aviso

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fin del aviso


29 de mayo de 2011

calle

Es de noche, ando solo por la calle, voy de regreso a mi casa. Ya estoy cerca, sólo me queda coger la bocacalle de la derecha, luego la de la izquierda, luego otra vez a la derecha y ya todo recto hasta el fondo y ya. O sea, un zigzag no muy grande, unos 20 pasos cada tramo.

Pero, hete aquí que, tomo la bocacalle y la calle se ve distinta, reformada. Está toda recubierta de madera, laminada, barnizada, con ricos adornos y relieves en plan decó o así. Tiene un aire retro, solemne, casi místico. No sé por qué me recuerda un poco al órien-esprés...

Entonces viene un coche, también antiguo, de época, casi hasta fúnebre, a toda mecha y parece que me quiere atropellar. Echo a correr para que no me pille.

La calle presenta una curva nueva que antes no tenía. El zigzag sencillo se ha re-retorcido en cada uno de sus tramos, con lo que el recorrido se me hace cada vez más largo y angustioso. Además, ya no tiene bocacalles transversales, aumentando así la sensación de encajonamiento en todo su recorrido serpenteante, esquinado. Casi hasta me parece que la calle se angosta hacia mí. Sus paredes enmaderadas me agobian y ahogan, me llenan de sofoco.

Me invade un vértigo horizontal agudo, que precipita y acelera todo, mi pulso, mis percepciones, sensaciones, el propio espacio-tiempo que me rodea... Parecería que las paredes cobraran vida y reaccionaran ante mi claustrofobia repentina, como si se alimentaran y bailaran perversamente al son de mis pulsiones internas.

El episodio termina con la misma rapidez que comenzó. Queda la sensación de extrañeza, curiosidad y asombro ante esa calle transmutada. Y su recuerdo me quiere decir algo. Es como si la calle soñada fuera más verdadera que la real, como si debajo de esta latiera aquella, con su maderamen, ornamentos y requiebros, con su oscuridad silenciosa, nocturnal, secreta, inquietante, amenazadora.

Hay veces que el mapa de los sueños atrapa vivamente lo oculto o inexplicable.