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Este blog no está recomendado para menores, así que tú mismo con tu mecanismo.

fin del aviso


31 de mayo de 2007

Crescendo (23-5-07)

La vida moderna nos hace ir cada vez más rápido a todas partes, cada vez tenemos más prisa y menos tiempo para hacer las cosas, vivimos a un ritmo de locos, estresante, hiperacelerado.

El ritmo que marca y exige el dinero.

Tú, miserable esclavo, no tienes derecho a retener en tu poder el dinero que se te entrega a cambio de tu trabajo, debes gastarlo lo más rápido posible, sin pensar, para que vuelva a nuestras manos, a sus auténticos dueños, y podamos seguir exprimiendo tu vida, que también nos pertenece, por supuesto.

Así pues, cada segundo cuenta, y para ello se fabrican medios de transporte cada vez más y más veloces.

Una consecuencia inesperada de esto es la leve aceleración de la Tierra en su movimiento de rotación, que se ha producido de la siguiente manera:

Cada vez que un vehículo frena proyecta su energía cinética hacia la Tierra, y si esa fuerza se ejerce en la misma dirección en la que gira la Tierra, entonces incrementa sutilmente el impulso de esta.

Se podría argumentar que este empuje queda contrarrestado con el emitido en sentido opuesto al arrancar el vehículo, pero lo que pasa es que el arranque es siempre más progresivo y la inercia hace que el frenado genere un excedente de energía que es el que se traslada a la Tierra.

Ahora bien, estas fuerzas en un principio eran muy pequeñas, caóticas y dispersas como para producir ningún efecto.
El caso es que, no se sabe muy bien cómo, dichas fuerzas, por una cuestión de entropía, se han distribuido y canalizado de tal modo que causan esta alteración.

A su vez, esta nueva rotación hace que el día sea un poco más corto, lo que hace que la gente corra más, lo que hace que el día se acorte, lo que hace que... etc.

Y así vamos todos, girando como locos, sin poder dormir, ni comer, ni pensar en pararnos a pensar en pararnos; Bailando esta absurda y grotesca danza macabra, como títeres sin cerebro; Descontrolados, desquiciados, desencajados; En raudo torbellino hacia nuestro estúpido y merecido final, que llegará cuando la fuerza centrífuga supere a la de la gravedad y salgamos todos despedidos de esta bola girante alocada.