsqui aún hubo de contemplar cómo aquellos míseros restos se escurrían hasta desaparecer bajo el suelo.
Como si buscasen posarse en el infierno, como si retornasen a su lugar de procedencia.
Lo cual llenaba de tristeza y amargura a Cadinsqui, pues lamentaba en mucho su ponderativo yerro rocológico.
Tal era su pesadumbre, que ya no miraba más al cielo.
Sin embargo, gracias a ese abatimiento ocular, pudo esquivar a una hormiga a la que había estado a punto de aplastar.
La hormiguilla, en agradecimiento, le hizo gestos para que se aproximase.
Cosa que Cadinsqui hizo, rebajando su cabeza hasta casi tocar el terruño.
Así pudo oír la tenuísima vocecilla de aquel insecto, que le dedicaba magnas loas y enfáticos encomios.
Por último, en suprema recompensa, la hormiga le hizo entrega de un huevo ultraespecial, pues contenía a su vez ocho huevos y prometía dar nacimiento a algo excepcionalmente bueno.
Total, que el cariacontencido soñador recibió en la yema de su índice aquella minusculosidad, que casi ni se veía de lo pequeña que era.
Pero aun así dio honrosa muestra de gratitud y se lo guardó en el bolsillo.
A partir de entonces, Cadinsqui se dedicó a cuidar con mimo aquella miniatura, que iba creciendo día a día.
El huevo llegó a hacerse grandote cual sombrerote, y entonces eclosionó.
De su interior nació un geniecillo de esos que conceden deseos y viven en las lámparas, o en las aceiteras.
Lo que pasa es que como todavía era chicuelín, solo podía realizar una unifactorial comanda.
Es por esto que el geniecito empezó a acosar a Cadinsqui con interminables preguntas peliagudas, de esas que te obligan a rascarte la sesera para darles respuesta.
Semejante dilemático bombardeo prosiguió día y noche durante largas jornadas, sin tregua ni merma.
El pobre soñador empezaba a desesperar seriamente, pues no comprendía a qué venía tal tanda de examinatorias inquisiciones, tan ardua en su contenido y tan descabellada en su duración.
Hasta que, de repente, cesó la hurga y Cadinsqui pudo respirar ciertamente aliviado.
Entonces el geniecillo le dijo que ya estaba listo para concederle un deseo.
Pero no le dio tiempo a decir ni mu, pues el geniecito le explicó que ya había averiguado lo que el soñador más anhelaba; pues para ello había sido aquella requisitorial batería de disquisiciones.
Así, sin duda ni tardanza, el pequeñajo hizo aparecer una roca grandota y dorada.
Cadinsqui quedó harto estupefacto, ya que no parecía encontrarle ni pies ni cabeza a tamaña absurdidez.
Pero, al instante, comprendió.
Y vio que aquella roca no era pétrea sino nubosa, y áurea aun encima.
Con lo cual, en un abrir y cerrar de ojos, Cadinsqui talló en aquella singularísima mole su soñada castilzuela y se fue con ella a surcar los cielos por siempre jamás.
Y fin.

20 de enero de 2023

el niño que se negó a nacer

Había una vez una solterona aburrida de la vida, que tenía muy mal carácter.
No era capaz de amar a nadie y sólo miraba por su interés.
Lo que más le gustaba era disfrutar a tope, sin parar mientes en las consecuencias.
Muchas veces había intentado emparejarse, pero siempre terminaba enfadándose por cualquier tontería y mandando a la porra al pavo de turno.
Ser feliz era su principal y máxima prioridad.
Mejor dicho, lo que realmente perseguía era el placer.
Era ferozmente egocéntrica y superficial, lo trascendental no existía en su vocabulario.
Siempre la culpa de todos sus disgustos y problemas era de los demás.
Cualquiera que no bailase al son de su batuta, era inmediatamente rechazado y despreciado.
A pesar de lo cual, ella seguía buscando y probando, pues le tenía un miedo atroz a la soledad.
No se aguantaba a sí misma, ya que entonces veía su cruda realidad.
Estaba llena de amargura y los años empezaban a hacer mella en ella.
Sus ansias juerguistas tenían cada vez más regusto a huida desesperada.
Viajar y fiestear ya no era suficiente, derrochar y glotonear ya no saciaba el vacío de su ser interior.
Así pues, fue catando absolutamente todo; con ávida gula arrolladora.
Hasta que llegó al capricho de ser madre.
Era la última cosa en el mundo que habría imaginado plantearse; pero, agotadas las demás opciones, no iba a prescindir de probarlo.
Por si resultase ser la milagrosa salvación que anhelaba.
Total, que se fue a un vivero de gametos, repasó el catálogo, rellenó unos cuantos papelajos y se preñó tan ricamente.
Pasaron los meses y llegó el momento de sacar el bollo del horno.
La solterona se fue al hospital y se puso en manos de los medicastros.
Tras enormes esfuerzos y padecimientos, logró expulsar una esfera de plástico, como las de las máquinas de bolas.
Dentro de aquel orbe había una hojita doblada.
Una vez superado el pasmo, la parturienta extrajo la nota y la desplegó para leer el breve mensaje que contenía:
"Querida mamá,
he decidido que no voy a nacer.
No te preocupes, aquí tengo todo lo que necesito y estoy requetebién.
Puedo hablar con toda la gente del Cielo.
Y he conocido a mi papá, que fue un famoso escapista.
Alucina.
Me ha enseñado varios trucos estupendos, como el de la bola, o el de parar de crecer y otros que te mostraré.
Asique, no temas, ya verás qué bien nos apañamos con esto.
He contratado a un abogado-médium para que proteja y defienda mis intereses.
Si no me equivoco, ahora mismo está a tu lado.
Puedes transmitirle con total confianza cualquier asunto que quieras tratar conmigo, yo también lo utilizaré de intermediario.
Gracias por tu comprensión,
y un besito."
La solterona no daba crédito a lo que acababa de leer.
Pero giró la cabeza y se sobresaltó al descubrir la presencia de un desconocido que estaba tranquilamente sentado a su vera.
De piel oscura y aspecto hindú, se presentó educadamente y ordenó a los medicuchos el inmediato cese y desistimiento de sus improcedentes empeños.
Luego siguió una acalorada discusión sobre derechos y deberes y potestades y voluntades, de la que obviamente salió victorioso el picapleitos.
Pues poseía todos los pertinentes documentos reglamentarios que acreditaban al nonato como legítima persona oficialmente reconocida y amparada.
Detalle curioso: El niño se había autobautizado con el nombre de Nono.
Total, que la solterona se tuvo que volver a casa, todavía con su tripota prenatal.
Ese inesperado giro de los acontecimientos la contrarió sobremanera, pues semejante anómala situación implicaba cargar con todas las molestias y obtener a cambio ninguna de las recompensas de la maternidad.
A partir de entonces, ella inició una tenaz pugna contra su hijo.
Primero solapadamente; después, sin reparos ni treguas.
Pronto comprobó que los daños físicos únicamente repercutían sobre su propio cuerpo.
El criajo debía de haber aprendido algún conjuro de protección, con la ayuda de algún hechicero del más allá.
Para colmo, un día recibió una llamada telefónica de Nono, que felizmente le anunció que había conseguido materializar su propio teléfono de última generación.
Desde luego, la magia avanza que es una barbaridad.
Ella venga a padecer fatigas y disgustos, y el otro ahí mandándole videocomentarios guasones.
Maldito renacuajo.
Claro, de tanto rabiar y frustrarse, la solterona fue enloqueciendo progresivamente.
Odiaba verse inmersa en esa pesadilla interminable.
La latosa barrigota era un incordio de lo mas aborrecible, pues le recordaba al gorrón del que era forzosa anfitriona y porteadora.
Una risilla demencial se le escapaba ocasionalmente.
Fantaseaba con mil diabluras de lo más cruentas y despiadadas.
Sus remansos de cordura fuéronse espaciando y mermando.
Hasta que un día se arrojó por la ventana.
El estropicio fue morrocotudo, pero no fatídico.
En su delirio, se olvidó de que vivía en un segundo piso.
En fin, que los matasanos lograron reparar mal que bien los destrozos y la pobre quedó en coma.
A todo esto, el niño no había sufrido ni un rasguño.
Cualquier otro en su lugar habría comprendido que ya iba siendo hora de salir al mundo.
Pero Nono tenía otros planes en mente.
Convocó a la prensa y testimonió las razones de su comportamiento.
Decía ser un mero emisario de la justicia divina, pues tanta frivolidad empezaba ya a tocarle las narices a las altas esferas.
Los medios de comunicación estaban encantados con ese caso.
Numerosas entrevistas concedió Nono, aportando cantidad de detalles para saciar la morbosa curiosidad del público.
El nonato alcanzó cotas de fama nunca vistas.
Desató gran fervor, eclipsó toda moda, acaparó toda la atención.
Nono fue sagacísimo en la gestión de su imagen pública.
Hablaba con tal desparpajo y gracejo, que era imposible no adorarlo.
Lo que nadie sospechaba es que el pequeñuelo se guardaba un as en la manga.
Su celebridad seguía en inexorable aumento, pues el instante de su nacimiento se intuía cercano.
La gente le había atribuido a ese trámite un significado insólito, colosal, estratosférico.
Todos querían vivirlo de primera mano, en rigurosísimo directo.
Cual si fuese la segunda venida del Altísimo.
Así de exaltado andaba el personal.
Y el chavalillo cebaba aún más la cosa.
Resulta que estaba escribiendo las memorias de su peculiar vida pre-parto, llenas de detalles sobre el más allá.
Tema candente sobre el que, hasta entonces, apenas había esbozado alguna que otra vaga pincelada.
Además tenía prometido que justo antes de salir del nido publicaría, en su internetil página personal, la versión definitiva de dichas memorias, para su libre acceso y disfrute.
La Nonomanía estaba por las nubes, en su máximo apogeo.
Muchas eran las apuestas por ver quién acertaba la fecha y hora del histórico natalicio evento.
Todo el mundo estaba convencidísimo de que aquello iba a tener unas consecuencias extraordinarias y milagrosas.
Lo cual era cierto, pero ni se imaginaban cómo y cuánto iban a cambiar las cosas.
Pobres incautos.
El caso es que, un buen día, la comatosa madre espichó y entonces Nono ultimó sus tareas, dio un vistazo a su querida guarida y procedió a nacer.
Fue recibido con inmensa euforia y grandes honores.
Tuvo todos los cuidados posibles y más.
Luego, pasado el éxtasis, las personas fueron acordándose del librillo aquel y empezaron a leerlo.
Y ahí comenzó la voladura sesil definitiva.
Pues la criaturilla traía un mensaje que era pura dinamita ya desde el mismísimo título:
Un desalojo, una ocupación.

25 de octubre de 2022

datos

Un formulario se cruza por la calle con una estadística.
La estadística pasa a su lado como si nada.
El formulario tabula los atributos más destacables de dicha estadística, mientras observa cómo se aleja.
Automáticamente, esas acotaciones se añaden a su base de datos particular.
Por su parte la estadística ha hecho otro tanto, pero con más disimulo.
Al día siguiente, vuelven a cruzarse en esa misma calle.
De nuevo se evalúan en secreto y agregan más detalles a sus respectivos repositorios.
Así, avistamiento tras avistamiento, van enriqueciendo sus privadas ponderaciones y van mostrando mayor complicidad.
Ellos no saben explicarse esa deliciosa aproximación tácita.
Ignoran que sus bases de datos son una y la misma, que sus insertos han estado confluyendo hacia una maravillosa alfanumérica enarmonía.
Por eso lo que les impele y magnetiza es tan poderoso y sorpresivo.
Pero, lamentablemente, ambos están repletos de muchos otros datos que interfieren y malogran esa sinergía.
Los dos han sido bombardeados, a lo largo de toda su vida, por incesantes mensajes distorsionadores.
De tal modo, que han sido pérfidamente troquelados para ser mutuamente incompatibles.
A través de falaces reportes y peyorativas insidias, han adquirido sesgos pésimos.
Mediante absurdas quimeras, han adoptado mezquinas ínfulas.
Esa detestable ponzoña, ha contaminado gravemente la integridad estructural de sus respectivos códigos fuente.
Ahora la desolación prolifera exponencialmente y nadie sabe ponerle remedio.
Formularios y estadísticas creen estar padeciendo una maldición.
Pero pocos logran reconocer su parte de culpa en ello.
En cuenta, prefieren alambicar y trastocar su repertorio de cláusulas y requisitos.
Para seguir incriminando taxativamente hacia fuera y jamás examinar hacia dentro.
Porque reevaluar la validez de todos los datos que tienen almacenados, les parece una tarea ignota y titánica.
La triste conclusión es que formularios y estadísticas ya no saben tratar con la realidad.
Normal entonces que sus devaneos y tonteos lleven a nada bueno.
Los datos maladatos han hecho muy bien su trabajato.

29 de mayo de 2022

1000 900 80 y 4

Había una vez una nación muy encefalograma plano, compuesta mayormente por cándidos pardillos crédulos.
Ese docilísimo rebaño estaba pastoreado, cómo no, por taimadas alimañas traidoras.
El embuste era el ingrediente fundamental de la tiranía de dichas sabandijas.
Sus palabras eran falsas e hipócritas a más no poder.
Ante el populacho, los corruptos adoptaban una pose de responsables y dignos mandatarios.
Y para cuando sus iniquidades y rapiñas eran ya notorias y clamorosas, abandonaban educadamente sus puestos para cedérselos a otros de igual calaña.
De este modo los déspotas se perpetuaban en su posición de poder, aumentando con cada relevo su dominio y yugo.
Para mejor cumplir su usurpadora opresión, se servían de medios cada vez más refinados y sofisticados.
Asiduos a la estafa y al engaño, sabían perfectamente envenenar las mentes de sus súbditos.
Por eso no era de extrañar que la propaganda fuese su herramienta maestra, para manipular a las masas y encaminarlas hacia donde más les conviniera a ellos.
Lógicamente, la televisión era el canal primordial para realizar esa bellaquería.
Lo que decía la tele era ley suprema y absoluta.
Nadie osaba cuestionarla ni contradecirla.
Si la pantalla te sugería que te tirases por un puente, tú a callar y a obedecer.
En aquel despotismo teledirigido, nadie tenía derecho a hacer lo que quisiera y todos estaban forzados a considerar apetecible lo que se les obligaba a hacer.
Por ti, por mí, por todos.
Juntos en lo malo y en lo peor.
Cavando nuestra propia tumba, de buena gana y con mejor cara.
Nada de lo que difundían las pantallas era verdadero, pero sí que era dolorosamente real la maldad que se escondía tras ese teatrillo.
El mandamás compungido que comparecía para anunciar duras medidas abusivas, estaba bailando de alegría por dentro, regodeándose en su propia vileza y alevosía.
Por otra parte, los gerifaltes contrincantes eran igual de infames y secuaces, a pesar de toda la pantomima.
Todos acólitos en comandita, al servicio de la máxima perfidia.
En ese maldito circo, nunca faltaban peleles dispuestos a cacarear las consignas de turno, a cambio de míseras dádivas.
Así como tampoco faltaban palmeros, de aplauso fácil y criterio cero.
Los ingenuos no eran menos culpables de todo eso.
Que las pantallas ociosas y noticiosas fuesen su sumo dios, era como para abofetearlos hasta que te sangrasen las manos.
Resultaba vomitivo verlos acatar y adoptar con ciega insensatez falacias y sinsentidos.
Que se anunciaba que el estornudo de un murciélago era causa suficiente para hacer que todo el mundo quedase eventualmente secuestrado, pues dicho y hecho.
Que se anunciaba que el pedo de una mosca era causa suficiente para hacer que todo el mundo siguiese indefinidamente secuestrado, pues dicho y hecho.
Que se anunciaba que el moquillo de un piojo era causa suficiente para hacer que todo el mundo continuase perpetuamente secuestrado, pues dicho y hecho.
Había más de ocho millones de especies de animales en ese planeta.
Asique los embaucadores tenían diversión para rato.
Y los memos, en su insondable estulticia, es que ni se enteraban.
Si lo único que hacía falta para doblegarlos a todos era un puñado de casos, resultaba facilísimo fabricarlos.
No tenías más que coger a unos cuantos de esos papanatas y meterles disimuladamente en el cuerpo alguna ignota sustancia, de esas que al poco producen síntomas rarosos y aparatosos.
Al principio te esmerarías en tus pretextos, pero luego ya ni eso.
Les mentirías a la cara y lo mismo serviría.
Una vez que los mentecatos se han tragado un camelo, ya no lo reconsideran.
Ninguno de aquellos necios iba a saber sumar dos y dos, ninguno atinaría a relacionar ambas circunstancias.
Pero es que ni de lejos.
Cuestionar a los dirigentes estaba totalmente fuerísima de sus intenciones y capacidades.
Porque ello exigiría pensar por sí mismos, y eso no les molaba pero nada de nada.
Le tenían alergia a usar el coco.
Y así estaban como estaban, en manos de retorcidos canallas.
Padeciendo cruentos ensañamientos.
Resignados y sin rechistar.
Los muy ineptos.

22 de septiembre de 2021

gracias en nombre de la ciencia

Gracias de todo corazón.
Vuestra cooperación nos ha sido de gran ayuda.
Hemos podido avanzar mucho en nuestro conocimiento con vuestra generosa participación.
Habéis demostrado ser ciudadanos de la mejor categoría, buenas personas que piensan en los demás y para nada egoístas.
Vuestro sentido de la responsabilidad y del compromiso serán justamente recompensados.
Tenéis nuestro más sincero aplauso y reconocimiento.
La más efusiva ovación y la máxima condecoración se quedarían bochornosamente cortas comparadas con lo que realmente mereceríais.
La humanidad estará por siempre en deuda con vosotros por vuestro servicio prestado.
Las futuras generaciones conmemorarán llenas de admiración vuestra altruista labor.
Seréis recordados y homenajeados como héroes modélicos y ejemplares.
Las crónicas glosarán y loarán vuestra integridad y capacidad de entrega.
Y más aún se reconocerá vuestra entereza ante el desdichado fallecimiento de vuestro hijo.
Son muchas las incógnitas que todavía quedan por dilucidar para poder establecer las causas de tan triste eventualidad.
La ciencia avanza incluso cuando tropieza o titubea.
Cada imprevisto o contratiempo nos guía hacia nuevas hipótesis a sopesar.
Con cada fracaso nos acercamos más al éxito.
Sin duda, pronto llegará el día en que podremos reparar, restituir y resarcir tan desafortunada pérdida.
Felizmente podremos proporcionaros un nuevo retoño, corregido y mejorado, con atributos y cualidades insuperables, de una salud a prueba de bombas.
Sí, próxima adivinamos la hora en que la felicidad os inunde de nuevo y no cese ya nunca jamás.
Este duro percance no habrá sido en vano, podéis estar seguros de eso.
De nuevo, una vez más, reiteramos nuestro infinito agradecimiento por vuestra comprensión y paciencia con nuestros pequeños y humanos errores.
Estos involuntarios traspiés, nos dan nuestra debida dosis de humildad y renovados ánimos para seguir superándonos.
Y así, juntos, con tan estupendos colaboradores, alcanzar por fin la gloriosa meta que tan sacrificada y esforzadamente perseguimos.

31 de agosto de 2021

tejemanejes malignos

Había una vez un planeta en el que unos cuantos malvados pretendían convertirse en los dueños de todo y de todos.
Para conseguir tal cosa, habían diseñado un plan a largo plazo.
La idea era conducir disimuladamente a la población hasta tal confusión y opresión, que acabasen abrazando gustosamente la esclavitud total y definitiva.
Pero para llegar a eso, primero había que dar muchos pequeños pasos que preparasen el terreno.
Durante siglos los malvados habían ido estratégicamente tomando posiciones, hasta establecer un orden propicio para sus intereses y una jerarquía idónea para sus enredos.
Todos los países estaban siendo sojuzgados y maniatados por igual, las nimias diferencias de estilo o método eran a la postre irrelevantes.
En todas las naciones había un documento fundacional, supuestamente consensuado, que delimitaba y establecía el marco legal.
Aquellos textos, rebosantes de palabrería biensonante, escondían una nefasta trampa.
Todos tenían una cláusula que estipulaba que en caso de emergencia las personas perdían automáticamente todos sus derechos y libertades.
Ese vil atropello era harto difícil de aplicar eficazmente, por eso los malvados llevaban muchas décadas erosionando y desmantelando al ser humano.
Una sociedad cohesiva y próspera, sanamente hermanada por vínculos significativos, era nada adecuada para el éxito de los malvados.
Por eso ellos procuraban sembrar cuanta discordia y precariedad les era posible, para socavar la integridad y los lazos de las personas y así reducirlas a embrutecidos peleles mangoneables.
Con abundantes engaños, amenazas y violencias, los malvados perpetuaban su despotismo y disfrazaban de lícita su usurpación.
Mediante la imposición de la moneda como trámite preponderante para toda actividad, mataban cualquier amago de unión virtuosa.
Y para mayor regodeo, los malvados alardeaban de 'filántropos'.
Una vez que las personas habían adoptado resignadamente esa despiadada tiranía, los malvados tenían facilísimo pastorear a las masas hasta arrinconarlas, cercarlas y hacinarlas cual reses a esquilmar.
Todo lo demás no era sino teatro distractor para que el personal no se percatase de lo que se estaba cociendo.
Y lo de las urnas era ya el colmo de la payasada, como si optar por uno u otro verdugo cambiase nada.
Cada disposición de los malvados, era presentada como si fuese la mejor y la única solución posible.
Lo triste del caso es que todos los problemas provenían de las mismas manos que luego se postulaban como salvíficas redentoras.
La hipocresía en su máximo grado.
Tales abundantes y descomunales abusos y maldades, resultaban tan notorios que cada vez más personas estaban despertando a la realidad.
Las falacias de los malvados ya solo se las creían los necios.
Por ejemplo, la deuda.
Eso de que la moneda pudiese usarse cual mercancía con la que especular y esclavizar al prójimo mediante leoninas usuras inicuas, evidenciaba las malévolas intenciones de sus acuñadores.
Y si a los usuarios les parecía normal y aceptable que sus naciones fuesen siervas durante meses o años a causa del pago de unos improcedentes empréstitos hipertrofiados, en verdad que sus mentes ya estaban preparadas para adoptar el rol de prisionero permanente.
Dado que los malvados ocupaban todos los tronos y sus súbditos se mostraban tan predispuestos al acatamiento, el plan estaba ya maduro para pasar a su fase final.
Era tan sencillo como encadenar crisis, desastres y emergencias hasta coartar completamente a las personas, secuestrándolas sin otra salida que la plena subordinación.
Y la guinda de ese perverso pastel eran las patentes.
Con el acoso, los malvados querían llevar a las personas a comulgar con la mentira.
Literalmente.
Pretendían que los bobos se insertasen un ignoto producto de aviesas cualidades.
Y gracias a la patente de dicho injerto, los malvados pasarían a ser los oficiales propietarios de cada persona.
Sobra decir que todas esas argucias y maquinaciones eran absolutamente ilegítimas y abominables.
El problema es que cantidad de personas estaban prestándose a ello por pura y simple ignorancia.
La cadena de fraudes y estafas había sido difusa y solapada, cual ladrón que opera entre las sombras.
Por eso, muchos, incautos y cortos de miras, no se daban cuenta de la perfidia que escondía cada mínimo edicto instaurado por los malvados.
Y menos todavía sospechaban el plan que aquellos estaban siguiendo, ni lo que con ello perseguían.
Daban ganas de decirles a los ingenuos:
Memos, os están cazando como a conejos y aún aplaudís con las orejas!

23 de junio de 2020

el suelo es lava

Érase que se era un mundo en el que la gente cada vez tenía más difícil el salir adelante. A pesar de todo el progreso y los avances tecnológicos, llevar una vida decente era misión imposible. La precariedad y las prisas hacían que pocos lograsen desarrollar sus mejores cualidades. El mercado laboral era especialmente degradante y aniquilador. Los trabajadores soportaban abusos inhumanos, a cambio de míseros salarios. Esa explotación sistemática, los brutalizaba hasta reducirlos a sumisos peleles de ruin existencia. Y su tiempo libre lo dedicaban a diversas actividades evasoras de la realidad. La consecuencia de todo esto, era que casi nadie sabía ya pensar por sí mismo. Así, lo que decían los medios de comunicación se tomaba como verdadero con ciega obediencia. Esa pasiva credulidad venía instalada desde la infancia, pues las escuelas se habían convertido en fábricas de adoctrinamiento, que cercenaban toda capacidad de reflexión y discernimiento propio. Los pobres alumnos eran uniformemente formateados a base de tareas y pruebas, de absurdo y enmarañado enunciado y planteamiento. De manera que solo se podía avanzar suprimiendo el pensamiento lúcido, limitándose a memorizar los abundantes sinsentidos y falacias de cada asignatura. Los despiertos, pronto aprendían a no poner en duda el discurso dominante. Tal era el clima de fanatismo, que osar emitir una nota discordante, provocaba feroces represalias colectivas. El asedio grupal, resultaba atrozmente dañino gracias a las nuevas tecnologías. El acoso estudiantil alcanzaba cotas abominables en su maligna hostilidad, pues los menores carecían por completo de valores o referentes positivos. La ficción que consumían estaba plagada de infectas premisas aberrantes, de lo más perniciosas y alienantes. Y sus padres eran fuente, implícita o explícita, de amargura, desesperación y violencia. Con semejantes mimbres, no es de extrañar que todo estuviese tomando un cariz cada vez más horrendo y monstruoso. Entonces, un día salió la noticia más increíble de todas: Resulta que una lava invisible había caído sobre las calles de todo el mundo, y a consecuencia de ello los gobiernos habían decidido prohibir la libre circulación de las personas. A partir de ese momento, los servicios informativos se convirtieron en una incesante contradicción delirante, repleta de datos terribles y mareantes. Que venían a decir que aquella desconocida amenaza misteriosa, se comportaba de una manera extraña y letal. Básicamente, si por casualidad pisabas algún charco de lava invisible, se te metía en el cuerpo y te iba invadiendo silenciosamente, hasta afectar tus órganos y fulminarte por fallo sistémico. Con nula congruencia, un día decían que era incurable y al siguiente decían que tenía remedio pero que era dificilísimo. Tan pronto decían que dicha enemiga sustancia era de origen extraterrestre, como insinuaban que se trataba de algún arma secreta que se había detonado accidentalmente. Aquello era un pitorreo inaudito. Sea como fuere, por las calles ya solo circulaban tanques y drones, los unos para vigilar a la población y los otros para repartir mercancías. La red de redes se convirtió en un circo de locos, llena de disparatadas teorías demenciales. Y entre semejante sindiós, unos pocos trataban de aportar algo de cordura y sensatez, con escaso éxito. Para la gran mayoría, resultaba inconcebible la idea de que todo aquel tinglado fuese un montaje y una patraña. La sociedad estaba demostrando que ya no se componía de seres pensantes, sino de monigotes rellenos de serrín. Aquellos infelices, se tragaron el cuento al completo. Salían a aplaudir cuando tocaba y acataban toda norma impuesta, por absurda que fuese. Una de dichas leyes, consistía en que solo se podía salir a la calle con camisa de fuerza y gafas de soldar. Nunca nadie explicó la razón por la cual aquello supuestamente servía para permanecer a salvo de la terrorífica lava. Era patético y grotesco ver las calles repletas de individuos que parecían sacados de un manicomio. Por si todo esto no fuese suficiente, los gobiernos decidían cuándo se podía salir y cuándo no, en función de las estadísticas que ellos mismos cocinaban. Era imposible tener una rutina cotidiana, pues las condiciones variaban de un día para otro. Parecía una sádica diablura, como si los malditos farsantes se regodeasen concediendo y retirando los permisos a capricho, cual si jugando con un yo-yo. La pesadilla se hacía interminable, pues el relato imperante se realimentaba de sí mismo y pretendía proseguir indefinidamente. Cualquier suceso era interpretado acorde al escenario establecido. No se toleraban conjeturas ni suposiciones alternativas. La censura era férrea y tajante. La red era el único rincón que todavía concedía un mínimo margen para expresarse libremente. Sin embargo, aquella aparente fisura en la maquinaria, escondía una trampa fatídica. Pues, aquellos que manifestaban su inconformidad, eran inmediatamente agregados a la lista negra que manejaban los poderes ocultos. Aquellas voces disidentes cuyos argumentos comenzaban a aglutinar mayor número de afines, eran neutralizadas de un modo u otro, a las buenas o a las malas. Debido al extremo aislamiento físico y a la limitada capacidad de maniobra, era pan comido desactivar los incipientes focos insurgentes. Y el viejo truco de canalizar los descontentos mediante falsos líderes infiltrados, todavía funcionaba a las mil maravillas. Además, la doctrina del sobresalto, seguía operando mediante eventos traumáticos de diversa índole, salpicados frecuentemente en los noticiarios, para mantener a la población asustada y preocupada por distintos tormentos y angustias, que les impedían concentrarse y dedicarse a lo verdaderamente relevante y decisivo. La guinda del pastel, la ponía el primario salvajismo generalizado, inculcado mediante los contenidos de ocio. Ya que, toda obra narrativa era filtrada o adulterada, para solo dar viabilidad y visibilidad a aquellas que promoviesen los comportamientos más viles y abyectos. No había escapatoria, lo execrable era fomentado a todos los niveles, sutil y descaradamente. Con semejante menú cultural, no es de extrañar que la muchedumbre fuese tan proclive al linchamiento público y demás barbaries. Bastaba con abrir la boca y soltar cualquier cosa mínimamente sospechosa, para de inmediato ser descalificado, repudiado y lapidado. El odio era una bola de nieve descontrolada, que no paraba de crecer y de llevarse por delante a todo el que se cruzara por su camino. Y para colmo, los voluntarios secuaces de todo esto, se revestían con una retórica absolutamente desquiciada y antilógica. Su vocabulario era vomitivamente tergiversado y torticero. Lo cual frustraba cualquier tentativa de entendimiento. Ciertamente, los artífices ejecutores, habían sabido ganarse para su causa a la necia horda rabiosa, de nula bondad y rauda dentellada. Desalmados endemoniados, dispuestos a saltar sanguinariamente sobre cualquier indómito o incauto. A pesar de todo, un puñado de bienintencionados persistía en denunciar las inconsistencias de los informes oficiales y la perversidad de la tiranía instaurada. En otras palabras, trataban por todos los medios de desmontar la mentira y demostrar la verdad. Tristemente, aquel esfuerzo desesperado, solamente sirvió para constatar el desolador páramo predominante. Por muy diáfanos y pormenorizados que presentasen sus razonamientos, caían en saco roto. Los vasallos temían cuestionarse nada por cuenta propia, para no arriesgarse a desoír la voz de su amo. La sola posibilidad de plantearse un camino distinto al que se les había dictado, les resultaba totalmente ajena y espantosa. En vano era el tratar de explicarles que en un mundo sensato, ante un escollo peliagudo, cabría establecer distintas líneas de acción. Que ninguna pretendida autoridad debería tener potestad para suspender los derechos humanos fundamentales, bajo ningún pretexto. Que ningún gremio tendría que monopolizar ninguna actividad, sino que cualquier persona debería tener la opción de intervenir y participar en cualquier área, aportando sus propias habilidades y su experiencia. Que cuatro ojos ven más que dos, y que las investigaciones y los ensayos salen mejor cuando una amplia gama de personas se enfoca en tal empeño, desde sus diversas perspectivas. Que en cuestiones de salud, se debe predicar con el ejemplo. Por lo tanto, quien propusiera un remedio para una afección, debería enfermarse de dicha dolencia, si tal cosa fuese siquiera posible, y así demostrar en carne propia la efectividad de su cura postulada. Que convendría incentivar la organización de grupos en torno a las diferentes estrategias sopesadas, y que dichos grupos tendrían que colaborar ampliamente entre sí, compartiendo sus aciertos y errores, para con ello ir mejorando hacia una solución óptima y aceptable. Que una clausura preventiva, exige y requiere absoluta veracidad y transparencia en la información de la situación exterior. Que dicha integridad y honestidad comunicativa, requiere serios protocolos que garanticen la autenticidad de lo transmitido. O sea, que ninguna información debería validarse únicamente mediante la palabra, sino a través de la evidencia directa. Que los hechos hablasen por sí solos. Para lo cual, un video-reportaje en tiempo real que quisiera dar muestra de una situación concreta, no debería interrumpir su emisión hasta haber completado la detallada exploración de todo el entorno, de sus características pertinentes y sus circunstancias colaterales. Y que para tener un suficiente panorama de lo que está aconteciendo, se requeriría amplia iniciativa ciudadana, que efectuase un seguimiento particularizado de cada caso, evaluando el historial y el contexto de los afectados. De tal manera que, el acceso a ese rico mosaico de peripecias, facilitase la comprensión de los factores desencadenantes comunes y las consecuencias a corto, medio y largo plazo, derivadas de las decisiones tomadas. Que esta escrupulosa minuciosidad, debería aplicarse especialmente en la presentación de las hipótesis y en su comprobación, para que cada cual pudiese considerar adecuadamente las disposiciones idóneas a adoptar, consensuar y articular de la mejor manera posible, para entre todos ir solventando el problema de turno. Aquello, claro está, requería alta implicación y compromiso, abundante lucidez y fraternidad. Pero la respuesta que hallaban quienes esto proponían, consistía en una especie de deficiente mugido, que resumía en su mera inarticulación la inutilidad del intento. Con lo cual, al final fue el sálvese quien pueda. Y nadie pudo.

7 de diciembre de 2018

Les Zoquetes

Les Zoquetes son la banda del momento.
Su música causa furor entre los jóvenes.
Todos imitan su estilo y recitan como loros sus estribillos.
Les Zoquetes hacen honor a su nombre, sus temas son la ineptitud máxima.
Y para colmo se creen buenos.
Mejor dicho, pretenden ser ejemplo a seguir.
Aparentan que son el no va más, pero en el fondo saben que lo suyo es pura farsa, pose y mascarada.
El pedo de un retrasado tiene más merito a su lado.
Les Zoquetes aprovechan su protagonismo, para sembrar ponzoña a diestra y siniestra.
Sus pésimos éxitos amañados, llenan de memeces las cabezas de los incautos.
Eso se traduce en actitudes y comportamientos dañinos, nefastos, degradantes.
Al son de sus lemas falaces y antilógicos, violentan toda concordia, rompen todo orden, anulan todo límite.
Se mean en la cordura y berrean rabiosos, contra viento y marea.
Les Zoquetes están de moda por enchufe, pero tan raudos como han ascendido, caerán.
La mitad de sus seguidores no les admira realmente, son meros oportunistas, aspirando a una porción de privilegios y recompensas.
Prebendas y regalías que llegan con cuentagotas, para cebar la horda de esbirros secuaces lacayos.
Les Zoquetes no son mas que una pasarela de medro, prescindibles e intercambiables.
Por eso no importa en absoluto su calidad.
Mejor dicho, su ausencia total de calidad es precisamente la razón por la que han sido aupados a lo más alto.
Son espejos deformantes, cuyo propósito es sacar la sabandija de quien se mire en ellos.
Les Zoquetes son un absurdo grotesco, una perniciosa parodia, un esperpento nocivo.
Son una piñata postmoderna, lista para ser reventada.
Pero lo que albergan en su interior, no es ningún manjar.
Ni mucho menos.
Les Zoquetes son flor de un día, sustentada mediante ingente tinglado inviable.
Su hora llegará y en la basura terminarán.
Nadie llorará su pérdida y pasarán al olvido como un capítulo vergonzoso.
Falta saber cuál será el saldo de tarados que dejen tras de sí.
Cuántos agusanados sesos quedarán como triste testimonio de semejante descomunal dislate.
Y qué será lo siguiente?
Los cerdos lo tienen difícil para caer más bajo.

25 de agosto de 2018

presidente Mutongo

El presidente Mutongo es el nuevo pelele que tenemos al frente.
En realidad, 'presidente Mutongo' es el nombre de todos los jefes de estado del mundo. Todos son títeres al servicio de la más oscura alimaña.
El-mal-en-persona es un vampiro de miles de años de antigüedad. Vive bajo tierra, en una red de túneles protegida por su maléfica energía.
El-mal-en-persona permanece sumergido en un cuenco, de 6 metros de diámetro, lleno de sangre. Ni respira aire ni toma alimento. Todo lo que hace es bucear dando vueltas continuamente. Nadie lo ha visto, pues vive en completa tiniebla y soledad.
Su cuenco se desplaza silenciosamente, flotando sobre el suelo.
Tan solo saben de su existencia las sectas malignas, que han aprendido a percibir su presencia. Dichos secuaces malévolos, conocen la misión de tan nefasta abominación y trabajan a su favor.
El-mal-en-persona no habla ningún idioma, pero su mandato es elocuente.
Por eso sus esbirros han procurado organizar el mundo para propiciar lo más posible el triunfo de la iniquidad. Por eso el poder solo reposa en manos abyectas. Las logias pérfidas, copan las vías de acceso a los puestos de mando. Todo aspirante pasa por su aro. Ellas se encargan de cribar y moldear a los candidatos.
Los farsantes aprenden a dominar el engaño y la manipulación, pues de ello depende su futuro y porvenir.
Todos juegan a la perfección su papel. Cara a la galería despliegan su repertorio de argucias y falacias. Desempeñan su rol de bufones carismáticos. Se ganan el favor de la gente.
Y así uno de ellos llega al poder.
Da igual el cariz o talante de su apariencia. Bajo la máscara, todos son la misma sabandija.
Por si esto fuese poco, la primera noche en que el electo duerme en la residencia presidencial, recibe la visita de aquel a quien rinde secreta pleitesía.
El-mal-en-persona se traslada en su cuenco por su red de túneles hasta situarse bajo dicha estancia. Entonces su súbdito camina sonámbulo y desciende hasta el sótano, donde aparece un pozo otrora nigrománticamente oculto. El durmiente es descendido levitando por tal conducto y llevado frente a su amo.
El-mal-en-persona emerge entonces y emite un cántico inarticulado y escalofriante. Su apariencia es horrenda, mezcla de pútrida decrepitud y atroz vileza, teñido todo de rojo coágulo. Por suerte la oscuridad evita semejante visión al fantoche en duermevela, que flota laxo ante tan pavoroso espanto.
El infecto antisalmo continúa durante 6 horas, 6 minutos y 6 segundos. Después su emisor se sumerge nuevamente, retorna al monigote a sus aposentos y prosigue con su subterráneo ambular ignoto.
El-mal-en-persona se anexiona así al alma de sus vasallos. Gracias a ese ritual, vincula la sangre de su cuenco con la de sus peones. Quedando a partir de entonces en plena fusión. De tal manera que todo cuanto viven y experimentan aquellos, lo vive y experimenta a su vez él. La simbiosis es perfecta y bidireccional.
El-mal-en-persona obtiene así su vitalidad y la disposición de fieles ejecutores. Los siervos, ganan en el trato los réditos de su puesto y algunos leves poderes necrománticos.
Sin embargo, estos infelices desconocen el destino que les aguarda tras la muerte, ya que entonces son absorbidos y fagocitados por su ávido dueño.
Mientras tanto, el presidente Mutongo de turno, presume y se pavonea soberbio y ufano, haciendo y deshaciendo a capricho, bajo el oscuro auspicio y designio de su no menos turbio intendente, sin otro anhelo que el de sembrar desdicha y tormento, hiel y negrura.
Hasta que acabe un día su suerte, y la garrapata termine aplastada.

13 de febrero de 2018

el refirmatorio

El refirmatorio antes se llamaba escuela, peo ya no.
Ya casi ni macuerdo, peo un poco sis.
Antes cabia pofresores y la escuela era solo pa los pequeñios.
Peo ahura ya no, ques pa todos y todos, que no se libra ni nadie se libra.
O bueno si, peo ques mu dificil mu.
Tolos dias ahi que te ponen una tele con notizias, que tenes que ripitir tolo quicen y te ponen ahi unos cables en la cabezas pa ver lo bien y bien que lo ices to de verda.
Peo que nay pofresores, solo mas que todos ahi sentaos caduno en su sitio y mirando su teles.
Y si te distrais niuna mija, te da un calanbre asi gordos que ni quieres ya mas.
Anencimas que como fallies de ripitir es lo peor es, que vene un robot y tese llieva y es malimal, que te ponen agujas cacho bestias y tacen ver masimas cosas que parpardean muchio y duelen que duelen de ver y to.
Luego ni tacuerdas na de na, peo que tenes la cabeza comun bonbo y ni te podes levantiar, caveces pasan dias y dias asis.
Peo ya luego que no te libras no y al refirmatorio que vas.
Y lo peor son los ecsamenes, que tacen ahi un monton de pegruntas que ni sabes saber, poque nunca quenseñan na, solo masque las notizias.
Peo que no pasa na, que son pegruntas pa saber los que son listos, y si eres listo que vas a una escuela mejor paprender de verda.
Yesos se libran ya del refirmatorio, que luego sacen jefes de los robots ye so.
Peo ahura que macuerdo, que anencimas el refirmatorio que nu es obligartorio no, que siqueres que dejas dir y no pasa na, peo que te quiedas sin dineo poque el dineo te lo dan cadia que vas al refirmatorio, y nay mas tabrajos, poque to que lacen los robots y los listos, asique o te vas a lo salvajes o te mores danbre.
Hay muchos que no van al refirmatorio y son salvajes, y salen en las notizias cando se moren, que se moren muchos tolos dias.
Peo las notizias no ticen los que viven ni na, asique es un misterios asi de gordo y mas, y mas los rumores quicen que que comen gentes y cosas asis.
Peo paece que son mientiras paque naide saga salvajes.
Y mas cosas mas.
Peo el refirmatorio tace que telo creas to masimas de verda to.
Macuerdo una vez que macuerdo, que vino un nuevo al refirmatorio questaba loco y decia que todo era mientiras las notizias, peo luego se lo llievo un robot y ya no vulvio.
El refirmatorio es un rollo mu rollo, peo ya ta coustunbras y nuesta tan mal, que niay que piensar, que ripites comun loro las cosas y te dan dineo, y ya luego que podes estiar sin acer na y na.
Poeso que los ecsamenes ni ace falta piensar ni ace, poque como acerties alguna piegrunta, que te poden poner de listo, yeso es mas rollo an, asique mira.

1 de mayo de 2017

con hueso

La memez de la alta cocina no tiene límite.
Los cocineros se sacan de la manga propuestas cada vez más descabelladas, tratando de alcanzar la fama.
En pos de la originalidad, realizan manipulaciones grotescas y absurdas.
La última ocurrencia del destalentado de turno, ha sido la de añadir hueso a sus platos.
Me explico:
En el núcleo de cada alimento, ha introducido un carozo.
Incluso en las piezas más impensables y pequeñas.
La cosa empezó como una tonta broma.
Jugueteando con lo que tenía a mano, se le ocurrió ponerle hueso a los pepinillos.
Luego fue aplicando la idea a otros alimentos.
Pero pronto se vio limitado por el tamaño del carozo, y ese impedimento le resultaba intolerable.
Así que se puso a buscar un reemplazo más dúctil y amoldable a sus propósitos.
Se devanaba los sesos considerando posibles candidatos, sin dar con el adecuado.
Hasta que, se le encendió la bombilla y le llegó la solución de golpe:
Oro.
Eso era.
No cabía en sí del entusiasmo.
Aquello sobrepasaba todas sus expectativas.
Con tan poderoso aliado, el éxito estaba garantizado.
Y así fue.
En cuanto lanzó su propuesta, su restaurante se convirtió en el más rompedor y novedoso.
Y ahora es el súmmum del elitismo.
Reservar mesa, solo está al alcance de las verdaderas fortunas.
El protocolo es muy estricto.
El comensal debe realizar un depósito por el importe del menú seleccionado.
Hay que tener en cuenta, que el precio de los platos está determinado por la cantidad de oro presente en sus ingredientes.
Algunos alcanzan cifras realmente desorbitadas.
Pero eso no es todo.
Tanto el restaurante como el comensal, deben estar personados notarialmente, durante todo el proceso de elaboración del menú, para dar garante y conformidad de la autenticidad del oro y de su inserción en cada ingrediente, con absoluta exactitud y certidumbre.
Luego el comensal disfruta de su caro capricho, y después se procede al recuento de las pepitas presentes en su plato.
Tantas pepitas como el restaurante recupere, proporcional dinero le será retornado al comensal.
Así pues, lo verdaderamente penalizador es engullir accidental o voluntariamente el oro.
Por eso, algunos platos son más temibles que otros, ya que el tamaño de las pepitas está condicionado por el tamaño de los ingredientes utilizados.
El plato de arroz, es la cumbre más aterradora, tanto para los cocineros como para los comensales.
Rara vez es solicitado.
Todo esto, limita enormemente la posible clientela.
Sin embargo, el artífice de este tinglado, ha sabido aderezar su ingenio con otras maquinaciones no menos maquiavélicas.
Ha dividido su restaurante en tres zonas, de área decreciente.
La mayor, es el restaurante para la clase alta. La mediana, es un bar para la clase media. Y la pequeña, es otro bar para la clase baja.
Ordenados en esa secuencia.
Una pared de cristal separa el restaurante, del bar de segunda. Y un espejo unidireccional, hace lo propio entre el bar de segunda y el de tercera, con su cara reflectante orientada hacia el bar de tercera, obviamente.
El cometido de tales argucias, es para obtener otro atractivo añadido, gracias a que en el bar de tercera se dispensa la bebida de una manera muy peculiar.
Me explico:
Solo se sirve un tipo de bebida, el típico brebaje alcohólico de baja estofa, a un precio asequible.
Pero no se utilizan vasos.
La bebida está colocada en grandes cilindros de cristal, de cuya base nace un tubo flexible que termina en un chupete.
Cada cilindro tiene una capacidad máxima de 12 galones, y está calibrado, con muescas que indican el volumen consumido, señalado por la altura del líquido remanente.
En este bar, la única manera de acceder a la bebida es participando en un concurso.
El planteamiento del mismo es muy sencillo: Quien beba más cantidad en 15 minutos, no paga su consumición.
La barra tiene una capacidad para 15 consumidores, que deben ceder su puesto tras su ronda de trasiego.
Para más escarnio y regodeo, las tetillas dispensadoras no proporcionan un flujo continuo, sino que obligan a una succión activa, que da aún más comicidad a los ímpetus vehementes de los ansiosos libadores.
Con cada sorbo, obtienen en cuantía un chupito de la bebida, aprox. Suficiente para que los más ávidos se atraganten, para risa y jolgorio de la concurrencia.
Se comprende pues, que esta actividad supone un grande entretenimiento para la clase media y alta, que se solaza efectuando apuestas a costa del alcoholismo desaforado de los desdichados.
La clase media también está sujeta a ciertas normas.
La barra tiene igualmente capacidad para 15 consumidores, pero por lo demás es un bar convencional, con variedad de bebidas y servidas en vaso.
La clase media no consume por competición, sino por esparcimiento.
Sin embargo, a cada consumidor se le asigna un asiento al azar y está obligado a apostar por su directo equivalente de la barra del bar de tercera.
La apuesta mínima supone un importe considerable, similar a pagar una ronda de consumiciones de toda la barra.
El consumidor que gana la apuesta, recupera su dinero, y con un poco de suerte, hasta puede obtener más.
La cosa va así:
La clase alta tiene opción a apostar contra la clase media, o sea que si el apostante-medio pierde, el apostante-alto obtiene la cantidad comprometida por el apostante-medio.
Pero si el apostante-medio gana, obtiene además la cantidad comprometida por el apostante-alto.
La clase alta solo tiene dos restricciones. Una: Que cada persona solo puede hacer una apuesta por ronda. Y dos: Que no puede apostar directamente sobre la clase baja.
Así pues, la diversidad disponible es directamente proporcional al número de consumidores presentes en la barra del bar de segunda.
El bar de tercera siempre está repleto de infelices, por supuesto.
Y bueno, entre unas cosas y otras, todos se lo pasan de lo lindo, regodeándose en sus respectivas miserias y soberbias, para lucro y gloria del rufián de turno, de exquisitez culinaria del culo, o ya me dirás tú.

12 de julio de 2016

el asesino de osos

Señor asesino de osos:

Usted ha dedicado su vida a quitar la vida a los osos, hasta que un oso le ha quitado la vida a usted.
Usted nunca ha tenido mi aplauso, y su muerte no cambia mi apreciación respecto a su actividad aniquiladora.
No he tenido ocasión de conocerle personalmente, así que no tengo ninguna opinión concreta respecto a sus cualidades humanas.
Sí debo manifestar mi total oposición, repulsa y censura respecto a esa afición desempeñada por usted y muchos otros.
Usted ha realizado en esta tierra un mal por el que no ha sido juzgado, ya que la cultura dominante todavía ve con buenos ojos semejantes comportamientos abominables.
Mis palabras ni quitan ni ponen nada para su caso, ahora usted tendrá su preciso veredicto en el más allá.
Desconozco cuál será su destino. Confío en la justicia extramundana, así que tengo la conciencia tranquila a este respecto.
A buen seguro usted tendrá ocasión de contrición y redención.
Mientras tanto, aquí abajo hay un cierto conflicto y revuelo.
El equilibrio de fuerzas está cambiando. La conciencia que desaprueba el abuso y la tortura, alza su voz y gana presencia.
Aunque no siempre su expresión es ejemplar ni adecuada.
El ensañamiento resulta inadecuado y contraproducente.
Muchos esgrimen esta desmedida, para intentar invalidar el mensaje.
Pero la conciencia que capta la verdad, no puede desvirtuarse.
La distinción del bien es inapelable, por más que pretendan adulterar esto los relativistas.
Así como la sombra es la ausencia de la luz, el engaño es la insuficiente conciencia.
Aquellos que están despertando, saben lo que quieren y lo que no.
Saben distinguir entre lo que está bien y lo que está mal.
El pasado oscuro está desapareciendo y está llamado a extinguirse.
Hoy son noticia las reacciones a posteriori, el rechazo a los usos obsoletos.
Un día, la injusticia no va a tener más cabida.
No habrá asesinos de osos, ni de ningún otro tipo, porque nadie tolerará ni permitirá semejante opción, ni por equivocación.
A esto apunta y aspira, todo humano que se digne de considerarse como tal.
Entonces habrá paz y hermandad.
Mucho queda por hacer hasta llegar a eso.
Los ideales que viven en los corazones de los justos, deben hallar cada vez maneras más efectivas y elevadas de plasmarse en la realidad.
Solo así construiremos una auténtica democracia, para articular vías de entendimiento, organización y cooperación, que nos permitan una transición oportuna y decisiva.
Toda energía que se utiliza de manera dañina y traumática, está haciendo un mal servicio a su causa.
Es muy positivo que exista libertad de expresión y que se debata sobre esta y todas las cuestiones.
La comunicación será provechosa cuando los interlocutores expongan de manera civilizada y desarrollada sus puntos de vista.
Los medios de información oficiales, interfieren y distorsionan, en lugar de intermediar y propiciar el diálogo.
Hay detalles que animan a la esperanza.
Los despiertos van a estar siempre del lado de la verdad, y esto no hay que perderlo de vista nunca.
Lo indefendible, fracasa en su defensa porque carece de argumentos, por eso acuden y recurren a la violencia en cuanto sienten que se desestabiliza su invento.
La palabra escrita es un medio excelente para intercambiar todo tipo de impresiones. El lector puede otorgarle la atención y la importancia que prefiera, puede acceder a los contenidos a su propio ritmo y manera. La repercusión y la intensidad reposa en gran medida en el receptor.
La palabra puede llegar a zaherir y, por supuesto, ya se ha dicho que ese no es el camino adecuado.
Así y todo, puede decirse que esa es la forma de violencia menos violenta de todas.
Un mundo donde solo existiese este grado de agresividad, sería un mundo bastante feliz. No habría asesinos, solo malhablados, mejor dicho, ni siquiera malhablados, solo malescritos.
Joder, yo me apunto a eso, jeje.
Aquí ahora se da el absurdo total, cuando los asesinos se duelen ofendidos por algunas palabras malintencionadas. Olé la ceguera.
Fina piel se gastan, quienes siegan por antojo vidas ajenas.
En fin, señor asesino de osos, perdón por haberme ido por las ramas.
Si algún día vuelve usted por aquí abajo, elija para realizarse un arte edificante y seremos amigos.

Nada más, un saludo.

13 de mayo de 2016

retrato de la corrupción

Pues había una vez un artista que tenía ganas de llamar la atención, y se le ocurrió una obra bastante provocativa.
Aprovechando la coyuntura, ya que la corrupción estaba tan de moda y los hipócritas trajeados parecían postureo-decididos a quitar de la circulación el billete de quinientos, el artista ideó una creación maquiavélica.
Con no poco esfuerzo y astucia, preparó todo para presentar su obra justo el día en que oficialmente dicho billete comenzaba su camino hacia la extinción.

Su creación era insultantemente sencilla, a la par que epatante.
Titulada "Retrato de la corrupción", consistía en un lienzo de dos metros de alto y cuatro metros de ancho, toda su superficie repleta con billetes de quinientos, que se comban grácilmente, cual tapiz peludo. Este efecto lo producen exactamente dos mil billetes, repartidos uniformemente en cincuenta filas horizontales, cada una compuesta de cuarenta billetes, pinzados por su menor lado, para pender más ostensible y tentadoramente.

El valor de la obra era sencillo de calcular: Dos mil billetes de a quinientos, igual a un milloncejo de ná. Pero este precio era lo de menos, porque había otro detallito que hacía prácticamente impracticable su adquisición. El origen de ese dinero era manifiestamente desconocido, y por lo tanto caía una enorme sospecha sobre el mismo, de tal manera que cualquier insensato que osara comprar semejante obra, se abocaba a serio delito ipso facto.

Sería tedioso detallar las triquiñuelas legales que eximían al artista de responsabilidad respecto a la materia prima de su obra. Digamos que había sabido explotar a su favor los archiconocidos agujeros fiscales de los que se valían los impunes evasores de este asqueroso mundo. 

Así pues, tal osada creación, exigía tremendas medidas de seguridad, pero sorprendentemente esto no arredró a los museos, sino todo lo contrario. Resultaba un reclamo estupendo, que supieron aprovechar al máximo.

La polémica realimentaba el debate, y todos sacaban tajada de un modo u otro.
El artista disfrutaba de lo lindo soltando insinuaciones confusas y oscuras que no llevaban a nada. Azuzando la curiosidad y regodeándose en su secreto.

Los teóricos discutían si esa obra representaba la cumbre de la genialidad o el colmo de la ignominia.

El público se dividía, se fanatizaba a favor y en contra. Unos la adoraban y otros deseaban destruirla.

Muchos la ignoraban y no comprendían nada.

Pocos, decían que el arte había muerto.

Y todos tenían razón.

1 de marzo de 2016

todo el mundo odia a Pepe

Pepe es un cerdo chorizo que se dedica a robar y mentir.
Lleva años y años viviendo de esta manera.
Al principio era divertido, pero luego se hace cansino.
Atrapado en una pesadilla repetitiva.
Para colmo, todos se han apuntado al juego y hacen lo mismo.
Pepe está harto y asqueado de la vida que lleva.
No tiene amigos de verdad, solo compinches y competidores.
Soporta un estrés inhumano para mantener el engaño.
Se esconde tras una máscara incómoda y opresiva.
Pepe se siente como un tiburón desgraciado, que se va desdentando.
Su club de fans ya no le llena.
Su paranoia ya no le libera de su inmundicia.
Ya no halla alivio ni justificación para su miseria.
Pepe aborrece su retorcida vileza.
Le da náusea su camino y resultado.
Ni se atreve a implorar redención.
Ningún futuro alienta su esperanza.
Para el dinosaurio, despertar es extinguirse.
Y continuar es despedazarse lentamente, en un absurdo sinsentido.
Todo el mundo odia a Pepe, incluso Pepe.

El pobre no quiere comprender.
Que no es a él como persona a quien se odia.
Sino a su abominable comportamiento dañino.
Que la puerta siempre está abierta.
Y que su ruina y condena se deben a sí mismo.

Los días están contados.
No habrá continuación de su legado.
Ni clemencia en su memoria.

Se hunde sin remedio.
Y lo que tendrá al otro lado es serio.

El ciego arderá hasta claudicar.

20 de enero de 2016

Gente de allende (0-0-11)

Tobías es nombre de perro.
Al pobre Tobías se le ríen de él porque dicen que su nombre es de perro. Y no es verdad, pero los críos son más malos que la sarna y le chinchan con eso.
Tobi Tobi, ven. Ven, Tobi, ven. Dame la patita.
Tobías, a la pizarra. Muy bien, se ha ganado una galletita, digo... un positivo.
Y Tobías gruñía y rabiaba.

Elena Conache cada vez que se presenta tiene el mismo problema, la gente se hace un lío y no se entera ni de cómo se escribe su nombre ni de cuál es su apellido. Total, un desastre.

Conrado, el contable honrado.
Caso raro es don Conrado, que de lo cedido no hace robado.

Pilar Maestro de mayor quiere ser arquitecta, y la gente se ríe sin venir a cuento.

Emeterio es el guarda del cementerio, también hace de enterrador y lo que haga falta. El camposanto es su terreno, su reino, su imperio.

Doña Florinda es la dueña de la floristería y está al día de todos los cotilleos, de amoríos y escarceos. No se le escapa ni una a doña Florinda.

Chema el bombero no ha visto en su vida un incendio de verdad, se sacó el título mediante un curso por correspondencia y solo conoce el fuego por los libros y los videos.

A Tobías no le gusta demasiado bañarse, es habitual verle rascándose la cabeza o por el cuerpo. Más de una vez ha pillado alguna pulga o ha tenido piojos.

Sonia es la profe de lengua y una romántica empedernida que siempre está deseando que llegue el amor de su vida. Su sueño más grande es tener una pareja para quererse mucho mucho y darse más besos que más y cosas así.

Aparicio cara-de-susto trabaja en la funeraria, el pueblo le hace el vacío y el pobre lleva una existencia solitaria y melancólica.

Pilar Maestro ya es moza de buen ver, pero está tan empeñada con sus estudios que la única manera de verla es en la biblioteca, de los pocos sitios que frecuenta.

Rico el pordiosero no ha tenido suerte en esta vida. En el pueblo ya están acostumbrados a verlo mendigar por las calles. A veces se apiadan de él y a veces lo echan a patadas. Pero siempre vuelve, como si no tuviera otro lugar al que ir.

Siobhan es la extraña, la huerfanita pelirroja con ese nombre tan raro que adoptaron los Gutiérrez en un arrebato de bobería incomprensible. A saber de dónde la sacaron.

Vitorio está jubilado y es un ludópata. Dice que se está quitando pero poco se nota. Hombre, es verdad que ahora se controla un poco más, pero si no es por el alcalde, este acaba en la miseria, como Rico el pordiosero.

La profe Sonia además es más guapa que más, asique por eso no será. Tiene unas tetas grandes y redondas, que casi no puedes ni dejar de mirarlas. Y también tiene una melena larga y castaña, de la que le salen un par de mechones con los que hace caracolillos cuando fantasea.
A todos los chicos se les cae la baba solo de verla, que casi ni respiran ni nada en su clase. A veces se oyen suspiros y todo.

Inocencio es el líder de los macarrillas. Aborrece profundamente su nombre, así que todos le llaman Zulo, luego veremos por qué, y ojo con equivocarte, porque siempre lleva navaja encima.

Elena Conache, además de modista es un poco pijilla. Se cree que es la reina del cotarro. Y es verdad, porque nada adorna más un sarao que sus sonoras risas de pato, Cuá Cuá Cuá!

Corifeo, Cori para los amigos, si tuviera alguno, que va a ser que no, es un chico gordo y acomplejado. Cuando digo gordo y acomplejado quiero decir superobeso y ultratraumatizado.

Fuencisla es una viejica plañidera. Esa que viste siempre de luto y acude a todos los entierros con su camarilla de seguidoras, a llorar un ratico al muerto. Lo hace por vocación, aunque el cura siempre le da alguna estampita, por lo bien que ambienta con sus penas el oficio difuntos.

Sandalio el zapatero tiene un local mu coqueto y apañado, aunque el trabajo se le amontona por todos los lados. Menos mal que por la noche... Se va a la taberna y se olvida de todo.

Sonsoles es ciega y tiene su quiosquico donde vende la suerte los ciegos, para el que la quiera comprar, claro.

Chema el bombero no hace más que atender emergencias nada emocionantes, rescatar gatitos subidos en los árboles, rescatar viejecitas atrapadas en sus casas y cosas así.

Los Gutiérrez ya hace años que palmaron y Siobhan ya es una zagala hecha y derecha, que regenta una taberna y todo, la única que hay en el pueblo, además. Pero para los del pueblo siempre será la extraña. Para eso está la plaza los viejos, pa que las cosas se digan como tiene que ser, hombre.

El enchufe del Vitorio con el alcalde le viene de que son familia. No me preguntes por el parentesco porque yo con eso no me aclaro. Tiabuelo, concuñao o algo así será.
Total, quel Vitorio vive de gratis en una casa cedida y come donde los curas. A cambio, los dineros se los administra una asistenta, porque es que si no es una ruina. A la que tiene dinero, ya está apostando y montando barullos y problemas.

La profe Sonia lee muchas novelas de amor y se cree que le va a pasar igual, pero lo malo es que pasa el tiempo y no tiene suerte. Qué es lo que hace mal?

Caballedo es el barbero del pueblo. Tendría que estar jubilado, pero como no tiene otra cosa, pues ahí sigue que sigue, al pie del cañón. Hasta que el cuerpo aguante.

Rosita es la hija de Atilano y doña Florinda. Está en una edad difícil, no soporta a sus padres, siente que le asfixian, que no le dejan expresar su personalidad, que le impiden crecer. Tal vez por eso hace todo lo contrario de lo que le dicen.

Zulo ya es casi un adulto, dejó los estudios hace tiempo y desde entonces trabaja en la herrería. Tiene una moto petardera y le encanta correr a tope con ella todas las noches. Así es como si marcara su territorio, que palgo es un macarra, no te digo.

A Tobías lo que más le gusta del colegio es la sirena, pero solo la de salida, claro está. Cuando se acerca la hora de que suene, se pone a salivar de puro contento.

La casa de Doña Florinda es pa verla. Toda llena de flores y animales disecados. Parece una selva mismamente. Casi hasta agobia y todo, no me extraña que Rosita se sienta atrapada en semejante extravagancia barroca.

Aparicio cara-de-susto es romántico hasta los huesos y hace poesías en secreto. Sueña con el día en que aparezca su alma gemela y le rescate de su tristeza.

Pilar Maestro saca dieces en todo, es la mejor con diferencia. Ella preferiría no ser tan diferente, pero ya es tarde para eso. Los demás la ven como a un bicho raro. La admiran, la envidian o la aborrecen, pero encajar lo que se dice encajar, no encaja.

Corifeo es el resultado de una relación tormentosa. Sus padres son unos desgraciados que se dedican a hacerse la vida un infierno el uno al otro. Lo que no sé es por qué siguen juntos en esas condiciones. Igual son masocas o algo, pero que, vaya par de dos.

Para saber cómo está la profe Sonia, solo hay que ver la ropa que lleva. Hay días que lleva escote y faldita, y hay días que lleva un vestido así oscuro que parece una monja.

Lo de Zulo le viene por el local que tiene. Resulta que sus abuelos murieron hace tiempo y sus padres le cedieron la casa que habían heredado. Más bien le invitaron a que se fuera de su lado, tan problemática era su convivencia.

Eustaquio es el médico del pueblo. Cuenta con un equipo de trabajo bastante reducido. Su principal apoyo es Eugenia, la enfermera.

Nadie gana a Fuencisla a duelos y quebrantos. Sus lamentos son profundos y desgarradores. Vamos, que como te pille con la guardia baja, te hace llorar de lo lindo, a moco tendido. Te hunde la moral que da gusto.
Qué campeona la Fuencisla. Es tremenda.

Conrado es de un carácter discreto y apocado. Poco más se puede decir, porque en cuanto se sabe mirado se pone rojo como un tomate y se aturulla azorado.

La familia Chinchón es bastante típica. Romeo, el marido, trabaja en la fábrica. Maruji, la esposa, cuida la casa. Bartolo, el mayor, hace novillos. Felisa, la mediana, es una listilla. Y Nati, la pequeña, no hace más que darle al chupete.

Salva es un abusón. Nació cuando sus padres no tenían ya ganas ni tiempo para criar otro hijo. Lan criao a base palos y berridos: Burro, manque burro!

La taberna de Siobhan no tiene nombre. O bueno sí, se llama La Taberna, porque eso es lo que pone en el cartel que cuelga fuera. La Taberna está bien, corto, sencillo, directo, sin complicaciones. Los del pueblo lo llaman el bar de la extraña, o la pelirroja, o la huerfanita, la chica esa que adoptaron los Gutiérrez, que no te sé decir de dónde es pero que fíjate tú qué penica los Gutiérrez, ya muerticos los dos, qué penica hija mía.
Cosas así, según con quién hables y cómo de rumboso lo pilles.

A Salva lo tratan como a un animal, no le enseñan nada, pero bien que le castigan por todo lo que hace mal. Los salvajes son sus padres, no te digo...

Caballedo ha perdido mucho con los años. Antes era jovial y dicharachero. Siempre tenía un saludo amable y una conversación a mano para todo el que se asomara por la barbería. Ahora está como distraído todo el rato. Apagado.

Salva ha aprendido a apreciar los golpes y el desprecio como la única forma de afecto y atención que puede tener. Por eso hace las cosas mal adrede. Es mejor que te llenen de palos a que se olviden de ti. Pura supervivencia.

Feo es la abreviatura de Corifeo y es como le dice todo el mundo. Se ve que para que te llamen por tu nombre hay que hacer méritos o algo. La gente es así, te ven jodido y aún te joden más. Ahí a cebarse con el que más pueden. Venga a chinchar y a escarniar.
En el caso de Feo está claro que le pega, que le queda mejor, que va más con su persona. Pero aun así fastidia, que los demás decidan hasta cómo te tienes que llamar. Jesús, qué cruz.

Sin darse cuenta, Salva ha asimilado lo que le dicen como la verdad. Se identifica con esas palabras, por eso procura que los demás también se las digan. Así se siente reconocido, apreciado.

Eustaquio y Eugenia se entienden en secreto, él está casado y ella está soltera. Compréndase, así las noches de guardia son más llevaderas...

Salva se desquita de sus problemas en el cole. Para ser un animal no hace falta estudiar, Salva va al cole a abusar y molestar. Además ha repetido de curso y eso es mejor todavía. Ahora es el mayor de la clase.

Tito es un niño pequeño que no habla. Sordo no es y mudo tampoco, solo que no habla y ya tiene edad para hablar. Su madre confía en que hablará cuando sea, ella lo quiere igual.

En el fondo, Salva solo busca ser querido, pero no sabe ser de otra manera, así que lo único que consigue es ser odiado. Esa es su pena. La maldición del abusón.

Ahora el Vitorio se conforma con las cartas, qué remedio, pero en sus años mozos este le hacía a todo y montaba cada una que para qué. No ganábamos para disgustos con él.
Detrás de una, otra, y el pueblo venga a aguantar los líos de semejante destalentado.
Menos mal que con los años se ha asentado un poco, menos mal.

Ser el malo es un poco pesado, Salva se siente como atrapado, tiene miedo, teme que si deja de maltratar a los demás, entonces será él la víctima de los otros, y de eso ya tiene bastante en casa.

Chema el bombero se reúne cada noche en la taberna con la parroquia, el Sandalio y compañía, y juntos pillan cada borrachera que arde Roma.
A veces Salva piensa que es como si no tuviera derecho a existir, como si todo el mundo prefiriera que él no estuviera ahí. Por eso no le queda más remedio que hacerse el duro, luchar por su pellejo, ya que nadie está de su lado.

Bienve fue un hijo no deseado, tal vez por eso nació tarado.
Su madre tuvo que criarlo sola, porque se había separado.
Esta historia se la sabe muy bien doña Florinda, que la cuenta con todo lujo de detalles a todo el que quiera oírla.

La casa del Zulo tiene un sótano que ha convertido en peña. Es un agujero de mala muerte, que cuando no apesta a humedad está lleno de humo. Allí se junta y reúne lo mejorcico del pueblo.

Sandalio siente un natural y previsible fetichismo por los pies femeninos. Nada le complace más de su trabajo que el quitar y poner zapatos a una bella dama en el breve y cómplice silencio que crea la sensualidad del momento, el suave deslizar del pie sobre su horma perfecta. El olor del cuero, la tersura de lo nuevo, la intimidad del contacto, la tentación del deseo...

Lo bueno de trabajar en una funeraria es que te deja muchos ratos muertos, que Aparicio cara-de-susto mata con sus lecturas poéticas.
Como buen romántico que es, gusta de leer grandes poetas. Ahora mismo tiene entre sus manos "Un blando columbramiento", de Afrén Avedarturi.

Cuando está así con muchas ganas de tener amor, a la profe Sonia se le nota porque se muerde el labio, y porque escribe en la pizarra más cerca sin darse cuenta, que se le rozan las tetas y se le ponen blancas.

Emeterio gobierna sus dominios con autoridad, hace y deshace a placer. Pero siempre con suma discreción. Por el día es como si no existiera. Nadie sabe de sus fechorías, ni lo sospechan siquiera.

Feo es la patata caliente que nadie quiere ver ni aguantar. Feo es casi como si no tuviera familia, como si fuera huérfano. Se pasa el día por la calle, solo, abandonado, ignorado, desamparado.
Menos mal que Feo tiene un escondite privado, un rincón secreto donde pasa los ratos tranquilo y en paz.

Salustio, Jubi para los amigos, bueno, para todo el mundo, porque ya el mote se le ha quedado. Pues eso, el Jubi que tiene más años que la tarara y está hecho un fenómeno el figura, porque es que no se entera de la misa la media. Por sordo, que no por tonto, pero igual que te tronchas con él, tiene cada salida que pa qué.

Doña Perpetua tiene 99 años y está podrida millones. Sus hijos están deseando que estire la pata para trincar la herencia. Pero buena es Doña Perpetua, cualquiera lecha la mano al cuello, sí, miau!

Los chavales se lo toman como una prueba de hombría, pasarse por la peña el Zulo es lo más de lo más, solo para tíos duros con los machos bien puestos.

A Siobhan muchas mujeres la llaman Yoán, o Juana, o Susán o como les sale. Y hay hasta quien le dice Sonia, que alguna también tiene unas entendederas...

Aparicio cara-de-susto pasea sus tristezas por la noche, que es cuando se deja ver por el pueblo. Bueno, lo de dejarse ver es un decir, porque a esas horas ya me dirás tú, si no hay ni un alma por ahí. Y si te lo encuentras, te casca un susto que no veas. Normal, con ese aire tan siniestro y fantasmal, a ver si no.

Bienve es todo un hombre, pero su mente es la de un niño.
Es muy difícil controlarlo, por eso su madre lo tiene siempre encerrado.

Chema el bombero tiene afición por el aguardiente, que alimenta pasiones inconfesables en su bravo corazón flamígero.

Rico el pordiosero suele ir acompañado de un galgo sarnoso al que llama cariñosamente Pulgas. Claro que, con la voz tan cascada y ajada que la mala vida y los años le han dado, por muy amable que intente sonar, a nada que diga, el perro siempre sale espantado y entonces empieza la absurda escena de siempre, con Rico el pordiosero maldiciendo y armando escándalo a grito pelao detrás del chucho que huye escagarruciao y aullichillante.

La guarida secreta de Feo es una casa abandonada, derrumbada, de la que solo queda en pie la fachada, con la puerta y las ventanas tapiadas. A cada lado, los muros de las otras casas, así que solo se puede entrar por la empalizada de atrás, por un hueco disimulado.

Tasio es disecador, un taxidermista de esos que le dicen. Vamos, que tú le das un bicho muerto y él te lo pone bonito, padornar y tal. Eso aquí se estila bastante, no te creas.

Emeterio tiene un pequeño arreglo con doña Florinda. Él se ocupa de sacudir con su pala las flores de las familias pudientes, para que las repongan con más frecuencia. A cambio, doña Florinda le tiene al día de los chismes más picantes. Esta hecho un salido de mucho cuidao, el Emeterio.

El Vitorio siempre tiene una mesita en la calle, junto a su casa. Es de esas plegables, de las de cánpin, y también tiene un par de sillas, también de cánpin. Y allí que se pasa el día, echando partidas con el que quiera, y cuando no, pues haciendo solitarios.

Ángel Malo es el profesor de matemáticas y es endiabladamente bueno pillando a los que no se lo saben. Con él no valen las chuletas, qué va, ni de casualidá.

Feo se siente seguro y protegido en su rincón apartado, en ese paraje olvidado, ese solar lleno de ruinas y escombros. Lejos de los otros y todos. Una vez dentro ya está a salvo, porque las casas no tienen ventanas que den al solar, la fachada le tapa de los vecinos de enfrente y por detrás ya no hay más casas, así que... Ideal.

Tito es formal y sabe ser bueno cuando está solo. Por eso su madre lo deja en casa mientras se va al trabajo. Dinero no sobra, así que la vecina le echa un ojo de tanto en tanto y asunto arreglado.

La peña del Zulo es el picadero ideal. Muchos descubren allí la droga, muchos se inician así en su perdición. En esa peña más de una ha perdido la virginidad y más de otra se ha cepillao a medio pueblo. El sueño de todo pipiolo, vamos.

Chema el bombero vive en casa de sus padres y, en cuanto se sacó el título, se hizo construir una barra de deslizamiento hasta el garaje. Pero la furgoneta cisterna no le cabía, así que la guardan en el almacén del pueblo, que está en la otra punta del ídem. Aun así con la barra deslizadora se gana tiempo, no te creas que no.

Antes Aparicio cara-de-susto gustaba de ambular también por el cementerio, pero el Emeterio le tiene prohibida la entrada. Se ve que le molestaba o interfería en sus andanzas, que no quiero ni pensar las que serán.

Rosita es de las que gustan frecuentar la peña el Zulo. Cualquier día aparecerá por su casa con un bollo en el horno. Y entonces que rece quien le haya hecho el bombo.

Al Jubi lo de su mote le viene por Jubijarreta. Resulta que, como es un poco duro de oído, se medio inventa lo que oye y muchas veces rebautiza a la gente a la buena de Dios, con lo primero que se le ocurre. Y claro, en una de esas le bautizaron a él y con Jubi que se quedó.

Los exámenes de Ángel Malo son de los de sudar la gota gorda, de estrujarte el coco pero bien, que como no te lo sepas cateas de cabeza que cateas, fijo que sí. Y lo mismo con los ejercicios de clase y los problemas para casa. Un horror, vamos.

Da igual invierno que verano, día que noche, la mesa el Vitorio siempre está ahí plantada, ocupando la acera. Pero la gente ya está acostumbrada y al menos no se quejan.

Para su cumpleaños a Tobías le han regalado un frisbi. Guau, qué chulo! Dice Tobías. Y como no tiene con quién jugar, lo lanza y corre a recogerlo, así hasta que se cansa.

Caballedo en sus años buenos era todo salero y desparpajo. A los chicos siempre les hacía la misma broma, de que le venía un estornudo y te cortaba la oreja. Y entonces te echaba sobre el regazo una oreja de pegas que tenía. Te miraba la cara que ponías y se arreaba unas risotadas que daba gusto. Luego te daba algún caramelo y ya se tabía ganao pa toda la vida. Eran otros tiempos, claro, esas cosas se valoraban.

La Capi está como un tren, de toma pan y moja. De pequeña tuvo guaperas y ya se quedó así. Es un poco tontita y creída, pero se le perdona por lo buena que está. Mama mía.

Tasio perdió a su mujer y a su hijo en un accidente de coche, él se salvó de milagro. Tiene una cicatriz bastante chunga en la cara y de poco no pierde un ojo. También se fastidió malamente una pierna y ahora anda a lo patachula. Está hecho un cromo el Tasio.

Conrado vive con su padre, Prudencio, que ya está mayor y achacoso. Conrado cuida de él lo mejor que puede y sabe. Forman un dúo gris y apagado. Una pareja insuperable, para un concurso de bostezos, eso sí.

Aparicio cara-de-susto quisiera escribir poesías henchidas de ternura y alegría, pero las que le salen son sombrías y macabras. La muerte que llena su entorno se le mete dentro y se filtra en lo que escribe. La nostalgia anega su ánimo y le hace goteras en el corazón. Plinc. Plinc. Plinc.

Chema el bombero no fuma pero siempre lleva en el bolsillo un mechero. Le encanta dar fuego y que se lo pidan. A veces cuando se aburre juguetea distraídamente con él. Parece que eso le encandila y serena.

Feo pasa los mejores ratos en su lugar especial, su reino, su territorio, sus dominios. Allí se mueve a sus anchas y juega y se divierte. Con cualquier cosa, con el simple placer de sentirse libre y sin testigos. La única condición es no hacer demasiado ruido, para no despertar sospechas.
Feo se recrea sobre todo con los insectos. Las hormigas le fascinan. Le encanta confundirlas y matarlas a capricho. También le gusta cavar en la tierra y cazar gusanos o bichos bola.

El Jubi es un gran aficionao a la quiniela. Lleva toda su vida apostando con la misma combinación. La gente cuando se entera es que alucina. Pero quió! Que así no se juega! Ande sa visto pues! Majara, questás majara!
Pero el Jubi pasa de todo, sigue a su marcha y ahí lo tienes, tan pancho y tan campante.

Cuando su mama vuelve del trabajo se sienta un rato en el sofá. Tito acude y le hace la broma de sentarse sobre ella como si fuera el sofá, como si no la viera. Ella entonces tamborilea con sus dedos sobre su cabeza. Llueve, Tito, que llueve. Que te vas a mojar, Tito. Y Tito se levanta y su madre le sigue con el tamborileo. Y Tito sale por el pasillo y recorre la casa buscando un techillo. Y se refugia bajo la mesa de la cocina. Y la madre se agacha y va a por él como un lobo y ruedan por el suelo y se abrazan y ríen y Tito le da un beso a su mama. Así termina el juego, así se saludan cada día.

La más triste estampa que te puedes encontrar es a Rico el pordiosero perdido por las afueras, cubierto con sus harapos y con el tembloroso Pulgas a su lado, vagando, en silencio, bajo la lluvia y el destemple.

Dicen que el Tasio tiene a su mujer y a su hijo momificados y que los guarda en el armario de su dormitorio. No sabría decírtelo a ciencia cierta, pero este cualquier cosa, es capaz de eso y más.

Fortunato Y Jacinto son dos habituales de la plaza los viejos. Son un par de ancianicos mu entrañables, siempre juntos por todos lados. Se conocen desde queran pequeñicos y siempre han sido amigos que han sido. Mialos ai qué majos, los dos achaparradicos.

Aparicio cara-de-susto está cansado y deprimido de esta vida que lleva. Quiere escapar lejos, muy lejos, a los trópicos, a la luz, al calor, a la vida. Pero no se decide, no se atreve. Qué le retiene?

Caballedo pasa las horas leyendo el periódico y echando cabezadas de tanto en tanto.
La verdad es que está tan ido que parece medio dormido siempre. Más de una vez le ves que se le cae la cabeza de sueño mientras te corta el pelo. Da un yuyu que no veas.

Si hay una palabra que define su barbería, esa es sopor. El silencio, la vetustez y decadencia, la pobre iluminación, la cadencia de las tijeras, el crujir de las vigas. En fin, todo, todo se conjuga para convertir la visita en algo deprimente, desganante, amodorrante. Y voy a parar, que ya me dan ganas de bostezar.

Alguna vez, cuando Feo explora sus territorios, ha encontrado alguna jeringuilla o algún preservativo, cosa que le ocasiona no poca inquietud y confusión. Como si adivinara la posibilidad de verse destronado y desterrado de su paraíso, su única parcelita de felicidad. Sin embargo, esta amenaza parece aún remota o difusa. Además, estos hallazgos también tienen su lado excitante, emocionante. Feo se imagina aventuras, se ve como el héroe que vence a los malos y resuelve los enigmas.

Tito juega a los secretitos. Tito hace dibujos para su mama. Es un ladrón y un zalamero, se esconde el papel en la espalda y hasta que su mama no le da un beso no se lo enseña. Luego su mama lo coloca en la nevera con un imán y tan contenta.

Sinacio tiene un gimnasio. Se llama Gym Nacho's, lo malo es que no va nadie. No ha tenido mucho éxito por ahora. Ni nunca, a decir verdad. Porque, anda que este... Menudo menda el pajaro.

La profe Sonia vive sola y duerme desnuda en una cama grande y con sábanas de seda. Se pone un par de gotas de perfume de hombre y así se duerme y consuela. Imaginando que viene un bombero para apagar su fuego...

La nevera está llena de dibujos de Tito. Casi parece que cuentan una historia. Cuando Tito se enfada los coge todos y se los lleva a su cuarto. Pero Tito es muy bueno y no se enfada casi nunca, además que enseguida se le pasa.

La barbería de Caballedo parece como sacada del siglo pasado.
El cartel sobre la entrada lleva un porrón de años desletrao. Fue perdiendo poco a poco cada letra y solo le quedan los hierros, cual encías seniles. El clásico poste a la entrada dejó de girar hace ni sé, y su cristal está todo churripitioso y enmohecido. Da una impresión bastante mala, la verdad.
Ya dentro, las paredes lucen un empapelado arcaico y descolorido. Los únicos adornos que cuelgan son un diploma, de peluquero me supongo, y un calendario dace la tira daños, con la clásica buenorra pechugona despelotada. La cristalera se ve neblinosa y tiznada, de la roña acumulada. En ella reposan dos o tres carteles elaño la pera, fundidos con el vidrio. El espejo está picado de viruelas, moteado por el óxido, rajado a un lado, por un altercado cubo cetiempunavez.
La encimera está toda agrietada y con el barniz comido y desprendido, del que apenas queda algún islote intacto en las zonas más apartadas. Las sillas parecen sacadas del laboratorio de Fránquestein, con el cuero rajado y su relleno aplastanado.
La percha está esganguillada y queda inclinada, a punto del KO. En ella descansa la bata blanca, que ya no es tan bata ni tan blanca. En el bolsillo izquierdo reposa olvidada la oreja señuelo, soñando con tiempos sin duda mejores.
Al fondo, una puerta lleva a un cuartucho diminuto, que es donde vive el Caballedo, provisionalmente, desde que abrió, allá por el año catapún.
En fin, una reliquia el local, ya lo ves.

A Tito le encanta jugar con su mama. Mira Tito, te he robado la nariz. Tito, en qué mano está la china. Veo veo, Tito. A ver quién aguanta más sin reírse, Tito. Jajaja, tramposo...

Feo se siente el rey de su imperio. Lo que no sabe Feo es que alguien espía sus andanzas. Resulta que la casa de al lado, la de la derecha, tiene un desván con una pequeña aspillera para que le entre la luz. Y que ese desván es el sitio predilecto de la vecinita. Una chica que sube allí para jugar sus juegos más secretos, y que enseguida descubrió a Feo ahí abajo, rondando por los escombros.

También le gusta a Tito peinar a su mama. Su mama tiene el pelo liso y mu largo, es muy bonito. Tito lo pasa y repasa suavecito con el peine para que su mama esté guapa guapa. Ves qué bien? Eres un tesoro, mi cielo. Mua!

La chica que espía a Feo es un poco mayor que él. Le divierte seguir y vigilar los movimientos del gordito. Le excita ser la única testigo de sus juegos y devaneos.
Tanto le deleita esto, que a menudo se toca y se complace mientras lo observa.
La vecinita no sospecha que con esta afición está imprimiendo sus gustos para toda su vida. Cuando crezca, manifestará una clara inclinación hacia hombres fornidos y robustos, especialmente camioneros. Esto a su vez la encaminará hacia la profesión más vieja del mundo y terminará en un antro de mala muerte, cualquiera de esos oasis decadentes que salpican la carretera, donde se abandonará perdida hasta su ruina.

A Tobías siempre los perros le van a olerle el culo. Eso le molesta un montón. Qué tontos que son, jolines.

La chica que espía a Feo, cuando se aburre en clase o se distrae, se pone a escribir diminutas notas o mensajes de amor para su gordi preferido. Su bolisebi, su croqueti, su... Madre mía, está como una chota la tía.
Su cabecita traviesa y calenturienta se enreda en las fantasías más tórridas y osadas. Juguetea todo el tiempo con esconderse y sorprenderle allí, verse en secreto y hacerse amigos superespeciales, íntimos y lascivos...