aviso

Este blog no está recomendado para menores, así que tú mismo con tu mecanismo.

fin del aviso


15 de julio de 2012

anticopia

Soy estudiante de nuevo. Estoy en una escuela de música. En clase, todos tenemos un ordenador con un teclado especial y una especie de ratón raro. Estos accesorios forman parte del programa que tenemos que utilizar para aprender.

Resulta que es el mejor y el único del mercado. No hay otra manera de hacer música, pues la compañía que ostenta este monopolio se las ha apañado para borrar del mapa todos los demás instrumentos y recursos.

El programa es carísimo y viene con unas condiciones de uso de lo más leoninas. Cada usuario está obligado a registrarse y todos se han creado su cuenta menos yo, que me he olvidado o no he querido.

Sin cuenta se puede usar durante un breve periodo de prueba, pero es aún más estricto y restrictivo en su vigilancia y protección.

Resulta que la especie de ratón ese raro no es tal sino un guardián y centinela antipiratería. Una especie de pequeño insecto robot que monitorea tus variables internas, para adivinar tus intenciones más ocultas para con el programa y su integridad, antes incluso de que tú mismo seas consciente de ellas.

Y esto es lo que pasa, que en mi turbación e inseguridad hacia esa presencia amenazadora, su susceptibilidad se activa y se pone en guardia. Y esto retroalimenta todavía más mi aversión y repulsa.

Pues el insecto muta su tamaño y forma según su nivel de amenaza y agresividad. Se activa su modo persecución y represión del enemigo.
Ahora es del tamaño de un balón de rugby y con forma de gusano metálico y punzante.

Y yo escapo, y el bicho ese se vuelve semiinvisible y me ataca por microondas térmicas y radioactivas, y por impulsos magnéticos y por descargas eléctricas, crecientes según mi rebeldía y oposición, y su implacable marcaje es asfixiante, agobiante, de pesadilla y yo no he hecho nada y maldita cosa que si pudiera te aplastaba pero bien.