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30 de junio de 2013

de amor y cucharas

La vida es amor.
Todo lo que nos conforma y rodea es amor.
Nosotros somos cucharas.
Nuestra forma y diseño definen y configuran una posición funcional.
Que es mirando hacia arriba.
Solo así una cuchara aloja y contiene lo que recibe.
Cuando una cuchara es conforme a su ser se abre al amor.
Amor que resuena con la vida y se condensa en su interior.
Esta es la miel de la felicidad.
La miel solo se disfruta al transmutarla.
La vida tiene un sistema para esto.
Por eso las cucharas forman parejas.
Las parejas bailan y combinan su miel mutuamente en la intimidad.
Esta danza es muy delicada.
Precisa verdadero amor recíproco para realizarse con éxito.
Se debe realizar con cuidado, respeto y equilibrio.
Cuando hay armonía y entendimiento se da el mayor gozo.
El amor crece, la vida se ensancha.
Aparecen las cucharillas.
Pero esa no es la única consecuencia, ni mucho menos.
La miel trae bien.
La miel da fuerza.
La miel es poder.
Ya hemos dicho que es amor concentrado, vida condensada.
Existimos para vivir y vivimos para existir.
La vida se expresa a través de nosotros en su máxima calidad.
Cuando amamos.
El amor llena, eleva, da luz, da calor.
Rico es quien ama y sabe amar.
Amar es dar y recibir, entregar y compartir.
Por eso la pareja, por eso la danza, por eso la miel.
Pero hay que hacerlo bien.
La miel tiene su proceso de mantenimiento y maduración.
Se puede estropear o desperdiciar.
Las cucharas deben aprender cuidadosamente esto.
O jamás conocerán la felicidad.
Sin embargo, la vida es también libertad, capacidad de decisión.
Algunas cucharas prefieren mirar hacia abajo.
Esto tiene numerosas consecuencias.
El amor resbala y ya no se concentra.
La cuchara invertida se siente vacía por dentro.
Y siente el amor solo por fuera.
Una caricia efímera y pasajera.
La cuchara invertida no encuentra lo que busca entre sus iguales.
Así que se lanza en una carrera desesperada.
Una huída hacia delante.
Con la vana esperanza de encontrar la miel ansiada.
La miel ingrata y esquiva que le burla y escapa.
La cuchara invertida es promiscua y superficial por definición.
La cuchara invertida es débil y estéril.
Siente la vida fría y ajena, lejana y despiadada.
No le queda más remedio que esforzarse y luchar.
Y como mira al suelo solo cuenta con eso.
Así pues, toma la materia, la posee y la moldea.
De ahí nacen los inventos y prodigios.
Esto apenas sacia su necesidad, apenas alivia su frustración.
De ahí la eterna codicia y rapiña.
Sin embargo, a la desesperada, se agudiza su ingenio.
Y sabe quién tiene miel en abundancia.
Así que urde estrategias para apropiarse o privarles de ella.
Tienta y provoca, seduce y embauca.
Y las cucharas dichosas poco a poco van cayendo en el enredo.
El canto vistoso y llamativo de los cacharros.
Se embrollan y entrampan, se arrastran y engañan.
Se extravían y desorientan.
Se someten y degradan.
Pierden su miel y quedan a disposición de los artífices.
Entonces descubren el verdadero rostro de ese mundo.
Oscuro y despiadado, violento y descarnado.
Por el que han abandonado su amor y felicidad.
La tristeza y la desdicha son insondables.
Todo es dolor y tormento.
Todo es abuso y miseria.
Todo es perdición y ponzoña.
El veneno de los invertidos ciega y confunde, arrasa y corroe.
La miel es cada vez más escasa.
Las cucharas danzan agitadas y alocadas.
Así las parejas ni se sustentan ni se mantienen.
Peor aún, se deforman y traicionan su ser.
Adoptan una cultura cruel y salvaje, parásita e inhumana.
Mientras, los aprovechados inyectan sus mentiras infectas.
El resultado lo ves.
La solución es el retorno al amor.
La pesadilla termina cuando se sale de ella.
Cuando cesa la connivencia.
Si no, la destrucción no tendrá límite.
La degradación solo concluirá con la extinción.
El horror adoptará todas las formas posibles.
La galería de monstruos y aberraciones no tendrá fin.
La perversión se alienta a sí misma, prolifera en sí misma.
El colmo se supera día a día.
Se promociona la incultura.
Se premia la inmadurez.
Se incentiva la irresponsabilidad.
Se promueve la indignidad.
Se impulsa la negligencia.
Se inventan todo tipo de argucias y falacias.
Todo tipo de manipulaciones, adulteraciones, desnaturalizaciones.
Las cucharillas se trituran a voluntad.
Las cucharas se mutilan y transmutan a capricho.
La vanidad reina y prepondera.
La iniquidad abunda y predomina.
Así y todo, nada de esto puede triunfar.
El castillo muere y se derrumba por su propia inconsistencia.
La vida solo tiene un camino, un destino.
El amor vence por la verdad, y viceversa.
Lo real permanece, lo demás se desvanece.
Toda cuchara es libre.
Toda cuchara decide hacia dónde mira.
La clave está en la lucidez y el amor.
La sociedad adulta y responsable cuida y cultiva, vela y repara.
Bella y serena.
Hay hermosos ejemplos en el pasado.
Legados dignos de ser adoptados.
Sus mayores riquezas nunca fueron materiales.
Y mira cómo se les aplastó y masacró, con inquina y saña.
Por pura maldad y envidia.
Pura ignominia y vileza.
La historia ha sido una continua violación de lo inocente y puro.
Esa miel que también llamamos alma, corazón, esencia humana.
Ese amor que nos envuelve y compone.
Esa vida que nos habita y arrebata.
Eso a lo que servimos o contra lo que luchamos.
Según del lado que nos pongamos.
Así que, cómo lo ves? Tú adónde miras?