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Este blog no está recomendado para menores, así que tú mismo con tu mecanismo.

fin del aviso


19 de agosto de 2010

Abortomanía

La pesadilla del antiabortista:
Un mundo donde el aborto es legal y se practica con absoluta normalidad. Y mira tú por donde, a una chica no se le ocurre otra cosa que hacerse en su vientre un pequeño tatuaje, de un feto tachado por una línea, tras haber abortado y, conforme va abortando más veces, va añadiendo más fetos tachados. Y, claro, sale por la tele, es noticia, se hace famosa, las niñas siguen su ejemplo y se crea toda una moda.

Esto saca de quicio a los Anti, que se embarcan en una nueva cruzada, se dedican a su particular caza de brujas, persiguiendo a las 'matafetos'. Tanto es así que aparece una nueva ley: Levantar la ropa de cualquier persona es una violación a la intimidad y se pena con meses de prisión.

Esto supone un giro interesante, la vida del Anti se ve seriamente interrumpida cada vez que sobrepasa la libertad de cualquier presunta 'asesina en serie'. De esta manera, cuanto más fanático y radical se muestra en sus convicciones, más aislado y apartado se ve de la sociedad.
Reclusión que, con todo ese tiempo para reflexionar sobre su actitud y comportamiento, cabe la remota esperanza de que sirva para algo, aunque no se espera.

Otro mundo: Donde el aborto es legal y se ha convertido en práctica generalizada. Hasta tal punto que la natalidad se ha reducido a cero. La población envejece y practica de continuo abortos, ya que todo el sistema está organizado en torno a esa demanda masiva.

Hay más Centros de Aborto que viviendas. Toda la economía depende de los abortos. Todos los sueldos, todos los puestos de trabajo, todo, gira en torno a y se basa directa y enteramente en ello.
Es por esto que el gobierno premia a la población, la estimula para que practique cuantos más abortos mejor. Ahora lo patriótico no es consumir, es abortar, no hay incentivo ni lugar para nada más.

Ahora es práctica habitual el no tener pertenencias, ni siquiera hogar. El gobierno facilita habitaciones de hotel para los que declaran ir a 'fabricar un aborto'. Entre eso y el tiempo que se está en la clínica no hay margen para otras distracciones.
La pega es que, con tanta intervención, manoseo, raspado, etc, las vaginas de las abortantes están hechas polvo. Llega un momento en que se les caen a pedazos, como podridas, como con lepra.
A partir de ahí, la mujer inhabilitada para continuar abortando, ya no es útil para el sistema y se la retira discretamente de la circulación. 'Eutanasia' lo llaman...

Otro mundo: Igual al anterior, pero que ha ido aún un poco más lejos. Como la población no se renueva y ven que las 'mermas' empiezan a ser considerables, deciden suavizar el procedimiento para según qué casos, pues no quieren que nada afecte a la estadística, esto supondría un serio contratiempo, una incómoda perturbación, un molesto incordio para un sistema tan confortablemente instalado en su perfecto funcionamiento.

Así pues, lo que se hace es que, cuando una pareja acude para realizarse un aborto, primero se comprueba si hay embarazo. En caso negativo se aplica el protocolo 'suave', esto es: Se hace la pantomima de la intervención sin realmente intervenir. Así todo el mundo queda contento, el ciudadano siente que ha cumplido con su deber y la nación se congratula de sus cifras de éxitos obtenidos, lubricante imprescindible para la confianza y el sostenimiento de todo el sistema, además con menos gastos y todo! pues la pantomima no consume material ni recursos.

Tanto gusta este nuevo protocolo que se generaliza en un pispás y queda descartado el anterior, tan violento y desagradable...
Entonces pasa lo que tiene que pasar, que algunos embarazos consiguen salir adelante. Esto supone una situación bastante delicada. Socialmente está mal visto tener descendencia y este crítico trance no se quiere reconocer bajo ningún concepto. Por tanto surge un tabú en torno a ello. Se oculta, se finge, se disimula, se establece una especie de convención tácita al respecto.

Las que están de buen año se dice que tienen 'problemas de obesidad' o 'pobre, sufre de gases' o cosas por el estilo. Pero nunca nunca se reconoce la verdad. Y cuando el bebé ha nacido se dice que 'se encontró abandonado en la basura' o que 'una mujer pidió de aguantar su niño un momentito nada más...' o 'una gitana nos ha echado una maldición y mira qué horrible castigo', etc.

Todo esto se tolera únicamente por la renovación de población que supone. Pero bajo ningún concepto se permitirá cambio alguno en el sistema. Así pues, la educación de los futuros 'abortandos' es especialmente seria y firme en ese sentido.

Otro mundo: Igual que el anterior.
Ahora los hombres sienten que su participación no es suficiente. Desean el mismo protagonismo, el mismo reconocimiento, igualdad, quieren el aborto masculino.
Lo piden, lo anhelan, lo necesitan, hacen presión, se declaran en huelga, hasta que lo consiguen.
Con tal de contentarlos, se inventa un método absurdo, que consiste en introducir un tubito por la uretra y soltar una pequeña descarga eléctrica. Eso es suficiente para satisfacer su demanda.

El gobierno y el sistema salen reforzados de esta modificación. De repente la estadística se ha duplicado espectacularmente. Esto da carta blanca para mayores inversiones, etc.
El sistema gana en peso y autoridad, ahora sólo se dedica y atiende a sus abortantes, si no se aborta no se tienen derechos, ni se es reconocido como persona.
El número de abortos funciona como moneda de cambio. Tanto abortas tanto vales. El costo de cada privilegio viene cifrado en tales términos. De esta manera progresa y avanza, afable y ufana, una civilización 'madura y ejemplar', sin más complicaciones ni dificultades que las que se quiera buscar.

La pesadilla del proabortista:
Un mundo donde existe el control mental y se han bloqueado todas las ideas que no interesan al sistema. No se practican abortos porque no existe tal concepto en la mente de nadie. Esto se llama cortar el problema de raíz.

Tampoco existen los anticonceptivos. Pero esto no es suficiente, todavía hay veces en que el sexo no produce descendencia y eso no se puede tolerar! Se llena la tele de mensajes incitadores a la cópula, se llena el aire de hormonas sexuales, se llenan los alimentos de afrodisíacos y potenciadores de la fecundidad. Pero esto no es suficiente, grandes cantidades de semen se echan a perder tontamente, es un desperdicio intolerable, un crimen, un atentado a la vida!

Por esto se instala un mecanismo de seguridad en todos los varones, una especie de cinturón de castidad especial, que recoge todo esperma eyaculado y que durante el coito únicamente libera la cantidad imprescindible, aunque resulta bastante incómodo y aparatoso, desde luego. Aun así no es suficiente. Ahora hay excedente de espermatozoides pero escasez de óvulos, esto es un grave problema.

Especialmente molesta el tiempo de gestación del feto. Nueve meses es demasiado tiempo. Nueve meses son muchos óvulos que dejan de producirse, hay que mejorar ese rendimiento.
De tal modo que se inventa un procedimiento, unas incubadoras artificiales que se ocupan del periodo de gestación, liberando a las féminas para que sigan produciendo óvulos.

Pero aún sigue sin ser suficiente!
La naturaleza es exasperantemente lenta e ineficaz, continuamente el hombre ha de estar buscando formas de sacarle el máximo rendimiento.
Hay que aumentar más la natalidad, hace falta más materia prima. Para esto lo que se hace es disponer a toda la humanidad en 'fábricas de fertilidad', hacinados en cubículos especiales, conectados permanentemente a aparatos de medición, supervisión y extracción de semilloides (germilianos, como dicen los de allende), oséase: óvulos y esperma.

Para obtener la mayor rentabilidad, se ha modificado paulatinamente el organismo, se ha acelerado el metabolismo, se ha simplificado la nutrición y la generación de estímulos. Los sujetos reciben periódicamente chutes de diferentes cócteles de estupefacientes, para tenerlos contentos, distraídos y tal. Es parecido a lo de 'Mátris' pero en plan cutre-barato. Vamos, que no hay realidad virtual ni imágenes ni nada de eso.

Las 'fábricas de fertilidad' forman una bella estampa de perfección, uniformidad, regularidad y eficiencia. Logran un rendimiento excelente, espectacular, de cada sujeto. Pueden ostentar orgullosamente la medalla al mayor servicio a la vida. Ni una sola unidad procreadora es desperdiciada. Aunque para ello haya habido que reducir a la humanidad a un papel secundario, por así decirlo.
Pero no ha quedado más remedio, no te puedes imaginar lo irresponsable y problemático que es el ser humano si se lo deja libre. De no ser por nuestros atentos y constantes cuidados ya se habría extinguido la especie hace tiempo.

Fin de las pesadillas.

Estos ejemplos sirven para entender que la realidad, por fortuna, suele ser más comedida, que tiende a mantenerse en un cierto equilibrio razonable y que rara vez se inclina tanto hacia los extremos, a menos que el hombre se empeñe en poner a prueba sus límites.
Es la ley del péndulo, cuanta más oscilación se imprima en una dirección igual reacción se obtendrá a continuación en el sentido contrario.

A estas alturas el funcionamiento de las polaridades tendría que estar ya más que asumido. Pero en el caso del aborto no es así. Sigue habiendo fanatismos extremistas.
Pros y Antis tienen que aprender a respetarse mutuamente. Lo más importante que tiene el ser humano es la inteligencia, el entendimiento. La libertad es la principal consecuencia de la inteligencia bien aplicada. La conciencia nos permite reconocer el entorno, a nosotros mismos y tomar decisiones respecto a nuestro destino, el personal y el compartido.

Cada uno es libre y juega un papel junto a lo que le rodea. Pero hay unos límites, el principal es el respeto al prójimo. Ninguna constitución reconoce el derecho a la invasión o coartación de la libertad de los demás. Es una cuestión de lo más básica y evidente. Toda religión verdadera observa este respeto. No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti. Trata a los demás como quieres que te traten a ti.
El Anti yerra en este sentido mucho más que el Pro.

El problema viene de una comprensión parcial e insuficiente de la vida. Interrumpir la formación de un feto puede parecer una intervención terrible, pero eso sólo es una opinión, un punto de vista, no es la verdad última, porque no hay una verdad última.

Puedo comprender que ciertas personas tengan esa especial sensibilidad con este asunto, pero eso es algo que han de aprender a gestionar en su esfera íntima, nunca a base de decir a los demás lo que pueden o no pueden hacer.
El juicio severo evidencia una cortedad de miras patente, una lógica rudimentaria que precisa mayor desarrollo y afinamiento.
No existe el mundo 'o blanco o negro', quien funciona a base de razonamientos de esa índole tiene un largo camino por recorrer, pues el verdadero entendimiento reside en la comprensión de las relaciones, de los matices, la esencia, lo sutil que conecta y vincula todo.

Me hace gracia esta gente, los Anti, por su exquisitez arbitraria, no se dan cuenta de que esa sensibilidad, ese escrúpulo que demuestran en tal asunto, sin embargo, no lo tienen en otras áreas donde también podrían tenerlo.

Porque, si eres tan fan de la vida, cómo es que no te ocupas de los niños que sufren? Cómo toleras el hambre o la pobreza? No deberías donar todo lo que esté en tu mano? Y qué me dices de tu sangre? Y tus órganos? Cómo osas inmiscuirte en lo que hacen los demás si no eres capaz de entregar tu vida a cualquiera? Quién eres tú para opinar de nadie? Cómo puedes desperdiciar de una manera tan tonta tu tiempo valiosísimo que tendrías que estar consagrando a los que más te necesitan? Cómo puedes respirar siquiera sabiendo todo el sufrimiento que hay en la Tierra? Cómo puedes seguir con vida sabiendo el lugar que le estás quitando a los demás, la oportunidad que les estás robando? Qué haces que no cuidas a las crías de pájaro o a las necesitadas tortuguitas? Y qué me dices de las necesarísimas lombrices, no vas a hacer nada por ellas? Por qué no proteges las frágiles telas de araña? No te preocupa que las pobres arañitas se puedan morir de hambre? O sólo te importan las criaturas bonitas y no los bichos feos? Tan 'elevado' es tu criterio? Tan 'elaborado' es tu entendimiento? Y qué hay de tu alimentación? Como puedes vivir con la conciencia de haber tomado la energía de otro ser vivo?

Si nos ponemos exquisitos vemos que no podemos existir, que cada gesto, cada movimiento, cada respiración supone una merma a la vida ajena. Monstruo! Cómo puedes cortarte las uñas! Te gustaría que te cortaran a ti, eh? No verdad? Pues eso.
Y qué haces comiendo huevos? Criminal!
Quién te da derecho a disponer sobre la vida de las bacterias y virus de tu cuerpo? Quién te has creído que eres para acabar con su existencia tomando medicamentos? Mira que eres superficial, no sabes valorar el maravilloso milagro de la vida que son, ellos merecen existir mucho más que tú. Qué méritos has hecho tú para estar aquí, eh? Di. Y te atreves a tomar decisiones sobre esas pobres criaturitas indefensas, vergüenza me das, miserable! Y así...

La fijación sentimentaloide no es más que una proyección elemental de miedos y deseos. La incapacidad de gestionar eso en el ámbito personal no es más que inmadurez pura y dura.

En realidad, la sensibilidad tiene su sentido como apreciación de la belleza de cada mínimo detalle y proceso de la vida. Ahora bien, de ahí a juzgar al prójimo y querer invadir su intimidad, limitar su libertad, va un abismo.

La madre es la responsable primera y última en este asunto, el proceso se da en su interior y es ella quien debe decidir si desea o no que se complete el proceso.
Nada ni nadie puede impedir que la voluntad de la madre se cumpla. Por el medio que sea.
Lo inteligente es reconocer esta realidad.

La gestación de un nuevo ser puede ser algo bellísimo, pero si no es deseado, no es más que un engendro invasor, un parásito que se sirve de tu vitalidad y cobijo para formarse y desarrollarse.

Ser madre ha de ser voluntario, elegido, deseado. De otro modo es absurdo, no tiene sentido.
Una sociedad cada vez más madura y responsable debe cuidar que la procreación se dé en estos términos de verdadera conciencia y consecuencia con ello.
Es imposible forzar algo así, el camino pasa por que tiene que haber libertad de elección.
El mismo respeto merece quien decide tener como quien decide no tener. Ambas posturas redundan positivamente en el conjunto de la existencia. Lo grotesco es forzar una descendencia no deseada, eso no hace sino incrementar y alimentar la infelicidad e inmadurez de la humanidad.

Hay que entender que la vida es más abundante, versátil, flexible y poderosa de lo que alcanzamos a imaginar. Frustrar la formación de un feto no es el fin del mundo, no crea una falla insalvable en el espacio-tiempo. Es un evento más de la infinitud de eventos que conforman la totalidad.
Cuando un folículo piloso no logra concretar su formación en tu dermis no colapsa el universo, no se hunde la realidad. Cuando un sistema solar es engullido por un agujero negro no se quiebra el continuo, no cesa la vida, no se detiene la existencia.

La esencia no cambia nunca. Su energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Que un proyecto viviente salga adelante o no es relativamente indiferente, anecdótico. Importa mucho más el modo, los términos en que cobra forma. No es lo que haces, es cómo lo haces y por qué lo haces. Los procesos vitales son ineludibles, si un accidente interrumpe una vida, la tarea prosigue en otros planos, a otros niveles. Es un poco como la red neuronal del cerebro, una neurona puede extinguirse, pero la red cuenta con infinitos caminos para solventar esa alteración. Ningún elemento es irremplazable por sí sólo, es el conjunto el que modula las fluctuaciones. Es más, el cambio es absolutamente necesario en todo momento, es la única garantía de la vida, lo demás son pamplinas.

Pertenecemos a la vida, pero la vida no nos pertenece. Este argumento es mal entendido por los Anti. No quiere decir que el feto tenga prevalencia sobre la madre, sino todo lo contrario. La vida nos es dada y nos es arrebatada, en cualquier momento y en cualquier circunstancia. No es una propiedad, no es un derecho inalienable.

La vida es flujo, cambio, continua interacción. Cada uno cuenta con la oportunidad de su existencia para disfrutar de ese tiempo de libertad y aprendizaje. Pero no hay ley escrita que valga en cuanto a su duración! Que vives cien años, pues enhorabuena a los premiados, que vives tres milésimas de segundo, pues eso es lo que hay. No caben reclamaciones.

Obviamente el derecho humano vela por el respeto hacia la vida del prójimo, pero para considerar a un sujeto formado y digno de consideración se hace precisa cierta prudencia y mesura. Un feto no puede considerarse persona, no al menos hasta que haya alcanzado una fase clara y definida de su gestación. Los dos primeros meses son un margen mínimo bastante razonable para que la madre tenga opción a decidir. Y eso siendo muy escrupulosos, que tampoco habría por qué.

Juzgar una vida 'frustrada' en función de su duración es verdaderamente inútil, ignorante a más no poder.
Sólo el ego puede caer en esa clase de pavor, pues teme su cierta desaparición con la muerte y por ello necesita todo el tiempo que le den y más! Pero un feto está hermosamente libre de ego, está en paz y en armonía con la esencia. No le supone ni el más mínimo inconveniente no llegar a formarse.

Pobre, patética criatura aquella que no es capaz de ver más allá del ego.
Como piensas, así vives. Obras por miedo? Revísalo.
No confías en la vida? Revísalo.
No soportas la idea de que un niñito adorable del cielo deje de existir? Revísalo, anda, hazte el favor.

Todo depende del punto desde el que se mira. Si sólo ves las cosas desde un punto de vista no puedes decir que entiendas nada.

Hay que darse cuenta de lo limitado de nuestro conocimiento, de nuestro localismo perceptual, nuestro esquematismo racional. Sólo así se puede tratar de ir más lejos, trascendernos. No conformarnos con lo primero que dicta nuestro 'celebro', como dicen los de allende. Que no es una máquina infalible, ni mucho menos. De hecho le tenemos que enseñar, nos tenemos que educar a nosotros mismos, en el buen aprovechamiento de sus recursos.

Sin ir más lejos, el establecimiento de categorías tiene una utilidad limitada. Decir que un feto es más sagrado que unas heces sólo tiene sentido en algunas situaciones, pero en otras no, según el contexto. Hay que entender que nuestras clasificaciones, nuestras escalas de valores, no son la verdad última, sólo son una convención provisional (y cultural) que facilitan desenvolvernos para ciertas funciones, pero todo ha de estar en revisión continua.

Más importante aún que reordenar las categorías es no olvidar nunca el fondo común, lo que iguala a toda la existencia, el plano donde todo tiene en sí y por sí una validez incuantificable, incualificable, incomparable y por ello mismo, equivalente y hermana.
Ante esa realidad de poco nos valen categorías, sentimentalismos, ni gaitas de esas. Claro que, para llegar ahí hay que ir poco a poco, y puede quedarnos todavía algo lejos, claro, pero aun así no hay que perderlo de vista.

Muchas veces nos quedamos cortos a la hora de valorar y evaluar cualquier suceso. Un ejemplo que me gusta especialmente:
Un niño pequeño está contento porque ha nacido su hermanito. Él quiere que sea su amigo y que jueguen juntos, pero el bebé no hace nada, y al día siguiente está igual! Tarda un montón en crecer, pues vaya rollo, anda y que le den!
Y ahí desaparece toda la ilusión por su hermanito, no le perdonará la decepción nunca, o al menos hasta que se le olvide.
Lo que el niño no entiende es que el fallo está en él, que sus expectativas no tenían fundamento. No disponía de experiencia suficiente como para saber qué esperar al respecto.

Lo que el niño no ve es que el bebé sí comparte esa ilusión, incluso de una forma mucho más intensa y continuada. Y de hecho crece muy rápido, aunque a simple vista no lo parezca! En buena medida lo hace motivado por ese deseo de ser amigos y jugar juntos. Su vida es patente voluntad viviente de esto, hasta un grado insospechado. De hecho todo el universo está colaborando en esa empresa, todo está dispuesto para ese fin, todo vibra con ese propósito. La sinfonía resuena hermosa y brillante, el coro crece y se entona en ese sentido. Mas el niño no capta tan bello canto, apenas intuye una lejana melodía. Ni se imagina la que se le viene encima! Jeje.

Es fascinante, es admirable, es increíble, es maravilloso, es un milagro! Pero nadie se da cuenta, está pasando en presente continuo y nadie lo ve.
El niño no aprecia esto ni lo comprende, ni los adultos saben distinguirlo ni valorarlo. Están bañados por un río de oro y apenas perciben el aura que desprenden. Pasa a borbotones por entre sus dedos y escasamente presienten el susurro sensual de su caricia.

El día que veamos la realidad en toda su belleza se nos derretirán los ojos de pura felicidad.
Mientras tanto, nada, a ciegas y a tortazos, como siempre.

Damos demasiadas cosas por sentado, únicamente por tradición o costumbre. Pero los tiempos cambian, el contexto varía, los valores mutan.
Si te paras a pensarlo, todo tiene un lado aparentemente correcto y otro lado aparentemente problemático. La ética consiste en saber ir apreciando estos matices, comprender todos los posibles puntos de vista, respetar la multiplicidad de interpretaciones. Hay que vivir con ello, así es como se crece, así es como uno va formándose por dentro.

Cambiar el mundo para que sea acorde a como a uno le parece mejor no es factible, ni siquiera recomendable. Porque es muy posible que nuestro pensamiento sea erróneo, parcial o completamente, y no es ese el camino por el que se avanza. Quien debe evolucionar es uno mismo, lo demás se dará por sí solo (si así ha de ser), como consecuencia de nuestra propia labor.

Lo interesante de la vida es la variedad, la mezcla. Aprender a convivir con culturas y filosofías distintas.
El canibalismo, el vampirismo, son horrendos o son comprensibles? Entiendo su naturaleza? Me doy cuenta de las similitudes que comparto con ellos? Soy consciente de la cercanía, de lo que me vincula a eso? Puedo respetar a mi vecino? O tengo que convertirlo a mi dogma a la fuerza?

Hablando de dogmas, qué opinión te merecen las transfusiones de sangre? Qué pasaría si mañana los Testigos de Jehová fueran la religión mayoritaria y decidieran sustituir las transfusiones por las de agua salada, que son las que ellos acostumbran a usar?
Para muchos sería un cambio intolerable, sin embargo la idoneidad de transfundir sangre es algo que damos por sentado sólo por hábito histórico, nada más.

De hecho, una revisión profunda de tal 'verdad científica' puede llevarnos a un interesante cuestionamiento de la misma. Siempre hay alternativas que no hemos contemplado, y muchas veces pasa que, por comodidad, por no tener que andar siempre replanteándonoslo todo, nos perdemos, pasamos por alto opciones más idóneas, mejores, más apropiadas.

En este caso, el plasma isotónico de Quinton se postula claramente como más adecuado que la transfusión de sangre, para más información al respecto véase: http://libros.mysofa.es/libro/el_plasma_de_quinton/critica/385767/el_agua_de_mar_nuestro_medio_interno/
Esto, curiosamente, nos permite apreciar de otra manera lo de las transfusiones de los Testigos de Jehová, ya que, en este sentido, no van tan desencaminados como pudiera parecer, ni mucho menos.

Al final quién es el bárbaro?
El que hace las cosas así o el que las hace asá?
El que sólo sabe hacerlas de una manera.

PD: Más en: http://dersony.blogspot.com/2013/07/adenda-abortomania.html