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fin del aviso


19 de agosto de 2010

el increíble hombre menguante

Vamos a un espectáculo. Se trata de un contorsionista o faquir (creo que es de la India). Cómo se llamaba? Ya no me acuerdo. Bah, como fuera. El caso es que el tipo es capaz de meter su cuerpo entero en un cubo de 30 centímetros de lado.

El cubo es de metacrilato, trasparente, y una de sus caras está abierta, que es por donde se introduce.
La gente aplaude entusiasmada, pero no ha terminado aún su actuación.

El presentador nos explica que las paredes del cubo son de dos centímetros de grosor y que tienen pequeños agujeros para que no falte el aire en el interior.

Salen dos ayudantes, que levantan el cubo y lo giran hasta que la abertura queda mirando hacia abajo.
Justo debajo han colocado otro cubo de metacrilato, con la abertura hacia arriba. Este segundo cubo tiene un tamaño ligeramente inferior al primero, 26 centímetros, para ser más exactos.

Una vez que sus respectivas bocas quedan encajadas adecuadamente, los ayudantes se alejan y se mantienen separados, a la espera.
Entonces el público contempla, lleno de pasmo y asombro, cómo la masa corporal encajonada se va desplazando, como si dijéramos escurriendo, lentamente de un cubo al otro, a base de imperceptibles movimientos y contracciones.

La multitud aplaude entusiasmada.
Y al instante, de nuevo, se repite la operación. Los ayudantes traen otro cubo más pequeño (22 centímetros) y lo colocan.

Una mujer grita de espanto, un líquido inesperado resbala desde el cubo hacia el suelo del escenario.

'No se alarmen, damas y caballeros, lo que ven no es sino lubricante excedente y sudor, arrojados por la fricción y el esfuerzo de las torsiones', aclara el presentador. El público respira aliviado.

Pero la actuación prosigue. Otro cubo, otro trasvase, 18 centímetros y un cuerpo comprimido hasta límites insoportables.
Parece imposible, seguirá vivo aún?

No hay tregua para la inquietud: El quinto cubo entra en escena y sus 14 centímetros de lado despiertan exclamaciones de temor, murmullos de pavor. De pronto, el desasosiego. Un bochorno inexplicable, un sudor frío, un malestar repentino. La gente se agita incómoda en sus asientos.

Sexto cubo, 10 centímetros. Silencio sepulcral. Muchos quisieran huir, estar lejos de aquí, cerrar los ojos ante el horror, esta pesadilla increíble en la que están atrapados. Paralizados por la angustia y una malsana e inconfesable fascinación.

Séptimo cubo, 6 centímetros, Es que este tormento no va a terminar nunca? Se palpa la tensión, el drama, el malestar.
El espectáculo se muestra ahora con toda su crudeza y realidad a los ojos de los espectadores. Es una broma de mal gusto, una afrenta, una emboscada. La gente acude con ánimo de disfrutar una buena actuación y se ve metida en algo así. Es intolerable, ultrajante!
El público soporta a duras penas la escena, con el ánimo suspendido y el corazón oprimido, congelados por un ansia muda, agónica, extenuadora.

Octavo y último cubo, 2 centímetros.

El presentador deja caer en su mano el resultado de todo el proceso: Una bola de carne diminuta, como un guisante. La enseña a la asistencia. A continuación la introduce en su boca y traga.
Nadie aplaude.