aviso

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fin del aviso


4 de marzo de 2010

plantas-hueso

Estoy en una plaza solitaria, silenciosa. En su centro hay un patio lleno de plantas tubulares, secas. Su aspecto es grisáceo, descolorido. Parecen huesos, cubren hasta la cintura.

Me introduzco en ese mar crujiente y quebradizo, cuyos chasquidos, no sé por qué, encojen mi ánimo. Me meto ahí para refugiarme de algo, de alguien, de unas personas que me están buscando, para atraparme.

Soy una chica pequeña, me agacho rodeada entre las plantas muertas y aguardo en silencio.
Siento un leve cosquilleo en mi espalda, se me han metido en la piel unas pequeñas moscas carnívoras.

Salgo de allí soportando esa leve molestia, pero pensando que ya no tiene remedio (las moscas se abrirán camino poco a poco por mi interior, se multiplicarán y me devorarán por dentro, dolorosa, lenta, terriblemente).

Estoy perdida, ojalá no hubiera entrado en ese sitio.