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15 de mayo de 2014

la mano en el fuego

Pongo la mano en el fuego por Fulano o Mengano.

Cuántas veces hemos escuchado esta frase?
Demasiadas.

La desfachatez campa a sus anchas entre los dormidos.
Sueltas cuatro palabras rimbombantes y los bobos se las tragan.

Hablar es fácil.

Deberíamos ser más exigentes.
Al próximo que diga esa frase se la vamos a hacer cumplir.
A ver si es verdad.

Pero ahora no quiero abundar en eso.
A lo que venía es que la mano en el fuego sirve también como metáfora de nuestro nivel de conciencia.

La conciencia tiene infinitos niveles. Desde totalmente dormidos hasta totalmente despiertos.

Simplificando, los podemos dejar en tres para ver mejor sus diferencias.

El dormido tiene la mano en el fuego y ni se entera.

El sondormido o dormitante se queja pero no la retira.

Y el despierto no solo no tiene la mano en el fuego sino que dispone de él apropiadamente.

Como se ve, el paso de dormido a despierto es medio doloroso, pues tomas conciencia de aquello que te hiere y es entonces cuando más insoportable se te vuelve.

Se entiende que ha de ser así, pues el dolor tiene el propósito de atraer tu atención para que reacciones.

Los durmientes están tan anestesiados y alienados que no perciben como propia la mano que se chamusca, hasta que ya es demasiado tarde.

Los indignados son los dormidos que van despertándose y empiezan a darse cuenta de los abusos. Pero cuando reclaman justicia ante sus opresores, se evidencia que todavía no están lo suficiente despiertos.

Hay que ver la situación en su conjunto.
El sufrimiento no trae la lucidez por sí solo.
El dolorido no obtiene la sabiduría por arte de magia.
El tormento tan solo es un acicate.

El problema con los indignados es que siguen aferrados a una visión pobre y deficiente, limitada y parcial.
Quien solo piensa en sí mismo no alcanza a comprender el conjunto.
El egoísta sucumbe a su propia cortedad.

Por eso no encuentran alternativas ni realizan cambio alguno.

La ignorancia se paga muy cara.
Así estamos como estamos.

El egoísmo da frutos horrendos porque los ideales que maneja son pedestres y rudimentarios, en tanto en cuanto se limitan y referencian a una noción de sí mismo burdamente materialista.

Respecto al egoísmo, se discute a veces que si es bueno o malo en realidad. Lo que pasa es que el término se presta a confusión.

No es lo mismo ego que egoísmo.

Cuándo el ego se torna egoísmo? Difícil precisarlo, sin embargo la diferencia es palpable en sus consecuencias.

El equilibrio es una cuestión de proporción.
Una sonrisa empieza a ser terrorífica en cuanto sobrepasa su mesura oportuna.

Cuando la identidad de una persona acapara y secuestra su conciencia, por así decirlo, ya no crece ni avanza y las acciones que emprende son dañinas y ofensivas, para los demás y para sí misma.

Ahí se ve el mal que trae y ocasiona una conciencia escasa y malencaminada.

Todos nuestros problemas vienen de esto. Nuestra cultura individualista nos aleja y desconecta de la vida, la naturaleza y la sociedad.

Hemos abandonado y desatendido lo metafísico, nuestro lado espiritual, inmaterial, social y colectivo. Así, normal que no haya moral ni ética ni justicia.

Mira que la rectitud y solidaridad son emanación y manifestación de la bondad, amor que solo nace de la verdad, noción que solo se capta y experimenta cuando elevamos nuestra conciencia, sintonía que solo se afina cuando modulamos nuestra vibración, armonía que solo se alcanza con verdadera preparación.

El bien es la realidad de la vida. Somos hermanos, y como tal debemos respetarnos. Ya lo decía aquél: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

No es ningún capricho esto, ni mucho menos.

Trabajar con los ideales es conectar con dimensiones superiores. La imaginación sirve de puente cuando nos permitimos aprovecharla y trabajamos con ella para explorar y aprender.

Hemos sido tan inmaduros e irresponsables que hemos delegado todo esto en cuatro supuestos especialistas privilegiados, y ahora todo son lloros y lamentos por el resultado que nos han dado.

Toca retomar de nuevo nuestras obligaciones. No más representantes, intermediarios ni autoridades. No más farsantes ni usurpadores de pacotilla.

Nadie puede ya acaparar ni monopolizar nada. Cualquiera puede y debe hacer todo. Individual y conjuntamente.
En comunidad armónica voluntaria.
Velando y cuidando el encuentro y entendimiento, continua y decididamente.

Tanto si participas en grupo como si no, tu ley ha de ser la máxima lealtad y fidelidad para con la vida y la verdad. Motu proprio.
Esto es conciencia de la buena, y así será que salgamos de esta, quienes lo hagamos.

No puede haber ya más patentes ni cortijos ni corralitos en el conocimiento humano. No debe haber exclusividad ni prebenda. No más combustible para el desquiciamiento ni la dislocación del ser.

Crecer implica incluir, integrar, asimilar.
Despertar supone formar parte.

La conciencia, conforme se expande, se reconoce como parte integrante del todo. Y esto no es ninguna tontería ni fantasía.
Sin conciencia colectiva lo que obtenemos es esto: tortura y ruina.

Ahora que lo pienso, la estrategia del diablo bien puede haber sido esta: Ganar perdiendo.
Piensa en todas esas fábulas de gente que pacta con el maligno y le burla demostrando ser más listo que él.
Victoria pírrica, pues eso no hace más que envanecer el ego.
Igual no era tan tonto el demonio haciendo esto.
Quizás tenía una visión mucho más amplia en el tiempo como para saber el fruto que daría su estratagema.
Qué pillín el tío astuto.

En fin, sea como sea, la moraleja está clara: La única manera de vencer es no tratar con él.

Cualquiera mínimamente despierto comprende muy bien que la alienación es un mal camino, que la inconsciencia trae penalidades.

Así que andar debatiendo si el egoísmo es bueno o no, parece desatinado y superfluo. En tanto en cuanto sepas y tengas presente lo que supone y representa la no lucidez y la no noción de pertenencia, es más que suficiente para prestar atención, poner cuidado, voluntad y dedicación en lo importante, relevante y pertinente para avanzar en la buena dirección, que es de lo que se trata.

Seamos pues coherentes, responsables y consecuentes.
Asumamos nuestro deber de vivir conforme a nuestros ideales.

Dignidad es ser dueño y señor de tus decisiones.
Tú determinas tu camino con cada paso que das.

Evidentemente, para elegir bien tienes que saber lo que haces y por qué lo haces.

Sin unos valores claros y definidos no vamos a ninguna parte.
Unos ideales mezquinos y rastreros no traen manque problemas y padecimientos.

Los principios que adoptes serán tan elevados o viles como tu actitud sea y quieras. Las altas miras traen nobleza, las bajas miras traen bellaquería.
Como humanos, nos encontramos entre el cielo y la tierra. Según la proporción de atención que dediquemos a cada elemento, nuestra mezcla será más óptima o pésima.

Trabajar con lo metafísico es imprescindible. Atiende a lo que dice tu corazón y verás si es así. Los ideales más positivos proceden del cielo, por decirlo sencillo, y para asumirlos y hacerlos nuestros debemos saber escuchar y ser receptivos.

La cagada es que hemos mezclado todo esto con instituciones y dogmas que han pervertido nuestra percepción de la cuestión.
La reacción lógica es el desprecio y rechazo. Pero esto ha sido aún peor, pues nos hemos olvidado por completo de lo importante, el fondo auténtico, que hemos de retomar sí o sí para reparar el lío que tenemos montado.

Así que hay que poner interés y voluntad en aprender de verdad sobre la vida y cuanto acontece, para posicionarte y decidir tu rumbo.

La conciencia se mide y comprueba en la calidad de las acciones emprendidas y en su efecto o consecuencia.
Es fácil equivocarnos cuando ambicionamos más de lo que es menester, cuando pretendemos transformar a los demás a nuestra imagen y semejanza.

Eso son delirios de grandeza.
Ganas de llegar a la meta antes de emprender la senda.
Cruzar el río sin mojarse. Soñar con levitar.
Pintar una obra maestra de una sola pincelada.
Absurdos de inmaduros.

La mente despierta no se engaña. Su capacidad y potencial es prácticamente ilimitada, pero sabe muy bien emplearse inteligentemente sin caer en pretensiones inadecuadas, que a menudo no enmascaran sino miedos y pretextos.

La consigna es: trabaja con tu propia vida y respeta la de los demás.

Si ayudas a alguien que no desea ser ayudado, te lo hará pagar caro.
No hay que invadir ni interferir.
No sin saber muy bien dónde te metes y a qué te expones.

El equilibrio es delicado y requiere profundo conocimiento de la naturaleza y sus características y particularidades a todos los niveles.

Conoce el sistema y el lugar que ocupas en él. Si no te gusta, es hora de cambiar. Cambia aquello que te une y conecta a la red corrupta.

A poco que examines la información, tirar del hilo es relativamente sencillo. Pero tampoco es coser y cantar. Los malvados se apoyan entre sí y tapan y disimulan sus chanchullos y fechorías. Su retórica es tramposa, impostora, engañosa. Sus palabras son todo pantalla, cortina de humo, sofisma, insidia, evasiva, dilación, sondeo, bandera falsa, caballo de troya, etc.

Atiende más bien a lo no aparente. La opacidad, la falta de información relevante y comprobable.

El corrupto no va a cesar en su perfidia por las buenas. Pero a la fuerza tampoco es manera, porque así terminamos poniéndonos a su altura y salimos perdiendo.

Esta plaga no termina ni aun masacrando a todos los aprovechados.

Lo más sensato es madurar, hacernos cargo enteramente de nuestro destino y terminar definitivamente toda relación con ellos. Si quieren ya se enmendarán, y si no la vida les dará lo suyo a su debido tiempo.

Cada pago que concedes a una empresa opaca está alimentando al monstruo que nos tiene tan jodidamente jodidos.
Cada porción de tu poder y responsabilidad que cedes y delegas otorga inmerecida autoridad a los parásitos usurpadores.

Los chupópteros saben muy bien cómo captar y fidelizar a la masa.
Les basta con mantenerlos siempre bajo el umbral de la pobreza y la estulticia.

No hay más que ponerles a producir a todo trapo y sin tregua, a cambio de cuatro míseras miserias. Luego les cebas la cabeza con bazofia ininterrumpida y ya está.

La maquinaria rula que da gusto con los descerebrados persiguiendo las zanahorias que los explotadores les tienden.

Es una bonita rueda de degeneración que se retroalimenta.
El esclavo se mata a sí mismo degradándose y prestándose al exprimimiento, para que los parásitos le chupen tranquilamente el fruto de todo su esfuerzo. El ganado así encarrilado se asusta de sí mismo y compite para ser el mejor bocado. Hay que ser borrego...

Cada vez más ávidos y despiadados, cada vez más ruines y envilecidos, cada vez más inhumanos y desesperados todos.

Y tal es la angustia y el apuro, que ni ven ni entienden lo que está pasando, la espiral demente en que se han embarcado, lo que están generando unos y otros con su inercia y desidia, su egoísmo y codicia.

Patética y lamentable escena.

Ojalá bastara con hablarle al esclavo y decirle:
Oye, párate un momento y piensa. Mientras tú te matas a cambio de migajas, los corruptos van y vienen del gobierno a las grandes empresas para mantener su monopolio tiránico y explotador. Y tú como un tonto sigues tratando y contratando con esa chusma. Te ponen un descuento y picas como un idiota. No ves que te tienen cazado y se están aprovechando de ti por todos lados.

No podemos seguir recompensando a quienes no lo merecen.
Así nunca habrá justicia.

Nuestro es el deber de mirar con lupa los bienes, servicios y demás que adquirimos, de dónde proceden, por qué manos pasan, cómo se obtienen, etc.

La ausencia de información es indicio de corrupción.

Una empresa leal se cuidará muy mucho de proporcionar toda la información necesaria y más, que permita a todo el mundo supervisar y conocer todo el proceso y secuencia completa de la labor que desarrolla, hasta sus mínimos detalles, de manera seria, veraz e impecable.

Siempre hay alternativa. Y si no la hay, se inventa. Todo menos seguir comulgando con el mal.

La red corrupta morirá en cuanto los dormidos despierten y cambien sus vínculos, desasistiendo de una vez por todas a los parásitos y amparando a los benefactores.

Nosotros somos quienes hacemos y deshacemos, quienes sostenemos o abandonamos lo bueno y lo malo, según nuestro parecer y criterio.

Así que mejor nos dejamos de tonterías de poner manos en el fuego ni chorradas de esas y empezamos a tomar medidas en nuestra vida.
Que ya vale.