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fin del aviso


4 de marzo de 2010

Más de lo mismo

Vamos a hacer un ejercicio de 'positivismo' injustificado. Vamos a suponer que ninguna catastrofe (sic) ni colapso obstaculizara el 'camino de progreso' que sigue la humanidad.

Así, la población seguirá creciendo exponencialmente. Allí donde antes no había nada aparecerán nuevos pueblos, los pueblos se volverán ciudades, las ciudades se harán megaciudades, las megaciudades se convertirán en hipermegaciudades, las hipermegaciudades se convertirán en ultrahipermegaciudades, y así con todo.

Los edificios se multiplicarán como los hongos, y cada nuevo núcleo urbano desencadenará a su alrededor una gran actividad.
Se construirán infinidad de autopistas nuevas que conecten todos los puntos. El tendido eléctrico llenará el paisaje a todas caras. Lo mismo los conductos de agua, gas y demás.

Al crecer todo tan rápido no habrá tiempo de hacer las cosas bien.
Las construcciones se harán a lo bruto, con un molde gigante y a correr. Los tubos y los cables irán todos por fuera. Esto obligará a las personas a modificar sus vehículos para poder circular por las ciudades. Al principio los cuatro por cuatro bastarán para salir del paso, pero luego se hará necesario pasarse a los 'moster-trac' (será un caos, sí, pero al menos ya no harán falta semáforos).

Los recursos naturales se agotarán en un suspiro. La humanidad crecerá hasta tal punto que ocupará por completo la superficie de la tierra. Ya no habrá sitio para la naturaleza, no quedará ni rastro de vegetación, animales o accidentes naturales. Todo será asfalto y cemento.

Que de qué vivirá el hombre? Pues habrá construido grandes fábricas de suministros, y todo el mundo deberá comprar los suyos si es que desean seguir con vida. Incluso el aire tendrá un precio, ya que la atmósfera será irrespirable, puro dióxido de carbono. De ahí la necesidad de usar máscaras de gas y de no exponerse al exterior más de lo necesario.
La lluvia ácida causará enormes estragos y le dará a todo un aspecto oxidado, cochambroso, apocalíptico.

Dado el elevado precio de tan vitales suministros, la gente pasará automáticamente a ser propiedad de las grandes corporaciones.
Desaparecerán los derechos humanos y todo el mundo entrará en la categoría de esclavo por el mero hecho de nacer y existir.
De forma gradual se impondrá el modelo de explotación chino en toda la tierra (jornadas infinitas, sueldos inexistentes).

Es importante entender que este paso no se dará por imposición, será una simple transición natural. El aumento numérico, la mayor densidad de población, lleva a una mayor competencia para alcanzar cualquier mínimo objetivo. O sea, a mayor presión colectiva, mayor sacrificio de libertades individuales.
La gente renunciará a sus principios con tal de acceder a su ansiado sustento.

La globalización, el sometimiento de toda la humanidad bajo el yugo de un solo imperio, se completará sin mayor problema tras unas cuantas guerras salvajes. Por una simple cuestión de números, capacidad de reacción y fuerza de voluntad inquebrantable, en el futuro seremos todos chinos, es así de sencillo.

Pues bien, en esas condiciones, realizar cualquier cosa por voluntad propia será toda una odisea. Se carecerá por completo de medios y recursos. Las 'pertenecias' (como dicen los de allende) personales se reducirán al set mínimo estandard: Casa, coche, móvil, ordenador, pareja, 1,2 hijos (opcionalmente) y para de contar.
Además habrá una permanente supervisión (control, represión) por parte de las autoridades (todo el mundo será culpable mientras no demuestre lo contrario).
Sin olvidarnos de nuestro estatus de esclavo, claro está.

Total, que para cualquier insignificante tontería habrá que enfrentarse a unas Oposiciones monstruosas (demenciales, infernales, suicidas) y superarlas. Cosa que no logrará prácticamente nadie. Por eso la vida se dará a piñón fijo, dentro de unos canales establecidos, sin opción de cambio o modificación.

Llegados a este punto, será el capricho de las instituciones, ciegas entidades impersonales, las que decidan el rumbo a seguir y las transformaciones a aplicar.

El primer objetivo será, por supuesto, el desarrollo e implantación de los robots. Tras lo cual el trabajo quedará reducido a su mínima expresión y la humanidad podrá entregarse al ocio inoperante. O lo que es lo mismo: Ver mucha tele, jugar con el ordenador, chatear y poco más.
Entonces el cuerpo se atrofiará y encogerá, y parecerá que sufre macrocefalia. Pues, al vivir de continuo en el plano mental, el cerebro será el único órgano que siga creciendo.

Dadas las inhóspitas condiciones ambientales del exterior y a la increíble superpoblación del planeta, se buscarán distintas soluciones. Se intentará conquistar los fondos (y las superficies) de los océanos, se intentará conquistar la luna (y alrededores), pero finalmente se optará por lo que menos esfuerzo requiere: Instalarse bajo la tierra. Las ciudades se irán despoblando, abandonando, conforme se habiliten sus reflejos inversos subterráneos.

La tierra se convertirá en un inmenso hormiguero, un queso gruyere donde la humanidad mutará definitivamente hasta su verdadero ser.
Los ojos crecerán hasta alcanzar las proporciones del manga (el hombre será una caricatura viviente de sí mismo). Sin embargo, la visión se apocará, perderá de vista 3/4 partes del espectro visual.
O sea, lo verá todo en blanco y negro.
Su cuerpo, como ya se ha dicho, se 'enalfeñicará' (como dicen los de... bueno, ya sabes), desaparecerá todo pelo y coloración de la piel. Nariz, boca, y oídos también se irán a pique, quedarán reducidas a leves vestigios apenas perceptibles (la comunicación se volverá telepática, ídem la música y el sonido).

A estas alturas el ser humano tendrá todo el aspecto del típico hombrecillo gris extraterrestre.

Su inteligencia también sufrirá cierta infantilización simplista.
Desarrollará la telequinesis, pero hará un uso de ella inofensivo, meramente anecdótico (ya que su estilo de vida no da para más).
La obesidad galopante quedará prontamente erradicada con una sencilla receta: Escasez de oxígeno en el aire y alimentos de ínfima calidad.

No obstante, el hambre, la sensación de vacío, el ansia, la necesidad acuciante, tardará aún un tiempo en ser solventada. Esto se logrará con el descubrimiento de una radiación 'nutritiva', a la que se llamará 'maná'. Entonces el hombre quedará liberado de todos sus anhelos y pulsiones internas. Ya no tendrá que alimentarse para vivir, es más, ya no sentirá apetito de ninguna clase. La radiación cubrirá completamente todo eso, como una droga perfecta. Saciará, tonificará y mantendrá en equilibrio toda segregación interna.

La plenitud, la dicha, será portar junto a uno su respectiva cajita de maná. Ya no hará falta buscar nada más fuera.
Practicar sexo será un mero divertimento superfluo, formar pareja pasará a ser un exotismo arcaico y el sistema digestivo quedará reducido a un diminuto orgánulo inapreciable, simple residuo ancestral.

Curiosamente, lejos de sumirse en la apatía, el hombre gozará de una energía, vitalidad y actividad como nunca antes vista.
Esto obligará a las corporaciones a buscar nuevas formas de aprovechar y canalizar tal brío, para no perder el control sobre las masas.
Así aflorará una nueva era de renacimiento tecnológico. Por fin se hallará la forma de viajar adecuadamente por el espacio y la humanidad se embarcará en su verdadera cruzada: La exploración y conquista del universo. Gloriosa meta que le permitirá exportar e implantar su 'maravilloso', 'inigualable' y 'ejemplar' estilo de vida al resto de mundos y civilizaciones. Surrealistas hombrecillos-topo mongoloides, con ovnis de monitores en blanco y negro, con la vana pretensión de vender su 'tecnoepifanía').

Pd:
Eso en el mejor de los casos. Por fortuna, antes de que la humanidad alcance tal 'paraíso', la tierra se encargará de poner las cosas en su sitio y el hombre acabará en la basura, donde le corresponde.