aviso

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fin del aviso


21 de octubre de 2012

nuevos ricos

Pues eso de la deuda era una historia infinita.
Y había que pasarle el muerto a la generación venidera.
Pero la generación venidera no estaba por la labor.
Y eso era un rollo, porque se les acababa el chollo a los liantes.
Así que algo tenían que hacer para venderles la moto.
Pero es que la deuda es una moto mazo chunga de vender.
Total que, a la desesperada, se les ocurrió una manera.
Una manera tope de absurda y surrealista.
Resulta que se inventaron una ley.
Una ley que decía que el joven manda sobre el viejo.
A menos años, más poder.
Esa era la nueva jerarquía.
Así los esclavos seguían siendo los mismos de siempre.
Estaban acostumbrados y lo tenían asumido, así que bien.
El único consuelo que les quedaba era la muerte.
Figúrate, los chavales encantados con esto.
Mola mandar sobre los carcamales y echarles toda la mierda a ellos.
Al fin y al cabo era culpa suya el lío de la deuda y todo eso.
Y no te creas que se andaban con tonterías los tiranos, no.
Explotaban a los mayores a base de bien.
Había que preservar el sistema fuera como fuera.
Lástima que el bienestar se esfumara tan fácilmente.
Los peores sacrificios recaían sobre los huesos más machacados.
Esto suponía un triste dilema para los más humanos.
Aplastar o ser aplastado.
Muchos preferían amortiguar el peso sobre los ancianos.
Algunos adultos todavía tenían corazón y sentido de la decencia.
Ética, solidaridad y esas cosas.
Lo malo es que entonces pringaban más ellos en lugar de los otros.
Total que era todo como una cacería.
Estabas tu ahí tan tranquilo y llegaba un enano y te jodía el día.
Hasta que lo perdías de vista.
Había que ser rápido y escurridizo.
Lo peor era que cuanto más tiempo pasaba, mejor se organizaban.
Al principio nadie se dejaba mandar ni mangonear.
Te peleabas, le dabas una paliza al criajo y a correr.
Pero para eso estaba la poli.
La poli estaba para hacer cumplir la ley.
Y como solo se cumplía en su presencia, se tuvieron que ir con ellos.
Pillaron el censo y se repartieron de menor a mayor.
Un poli por persona hasta que ya no había más polis.
Los sin-poli eran los desamparados.
Los pringados que terminaban comiéndose todos los marrones.
Todo era muy civilizado.
Se compara la edad y el que gana de joven manda sobre el otro.
Pero solo se puede imponer una orden por persona y día.
La orden solo puede ser una tarea que dure una hora lo más.
Por ahí te escapas.
Pero aun así, mejor dejarse ver lo menos posible.
Por eso la gente vive oculta y aislada, como ratas miserables.
La calle queda para las pandillas.
Grupos de abusones con la misma edad.
A efectos legales solo cuenta el día del nacimiento, no la hora.
Con sus polis correspondientes.
Y su manada de esclavos perpetuos.
Bastan 24 mandones para que ya no te suelten nunca.
Ahí sí que estás jodido.
Porque los viejos se terminaron pronto.
Los exprimieron a tope y ya no daban más de sí.
Los dejaban caer por ahí, abandonados a su suerte, hasta pudrirse.
Y bueno, así ha quedado el invento.
Nadie se acuerda ya de la deuda ni nada de eso.
Se ha echado a perder todo lo que valía la pena.
Lo que queda es este mundo desolado, salvaje y descarnado.
Estúpido y sin sentido.
Que para qué te voy a contar.