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28 de febrero de 2011

Trazabilidad

Para empezar, un chiste malo: Estela y Quim tienen un hijo. Cómo se llama? Quentriquito.

En efecto, me apetece hablar sobre las estelas químicas. Es un fenómeno raro con ganas, que da pie a muchas y variadas elucubraciones.

Lo primero de todo tengo que decir que no es esta una materia que conozca a fondo ni mucho menos, pero lo que he visto por la red al respecto me da una ligera idea y así a primeras, encuentro que falta algo de colorido, por así decirlo, a la hora de analizar el asunto.

Supongo que eso es lo que me motiva a aportar mi pequeño granito de confusión, jeje.

La primera pregunta que a uno le surge ante las estelas es: Por qué? Cuál es el propósito? Y, desde luego: Quién o qué está detrás de esto?

Aparecen todas las dudas posibles, para las que no hay una respuesta satisfactoria. Así que nos movemos en el terreno de lo hipotético.

Empezando por el quién. Podemos aventurar varias posibilidades. A grandes rasgos: Que sea obra del hombre, que no sea obra del hombre en absoluto, u otras alternativas mixtas o apenas imaginadas.

Los indicios son medio difusos o de difícil aprehensión, así que hay que hacerse más preguntas y orientar nuestras investigaciones hacia puntos clave que nos ayuden a aclarar esta cuestión.

Para mí la clave está en la trazabilidad. Si podemos hacer un seguimiento completo de las naves pronto sabremos si son o no cosa del ser humano.

El problema es la escala a la que se mueven. El cielo nos viene un poco grande, al menos tal y como lo observamos desde la tierra.
Cabría preguntarse: Cuánta área del cielo abarca el objetivo de una cámara? Cuántas cámaras harían falta para cubrir una amplitud suficiente como para poder hacer un seguimiento completo alguna vez?

Demasiada complicación para un resultado previsiblemente decepcionante. Qué otras opciones habría? Telescopios? Satélites? Radares? Eso ya se sale un poco de nuestro ámbito. Ahí ya dependemos del interés y la voluntad de organismos mayores, que no superiores. Precisamente los mismos de los que cabría sospechar si pensamos que esto es obra del hombre.

Y si el cielo no nos da suficientes indicios, entonces hay que mirar más en la tierra. Nómina oficial de vehículos aéreos. Pistas de despegue y aterrizaje. Consumo de combustible. Trayectorias. Autonomía de vuelo. Capacidad de carga. Condición atmosférica. Incidentes. Suministro de sustancias para la elaboración de las estelas. Operarios. Pilotos. Controladores. Etc... Las variables son infinitas.

A poco que uno lo piense se ve que la logística de algo así es enorme. Y que es prácticamente imposible que todo ese aparato y operaciones no deje un rastro, no tenga fisura alguna.

El factor humano nos garantiza precisamente esto, que se produzcan errores, fallos, accidentes, filtraciones. Es más, todo el planteamiento se sale de nuestra práctica habitual. El hombre no emprendería algo así, a una escala semejante, sin presentar alguna excusa, alguna mentira oficial, supuestamente.

Incluso, a nivel técnico y material, nuestro dominio del aire sigue siendo limitado y rudimentario. Cosa que no concuerda con la libertad y soltura con que se manifiestan las estelas, que alegremente hacen las cosas más raras.

Y, desde luego, si fuera un proyecto humano, sería mucho más sistemático y concreto a la hora de aplicar las estelas. El objetivo sería claramente identificable, pues no se desperdiciaría material proyectándolo sobre cualquier zona.

Humano o no humano, el asunto se nos escapa de las manos. El reto está en cómo organizarnos para estudiar bien lo que está pasando. No es mucha la información que podemos obtener, por eso sería conveniente y recomendable poder ponerla en común y reunirla de forma organizada. Montar una base de datos que permita al menos obtener algunas estadísticas de frecuencias y localizaciones.
Patrones de conducta. Si es que vale la pena, claro. Primero habría que dilucidar eso.

Esto serviría para hacer algunos cálculos o proyecciones. Sobre todo sería interesante tener una idea aproximada del volumen de sustancias emitidas, para cotejarlo con lo que se encuentra en los suelos. Y el efecto que pueda estar teniendo y el que cabría anticipar.

También me parece interesante desarrollar métodos para poder tomar muestras directas de las estelas en el aire, para comprobar claramente su composición. Mientras esto no se haga nos moveremos en una tiniebla engañosa.

Es preciso contar con una relación clara y contrastada sobre la naturaleza de esas estelas para no caer en asociaciones de ideas equivocadas.

Claro, que igual resulta que todo esto ya se ha realizado y yo no me estoy enterando, jeje. Entonces habría que mejorar un poco la comunicación, porque a uno le da la impresión de que siempre se habla sobre las cuatro cosas más evidentes, dándoles vueltas y más vueltas pero sin entrar a valorar otros datos o posibilidades.

Es una tendencia general eso de caer en circuitos convencionales, tipificados, a la hora de tratar cualquier tema. Con lo que se genera una inercia o rutina bastante inoperante.

Estamos siempre a las puertas de lo que sucede, nos falta dar un paso más decidido, participar, interactuar, responder.
Porque si no mal lo tenemos.

Qué vamos a hacer al respecto?

Sucede una cosa muy curiosa, cada vez es más la gente sensibilizada con muchos temas, pero al mismo tiempo parece como si la proporción nunca cambiara. La gran mayoría vive una realidad enajenada, ausente, libre de movidas de estas raras.

Así que eso es un serio inconveniente. Qué pueden hacer el individuo o las minorías sensibilizadas?
Hasta qué punto nuestra percepción es fiable?
Podemos asumir el riesgo de equivocarnos?

Quiero decir, lo de las estelas es bueno o malo? O es medio bueno medio malo? Qué reacción deseamos tomar?

Aceptación. Oposición. Sumisión. Rebelión. Defensa. Ataque.

Vamos a suponer que nos ponemos de acuerdo en que es algo negativo y que efectívamente somos el objetivo sobre el que se está aplicando eso. Y se constituye un grupo de activistas que lleve a cabo acciones concretas para el fin de esa actividad dañina.

Qué tipo de acciones serían asumibles? Y sobre todo, cómo reaccionaría ante eso la masa siempre dormida y aborregada?
Porque basta que hagas cualquier cosa que se salga de lo normal para que muchos se sientan molestos e incómodos con eso. Es así de absurdo el ser humano desinformado.

Se comprende entonces que no es nada fácil desplegar una gran movilización sin contar con la conformidad de la mayoría. Mayoría a la que es prácticamente imposible sacar de sus rutinas y hacerla receptiva al tema.

Da la impresión de que estamos en un tiempo confuso y extraño, donde la red y las filtraciones juegan un papel destacado y a la vez insignificante.

En fin, me parece que me he metido en un callejón sin salida, jeje.
Lo que intento plantear es que hay que sopesar muy bien cómo posicionarse, dado que no tenemos una comprensión lo suficiente clara sobre las estelas.

Responden a una lógica que nos es, por ahora, ilógica y desconocida.
Cuál es el propósito de las estelas?
Hay muchas teorías, ninguna termina de ser del todo convincente.

Pongamos que unas entidades indeterminadas están aplicando un plan. Es el hombre el objetivo? No está claro. Qué otros objetivos podría tener una actividad tan anómala? La propia tierra, o incluso algo que no vemos, algo más relacionado con el espacio o vete a saber qué.

Por qué la forma elegida es tan aparatosa y aparente? Si quiero envenenar lentamente a la población, no habría formas más discretas de hacerlo? Tampoco es que quiera dar ideas, jeje.

El cóctel químico-orgánico que se supone contienen las estelas es cosa seria y preocupante, claro está. Pero hay que cerciorarse sobre dónde y cómo termina depositándose. Llega todo a la tierra? Queda algo en la atmósfera?

Y si la intención es otra y no la que parece? Puede ser una maniobra de distracción? Un intento desesperado de embaucar al ser humano en una empresa sin sentido?

Y si relacionamos las estelas con otras cosas?
Los círculos de las cosechas tienen algunas características similares. Son un fenómeno generalizado pero no global. Hay zonas privilegiadas y zonas olvidadas. Algo parecido diría que pasa con las estelas. Están más repartidas pero no son uniformes. Convendría estudiar esas asimetrías, tanto en el espacio como en el tiempo.

Los círculos motivan positivamente al hombre para que despierte y crezca, al menos aparentemente.
Las estelas podrían buscar algo parecido, inquietar al hombre por otra vía. Estado de alarma o estado de interés. Siempre es nuestra atención la que está en juego. El mismo cebo disfrazado con distinto ropaje. Así llegas a más rango de públicos diferentes.

Un trabajo muy sutil. E interesado, tal vez? Si suponemos que esa entidad opera desde otro plano, puede que no tenga otra manera. La cuestión es: Pescar a la humanidad es ayudarla a ascender? O hay otra motivación más turbia y oscura? Incluso pueden ser dos pescadores diferentes, compitiendo por ver quién atrapa más peces.

Centrándonos en las estelas. Hay varias reacciones posibles. Pueden propiciar un levantamiento por inconformismo. Esto sería muy comprensible si fueran obra humana. Pero en caso de no serlo, no parece la vía más adecuada. Una cruzada contra las anomalías que siempre han jugado en los cielos está llamada al fracaso, al menos con los medios actuales. Una justa quijotesca.

Fantasmal.

Entramos en territorio desconocido.
Las cosas que pasan en los cielos, dónde las colocamos? Podemos decir que pertenecen a la realidad? Es real un objeto volador no identificado que aparece de la nada y desaparece con la misma facilidad? Puede que sí, puede que no, o puede que a medias.

Lo que está a medio camino entre lo real y lo irreal es un campo bastante interesante. Nos abre la mente a contemplar lo que nos rodea con una cierta prudencia y mayor amplitud.
Fort, Keel y Vallée hacen planteamientos y sugerencias al respecto que merecen cierta consideración.

Mezclando todo eso, uno se atrevería a esbozar algún tipo de explicación, marciana como pocas. Y llegados a este punto sería una pena privarme de eso, jeje.

Los fenómenos paranormales siguen una especie de camino más o menos paralelo respecto a nuestro propio grado de desarrollo. Un ejemplo muy claro de esto es la oleada de máquinas voladoras de finales del siglo XIX en los USA.

Entonces, qué es lo que pasa? Es que el fenómeno se adapta a nuestro nivel?

O puede que su forma sea genuina.

La clave, creo yo, está en cómo entendemos el tiempo y las dimensiones. La visión más elemental nos presenta un espacio organizado y distinguible. Tres dimensiones físicas y una dimensión temporal. Así la materia tiene volumen y el tiempo es una línea recta por la que transitamos. Chupado, no?

Igual eso se queda un poquito corto para entender bien la realidad. Me gusta más cuando la cosa se lía y se complica. Primero de todo, esa manía de separar espacio y tiempo no nos sirve para esto.

Pero si fundimos eso, qué tenemos? Tres dimensiones de espacio-tiempo. Por la parte del espacio vale, no cambia demasiado, pero la del tiempo... Podemos imaginar la tridimensionalidad temporal?

Además, que resulta que hay incluso otras dimensiones todavía.

Damos por sentado que la tierra nos pertenece y que estamos solos en la inmensidad del universo. Y luego pasan un montón de cosas que no acertamos a comprender, ni de casualidad.

Va a ser que no estamos solos. La cosa es: Sabemos quiénes son nuestros vecinos? Hombre, los extraterrestres, no?
Sí, claro, pero no sólo ellos. Ah, bueno, y los intraterrestres, claro.
Sí, pero aún hay más.

Imagina que coexistimos con todos los universos paralelos posibles. Imagina que el tiempo y el espacio no tienen dimensiones, que pasado presente y futuro son reales a la vez.

Entonces, resulta que nuestros vecinos más inmediatos somos nosotros mismos, sólo que en mundos que han seguido caminos ligeramente diferentes.

Imagina todas las variaciones posibles.

Y resulta que hay una cierta comunicación entre todo eso. Que lo que pasa aquí y ahora repercute en muchos niveles. Entonces, a veces no queda más remedio que intentar rectificar errores del pasado.

Nosotros somos esos errores, podríamos decir.

Primero se intenta por las buenas, luego por las malas y finalmente todo se va al carajo.

No es sólo que nuestro sistema sea insostenible para nosotros, supone también el fin de muchos otros mundos paralelos de los que no sabemos nada. Tendríamos que pensar que viajamos todos juntos en el mismo paquete, como un racimo de uvas. Y que la salud del conjunto depende de la salud de las partes. El grano podrido preocupa y atañe a todo el racimo.

La imagen del racimo nos ayuda a entender cómo se organizan el espacio y el tiempo. Todos los granos comparten un mismo origen con el que están conectados en todo momento. La secuencia cronológica coincide con la estructura física. Pasado, presente y futuro podemos decir que están perfectamente materializados en el conjunto. Y comunicados entre sí, pues la savia llega a todas partes.

Es importante entonces tener en cuenta que el conjunto lo componen también antecesores y sucesores. Estamos acostumbrados a adoptar el pasado con normalidad. Vemos lo que queda y elaboramos un esquema que nos permite sentirnos protagonistas o artífices de ese devenir.

Sin embargo, conforme nos vamos adentrando en el pasado, más evidente se hace que escapa a nuestro alcance, que apenas se sostiene nuestra interpretación, ya que la historia no deja de ser un relato que evidencia nuestra conciencia actual, con sus logros y sus carencias.

Es decir, habría que reflexionar sobre nuestro sentido de pertenencia. La continuidad es real o figurada? Yo soy el que fui? Y el que seré? Parecería que hacemos un uso parcial y limitado de esa conciencia identitaria. Dónde está el nexo? Dónde está el límite? Todo es uno y todo es múltiple. Conviene aprender a apreciar ambas cualidades.

Por otra parte, lo que nos viene del futuro nos resulta mucho más confuso, apenas acertamos a reconocerlo. Vagamente se especula sobre atisbos, premoniciones, etc. Profetas ha habido siempre pero nos falta apreciar mejor su labor, incluso cuando parece que no aciertan.

Si nos ceñimos al presente podemos hacer una lectura del tipo: La tierra está enferma y se le está administrando una medicina. Nosotros somos la plaga, el cáncer, que amenaza con acabar con su salud. De ahí que le suba un poco la fiebre.

Claro, nos llama la atención los agentes que están iniciando el tratamiento, tal vez porque es la primera vez que les vemos hacer algo así. Y nos hacemos muchas preguntas sobre quiénes serán o de dónde han salido y tal y cual. Pero no debemos distraernos, lo importante está aquí abajo, en el camino que decidamos seguir.

Un montón de indicadores nos están avisando, que hay que corregir el rumbo, pero nada, está visto que estamos demasiado ocupados como para hacer caso de eso, mejor llegar al límite y a ver qué pasa. Cuando es obvio que se termina la cosa y ya: Fin de la historia. Hombre, el lado bueno de llegar a ese extremo es que por una vez estaríamos todos de acuerdo en algo (en morirnos, qué remedio, jeje), claro que igual no compensa...

Si intentamos entender lo de las estelas como si proviniera del futuro pues es un poco parecido y a la vez algo más complicado.

Nuestro cuerpo tiene la capacidad de anticiparse a casi cualquier evento inmediato. Antes de recibir el golpe ya lo está asimilando y procesando. A lo mejor la tierra tiene una habilidad semejante. A lo mejor las estelas son el paliativo previo, la antesala al verdadero trauma o impacto.

Y cuál puede ser ese desastre?
Hombre, un colapso en condiciones de todo el sistema que tenemos montado no estaría nada mal.

Sí, pero qué sentido tiene debilitar sensiblemente la tierra?
Se me ocurre que igual la intención es que los urbanitas no logren sobrevivir en su retorno precipitado y desesperado a la tierra.

Cosa que no afectaría de igual manera a los que ya están adaptados. Siempre se ha dicho, los últimos serán los primeros.
Lo de dificultar el cultivo casi parece más una barrera psicológica que otra cosa. Será el pánico el que realmente extermine a los desarraigados.

O puede que el plan sea otro muy diferente. Primera fase, espolvorear las zonas dañadas. Segunda fase, producir una inundación global. Logrando así un efecto catalítico y reparador divino de la muerte, jeje.

La pregunta es: Ha alcanzado el fenómeno su máxima expresión o cabe esperar todavía un aumento exponencial en su frecuencia y amplitud? Cómo de seria es la situación? Cómo de cerca está el límite?

Desvaríos aparte, la idea es que no hay que ver como enemigo algo que todavía no comprendemos. Se trata de darnos cuenta de cuál es nuestro papel y nuestra responsabilidad.
Seamos comprensivos, el cielo y la tierra no son exclusivamente nuestros, y del espacio ya ni hablemos. Todo es compartido.

De poco vale juzgar a quien no conocemos, sobre todo si tenemos en cuenta que podemos ser nosotros mismos en una especie de carambola paradójica. Ponte en su lugar. Imagina que la humanidad ha aprendido a explorar los mundos paralelos y encuentra la causa del deterioro de todo el invento. Qué harías? Diferentes contextos dan diferentes alternativas, pero si existe un problema más vale solucionarlo.

En función de lo bien o de lo mal que lo hagamos vamos a encontrarnos con reacciones externas de este tipo. Las estelas tal vez son una mala señal: Un amortajamiento piadoso? Una extremaunción? Tan mal estamos?

Si algo podemos hacer al respecto, diría tendrá que ser aquí abajo, en la tierra, al menos en un principio.

Lo interesante de esto es que nos permite al menos intuir ligeramente la posible motivación que puede haber tras algo tan extraño. Tal vez una carencia importante que nos falta por cubrir tiene que ver con esto de pensar más allá de nuestra inmediatez físico-temporal.

A este respecto hay una cita de Juan XXIII que me gusta especialmente: "El tiempo no es lo que conocemos, tenemos hermanos vivos y hermanos muertos, nosotros somos nosotros mismos, el tiempo nos confunde."

Todavía se podría valorar lo de las estelas a nivel simbólico y demás, pero tampoco es cuestión de abusar.

En fin, tampoco hagas mucho caso de mis delirios, jeje.
Por de pronto me parece que ya he soltado todas las insensateces que quería compartir, así que no torturo más. Sáquese el provecho que se quiera o pueda de esta flipada alucinada, si fuera menester.

Quentriquito... Qué malo el jodío...