aviso

Este blog no está recomendado para menores, así que tú mismo con tu mecanismo.

fin del aviso


1 de junio de 2017

menisimos

Lo que sale en la tele me inporta menisimos de menos y menos poque es mientiras de verda y masimas las notizias que sinventan tolo que pasa ese nota se nota evan ai y pagan aunos paque igan cosas como si fuera verda peo que mienten masimas tol rato que quengañan pacernios tontos y tontos poeso mejor menisimos caso o si no mal esalen unos que son malos yacen cosas malas peo menisimos caso o si no que tacen acer igual de malos po suculpa yeso es lo que queren que queren asi tos malos ya y naidie feliz ya y sienpre igual de pesaos que sinvientan las noticizias tolos dias igual esalen unos miedicos a dicir lo malo y to pacernios miedio yasi tos a operarse comunos tontos queso es loque querien que querien poeso menisisimos caso o si no mal y luego las pieliculas igual todas de matar y mas ese nota se nota eson paciernos mal de piensar mal y los dibujios igual igual que son de lo mal cacen cacen y las bonbas igual tol rato que sinvientan malos de verda eson tontos poque que los engañian paque sean malos y luego los matan paque no se chiven de los malos de verda eson otros queson poeso que mienisimos caso a la tele o tacen tonto de verda si te crees tolas mientiras y los pogramas de corcunsos igual ese nota se nota y menisimios caso mejor o si no que tolvidan de piensar y mal ete va y los culebriones igual de malos igual que que llienan la cabezas dideas malas y malas tol rato elo que mienten y mienten que disimulan y mas peo an asi menisimos caso o si no veras que mal y los asnuncios tamien lo mismo epasa que sacen los buenos pa viender masimas y son malos y malos elo que vienden y lo peor es to loque sale pola tele ai cablan masimas tol rato y no icen na de verda na tos ai pieleando y robando sin parar paque cagas lo mismos yala carzel que vas por tonto y tonto ques loque queren que queren poeso menisimos caso que mienisimos o si no mal y mal.

365 dientes

Texto escrito para el proyecto 'Amor Km. 0', de Zarracatalla.
Puedes leerlo aquí:
http://zarracatalla.blogspot.com/2017/05/amor-km-0-365-dientes.html

29 de mayo de 2017

una década


Hoy cumple diez años este blog.
Para variar, queda pendiente indefinidamente la elaboración del libro recopilatorio.
Sin embargo, tengo intención de hacer una pequeña cosa especial en conmemoración de este decaaniversario.
Cosa que publicaré probablemente el mes próximo y pondré aquí un enlace para mayor claridad.
Por último, mis enlaces de dropbox están caídos y procuraré repararlos en breves.
Nada más, un saludo.

Mientras tanto: http://dersony.blogspot.com/2014/05/septimino-anino.html

1 de mayo de 2017

con hueso

La memez de la alta cocina no tiene límite.
Los cocineros se sacan de la manga propuestas cada vez más descabelladas, tratando de alcanzar la fama.
En pos de la originalidad, realizan manipulaciones grotescas y absurdas.
La última ocurrencia del destalentado de turno, ha sido la de añadir hueso a sus platos.
Me explico:
En el núcleo de cada alimento, ha introducido un carozo.
Incluso en las piezas más impensables y pequeñas.
La cosa empezó como una tonta broma.
Jugueteando con lo que tenía a mano, se le ocurrió ponerle hueso a los pepinillos.
Luego fue aplicando la idea a otros alimentos.
Pero pronto se vio limitado por el tamaño del carozo, y ese impedimento le resultaba intolerable.
Así que se puso a buscar un reemplazo más dúctil y amoldable a sus propósitos.
Se devanaba los sesos considerando posibles candidatos, sin dar con el adecuado.
Hasta que, se le encendió la bombilla y le llegó la solución de golpe:
Oro.
Eso era.
No cabía en sí del entusiasmo.
Aquello sobrepasaba todas sus expectativas.
Con tan poderoso aliado, el éxito estaba garantizado.
Y así fue.
En cuanto lanzó su propuesta, su restaurante se convirtió en el más rompedor y novedoso.
Y ahora es el súmmum del elitismo.
Reservar mesa, solo está al alcance de las verdaderas fortunas.
El protocolo es muy estricto.
El comensal debe realizar un depósito por el importe del menú seleccionado.
Hay que tener en cuenta, que el precio de los platos está determinado por la cantidad de oro presente en sus ingredientes.
Algunos alcanzan cifras realmente desorbitadas.
Pero eso no es todo.
Tanto el restaurante como el comensal, deben estar personados notarialmente, durante todo el proceso de elaboración del menú, para dar garante y conformidad de la autenticidad del oro y de su inserción en cada ingrediente, con absoluta exactitud y certidumbre.
Luego el comensal disfruta de su caro capricho, y después se procede al recuento de las pepitas presentes en su plato.
Tantas pepitas como el restaurante recupere, proporcional dinero le será retornado al comensal.
Así pues, lo verdaderamente penalizador es engullir accidental o voluntariamente el oro.
Por eso, algunos platos son más temibles que otros, ya que el tamaño de las pepitas está condicionado por el tamaño de los ingredientes utilizados.
El plato de arroz, es la cumbre más aterradora, tanto para los cocineros como para los comensales.
Rara vez es solicitado.
Todo esto, limita enormemente la posible clientela.
Sin embargo, el artífice de este tinglado, ha sabido aderezar su ingenio con otras maquinaciones no menos maquiavélicas.
Ha dividido su restaurante en tres zonas, de área decreciente.
La mayor, es el restaurante para la clase alta. La mediana, es un bar para la clase media. Y la pequeña, es otro bar para la clase baja.
Ordenados en esa secuencia.
Una pared de cristal separa el restaurante, del bar de segunda. Y un espejo unidireccional, hace lo propio entre el bar de segunda y el de tercera, con su cara reflectante orientada hacia el bar de tercera, obviamente.
El cometido de tales argucias, es para obtener otro atractivo añadido, gracias a que en el bar de tercera se dispensa la bebida de una manera muy peculiar.
Me explico:
Solo se sirve un tipo de bebida, el típico brebaje alcohólico de baja estofa, a un precio asequible.
Pero no se utilizan vasos.
La bebida está colocada en grandes cilindros de cristal, de cuya base nace un tubo flexible que termina en un chupete.
Cada cilindro tiene una capacidad máxima de 12 galones, y está calibrado, con muescas que indican el volumen consumido, señalado por la altura del líquido remanente.
En este bar, la única manera de acceder a la bebida es participando en un concurso.
El planteamiento del mismo es muy sencillo: Quien beba más cantidad en 15 minutos, no paga su consumición.
La barra tiene una capacidad para 15 consumidores, que deben ceder su puesto tras su ronda de trasiego.
Para más escarnio y regodeo, las tetillas dispensadoras no proporcionan un flujo continuo, sino que obligan a una succión activa, que da aún más comicidad a los ímpetus vehementes de los ansiosos libadores.
Con cada sorbo, obtienen en cuantía un chupito de la bebida, aprox. Suficiente para que los más ávidos se atraganten, para risa y jolgorio de la concurrencia.
Se comprende pues, que esta actividad supone un grande entretenimiento para la clase media y alta, que se solaza efectuando apuestas a costa del alcoholismo desaforado de los desdichados.
La clase media también está sujeta a ciertas normas.
La barra tiene igualmente capacidad para 15 consumidores, pero por lo demás es un bar convencional, con variedad de bebidas y servidas en vaso.
La clase media no consume por competición, sino por esparcimiento.
Sin embargo, a cada consumidor se le asigna un asiento al azar y está obligado a apostar por su directo equivalente de la barra del bar de tercera.
La apuesta mínima supone un importe considerable, similar a pagar una ronda de consumiciones de toda la barra.
El consumidor que gana la apuesta, recupera su dinero, y con un poco de suerte, hasta puede obtener más.
La cosa va así:
La clase alta tiene opción a apostar contra la clase media, o sea que si el apostante-medio pierde, el apostante-alto obtiene la cantidad comprometida por el apostante-medio.
Pero si el apostante-medio gana, obtiene además la cantidad comprometida por el apostante-alto.
La clase alta solo tiene dos restricciones. Una: Que cada persona solo puede hacer una apuesta por ronda. Y dos: Que no puede apostar directamente sobre la clase baja.
Así pues, la diversidad disponible es directamente proporcional al número de consumidores presentes en la barra del bar de segunda.
El bar de tercera siempre está repleto de infelices, por supuesto.
Y bueno, entre unas cosas y otras, todos se lo pasan de lo lindo, regodeándose en sus respectivas miserias y soberbias, para lucro y gloria del rufián de turno, de exquisitez culinaria del culo, o ya me dirás tú.

sociedad celular

La verdad está ahí fuera.

Ese lema tiene un problema, le falta añadir: La verdad está aquí dentro también.
O sea que, la verdad está dentro y fuera. Por lo tanto, para conocer la verdad hay que saber ver la realidad externa e interna.
Quien solo sabe mirar en una dirección, no capta toda la realidad y desconoce la verdad.

La vida está diseñada de esta manera, para enseñarnos a amar auténticamente.
La iluminación mística, consiste en abrazar la vida plenamente, con equilibrada pasión, consciente de que dentro y fuera es un todo paradójico, de perfecta unión interrefleja.

Como una cinta de moebio.

El truco de esta configuración, es que obliga a profundizar metafísicamente, ya que físicamente no nos es factible trascender el infinito.

Por eso el oráculo sabiamente aconseja: Conócete a ti mismo.

Mira hacia dentro, porque mirar hacia fuera ya sabes.
Dicho de otro modo: Para ver más allá de la superficie, hay que saber acceder al interior, a la esencia, al espíritu.
Por eso el trabajo empieza con uno mismo, porque tu ser te es lo más directo y accesible. Porque si no empatizas con tu alma, apaga y vámonos.

Estar en comunión con el alma parece fácil, pero puede no serlo.
La tarea primordial nunca concluye. Cada logro alcanzado, puede volver a perderse si no es adecuadamente sustentado.

Además, el alma es tan invisible, trasparente y silenciosa como Dios.
Muchos ilusos creen estar en estrecha relación con ella, pero más bien se autoengañan proyectando su delusoria enajenación.

La única manera de intuir cómo de cerca o lejos se está de la propia esencia, es escuchando tu conciencia, evaluando tus ideales y valores, sopesando la sensibilidad y calidad de tu ética, y su alcance y autenticidad.
El comportamiento, demuestra muy a las claras la lucidez de cada persona. El insensato, tarde o temprano delata sus carencias y deficiencias.
Nadie que mantenga o defienda actitudes egoístas y maléficas, puede pretender que está en concordancia y armonía con la vida.

La mentira no tiene futuro.

La cosificación es la pesadilla de los desalmados, el infierno de quienes intentan falsificar, secuestrar, suplantar la verdad.
El mal es necio y abyecto, pues la verdad es infalible.
Esa luz no admite velo.
Pero, por desgracia, los ojos son susceptibles de ser ofuscados.
Por eso, todo el afán del mal está en sembrar caos y confusión, para hacer proliferar sus falacias y medrar explotando a los desprevenidos.

Nuestra sociedad actual está siguiendo un camino desastroso: Vanidosa y superficial, se deja engatusar por las perversas perfidias de los opresores, a cambio de fruslerías y bagatelas.

El teléfono móvil es el reclamo estrella de nuestro tiempo.

Casi toda la población es esclava de ese dispositivo. Aparato del que se hace un uso excesivo en tiempo y raquítico en provecho.
La herramienta en sí, tiene gran potencial, pero el contexto es adverso.

La sociedad es usuaria de una tecnología que no es capaz de desarrollar por sí misma. Así que está sometida, a merced del capricho de los propietarios de ese conocimiento. Así que este avance es del todo incierto y precario. En cuanto este invento deje de ser útil para los intereses de los usurpadores, súbitamente dejará de funcionar y nadie logrará resucitar, rescatar, recuperar su operatividad.

Esta es la crónica de una tragedia anunciada.

Pero todavía hay esperanza. Suponiendo que la sociedad aproveche la ventana de oportunidad que provisionalmente se le ofrece, y decida enfocarse en buscar la verdad. Entonces, quizás la información que fluya sea la más significativa y relevante. Entonces, quizás las redes de comunicación den paso a redes de solidaridad y fraternidad, efectivas y dignas de consideración.

Pero esto no va a pasar por arte de magia.
Para que la población adquiera una conciencia madura, debe buscar la verdad, mediante el estudio y la reflexión.
Es la historia de siempre.
El conocimiento es imprescindible, la sabiduría es indispensable.
El amor ciego es inadecuado, improcedente, insuficiente para nosotros. Esa inmediatez y cortedad propia de los animales, no resulta válida para los seres racionales. Si estamos dotados de inteligencia trascendente, es por algo.
Esto hay que entenderlo bien. La elementalidad primaria, es muy relevante y debe pervivir en nosotros, sin por ello perder las cualidades intelectivas, porque igual de patética tragedia es el humano animalizado sin lucidez cognitiva, como el humano deshumanizado sin cordialidad panfraternal.

Somos un piano, y nuestra conciencia determina el rango de octavas que abarcamos. Pero el rango por sí solo no garantiza la calidad de nuestra música. Puesto que existimos dentro de una sinfonía mayor, debemos atender a su ritmo, melodía y timbre, para que nuestra participación case armónicamente, para bien de todos. 
La vida nos da este extra de maniobrabilidad, y nos exige en igual proporción a tal capacidad.

Al disponer de sensibilidad metafísica, consideramos la vida con mayor sentido ontológico, y así avanzamos en el descubrimiento de Dios, el alma y esas cosas.
Cuestiones estas de lo más peliagudas, pero tremendamente cruciales.
El ser humano existe en un precario equilibrio, y su continuidad depende de que sepa madurar su conciencia adecuadamente.
Fácil es descarriarse y malograrse. Fácil es involucionar y trastornarse.
Los hechos hablan por sí solos.
La cultura zozobra y colapsa en cuanto abandona los principios existenciales, los valores esenciales, los ideales trascendentales.
Así tenemos la pesadilla infernal que tenemos.
Desplomarse es burdo, alzarse es heroico.
Profundizar en los temas místicos, es proeza de no poca enjundia.
Nos cuesta bastante comprender la ubicación y naturaleza de lo metafísico.
La cinta de moebio me parece una imagen harto sugerente, para captar mejor la indivisibilidad de cuerpo y alma, y la paradoja materia-espíritu.

Ver a Dios, o al alma, como algo separado de la materia, es tremendo error. Pero reducir el conjunto a una uniformidad simplificada, tampoco funciona, porque entonces perdemos de vista las cualidades menos evidentes, lo intangible.
Si chafas la dupla cuerpo-alma y la mezclas cual bola de plastilina, lo que 'desaparece' es el alma.
Esta suele ser la percepción convencional de nuestra cultura materialista.
La conciencia inmadura, ignora por completo la existencia del alma, carece de noción trascendental, desconoce absolutamente a Dios.
No sabe mirar hacia dentro, no sabe ver la verdad en su totalidad.

La sabiduría está en acoger la paradoja, vivir con el dilema, profundizar en el enigma.
La moneda es un buen símbolo del acertijo que nos plantea la vida.
Una moneda tiene dos caras, pero es una unidad.
El problema es que, por dentro esa moneda es una cinta de moebio, o sea que tiene una sola cara, y sigue perteneciendo a la misma unidad.

Ahora que lo pienso, la cinta de moebio es un símbolo perfecto para representar la dimensión metafísica, ya que, un objeto de una sola cara no es tangible, la dualidad es lo que dota de mesurabilidad, de propiedades físicas, a las cosas. 
Hasta ahí, la cosa se entiende, más o menos.
El rompecabezas se vuelve realmente arduo cuando procuramos desentrañar cómo y por qué se conjugan e interrelacionan materia y espíritu de ese modo.
Esta es la tensión irresoluble de la vida.
La unidad es ineludible, y la dualidad, ídem.
Abrazar este misterio, requiere humildad, buena disposición, equilibrio, empatía, capacidad de escucha, corazón.

Cordura.

Para despertar la conciencia, debemos trabajar desde nuestro compromiso total, consagrando nuestro entero ser.
Quien inhibe y desconecta su corazón, merma su inteligencia, su mente ya no asimila ningún concepto avanzado, su lógica ya no llega al núcleo esencial de la verdad.

Para esa mentalidad estéril, todo es imposible.
Dios: Imposible.
La Verdad Absoluta: Imposible.
El Alma: Imposible.
El Infinito: Imposible.

Esas conciencias truncadas, son como las hojas caídas de un árbol, secas y quebradizas. Su vocabulario puede incluir perfectamente todos estos conceptos, pero la definición que tienen de ellos es paupérrima, exigua, endeble, vacua, inservible.

El ejemplo más claro es el infinito.
La lógica mecanicista, emplea bastante el infinito, pero no aprecia en ello ninguna significancia existencial, lo cual da prueba de su inmensa alienación y ceguera.

Para avanzar por el buen camino, hay que tener buen juicio, y para poseer neto criterio, hay que reconocer y amar la vida en toda su acepción, lo cual implica amar a Dios, amar la verdad y amar el bien.
Para ser uno con la vida, hay que tener una conciencia global notable, radiante y palpitante.
Reto apasionante, meta brillante, que aguarda al valiente.

Cuando la sociedad asuma la responsabilidad de permanecer fiel a la verdad, la información será un poderoso aliado.
Lo que hoy entendemos por comunicación, no es más que un pálido simulacro de lo que ha de ser.
Para formar verdadera comunidad, hay que compartir información de calidad, de manera accesible, ordenada y completa, con trasparencia y responsabilidad.

Todo esto es absolutamente inviable si la sociedad no se hace directa soberana y conjunta partícipe de su destino.
Gran cuidado se ha de poner en el diseño de las estructuras y los protocolos, para garantizar la coordinación consensuada y la cooperación consecuente, preservando la integridad en todo instante y momento, en todo detalle y gesto, para mantener el rumbo correcto. Con firme resolución y prevención, para impedir todo abuso y explotación, toda manipulación y extorsión, que tanto mal trae y ocasiona.

La piedra angular es la conciencia.
Sin conciencia no hay respeto, y sin respeto no hay elevación.
El infierno se apodera de la sociedad que no cree en la verdad.
Este es un detalle importante: La verdad exige fe.
La metafísica obliga en parte a creer, pero con fundamento.
Creer a ciegas, porque sí, es la mayor imbecilidad.
Precisamente la vida se compone de física y metafísica para que aprendamos a relacionar ambas partes.
Quien divorcia ciencia y religión, va a la calamidad.

Cada persona debe buscar y alcanzar una comprensión profunda y coherente, del cosmos ordenado que posibilita nuestra existencia y que nos constituye y compone.
Venerar lo micro y lo macro, y así destilar una ética sublime, para ser verdaderamente humano y hermano, digno de aprecio y consenso.
Benefactor y catalizador, válido y valioso, aliado con la noble voluntad de hacer de nuestra vida una existencia plena y dichosa, bella y acorde, rumbo al culmen inefable, sea asequible o inasible.

Y bueno, por querer combinar el doble sentido de la palabra 'celular', este texto ha resultado en una extraña mezcolanza, apenas resonante entre ambas facetas. Aunque, por lo demás, no del todo fallido. Catástrofes peores se han visto, jeje.

1 de abril de 2017

miedicuchos

Los miedicuchos son tontos que se creen mas poque sabien curar.
Peo anencima es mientira poque casi ni curan na.
Mi yaya se puso mala, se fue al uspital, le iciron mas bestias rajas y to y ni se curo ni na, que se muririo po culpa los miedicuchos.
Yasi masimas que mese que mese, que casi nunca se salva naidie de sus manos de tontos que no curan na ni na.
Y los miedicuchos que dan pastis igual.
Poque va y sinventan a ojo lo que te pasa y te dan lo que les da la ganas, casi sienpre mas caras que caras.
Yami no me dala gana e no, que ya una vez si y fue malimal de lo poco que sirven.
Anencima que las pastis de tragar no me se tragan y tene mi mama que machicarlas y saben a rayos de mal que muy.
Poeso mejor como acicia mi yayo, a la cama y solo infuisones.
Eso ya casi naide saibe por tontos, poque pa sabier eso hai que sabier de verda e si, no comaora que se pefrieren a los miedicuchos yes peor.
Antes cando nabia miedicuchos era mejor antes. Poque los miedicuchos sinventan las enfiermedades y cavez ai masimas po suculpas.
Yanencima son tontos que les ponen nombres que ni salen nelel dizonario yasi quengañan pa paicer mas irpontantes.
Yel colmo es cando va y le ponen una palabra que ya esistes a una enfiermedad. Eso es mal mu mal, poque po suculpa me tiengo que canbiar de sinos del zoziaco, que igo cangriejo paque no se confundia.
Cangriejo es bonito y me gusta mas y to. Peo ai tontos que micen lotro y se rien de lo tontos que son. Peo naice gracia e no, y si puedo le pego al que sea que sea, paque sentere.
Los mayores, que no senteran lo mu mu mal ques llamar asi robando el nombres dotra cosa. Y los miedicuchos no tenien derechio aiso.
Poeso yo cando sea mayor vua ser diescubridor pa poner nombre a to y que vua llamar miedicucho a tolas cosas malas, paque senteren la gracia caice, ala.

teimpo meurto

Todo está en puasa y sin menoe,
queito como un leinzo:
La uarora y el poneinte,
el treuno y el ceilo,
el riudo y el muallido,
la guiata y la fluata,
el obeo y la painola,
el cauderno y el peota,
el raecio y el meastro,
la poenza y el colejail,
el ruado y el recroe,
la mereinda y el greuso,
el cacoa y el teboe,
el traveiso y la peidra,
la persaina y la teinda,
el abeulo y la feana,
el pasoe y el musoe,
el moipe y el mosiaco,
el restuarante y el acaurio,
la cazeula y el pimeinto,
el idoita y el saboindo,
la neura y la nuera,
el maraichi y el apluaso,
el gaurdia y la daidema,
la feista y el toivivo,
el saroa y el jaloe,
la daina y el seurtudo,
el embuacador y el incuato,
el karoake y el superflou,
el seulo y el boedo,
la craitura y el buatizo,
el santaurio y el friale,
la paidosa y el inceinso,
el vidreiro y el arquiaco,
el paragaus y el gotoe,
la gaivota y el bonaito,
el anzaino y la veija,
la feunte y el curoiso,
el veinto y la plazeula,
la sileuta y el vaijero,
el cuativo y la riuna,
el poijo y el sabeuso,
la reuda y el reodor,
el kaola y la frambeusa,
la fuana y el ceirvo,
el simeisco y el marzaino,
el biutre y el faimbre,
la neive y el trinoe,
el raector y el cirquiuto,
el peunte y el raichuelo,
la neibla y el peurto,
el deseirto y la serpeinte,
la adauna y el extroaficial,
la canao y el maendro,
la zuidad y el peublo,
el piene y el pintuañas,
la peirna y el aciete multuiso,
el seuño y el conceirto,
la prezoisa y el apeusto,
el gauperas y la riena del biale,
la ceiga y el nervoiso,
el jeugo y el feugo,
el heuco y el quiudado,
el meimbro teiso y la greita caleinte,
el sauve quioto y el teirno deliete.

11 de marzo de 2017

respuesta a la locura

En estos días, estamos presenciando una polémica suscitada en torno a un tema que merece ser estudiado con seriedad.
Es muy de agradecer que surja esta cuestión, para que la población se dé la oportunidad de examinarla verdaderamente.
Pero es muy penoso ver la reacción del discurso imperante, que hace gala de descarada intolerancia y manipulación.

Básicamente, la cosa va de si es buena o mala la automutilación corporal.
Pero eso no es más que la superficie del problema, en el fondo se quiere hacer pasar por lícita y legítima una actitud y filosofía de vida egoísta y ajena a la naturaleza.

La sociedad actual, ha adoptado una cultura muy desconectada de la vida. Su noción de la realidad está gravemente mermada y distorsionada, cosa que se traduce en unos valores y en unos ideales de lo más deficientes y perniciosos.

En nombre de la libertad, pretenden anular todo sentido del bien y del mal.
Esta es la clave de todo el asunto.
El mal quiere borrar los límites, para poder medrar a sus anchas.
Porque, cuando la sociedad se atiene a un código moral íntegro y veraz, el mal no tiene posibilidad ni cabida. 

La libertad individual es evidente.
Cualquier destalentado, puede amputarse un brazo si ese es su capricho y deseo.
Lo que resulta absolutamente inadmisible es que encima se pretenda que la sociedad califique esa acción como positiva y saludable.

Aceptar la mentira, implica ir a la ruina.
Cada política contraria a la vida, es una venda que el mal coloca en los ojos de quien adopta tal camelo.

Es importante comprender nuestra responsabilidad, para permanecer fieles a los valores auténticamente vitales.
La humanidad tiene el potencial de convertir su existencia en un paraíso o en un infierno.
Y esto se determina con cada una de nuestras elecciones y acciones.

Los que llevan la batuta se dedican a sembrar confusión, para conducir a la perdición a cuantos más incautos mejor.
Cual jardineros, con sus ingenierías, ideologías y financiaciones, van podando y modelando la mentalidad y el comportamiento colectivo.
Y en sus tajos, injertos y remiendos se trasluce su pérfida malignidad.

Quieren hacer del ser humano una criatura ínfima y servil.
Fácilmente extenuable, exprimible y desechable.
Con esta intención y propósito, la frivolidad y el egoísmo son incentivados.
En este mundo desquiciado y demente, la ignorancia se paga muy cara. Bailar al son de las modas, lleva al abismo.

La mentira se disfraza para parecer aceptable y deseable, pero lo que esconde es hiel y brea. Veneno diseñado para degenerar, degradar, devaluar y desgraciar.

Los estafadores solo enseñan la cara llamativa, la apariencia maquillada, pero hay que conocer el fondo, el cuadro completo, para considerar plenamente las repercusiones y las consecuencias de la postura antibiológica que proponen y promocionan.

La naturaleza es la gran maestra de la vida.
Rechazar el orden inherente, es atentar contra el ecosistema.
Y a un nivel más profundo: Repudiar a Dios, es aliarse con el mal.

El mal odia la verdad, porque la verdad acaba con el mal.
El egoísmo, persiste mientras el individuo se niega a percibir lo sagrado.
Solo el que mantiene los ojos cerrados, vive en la ceguera.

Como siempre, la conciencia es la clave.

La conciencia es el fruto de nuestra atención y percepción.
El egoísta solo se oye a sí mismo, por eso su inteligencia tiene muy corto alcance. Esta limitada captación de la realidad, se traduce en conflicto constante con todo y todos.
El egoísta carece de empatía, así que su experiencia es siempre egocéntrica y autorreferenciada.
Ofuscado, va chocando con cada cosa, y a cada cosa con la que choca le pone la etiqueta de 'mala'.

Así pues, cuanto más egoísta es la persona, mayor es la paranoia que le envuelve.
Quien se aliena de los valores esenciales, vive atrapado en una pesadilla hostil, en la que es víctima sufriente, pues todo le sobrepasa.
Todo esto, consecuencia de su inmadurez y de sus decisiones egoístas y equivocadas.

Una persona así, está traumada.
Cualquier anomalía que contenga el cuerpo o la psique de esta persona, será exacerbada y potenciada por esa situación de irritación y alteración.
La enfermedad, va alternando fases de crisis aguda y de latente reposo.
Una persona sin conciencia, se comporta de manera irresponsable en ambas fases. Elude la reflexión profunda y el esfuerzo cognitivo, así que no aprende ni comprende, y así se perpetúa en su patología.

Quien huye del crecimiento verdadero, opta por el autoengaño.
Ese camino cuesta abajo, se hace infernalmente dañino y destructivo.

Lo peor que se puede hacer en esta vida es no ser consciente, porque entonces uno está perdido y predispuesto a sucumbir a las alternativas más lesivas, que se presentan como las únicas buenas, cuando la realidad es bien otra: Ni son las únicas ni son buenas.

El egoísmo nunca quiere reconocer su inmadurez.
Para no contagiarse de esa insensatez, conviene conocer bien las consecuencias de dicha manía alienante, con el ejemplo más crudo y directo: http://entra-por-los-ojos.blogspot.com/2017/03/the-swedish-theory-of-love.html

A esa atroz deshumanización invitan los impostores.
A abrazar una farsa que aumenta y empeora la desnaturalización.
Cosa que le interesa muy mucho al mal, pues quiere un ser humano no apto para la supervivencia por sí solo. O sea, que dependa completamente del mal, para poder jugar a su antojo con ese títere pelele, hasta aburrirse y tirarlo a la basura.

El mal busca el mayor escarnio, por eso persigue mancillar lo más sagrado.
Presume y se refocila en su afrenta, en su pretendida suplantación del de arriba, que no pasa de mofa y parodia.
Para el caso, se trata de una mosca sacándole la lengua al Sol.

Pero mucho cuidado, el mal no es inocuo aquí abajo.
Siempre quiere llevar su ultraje lo más lejos posible.
Cuanto más consiga extraviar y deconstruir a las personas, mejor.
Se aprovecha de los descarriados, los soborna y espolea con bulos zafios y espejismos baratos.

No todo lo que se puede hacer, se debe hacer.
El egoísmo carece de ética, por eso incurre en transgresiones cada vez mayores y de peores consecuencias.
La conciencia que solo se escucha a sí misma, tiene un serio problema. El sentimiento y el deseo, no siempre son motivo suficiente ni guía adecuada.

El ejemplo más claro, está en la depresión.
En la depresión puede darse un intenso deseo de morir.
La conciencia que da por bueno todo impulso íntimo, obedece a esa orden y se quita la vida.
Y esto es lo que pasa cuando la inteligencia es esclava del egoísmo, que se toman decisiones equivocadas en base a pulsiones que la persona no considera oportuno o pertinente examinar ni analizar.
Pues el egoísta se cree que su voluntad es la ley.
Y así le va.

Mientras tanto, la parada de los monstruos sigue ampliando su repertorio y galería de engendros.
Y el diablo aplaudiendo a rabiar de contento.

bi-bala virgen

Pues resulta que había un enconado conflicto de intereses entre el poder y la sociedad.
El poder quería reducir la población a toda costa, y la sociedad quería viento favorable para vivir y prosperar.
Este tira y afloja parecía no tener solución, hasta que un buen día apareció un invento que lo cambió todo.

Inesperadamente, ambas partes encontraron en aquel ingenio un camino válido para sus intereses.
El dispositivo en cuestión, consistía en una especie de chip microscópico que se implantaba junto al corazón.

La función de este chip era muy sencilla, se vinculaba con su chip gemelo, que a su vez estaba implantado en otra persona, de tal manera que, si se separaban más de cinco metros, ambos producían la muerte instantánea de sus portadores.

No hizo falta explicar nada. De golpe, la sociedad entendió cómo y por qué aquello le interesaba y convenía.
Lenta y consensuadamente, se fue diseñando el modo y la forma de aplicar y aprovechar eso.

A tales efectos, se promulgaron leyes extraordinarias.
Decidieron que todo puesto funcionarial, sería a partir de ahora vitalicio y parejil, esto es, ocupado por una pareja.
Con dos condiciones.
Cada miembro de la pareja debía llevar el chip de marras, que permanecía operativo durante el horario laboral.
Y, todavía más importante: La pareja era hasta-que-la-muerte-nos-separe. O sea, que no había opción a divorcio ni a separación.
La muerte de uno, significaba la muerte del otro.

Así que esto no era cosa de broma, para nada.
Grande era la responsabilidad, al igual que grande era la estabilidad que proporcionaba tal compromiso.

El éxito fue total.

Al principio, las muertes fueron abundantes y frecuentes.
La precipitación y las ansias, propiciaban emparejamientos endebles y efímeros, abocados a su pronta y fatídica terminación.

Poco a poco, las personas comprendieron que aquello requería auténtico cuidado y respeto.
Cada vez ponían más tiempo y esfuerzo en prepararse a fondo para permanecer fieles a su propósito y para asociarse en verdadera sintonía, y así poder disfrutar de una vida plena y dichosa.

A pesar de todo, la desproporción era inmensa: Había más aspirantes que puestos a cubrir.
Gracias a lo cual, las instituciones fueron progresivamente creciendo y ampliando su marco de acción, ramificándose hasta alcanzar todas las áreas habidas y por haber.

De pronto, la empresa privada se encontraba con un firme competidor implacable.
Muchas desaparecieron sin remedio, barridas por una fuerza que no podían asimilar ni manejar de ningún modo.
Ya que, todas las decisiones de los cuerpos funcionariales, debían ser consensuadas y refrendadas por su plantilla al completo.
Se comprenderá entonces que su prioridad era manifiestamente preservadora.

Y había otro detallito que ayudaba grandemente a esto.
Resulta que los puestos no eran fijos. Sino que cada día se repartían mediante sorteo, entre todos los funcionarios.
Así pues, la eliminación de cualquier puesto funcionarial, significaba que en el sorteo del día siguiente, alguien se iba a quedar sin sitio y a morir automáticamente por ello. 

Todo esto, tenía una tremenda capacidad de atracción que iba en aumento.
Casi toda la población anhelaba desesperadamente formar parte de dicho sistema tan compactamente organizado y estructurado, pues la recompensa era inigualable.
A sus ojos, brillaban más las ventajas que los riesgos.

Pero, claro está, no todo el mundo era tan sensato y civilizado.
Siempre hay una porción malévola que desea destruir lo que no puede alcanzar.
Así que, las instituciones debían tomar cada vez más medidas y precauciones.
Las fuerzas del orden se empleaban al máximo para defender y proteger las estructuras oficiales y a sus administradores. Labor que poco a poco se fue extendiendo hacia fuera, hasta lograr un entorno convivencial adamantino y propicio, donde los eventuales percances eran raudamente solventados y minimizados los daños.   

Convenía pues, equipar y preparar lo mejor posible a los funcionarios para desempeñar eficazmente tan cruciales tareas de salvaguardia.
Cosa a la que se dedicaba no poco seso y empeño.
El sistema sabía a la perfección que debía tener siempre de su lado a la población, o no sobreviviría. Por eso ponía absoluto cuidado en implementar políticas de desarrollo y amparo, para permanecer implicado y aliado. 

De esta manera, la sociedad participaba en las instituciones y supervisaba su correcto funcionamiento.
La continua y completa vigilancia era clave, para impedir toda falta o irregularidad operativa o procesal.
Para lo cual se utilizaba a pre-funcionarios.
Los pre-funcionarios eran ciudadanos corrientes que asumían la norma de la bi-bala, como se llamaba extraoficialmente al chip ese. Por lo tanto, para poder realizar sus labores, cada pareja de pre-funcionarios se instalaba el dispositivo aquel, y quedaba sujeta a las mismas leyes que los funcionarios. Pero con sueldo menor y con su empleo sujeto a examen. O sea, que en función de la calidad de su servicio, el pre-funcionario era más o menos solicitado, y ganaba más o menos puntos como aspirante a convertirse en funcionario.

Con todo esto, el control era cada vez mayor y mejor.
La ley y el orden imperaba en la sociedad y pocos eran los díscolos y descontentos, así como menguante su capacidad de traba o extorsión.

Aunque, cierto es, el chip también tenía sus limitaciones.
La ley de los cinco metros hacía fácil aniquilar a una pareja, simplemente impidiendo que uno de sus miembros pudiera acudir al trabajo puntualmente.
Por esto, existía una aplicación de móvil que permitía en todo momento conocer la localización de la pareja.
Además, dependiendo del alejamiento del sujeto o pareja y de la proximidad de su hora de incorporación al trabajo, se activaba un protocolo de reclutamiento. Las fuerzas del orden más cercanas, acudían y procedían al transporte del sujeto o pareja hasta su puesto de trabajo. Este servicio era luego descontado del sueldo conjunto de la pareja, al igual que sucedía con cualquier otra irregularidad o incumplimiento.

En caso de que la falta al trabajo fuese justificada o inevitable, de inmediato se bloqueaba la cuenta bancaria de la pareja y se activaba la ley de los cinco metros, prevenciones ambas que se mantenían indefinidamente, hasta que la institución viese resarcida dicha omisión del deber.

Y bueno, luego se inventaron unos nanorrobots para detectar y prevenir aún mejor cualquier amago de malevolencia y tal, pero esa es otra historia...

1 de febrero de 2017

zapuchero

Me icen zapuchero me icen, pero eso no yo, oque pasa esque macen acer mas cosas mas que ni mejan jugar na, asique tol rato obligao a to, que ni ganas dacer na bien, sobre to los deberes, eson unasco eson, y los pofres menuos tontos que no saben otra cosa no y sacen mu pesaos sacen, pero mu que mu, yan encima nai derecho aiso, quemos dao los dierechos del niño y naide cace nicaso naide, y si me chivo al juezador se tiendran quir tolos a la carzel tos, por malos y por malos, po los deberes y toeso, que ya sacabao dacer esclavos, osi no a ver osi no, que ni siere ya bien na mas y sienpre zapuchero sienpres, paque que manden a mi no ya.

autoría

Cómo es ser Dios?
Para intentar hacernos una idea, se podría decir que Dios es un escritor que ha escrito todo lo escribible en todos los idiomas habidos y por haber.
Date cuenta de la enormidad que es eso.
Incluso el más básico y primario lenguaje, es inagotable en sus posibilidades de expresión y combinación.

Pero, esta idea de que Dios ya ha escrito todo, tiene un problema, pues da por terminada su tarea.
Entonces, mejor decir que Dios es un escritor que conoce todo lo escribible, tiene en su mente todas las historias, todo lo sabe.
Pero, esta idea también tiene un problema, pues saberlo todo es muy aburrido.
Entonces, mejor decir que Dios es un escritor que se ha inventado una manera de saberlo todo, pero a la vez haciendo que todo siga cambiando y aumentando.
Esto es la vida, y esta es la genialidad de Dios.
Pues, lo divertido es aprender por primera vez, descubrir lo nuevo.

La pirámide es un buen símbolo para visualizar cómo Dios, la cúspide, se ramifica y desparrama para abarcar toda la creación, la base.
Un detalle importante de este símbolo, es que esta pirámide crece eternamente, de arriba hacia abajo.

Sin embargo, como símbolo del ser humano hay que utilizar una antipirámide, la anticúspide abajo y la antibase arriba.
El prefijo 'anti', es para distinguir claramente las propiedades de cada caso, pues son diferentes.
La cúspide de Dios, representa lo absoluto infinito.
La anticúspide del ser humano, representa lo concreto finito.
Comprender bien esto, ayuda a entender el conjunto cuerpo y alma.

El ascenso del ser humano, depende de su capacidad de trascender lo inmediato aparente, para alcanzar una conciencia cada vez más amplia y elevada de la vida.
El ser que abarca el cosmos, está cerca de Dios.
El cosmos, entendido en su sentido más profundo.

Así pues, la vida está planteada en una doble corriente, la que va desde arriba hacia abajo y la que va desde abajo hacia arriba, formando un ciclo que se realimenta.
Esta es la manera de Dios para poder vivir dentro de su propia creación, medio-olvidado de sí mismo y medio-buscándose a sí mismo.
De nuevo otra prueba de su insuperable genialidad.

No hay mayor grandeza que dotar de vida a tus personajes y darles libertad para que decidan su propia historia.
Dios ama todas las historias.
Las ama por la auténtica genuinidad irrepetible de cada una de ellas.
Dios es el protagonista de todas ellas.
Mejor dicho, está dentro de cada protagonista y vive cada historia, en secreto, sin interferir.
Excepto, cuando el protagonista aprende a tenerlo presente y aprende a ganarse su discreto favor.
Este es un punto delicado, que habrá que explicar bien.
Pero, ahora permíteme que hable de la idolatría.

Cuando la conciencia empieza a formarse su propia idea de Dios, hay el riesgo de caer en un concepto superficial y externo.
Vaya, incluso mi ejemplo de la pirámide puede ser engañoso en este sentido.
Todo es Dios, no solo la cúspide.
Esto requiere especial reflexión, para ser consciente de las tremendas implicaciones y repercusiones que acarrea.
Además, la altura de la pirámide hay que entenderla de manera paradójica. El fractal es más adecuado para apreciar mejor esto.

La idolatría es el grave error de visualizar a Dios afuera y separado.
En un estrato lejano, en un trono sublime.
Esto tiene una pésima consecuencia.
Admirar ese icono, distrae a la persona, que descuida su interior, su papel protagonista.

A ver si me explico mejor con otro ejemplo.
Imagina que eres un vaso lleno de agua, y el agua que contienes es Dios.
Imagina que tu idealización de Dios, solo te permite verlo en el cielo. Así que, cuando en el cielo se forma una nube, tu te inclinas ante la nube y tu agua se vuelca por los suelos.
Y en tu ceguera, te pones a hablarle a la nube y a pedirle que interceda en tu favor.
Y tal vez esa nube produzca lluvia, y tu vaso se rellene de nuevo.
O tal vez no llueva y tú te quedes aguardando (nunca mejor dicho: agua-rdando, jeje) sin hacer nada, como un tonto.

El enajenado, se hace dependiente de aquello que idoliza.
Aunque parte de su percepción sea cierta, su asimilación no es certera.
Es verdad que Dios es el maestro de todo lo existente, pero su propósito no es que te derritas ante su presencia.
Ya que, su presencia es omnipresente.

Su propósito es que seas protagonista de tu vida y coautor de su obra.
El vaso que solo ama a la nube, y por ello ignora o subestima a los otros vasos, es un penoso quimérico.

Es comprensible que nuestra idea de Dios, sea parcial o inexacta.
Nadie dice que esto sea fácil ni mucho menos.
Tratamos de describir lo indescriptible, y a menudo proyectamos mucho de nosotros en haciendo tal.
Es típico humanizar nuestra idea de Dios, darle rasgos y cualidades similares a las que tenemos y conocemos.

Dios es un ente con personalidad?
En parte sí y en parte no.
Hay que tener en cuenta esto, saber ver o adivinar ambas caras de la misma moneda.
Lo abstracto y lo viviente.
A efectos prácticos, la parte viviente es la que más cercana y accesible nos resulta.
Pero mucho cuidado con perder de vista la otra parte.

Todos los ojos, son los ojos de Dios.
Incluidos los tuyos.
Por eso, hay que saber mirar la vida con puro amor limpio, cual niño o santo. Con plena maravilla y estima.

Volviendo a lo de ganarse el favor de Dios.
Dios se da permiso para ayudarse a sí mismo, cuando la historia que está viviendo como protagonista, le mueve a ello.
Teniendo en cuenta que Dios es todos los protagonistas de todas las historias, a nosotros nos sobrepasa la manera en que combina y coordina todo, para proporcionar a cada uno lo adecuado y oportuno.
Si alguna pauta sigue, esa es el amor.
Concuerda más con quien más ama.
Mejor dicho: Quien más ama, es vehículo más efectivo y directo, para canalizar y expresar el amor de Dios.

Y eso tiene su lado peliagudo, por así decirlo.
Hacerse géiser de luz, implica exponerse a una fuerza profundamente transformadora-realizadora.
No todos reaccionan igual ante eso. No todos tienen la lucidez y criterio para encajar, honrar y trasladar eso. No todos aciertan a modular y conjugar equilibradamente eso.
Algunos grifos se oxidan por falta de uso, otros grifos se desintegran por exceso de uso.

No hay que perder la cabeza.
Es recomendable el sentido de la proporción.
Cordura, mesura, ponderación.
La labor principal es encontrar paz y armonía en nuestro interior.
Para oir mejor al corazón y colaborar con la vida, con alegría.

Entonces la complicidad con Dios será fluida y fructífera.
Como quiera que se presente.
A alguien sobrado de músculo en los brazos, le puede llegar trabajo para las piernas, o una silla de ruedas, o un contexto propicio para aplicar su capacidad, o mil posibilidades más.

Igualmente, cerrarse al amor no evita esta dificultad, tan solo traslada la vía por la que se concreta.
Así que, a las buenas o a las malas, nadie escapa de su destino.
El destino es un concepto clave, que precisa considerable sabiduría para comprenderlo bien.
A este respecto, la noción lineal del tiempo se queda corta.
Esta pieza del puzle es de las más importantes y de las más difíciles de encajar.
Baste decir ahora, que tu destino se debe a ti totalmente.

Al igual que Dios, tu también eres un escritor que ha decidido su historia antes de empezar a escribirla. Y tienes la libertad de modificar parte del planteamiento sobre la marcha. Pero, cambiar la guía maestra, no es sencillo.
Tienes un contrato y un compromiso con la vida y contigo mismo.
Si comprendes tu misión, harás de tu existencia un digno relato.
Pero si saboteas tu camino, la historia se emborrona, el papel se arruga y acaba en la basura. 

La vida es una inmensa oportunidad, y la responsabilidad que implica es proporcional.
A simple vista, puede parecer que semejante exigencia es desmedida o injusta. Pero para juzgar adecuadamente esto, hay que saber quién y por qué decide tu realidad.
Muchos prefieren sentirse víctimas que admitir su protagonismo.

Para ser justos, es verdad que para percibir con claridad esto, hace falta una perspectiva global, que por lo general no se suele alcanzar hasta el final de la vida.
Pero no hay excusa que valga.
Precisamente, el proceso de crecimiento y maduración metafísico-espiritual, sirve para captar estas cuestiones.

Dios lee en tu corazón mejor que tú mismo. Por más que pretendas autoengañarte, sabe muy bien la verdad y te la sirve en bandeja, de la mejor manera posible, para que puedas reconocerla y asimilarla.
Por eso, la conciencia es crucial para participar de la existencia, con dicha y ventura, en coherencia con tu esencia.

Quien evita permanecer en contacto con su íntegro ser y la honda realidad, pronto la vida parece volverse en su contra y todo le resulta cada vez más arduo y tormentoso.
La vida tiene muchas lecciones que debemos aprender bien.
El diseño de la vida hay que comprenderlo, para saber su propósito y así reconocer la bondad y grandeza de su autor.
Pobre, aquel que desconozca su propio fondo y naturaleza, pues pretenderá de la vida absurdos, y chocará por necedad hasta que aprenda la verdad, o hasta consumirse en su ofuscación.

Si para algo sirve la eterna sabiduría, es para dar perfecta solución y respuesta a todo, sin conflicto de intereses.
Cuando dispones de infinitos recursos, infinita capacidad creativa e infinita inventiva y versatilidad, nada se te resiste.
Para Dios, lo más divertido es sorprenderse a sí mismo. Encontrarse con imprevistos, tener que improvisar.
Por eso, Dios vive a través de sus criaturas.
Así puede experimentar las dificultades de la manera más estimulante y admirable.
Es gracias a nosotros, que Dios puede participar de todo tipo de apuros, cuitas y dilemas.

La vida es este juego a dos manos entre Dios-escritor y Dios-lector.
La gracia es que está entremezclado.
Los caminos de Dios son inescrutables, pues si no, perderían bastante interés a sus propios ojos.
La magia, cuando sabes el truco, ya no es magia.

Vivir es un diálogo con Dios.
Escribes tu vida con tus actos, y con tu conciencia ves a Dios.
Miras la vida y lees lo que hay escrito en ella.
Y si miras con verdadera atención, en ocasiones puedes descubrir lo que Dios está escribiendo aquí y ahora.
Y si miras dentro de ti, lo mismo.

Dios juega al escondite.
Y tu juegas a encontrarlo debajo de sus infinitos disfraces.
Os mandáis mensajes y os buscáis.
Os brindáis detallitos y regalos.

Creciendo en conciencia y madurez, aprendes que Dios y tú sois un equipo. Que podéis colaborar, si procuras mantenerte en la onda.
Entonces aprendes a coescribir mejor.
Y empieza lo interesante.

la descripción del Sol

El Sol es la realidad, y la descripción del Sol es el intento de acercarse a la realidad.
La existencia nos da la oportunidad y el reto de aprender a conocer, para saber vivir mejor integrados y apreciando mejor la vida.
Conciencia y ciencia, son nuestras principales herramientas, y de nuestra habilidad al conjugarlas, depende nuestro acierto y crecimiento.
El calificativo 'herramienta', no hace justicia a la importancia y el alcance de esas preciosas cualidades de las que disponemos.
Es como llamar 'utensilio' a la mano.

Nuestra cultura se ha volcado en la ciencia y ha desdeñado la conciencia. Mucho hemos ganado con esto, pero más aún es lo que hemos perdido.
Por eso, es hora de recapacitar y comprender que la conciencia es crucial y prioritaria. Pues solo mediante la conciencia, accedemos al bien y damos buen fruto.
Además, la conciencia trabaja también con la ciencia, de la mejor manera posible.

Cuando no hay conciencia, hay desbarre y problemas.
El infierno, consiste en vivir ciegos al orden superior.
La ciencia, tan solo alcanza lo concreto y se le escapa todo lo demás.
Por eso, cuando se pretende dueña y señora de la verdad, incurre en esquemas ficticios y falaces, traicionando su propia esencia.
Pues, nada hay más anticientífico que inventarse una explicación sin prueba ni sustento.
Ese despropósito, sucede por negar la conciencia y rechazar lo metafísico. Caer en ese desequilibrio, resulta en atroz pesadilla, como bien se ve en la actualidad.
El abuso de poder, viene de ese egoísmo inmaduro, de ese materialismo que da la espalda al espíritu, de esa rebeldía blasfema y obscena.

La conciencia, reconoce la realidad de una manera más directa y profunda.
Conecta sin palabras, en silencio accede, se hermana y asimila.
De ahí nace toda fraternidad, respeto y responsabilidad.
La vida, requiere que la conciencia rija sobre la ciencia.
La parábola del árbol del conocimiento, ejemplifica muy a las claras esto.
Por eso, los cultos religiosos y las iglesias han tenido siempre tal preponderancia. Pero, en muchos casos, la sociedad no ha sabido mantenerse verdaderamente en contacto con el espíritu, así que todo eso ha devenido en un teatro vano y en una plataforma propicia para la iniquidad y la corrupción.

La misma historia de siempre.
Cada vez que la atención desatiende las prioridades y altera la escala de valores, las consecuencias son lógica y exactamente las correspondientes.
Aún estamos aprendiendo a andar, y nos caemos con frecuencia.
Es importante que sepamos aprovechar nuestra experiencia, para no repetir los errores. Si no, los daños se van acumulando, e insistir en la calamidad, nos lleva peligrosamente a la ruina.
Cada error y cada equivocación, deben servirnos para ver cada vez mejor cómo y hacia dónde conducirnos.
Y esto es tarea de la conciencia.

La vida no es ninguna broma, y tomársela a la ligera, trae terribles tormentos y padecimientos.
Hoy, esto es lo que está pasando.
El sistema establecido es una catástrofe, fiel reflejo de la desconexión imperante. La cultura reduccionista predominante, es demoníaca y demencial, promueve actitudes totalmente insensatas y delirantes, que no soportan ni el más mínimo examen racional.

El sinsentido carece de cordura, así que su discurso es un desvarío alienado, sin pies ni cabeza. Una paranoia que se reviste de victimismo y manierismo, como único recurso y estrategia para intentar ganar una endeble apariencia de congruencia, legitimidad y viabilidad que no posee.
La realidad manda, y los absurdos no funcionan.
Evidentemente.

Por eso, el proyecto y futuro de la humanidad, depende de que recupere la conciencia y retorne a la comunión con la vida, de manera plena y decidida.
Todo antojo y capricho, que pretenda malear la realidad y adulterar la verdad, está llamado al fracaso.

El mal, es muy capaz de llevarlo todo al límite.
Los renegados se degradan y degeneran hasta convertirse en deformes espantos aberrantes grotescos. Como si eso pudiera resultar en otra cosa que no fuese la desintegración y extinción.
Ese extravío descabellado, sirve para constatar que la mentira, nada puede sobre la verdad. Por mucho que el inepto, merme y distorsione su conciencia, no altera las leyes de la vida.
La realidad manda.

El Sol gobierna.
Tanto si nuestra descripción del Sol es mucha o poca, ducha o bufa.
La descripción del Sol, no es el Sol.
Conviene tener presente esto, pues la vida es indescriptible en gran medida, al menos del modo convencional. Por eso, requiere reflexión y serio trabajo espiritual, para captar buena noción de esa porción, y lograr así una mayor y más completa conciencia de la realidad.

Equivoca el camino quien persigue adueñarse, sin reverencia ni mesura, de la vida. Soberbio disparate.
Los cálculos y diagramas, son útiles y pertinentes cuando nacen del sincero y honesto interés, benévolo y prudente.

La conciencia que más y mejor se fusiona con la realidad, más y mejor sabe conocerla y vivir en ella. Respetando los límites, conviviendo en equilibrio y cuidando el orden de la naturaleza.
La ética tiene entonces un papel ineludible y de la mayor trascendencia.

Por eso, la conciencia debe llevar el timón de nuestra existencia.
La conciencia está en, y participa de, la realidad, con respeto y fraternidad. Esto es la verdadera religión y espiritualidad.
Amor, gratitud, reconocimiento.
Pertenencia.

Así de importante es la conciencia, completa y despierta, pura y sincera.
Lo difícil de existir en esta dimensión tangible, es que supone una tentación tremenda, para nuestra inmadura inteligencia.
Es fácil olvidarse y descarriarse, abandonar la senda sensata y ahondar por la vía equivocada.

Las artes y las ciencias son muy relevantes aquí.
Tener un buen conocimiento de la realidad es imprescindible.
El peligro, está en buscarlo perdiendo la integridad.

Trabajar con la vida es fascinante.
Descubrir y crear, es un placer sin igual. Que nunca se acaba.
Pero, dónde está el corazón del partícipe mientras actúa?
Cuál es su intención y actitud?
Esto se ve muy claro en el resultado.
La belleza verdadera, es universal. La verdad universal, es bella.
La conciencia que está en comunión con la vida, sabe hacer el bien en todo instante y detalle. Hay rectitud y coherencia en su hacer, y el fruto es significativo y notable.
Es un regalo admirable y favorable, por y para la vida toda.
De eco vibrante y relevante. Vitalizante.
Responsable e impecable.

Oh, pero, bien distinto resulta todo cuando la conciencia se amengua y deja de ser sensible y receptible a ulterioridad alguna.
Entonces todo es corrupto y perverso, ya que las manos que hacen y deshacen, obedecen a corazones negros, vacíos de amor.
Porque, sin conciencia no hay amor.
Y sin amor, es el horror.

No es de extrañar el infecto lodazal en que ha devenido la civilización, que inoperante zozobra bajo su propia vileza y desidia.
El sistema actual, está en fase terminal.
Estamos ante las últimas consecuencias. Seguir explorando y explotando esta vía muerta, sería regodearse en la autoaniquilación.

El ser humano, quería probar a vivir priorizando la ciencia sobre la conciencia. Y eso ha traído algunos avances considerables.
Por eso, esta excursión abominable, merece también su reconocimiento.
La red de redes, es el logro más importante y de mayor potencial, si se aprovecha con buen propósito y criterio.
Cada día que pasa, muchas personas despiertan su conciencia un poco más, simplemente informándose y reflexionando acerca de cualquier cuestión.
Y esto es como una gran bola de nieve.
Una vez que empieza a rodar, va ganando impulso y velocidad.

Por otra parte, las fuerzas del mal vuelcan toneladas de desinformación tóxica y ponzoñosa, tratando de contaminar y contrarrestar el efecto y beneficio de saber la verdad.
Además, se sirven de las estructuras de poder, para propiciar y promover, con más o menos disimulo y tiento, su profana visión inhumana y deshumanizadora.

Lo interesante, es ver cómo van acortando los tiempos y van precipitando los acontecimientos. Da la impresión de que su arsenal se agota.
Ya lo han trastocado todo, y por más que insistan, improvisen y varíen, no tienen nada que hacer.
La realidad es la que es.

El depravado, es un gato caminando a contrapelo.
Su oposición y fricción, llena su pelaje de electricidad estática, que lo estremece desde las patas hasta la punta de las orejas.
Cada ámbito y estrato ha sido conmocionado, desde lo más fundamental hasta lo más fútil.

Quieren desdibujarlo todo.
Quieren desustanciarlo todo.
Quieren convertir la vida en una masa dócil y manipulable.
Pero la realidad es infalseable, la esencia es inanulable.

Así que, el mal se limita y reduce a lo que le es dado y factible, embaucar y desvirtuar a los ignorantes, que no es poco.

La ignorancia es la clave, y volvemos a lo de antes.
Qué es lo que da el conocimiento?
La conciencia.
Solo la conciencia lleva a la verdadera sabiduría y a la buena ciencia.

Ciencia y conciencia se podrían comparar con los hemisferios izquierdo y derecho del cerebro.
Un estudio de las patologías relativas a los desequilibrios relacionados con esos hemisferios, tal vez nos revelaría que la mente solo-lógíca es la más psicopática y propensa al mal.

Pero esta comparación no es del todo exacta.
La conciencia, emana del ser y de la experiencia, cuando la inteligencia conecta y relaciona lo particular con lo global, de un modo místico-espiritual esencial.
La ciencia, examina la realidad para extraer fórmulas y descripciones que le permiten desarrollar nuevas habilidades, capacidades y poderes, para interactuar con la vida concreta, física y material.

Un paralelismo quizás más apropiado, sería decir que la conciencia es el tronco y la ciencia es los brazos.
Son totalmente interdependientes y forman un todo indivisible. Pero, está claro que jerárquicamente una parte es más nuclear que la otra.
Aquel que comprende la naturaleza en su conjunto, sabe desenvolverse eficazmente en armonía.
Como ha de ser.

La conciencia, por naturaleza, es integradora, abarcadora, inclusiva.
La ciencia es inquisitiva, disquisitiva, taxativa.
El problema está en lo espiritual y metafísico, que a la ciencia le resulta del todo intangible, inaprensible, inquietante.

La ciencia no puede pretender ni esperar que la conciencia traduzca a términos científicos una materia que de por sí es intraducible.
Pueden intentarse aproximaciones bastante racionales, pero la esencia siempre queda preservada, solo accesible mediante el trabajo propio de la conciencia de cada cual.

En el fondo, ciencia y conciencia se comprenden y complementan a la perfección, cuando el ser está centrado y conectado con la vida y la esencia. Con la realidad.

A la postre, el conocimiento es bueno cuando se llega a él de buen corazón, cuando se asimila con buen juicio y cuando se aplica con buen espíritu.
Solo así y entonces, se puede crecer y madurar fiel a los más altos y nobles ideales, para dicha y gloria de toda la existencia.

La finalidad supone la diferencia crucial.
La inteligencia sin conciencia, hace de la vida algo objetivo. Un mero repertorio de objetos, más o menos aprovechables y modificables.
La inteligencia con conciencia, hace de la vida su objetivo. Participa cómplice y solidaria, sabiéndose vinculada y comprometida para con la totalidad.

La humanidad, tiene que aprender que magno es su deber y responsabilidad.
Porque, la vida todo lo llena y no deja espacios muertos.
Así que, cuando el bien se va, el mal viene a ocupar su lugar.
Obligatoriamente, inevitablemente.

Esta ley es la máxima garantía de la vida.
Vivir sin conciencia, va contra el diseño de la vida.
Por eso, el mal camino lleva raudo a la salida.
La mentira, nada puede frente a la verdad.

Quien se engaña, es por estar desconectado del espíritu, distraído por factores alienantes, atrapado en embustes, perdido en quimeras.
Esta negligencia, tarde o temprano se traduce en horrendas barbaridades que hacen la existencia insoportable.

Además, eludir la conciencia y no asumir la realidad, supone una delegación de funciones que otros se arrogan, dando así pábulo al poder ilegítimo que oprime al conjunto.
Luego, los inmaduros quieren escapar de la pesadilla que ellos mismos han desencadenado, pero sin retomar la carga de su deber.
Así que, se embarcan en una espiral de dislates cada vez más ignominiosos y bochornosos, de fruto cada vez más infausto y amargo.

La moraleja es sencilla: Jamás hallará paz ni felicidad, quien no reconecte con la realidad.
Y: El infierno está garantizado, para todo el que reniegue de lo sagrado.

1 de enero de 2017

boba bobada

En una sala salada
una mona monada
espera pausa pausada.

Una mosca moscada
vuela loca locada.

La mona monada
deja la silla sillada
y lee una nota notada
cuya letra letrada
dice una tonta tontada.

La mona monada
se siente burla burlada
y sale lanza lanzada.

La sombra sombrada
borra la calza calzada,
y la niebla nieblada
tapa la forma formada.

Una banda bandada
se funde calma calmada
con la bruma brumada.

La mona monada
anda duda dudada
y se topa teta tetada
con una cerca cercada,
que salta comba combada
y cae en una charca charcada.

La mona monada
sale del agua aguada
toda mancha manchada.

Tira ruina ruinada
su prenda prendada
de lana lanada,
tan cuca cucada.

Sigue, en tanga tangada,
hasta una tapia tapiada.

Gira la curva curvada
y entra en una cuadra cuadrada.

Allí, sola solada,
se acuesta mansa mansada
sobre la paja pajada.

Pero, una pulga pulgada
le pica la nalga nalgada.

Así tibia tibiada,
la mona monada
huye perla perlada
entre la flora florada.

Hasta que, pesa pesada,
cae en una zanja zanjada.

Al rato, sale raspa raspada
y prensa prensada.

Ve la cola colada
de una gata gatada.

La lista listada
sigue a la bestia bestiada
hasta una casa casada.

Una vieja viejada
sale con una vela velada
y le ofrece mora morada.

La mona monada
entra baja bajada
por la arca arcada.

Dentro, huele a rosa rosada
y a menta mentada.

La vieja viejada
sonríe mima mimada,
suelta una sosa sosada
y la deja planta plantada.

Luego, vuelve carga cargada
con fresa fresada
y nata natada,
que mezcla mezclada
con una barra barrada
para hacer crema cremada.

La mona monada
prueba una pizca pizcada
y cae rosca roscada
al suelo tira tirada.

Desde ahí, ancla anclada,
ve a la vieja viejada
con una daga dagada
y ojos de tara tarada.

La mona monada
se desmaya trauma traumada
y yace lacia laciada.

Después, tumba tumbada
se despierta venda vendada
como una momia momiada.

Sin ver, tapa tapada,
se agita trenza trenzada
y grita pinza pinzada.

Tanto suda sudada,
que cede una grapa grapada.

A tientas, busca asa asada
o cuña cuñada
y coge una regla reglada,
con la que se lima limada
para quedar monda mondada.

Luego, huye muda mudada
cual flecha flechada
hasta su cama camada.

Y fin de la pachucha pachuchada.

redención

Sueño que veo, o que estoy dentro de, un capítulo de una serie de dibujos animados muy famosa, protagonizada por unos personajes de piel amarilla.

Este es un capítulo muy especial. Tengo la clara conciencia de que ni en un millón de años harían un capítulo así, pero a la vez tengo la viva sensación de estar viendo verdaderamente algo excepcional.

Todo el capítulo es en blanco y negro, con unos tonos de gris muy tenues y suaves. Las líneas de los contornos son también limpias y sencillas. Sobrias y elegantes.
Todo resulta acogedoramente minimalista y evanescente.

Durante la primera parte del capítulo, la cámara se coloca en el punto de vista subjetivo del protagonista. A saber: El padre calvo y gordo.
Sin embargo, su comportamiento aquí es sorprendentemente sereno y maduro. Habla con profunda lucidez y humanidad. Resulta inspirador y gratificante apreciar estas virtudes en alguien con un pasado tan terriblemente esperpéntico.

El prota, avanza andando por una calle vacía. De vez en cuando se acerca hasta algún árbol y pronuncia sentidas palabras de mística reverencia y honda admiración, dedicadas al solemne vegetal y a la vida en general.

Así, por dos o tres ocasiones.

Luego toma una calle que, a pesar de su esquematismo, reconozco como perteneciente a mi pueblo.
Allí se encuentra con otros tres personajes de la serie. El camarero del bar y los dos inseparables compañeros de trabajo.

Entonces, la cámara abandona el plano subjetivo y encuadra la escena para mostrar a los cuatro, que mantienen una conversación que me resulta ininteligible.

De todas maneras, ahora mi atención se centra en su apariencia.
Porque están dibujados de una manera extremadamente inusual.

Imagina una persona con una tremenda miopía, y a la vez con una tremenda hipermetropía. Esa persona solo podría ver enfocada una estrecha franja de la profundidad de campo, y el resto quedaría desenfocado. Pues bien, los personajes aquí, están dibujados contorneando solamente esa franja nítida, y todo lo demás es como si fuese invisible.

Por ejemplo, la barriga del prota se ve como una O grandota, y a través de su oquedad central, se ve el paisaje que queda detrás.

Este efecto resulta fascinante a la par que inquietante, sobre todo en sus rostros, pues nunca se les ven los ojos, y sus rasgos quedan reducidos a unas formas cambiantes de lo más abstractas, en las que casi hay que adivinar nariz, o frente y pómulo, o boca, etc.

Con todo, la sensación dominante durante todo el rato, es la de jubilosa redención. La de estar siendo testigo de un anticipo de un futuro harto lejano o improbable. Y no es su remoticidad lo que le da ese aire extraordinario, sino el salto cualitativo en su estilo narrativo y en su contenido significativo.

dos sabores

Imagina un helado de dos sabores, cada sabor de un color.
Imagina un palo que remueve y mezcla el helado, pero sin que se fusionen los colores. Creando una espiral infinita.
Quédate con esa imagen.

Eso es lo que es la vida.
Sea cual sea el punto de la espiral en el que te encuentres, su diseño te garantiza que siempre vas a permanecer en contacto directo con tu fuente original. Y también te garantiza que todo se define por contraste entre complementarios.

Esta es la ley de la polaridad.
Los polos son interdependientes. No pueden disociarse ni trocarse. O quizá sí, pero solo mediante la más magna alquimia, cosa que nos queda lejísimos todavía. Jugar a mutar y metamorfosear sin talento ni conocimiento, resulta en horrenda calamidad.

La diferenciación obedece a una intención y función. Aunque la esencia sea una y la misma, el mundo físico requiere la dualidad para manifestarse efectivamente.

El mundo metafísico es más complejo y extraño.
Por eso, a veces es fácil caer en el error.

Quien solo ve la superficie, ve dos sabores-colores y considera que se trata de dos elementos distintos, sin relación ni conexión.
Quien ve más allá, comprende que ambos comparten una naturaleza común, son helado, y su complementariedad responde a un claro propósito.

Cuando la vida se configura mediante polaridades, no es por capricho ni mucho menos. Así posibilita y establece un interesante juego interactivo y participativo. Nos permite percibir y ubicarnos. Hace concreta y tangible la realidad. Constituye la parte emergida del icebér. Así de importante es la polaridad.

Infinita es la dinámica espiral, así como infinitas son las escalas en que opera.
Las ramificaciones y entrelazamientos son tan intrincados, que a veces puede darse una cierta fusión de los elementos.
Esta intercomunión es lo que solemos llamar amor.
Pero cuidado, esta concepción del amor es arriesgada y de difícil realización. A menudo, anula y desdibuja más de la cuenta, trayendo mala consecuencia.

Imagina dos cepillos de dientes. Cuando interconectan sus cabezas, pueden compartir conocimientos y experiencias. pero si se traban el uno en el otro, quedan presos de su ofuscación, malogrados por su desmedida proyección-intromisión.

La tragedia del invasor, es que destruye aquello de lo que desea adueñarse.
Ese es el drama de nuestra inmadurez. Confundimos amar con poseer. Y otros se van al otro extremo y llaman amar a su mero mariposear.

El verdadero afecto es un arte precioso, infinitamente delicado y cuidadoso. Un acompañarse armónicamente y apoyarse solidariamente en el crecimiento mutuo. Un alentar sin depredar.

Al mismo tiempo, debemos trabajar también con lo metafísico. Y ahí la cosa se pone dificililla.
Ahí, toca formarse una idea de Dios.
Y esforzarse por entender a fondo la vida y su sentido.

El diseño y orden de la existencia, nos habla muy a las claras del poder inconmensurable y la voluntad sublime del de arriba.
La vida es un sistema perfecto, a la vez vivo y autoperfeccionante.
Es una pura victoria continua, positiva e interminable.
Su misma infinitidad y persistencia, es prueba patente y palmaria de esto.

Volviendo a la polaridad, no siempre el contraste implica que ambas partes sean igual de relevantes. La dualidad vida-muerte o bien-mal, requiere cuidadosa consideración, para no llevarse a engaño o equívoco, pues su importancia no es simétrico-equivalente.
No existe un poder negativo. No existe una deidad maléfica.
Adorar la muerte y adorar el mal, es adorar una ausencia y vacío: Totalmente inútil.
Y para colmo, esa nula vacuidad, esa vacua nulidad, ni siquiera tiene opción de aumentar ni expandirse.
Ante todo y sobre todo, porque una no-entidad tiene cero capacidad de participar, ni remotamente, de la existencia.
Es el delirio más loco, soñar que la sombra triunfe sobre la luz.
Como bien ve cualquiera que tenga ojos.

Entonces, se da una curiosa paradoja.
El malvado, es un vivo enemigo de la vida.
El malvado, es un ser que odia y rechaza aquello a lo que debe su propia existencia.
El malvado, no tiene modo ni manera de asesinar la vida y sobrevivirla para regodearse de su tropelía.
Por eso, no le queda sino fastidiar a los demás, aprovecharse, someter, explotar y para de contar.
Por eso, todo su afán es distorsionar y desorientar, para que los ingenuos se olviden de su origen y se desconecten. Para alienarlos, desampararlos y doblegarlos, a merced de abusos y engaños.

Como se ve, hay una profunda inmadurez en esa actitud. Algo así, solo cabe en el más bajo estrato de la conciencia. Es como un niño tonto y salvaje. Una rareza, más bien transitoria y pasajera.

Venga al caso, tangencialmente, una pequeña anécdota.
Estaba yo ideando este texto, atento al susurro de la musa, cuando, me he encontrado posado sobre el dintel de mi ventana un pequeño papel. Por un lado tenía escritas algunas palabras corrientes y molientes, y por el otro lado se leía el final de una frase que decía: Hay posibilidad de deslumbrar.

Esa frase me sugiere la típica escena nocturna de una carretera, con los faros de un coche de frente, cegando tu visión.
Esta imagen sirve como metáfora de cómo nos las apañamos en este mundo tan insensato y brutal, donde campa a sus anchas el mal, y se dedica a extorsionar hasta reventar.
Vivimos ciegos como topos, y cualquier charlatán con una linterna y mucha labia, se mete en el bolsillo a puñados de incautos.

Cuando, aquí lo que hay que hacer de veras es despertar de veras. Valga la redundancia.
Avanzar siempre hacia una conciencia mayor.

Alcanzar la iluminación, es como pasar de la noche al día.
Durante el día, en la carretera, cualquier intento de deslumbrar resulta irrisorio y risible. Sería bueno aplicarnos en esto, y así dejaríamos de dar fueros a falsarios y memos grotescos.

El mal, es una actitud desencaminada, difícilmente comprensible. En lugar de reconocer y apreciar la maravilla de la vida, prefiere odiar y dañar, lo cual es clamorosamente estúpido, de todas todas.
Es un empeño desesperado y sin porvenir.
Nada ni nadie puede ni podrá privar a la vida de su impulso y voluntad vital. El jefazo así lo ha establecido.

El malvado es un mentecato que quiere frenar el viento con las manos.
Pero el verdadero daño, lo produce cuando se enfoca en envenenar la vida de su prójimo. Su alcance es así de corto, pero no por ello menos pernicioso.
Si el malvado fuese un ser coherente y responsable, le bastaría con vivir su vida de odio, sin volcarlo en los demás. O incluso, debería acabar con su propia vida y así sería feliz realmente.
Pero no, eso no le sirve. El mal no existe si no se plasma en afrenta y agresión a la vida.

Por eso, nuestro deber es crecer en conciencia, para cuidarnos y reducir al mínimo el alcance y la repercusión de los malvados.
Que justamente para esto es para lo que sirve adoptar una estructura convivencial seria y responsable, ordenada y controlada.

Lo triste de nuestro mundo actual, es que está organizado por y para los malvados. Así tenemos este panorama infernal, de continua falsedad y manipulación. De ocio y noticiarios que inyectan la más abyecta y aberrante incultura inhumanizadora. Que se inocula en los desprevenidos y los contamina, sumándolos al circo mezquino, macabro y degenerado, que prolifera por todos lados.

En fin, que eso, que más cuidar lo vital y esencial, y menos habremos de soportar el mancillar y emponzoñar de los cuatro descerebrados de turno.

Si insisto con estos temas, es porque los considero importantes y porque no alcanzo todavía a comprender lo bastante algunas de estas cosas. Los ejemplos visuales que han aparecido en este texto, me parecen interesantes y de alguna utilidad.

Reflexionar sobre y con las polaridades está bien, pero también es un poco un lío. En realidad, todo está conectado. La cosa es saber apreciar y reconocer qué cualidades y aspectos tienen verdadera sustancia y relevancia, y cuáles no.

El reto está en comprender profundamente el sentido y diseño de la vida. Para no caer en aspiraciones contraproducentes y perjudiciales. Para saber avanzar buenamente en la dirección adecuada.

Parece claro, que la física y la metafísica piden igual atención y dedicación. Y buena parte del mal, quizás viene de una insuficiente conciencia de esto. Porque, es imposible madurar sin trabajar verdaderamente teniendo presente esa doble dimensión. Es un error pensar que se trata de dos reinos independientes y diferentes.
Y esto obliga a ver siempre la realidad global, además de la particular.

Todo es un frágil equilibrio. Y lo más pasmoso de todo, es que ni siquiera llegamos a imaginar el completo significado de casi nada.
Frágil en parte, pero solo en parte.
Porque si pones a prueba la vida, demostrará ser infinitamente inconcebiblemente fuerte.
La vida demuestra una inmensa adaptabilidad, dentro de lo posible.
Por lo tanto, mucho cuidado al orientar tu voluntad, pues lejos se puede llegar, para tu maravilla, o para tu pesadilla.

La vida es una caja de sorpresas que nunca se acaban.
Por eso, la noción del bien y del mal es tan crucial.
Ya que tenemos en nuestra mano tan extraordinario regalo, parece sensato aprovecharlo de la mejor manera posible.

Querer cambiar la naturaleza de la vida, es un patético despropósito.
Nada gana el ser humano si empieza a desmantelarse y se convierte en un ser amorfo y carente de cualidades significativas.

Si vacías de sus definiciones un diccionario, se vuelve baldío. Y si desordenas todos los significados, muere la lengua, y con ella buena parte de la inteligencia.

El niño que no quiere aprender, sueña con dos escapatorias. Que desaparezca la escuela, o que se pueda aprender por arte de magia.
Tal vez por eso el malvado odia la vida. Porque la vida es una escuela ineludible, incesante, interminable.

Muchos se escudan en el manido argumento de que la noción del bien y del mal, es subjetiva. Pero ese argumento no se sostiene.

Precisamente porque la existencia nos obliga a trabajar desde lo físico, hay una realidad objetiva indiscutible. Y es nuestra experiencia directa la que nos lleva a captar las implicaciones de cada aspecto y detalle.

La conciencia es nuestra mejor maestra, cuando hay verdad, integridad y paz en nuestro corazón.

Estar en armonía con la vida, es lo que nos faculta para progresar positivamente. Contradecir el orden natural, es ir al desastre.
Los dedos de la mano, están diseñados para articularse hacia la palma. Pretender articularlos hacia el dorso, es completamente absurdo y estúpido.

El libre albedrío te concede la posibilidad de decidir tu rumbo a seguir. El de la salud o el de la enfermedad. El de la felicidad o el del sufrimiento. El de la realización o el de la autodestrucción.

Si en algo es rico este mundo, es en vanidad y superficialidad. Se ve que lo de cuidar y respetar los más altos y nobles valores, no apetece ni interesa demasiado. Y así está todo, lleno de iniquidad y corrupción. Por eso, el discurso dominante es nefasto y estéril.
Razón de más, para ser aplicados y responsables en nuestro crecimiento conjunto y personal.

Volviendo al helado. Se podría decir que la polaridad es lo que le da todo el sabor a la vida. Y los que deconstruyen su capacidad apreciativa, son bien necios. Luego, todo son atrocidades y barbaridades, para intentar recuperar una pizca de lo que ellos mismos se han negado. Pobres advenedizos, con sus míseros exiguos sucedáneos deleznables.

La ignorancia es peligrosa. Quien se apoltrona en su tontería, está sembrando la semilla de la maldad. El irresponsable, al principio medio en broma, rechaza aprender. Pero luego, se opone en serio y empieza la patología.

En resumen: Que quien no quiere encontrarle el sabor a la vida, encuentra el sinsabor de la perdición.

Pues solo el camino del bien, confiere pertinencia y legitimidad.
Por algo la vida es como es.