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1 de febrero de 2017

zapuchero

Me icen zapuchero me icen, pero eso no yo, oque pasa esque macen acer mas cosas mas que ni mejan jugar na, asique tol rato obligao a to, que ni ganas dacer na bien, sobre to los deberes, eson unasco eson, y los pofres menuos tontos que no saben otra cosa no y sacen mu pesaos sacen, pero mu que mu, yan encima nai derecho aiso, quemos dao los dierechos del niño y naide cace nicaso naide, y si me chivo al juezador se tiendran quir tolos a la carzel tos, por malos y por malos, po los deberes y toeso, que ya sacabao dacer esclavos, osi no a ver osi no, que ni siere ya bien na mas y sienpre zapuchero sienpres, paque que manden a mi no ya.

autoría

Cómo es ser Dios?
Para intentar hacernos una idea, se podría decir que Dios es un escritor que ha escrito todo lo escribible en todos los idiomas habidos y por haber.
Date cuenta de la enormidad que es eso.
Incluso el más básico y primario lenguaje, es inagotable en sus posibilidades de expresión y combinación.

Pero, esta idea de que Dios ya ha escrito todo, tiene un problema, pues da por terminada su tarea.
Entonces, mejor decir que Dios es un escritor que conoce todo lo escribible, tiene en su mente todas las historias, todo lo sabe.
Pero, esta idea también tiene un problema, pues saberlo todo es muy aburrido.
Entonces, mejor decir que Dios es un escritor que se ha inventado una manera de saberlo todo, pero a la vez haciendo que todo siga cambiando y aumentando.
Esto es la vida, y esta es la genialidad de Dios.
Pues, lo divertido es aprender por primera vez, descubrir lo nuevo.

La pirámide es un buen símbolo para visualizar cómo Dios, la cúspide, se ramifica y desparrama para abarcar toda la creación, la base.
Un detalle importante de este símbolo, es que esta pirámide crece eternamente, de arriba hacia abajo.

Sin embargo, como símbolo del ser humano hay que utilizar una antipirámide, la anticúspide abajo y la antibase arriba.
El prefijo 'anti', es para distinguir claramente las propiedades de cada caso, pues son diferentes.
La cúspide de Dios, representa lo absoluto infinito.
La anticúspide del ser humano, representa lo concreto finito.
Comprender bien esto, ayuda a entender el conjunto cuerpo y alma.

El ascenso del ser humano, depende de su capacidad de trascender lo inmediato aparente, para alcanzar una conciencia cada vez más amplia y elevada de la vida.
El ser que abarca el cosmos, está cerca de Dios.
El cosmos, entendido en su sentido más profundo.

Así pues, la vida está planteada en una doble corriente, la que va desde arriba hacia abajo y la que va desde abajo hacia arriba, formando un ciclo que se realimenta.
Esta es la manera de Dios para poder vivir dentro de su propia creación, medio-olvidado de sí mismo y medio-buscándose a sí mismo.
De nuevo otra prueba de su insuperable genialidad.

No hay mayor grandeza que dotar de vida a tus personajes y darles libertad para que decidan su propia historia.
Dios ama todas las historias.
Las ama por la auténtica genuinidad irrepetible de cada una de ellas.
Dios es el protagonista de todas ellas.
Mejor dicho, está dentro de cada protagonista y vive cada historia, en secreto, sin interferir.
Excepto, cuando el protagonista aprende a tenerlo presente y aprende a ganarse su discreto favor.
Este es un punto delicado, que habrá que explicar bien.
Pero, ahora permíteme que hable de la idolatría.

Cuando la conciencia empieza a formarse su propia idea de Dios, hay el riesgo de caer en un concepto superficial y externo.
Vaya, incluso mi ejemplo de la pirámide puede ser engañoso en este sentido.
Todo es Dios, no solo la cúspide.
Esto requiere especial reflexión, para ser consciente de las tremendas implicaciones y repercusiones que acarrea.
Además, la altura de la pirámide hay que entenderla de manera paradójica. El fractal es más adecuado para apreciar mejor esto.

La idolatría es el grave error de visualizar a Dios afuera y separado.
En un estrato lejano, en un trono sublime.
Esto tiene una pésima consecuencia.
Admirar ese icono, distrae a la persona, que descuida su interior, su papel protagonista.

A ver si me explico mejor con otro ejemplo.
Imagina que eres un vaso lleno de agua, y el agua que contienes es Dios.
Imagina que tu idealización de Dios, solo te permite verlo en el cielo. Así que, cuando en el cielo se forma una nube, tu te inclinas ante la nube y tu agua se vuelca por los suelos.
Y en tu ceguera, te pones a hablarle a la nube y a pedirle que interceda en tu favor.
Y tal vez esa nube produzca lluvia, y tu vaso se rellene de nuevo.
O tal vez no llueva y tú te quedes aguardando (nunca mejor dicho: agua-rdando, jeje) sin hacer nada, como un tonto.

El enajenado, se hace dependiente de aquello que idoliza.
Aunque parte de su percepción sea cierta, su asimilación no es certera.
Es verdad que Dios es el maestro de todo lo existente, pero su propósito no es que te derritas ante su presencia.
Ya que, su presencia es omnipresente.

Su propósito es que seas protagonista de tu vida y coautor de su obra.
El vaso que solo ama a la nube, y por ello ignora o subestima a los otros vasos, es un penoso quimérico.

Es comprensible que nuestra idea de Dios, sea parcial o inexacta.
Nadie dice que esto sea fácil ni mucho menos.
Tratamos de describir lo indescriptible, y a menudo proyectamos mucho de nosotros en haciendo tal.
Es típico humanizar nuestra idea de Dios, darle rasgos y cualidades similares a las que tenemos y conocemos.

Dios es un ente con personalidad?
En parte sí y en parte no.
Hay que tener en cuenta esto, saber ver o adivinar ambas caras de la misma moneda.
Lo abstracto y lo viviente.
A efectos prácticos, la parte viviente es la que más cercana y accesible nos resulta.
Pero mucho cuidado con perder de vista la otra parte.

Todos los ojos, son los ojos de Dios.
Incluidos los tuyos.
Por eso, hay que saber mirar la vida con puro amor limpio, cual niño o santo. Con plena maravilla y estima.

Volviendo a lo de ganarse el favor de Dios.
Dios se da permiso para ayudarse a sí mismo, cuando la historia que está viviendo como protagonista, le mueve a ello.
Teniendo en cuenta que Dios es todos los protagonistas de todas las historias, a nosotros nos sobrepasa la manera en que combina y coordina todo, para proporcionar a cada uno lo adecuado y oportuno.
Si alguna pauta sigue, esa es el amor.
Concuerda más con quien más ama.
Mejor dicho: Quien más ama, es vehículo más efectivo y directo, para canalizar y expresar el amor de Dios.

Y eso tiene su lado peliagudo, por así decirlo.
Hacerse géiser de luz, implica exponerse a una fuerza profundamente transformadora-realizadora.
No todos reaccionan igual ante eso. No todos tienen la lucidez y criterio para encajar, honrar y trasladar eso. No todos aciertan a modular y conjugar equilibradamente eso.
Algunos grifos se oxidan por falta de uso, otros grifos se desintegran por exceso de uso.

No hay que perder la cabeza.
Es recomendable el sentido de la proporción.
Cordura, mesura, ponderación.
La labor principal es encontrar paz y armonía en nuestro interior.
Para oir mejor al corazón y colaborar con la vida, con alegría.

Entonces la complicidad con Dios será fluida y fructífera.
Como quiera que se presente.
A alguien sobrado de músculo en los brazos, le puede llegar trabajo para las piernas, o una silla de ruedas, o un contexto propicio para aplicar su capacidad, o mil posibilidades más.

Igualmente, cerrarse al amor no evita esta dificultad, tan solo traslada la vía por la que se concreta.
Así que, a las buenas o a las malas, nadie escapa de su destino.
El destino es un concepto clave, que precisa considerable sabiduría para comprenderlo bien.
A este respecto, la noción lineal del tiempo se queda corta.
Esta pieza del puzle es de las más importantes y de las más difíciles de encajar.
Baste decir ahora, que tu destino se debe a ti totalmente.

Al igual que Dios, tu también eres un escritor que ha decidido su historia antes de empezar a escribirla. Y tienes la libertad de modificar parte del planteamiento sobre la marcha. Pero, cambiar la guía maestra, no es sencillo.
Tienes un contrato y un compromiso con la vida y contigo mismo.
Si comprendes tu misión, harás de tu existencia un digno relato.
Pero si saboteas tu camino, la historia se emborrona, el papel se arruga y acaba en la basura. 

La vida es una inmensa oportunidad, y la responsabilidad que implica es proporcional.
A simple vista, puede parecer que semejante exigencia es desmedida o injusta. Pero para juzgar adecuadamente esto, hay que saber quién y por qué decide tu realidad.
Muchos prefieren sentirse víctimas que admitir su protagonismo.

Para ser justos, es verdad que para percibir con claridad esto, hace falta una perspectiva global, que por lo general no se suele alcanzar hasta el final de la vida.
Pero no hay excusa que valga.
Precisamente, el proceso de crecimiento y maduración metafísico-espiritual, sirve para captar estas cuestiones.

Dios lee en tu corazón mejor que tú mismo. Por más que pretendas autoengañarte, sabe muy bien la verdad y te la sirve en bandeja, de la mejor manera posible, para que puedas reconocerla y asimilarla.
Por eso, la conciencia es crucial para participar de la existencia, con dicha y ventura, en coherencia con tu esencia.

Quien evita permanecer en contacto con su íntegro ser y la honda realidad, pronto la vida parece volverse en su contra y todo le resulta cada vez más arduo y tormentoso.
La vida tiene muchas lecciones que debemos aprender bien.
El diseño de la vida hay que comprenderlo, para saber su propósito y así reconocer la bondad y grandeza de su autor.
Pobre, aquel que desconozca su propio fondo y naturaleza, pues pretenderá de la vida absurdos, y chocará por necedad hasta que aprenda la verdad, o hasta consumirse en su ofuscación.

Si para algo sirve la eterna sabiduría, es para dar perfecta solución y respuesta a todo, sin conflicto de intereses.
Cuando dispones de infinitos recursos, infinita capacidad creativa e infinita inventiva y versatilidad, nada se te resiste.
Para Dios, lo más divertido es sorprenderse a sí mismo. Encontrarse con imprevistos, tener que improvisar.
Por eso, Dios vive a través de sus criaturas.
Así puede experimentar las dificultades de la manera más estimulante y admirable.
Es gracias a nosotros, que Dios puede participar de todo tipo de apuros, cuitas y dilemas.

La vida es este juego a dos manos entre Dios-escritor y Dios-lector.
La gracia es que está entremezclado.
Los caminos de Dios son inescrutables, pues si no, perderían bastante interés a sus propios ojos.
La magia, cuando sabes el truco, ya no es magia.

Vivir es un diálogo con Dios.
Escribes tu vida con tus actos, y con tu conciencia ves a Dios.
Miras la vida y lees lo que hay escrito en ella.
Y si miras con verdadera atención, en ocasiones puedes descubrir lo que Dios está escribiendo aquí y ahora.
Y si miras dentro de ti, lo mismo.

Dios juega al escondite.
Y tu juegas a encontrarlo debajo de sus infinitos disfraces.
Os mandáis mensajes y os buscáis.
Os brindáis detallitos y regalos.

Creciendo en conciencia y madurez, aprendes que Dios y tú sois un equipo. Que podéis colaborar, si procuras mantenerte en la onda.
Entonces aprendes a coescribir mejor.
Y empieza lo interesante.

la descripción del Sol

El Sol es la realidad, y la descripción del Sol es el intento de acercarse a la realidad.
La existencia nos da la oportunidad y el reto de aprender a conocer, para saber vivir mejor integrados y apreciando mejor la vida.
Conciencia y ciencia, son nuestras principales herramientas, y de nuestra habilidad al conjugarlas, depende nuestro acierto y crecimiento.
El calificativo 'herramienta', no hace justicia a la importancia y el alcance de esas preciosas cualidades de las que disponemos.
Es como llamar 'utensilio' a la mano.

Nuestra cultura se ha volcado en la ciencia y ha desdeñado la conciencia. Mucho hemos ganado con esto, pero más aún es lo que hemos perdido.
Por eso, es hora de recapacitar y comprender que la conciencia es crucial y prioritaria. Pues solo mediante la conciencia, accedemos al bien y damos buen fruto.
Además, la conciencia trabaja también con la ciencia, de la mejor manera posible.

Cuando no hay conciencia, hay desbarre y problemas.
El infierno, consiste en vivir ciegos al orden superior.
La ciencia, tan solo alcanza lo concreto y se le escapa todo lo demás.
Por eso, cuando se pretende dueña y señora de la verdad, incurre en esquemas ficticios y falaces, traicionando su propia esencia.
Pues, nada hay más anticientífico que inventarse una explicación sin prueba ni sustento.
Ese despropósito, sucede por negar la conciencia y rechazar lo metafísico. Caer en ese desequilibrio, resulta en atroz pesadilla, como bien se ve en la actualidad.
El abuso de poder, viene de ese egoísmo inmaduro, de ese materialismo que da la espalda al espíritu, de esa rebeldía blasfema y obscena.

La conciencia, reconoce la realidad de una manera más directa y profunda.
Conecta sin palabras, en silencio accede, se hermana y asimila.
De ahí nace toda fraternidad, respeto y responsabilidad.
La vida, requiere que la conciencia rija sobre la ciencia.
La parábola del árbol del conocimiento, ejemplifica muy a las claras esto.
Por eso, los cultos religiosos y las iglesias han tenido siempre tal preponderancia. Pero, en muchos casos, la sociedad no ha sabido mantenerse verdaderamente en contacto con el espíritu, así que todo eso ha devenido en un teatro vano y en una plataforma propicia para la iniquidad y la corrupción.

La misma historia de siempre.
Cada vez que la atención desatiende las prioridades y altera la escala de valores, las consecuencias son lógica y exactamente las correspondientes.
Aún estamos aprendiendo a andar, y nos caemos con frecuencia.
Es importante que sepamos aprovechar nuestra experiencia, para no repetir los errores. Si no, los daños se van acumulando, e insistir en la calamidad, nos lleva peligrosamente a la ruina.
Cada error y cada equivocación, deben servirnos para ver cada vez mejor cómo y hacia dónde conducirnos.
Y esto es tarea de la conciencia.

La vida no es ninguna broma, y tomársela a la ligera, trae terribles tormentos y padecimientos.
Hoy, esto es lo que está pasando.
El sistema establecido es una catástrofe, fiel reflejo de la desconexión imperante. La cultura reduccionista predominante, es demoníaca y demencial, promueve actitudes totalmente insensatas y delirantes, que no soportan ni el más mínimo examen racional.

El sinsentido carece de cordura, así que su discurso es un desvarío alienado, sin pies ni cabeza. Una paranoia que se reviste de victimismo y manierismo, como único recurso y estrategia para intentar ganar una endeble apariencia de congruencia, legitimidad y viabilidad que no posee.
La realidad manda, y los absurdos no funcionan.
Evidentemente.

Por eso, el proyecto y futuro de la humanidad, depende de que recupere la conciencia y retorne a la comunión con la vida, de manera plena y decidida.
Todo antojo y capricho, que pretenda malear la realidad y adulterar la verdad, está llamado al fracaso.

El mal, es muy capaz de llevarlo todo al límite.
Los renegados se degradan y degeneran hasta convertirse en deformes espantos aberrantes grotescos. Como si eso pudiera resultar en otra cosa que no fuese la desintegración y extinción.
Ese extravío descabellado, sirve para constatar que la mentira, nada puede sobre la verdad. Por mucho que el inepto, merme y distorsione su conciencia, no altera las leyes de la vida.
La realidad manda.

El Sol gobierna.
Tanto si nuestra descripción del Sol es mucha o poca, ducha o bufa.
La descripción del Sol, no es el Sol.
Conviene tener presente esto, pues la vida es indescriptible en gran medida, al menos del modo convencional. Por eso, requiere reflexión y serio trabajo espiritual, para captar buena noción de esa porción, y lograr así una mayor y más completa conciencia de la realidad.

Equivoca el camino quien persigue adueñarse, sin reverencia ni mesura, de la vida. Soberbio disparate.
Los cálculos y diagramas, son útiles y pertinentes cuando nacen del sincero y honesto interés, benévolo y prudente.

La conciencia que más y mejor se fusiona con la realidad, más y mejor sabe conocerla y vivir en ella. Respetando los límites, conviviendo en equilibrio y cuidando el orden de la naturaleza.
La ética tiene entonces un papel ineludible y de la mayor trascendencia.

Por eso, la conciencia debe llevar el timón de nuestra existencia.
La conciencia está en, y participa de, la realidad, con respeto y fraternidad. Esto es la verdadera religión y espiritualidad.
Amor, gratitud, reconocimiento.
Pertenencia.

Así de importante es la conciencia, completa y despierta, pura y sincera.
Lo difícil de existir en esta dimensión tangible, es que supone una tentación tremenda, para nuestra inmadura inteligencia.
Es fácil olvidarse y descarriarse, abandonar la senda sensata y ahondar por la vía equivocada.

Las artes y las ciencias son muy relevantes aquí.
Tener un buen conocimiento de la realidad es imprescindible.
El peligro, está en buscarlo perdiendo la integridad.

Trabajar con la vida es fascinante.
Descubrir y crear, es un placer sin igual. Que nunca se acaba.
Pero, dónde está el corazón del partícipe mientras actúa?
Cuál es su intención y actitud?
Esto se ve muy claro en el resultado.
La belleza verdadera, es universal. La verdad universal, es bella.
La conciencia que está en comunión con la vida, sabe hacer el bien en todo instante y detalle. Hay rectitud y coherencia en su hacer, y el fruto es significativo y notable.
Es un regalo admirable y favorable, por y para la vida toda.
De eco vibrante y relevante. Vitalizante.
Responsable e impecable.

Oh, pero, bien distinto resulta todo cuando la conciencia se amengua y deja de ser sensible y receptible a ulterioridad alguna.
Entonces todo es corrupto y perverso, ya que las manos que hacen y deshacen, obedecen a corazones negros, vacíos de amor.
Porque, sin conciencia no hay amor.
Y sin amor, es el horror.

No es de extrañar el infecto lodazal en que ha devenido la civilización, que inoperante zozobra bajo su propia vileza y desidia.
El sistema actual, está en fase terminal.
Estamos ante las últimas consecuencias. Seguir explorando y explotando esta vía muerta, sería regodearse en la autoaniquilación.

El ser humano, quería probar a vivir priorizando la ciencia sobre la conciencia. Y eso ha traído algunos avances considerables.
Por eso, esta excursión abominable, merece también su reconocimiento.
La red de redes, es el logro más importante y de mayor potencial, si se aprovecha con buen propósito y criterio.
Cada día que pasa, muchas personas despiertan su conciencia un poco más, simplemente informándose y reflexionando acerca de cualquier cuestión.
Y esto es como una gran bola de nieve.
Una vez que empieza a rodar, va ganando impulso y velocidad.

Por otra parte, las fuerzas del mal vuelcan toneladas de desinformación tóxica y ponzoñosa, tratando de contaminar y contrarrestar el efecto y beneficio de saber la verdad.
Además, se sirven de las estructuras de poder, para propiciar y promover, con más o menos disimulo y tiento, su profana visión inhumana y deshumanizadora.

Lo interesante, es ver cómo van acortando los tiempos y van precipitando los acontecimientos. Da la impresión de que su arsenal se agota.
Ya lo han trastocado todo, y por más que insistan, improvisen y varíen, no tienen nada que hacer.
La realidad es la que es.

El depravado, es un gato caminando a contrapelo.
Su oposición y fricción, llena su pelaje de electricidad estática, que lo estremece desde las patas hasta la punta de las orejas.
Cada ámbito y estrato ha sido conmocionado, desde lo más fundamental hasta lo más fútil.

Quieren desdibujarlo todo.
Quieren desustanciarlo todo.
Quieren convertir la vida en una masa dócil y manipulable.
Pero la realidad es infalseable, la esencia es inanulable.

Así que, el mal se limita y reduce a lo que le es dado y factible, embaucar y desvirtuar a los ignorantes, que no es poco.

La ignorancia es la clave, y volvemos a lo de antes.
Qué es lo que da el conocimiento?
La conciencia.
Solo la conciencia lleva a la verdadera sabiduría y a la buena ciencia.

Ciencia y conciencia se podrían comparar con los hemisferios izquierdo y derecho del cerebro.
Un estudio de las patologías relativas a los desequilibrios relacionados con esos hemisferios, tal vez nos revelaría que la mente solo-lógíca es la más psicopática y propensa al mal.

Pero esta comparación no es del todo exacta.
La conciencia, emana del ser y de la experiencia, cuando la inteligencia conecta y relaciona lo particular con lo global, de un modo místico-espiritual esencial.
La ciencia, examina la realidad para extraer fórmulas y descripciones que le permiten desarrollar nuevas habilidades, capacidades y poderes, para interactuar con la vida concreta, física y material.

Un paralelismo quizás más apropiado, sería decir que la conciencia es el tronco y la ciencia es los brazos.
Son totalmente interdependientes y forman un todo indivisible. Pero, está claro que jerárquicamente una parte es más nuclear que la otra.
Aquel que comprende la naturaleza en su conjunto, sabe desenvolverse eficazmente en armonía.
Como ha de ser.

La conciencia, por naturaleza, es integradora, abarcadora, inclusiva.
La ciencia es inquisitiva, disquisitiva, taxativa.
El problema está en lo espiritual y metafísico, que a la ciencia le resulta del todo intangible, inaprensible, inquietante.

La ciencia no puede pretender ni esperar que la conciencia traduzca a términos científicos una materia que de por sí es intraducible.
Pueden intentarse aproximaciones bastante racionales, pero la esencia siempre queda preservada, solo accesible mediante el trabajo propio de la conciencia de cada cual.

En el fondo, ciencia y conciencia se comprenden y complementan a la perfección, cuando el ser está centrado y conectado con la vida y la esencia. Con la realidad.

A la postre, el conocimiento es bueno cuando se llega a él de buen corazón, cuando se asimila con buen juicio y cuando se aplica con buen espíritu.
Solo así y entonces, se puede crecer y madurar fiel a los más altos y nobles ideales, para dicha y gloria de toda la existencia.

La finalidad supone la diferencia crucial.
La inteligencia sin conciencia, hace de la vida algo objetivo. Un mero repertorio de objetos, más o menos aprovechables y modificables.
La inteligencia con conciencia, hace de la vida su objetivo. Participa cómplice y solidaria, sabiéndose vinculada y comprometida para con la totalidad.

La humanidad, tiene que aprender que magno es su deber y responsabilidad.
Porque, la vida todo lo llena y no deja espacios muertos.
Así que, cuando el bien se va, el mal viene a ocupar su lugar.
Obligatoriamente, inevitablemente.

Esta ley es la máxima garantía de la vida.
Vivir sin conciencia, va contra el diseño de la vida.
Por eso, el mal camino lleva raudo a la salida.
La mentira, nada puede frente a la verdad.

Quien se engaña, es por estar desconectado del espíritu, distraído por factores alienantes, atrapado en embustes, perdido en quimeras.
Esta negligencia, tarde o temprano se traduce en horrendas barbaridades que hacen la existencia insoportable.

Además, eludir la conciencia y no asumir la realidad, supone una delegación de funciones que otros se arrogan, dando así pábulo al poder ilegítimo que oprime al conjunto.
Luego, los inmaduros quieren escapar de la pesadilla que ellos mismos han desencadenado, pero sin retomar la carga de su deber.
Así que, se embarcan en una espiral de dislates cada vez más ignominiosos y bochornosos, de fruto cada vez más infausto y amargo.

La moraleja es sencilla: Jamás hallará paz ni felicidad, quien no reconecte con la realidad.
Y: El infierno está garantizado, para todo el que reniegue de lo sagrado.