"Sin amor no hay libertad, sino egoísmo que es el infierno."

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Este blog no está recomendado para menores, así que tú mismo con tu mecanismo.

fin del aviso



17 de mayo de 2015

respuesta espejo

El otro día escuché un programa de radio muy interesante, este en concreto: http://www.ikerjimenez.com/milenio3/milenio3-14x37.html
que me ha inspirado para escribir este ensayo.
De lo que trataba el programa era de algunas extrañas apariciones que a veces suceden en ciertos lugares, especialmente en entornos montañosos. Lo impresionante de esos humanoides es su absoluta irracionalidad en sí mismos. Su ajenidad, su aire de cosa-que-no-es-de-este-mundo.

Qué se puede pensar de algo así?
Las dimensiones paralelas es una de las primeras hipótesis que surgen. Y es comprensible, pero en este caso por mi parte prefiero tirar por otro lado, no del todo incompatible con eso otro.

Todo es energía, energía que también podemos llamar información. Todo participa de todo. Cada vibración repercute en el conjunto.
Todo está vivo a su manera. La convivencia produce una mezcla de energías y de ahí pueden nacer a veces cosas inesperadas.

Las montañas siempre han sido puntos clave. Puede decirse que actúan como acumuladores. Pero no todas las montañas son iguales.
Depende de la configuración y composición del subsuelo.
Según las capas de agua, gases o minerales, la energía resultante puede ser armónica o desarmónica.

Por eso siempre ha sido crucial estudiar la vibración del lugar antes de establecerse y levantar las edificaciones. Las geopatías son cosa seria, aunque hoy en día apenas se tenga en cuenta esto.

El animismo puede ser más relevante de lo que creemos.
Ya que coexistir implica cierto grado de interpenetración, es importante entonces proyectar nuestra conciencia más elevada y respetuosa.
Porque no es lo mismo el fruto de una mirada amorosa que el de una mirada iracunda o alienada. El experimento de los botes de arroz demuestra esto muy a las claras.

Se puede hacer una interpretación romántica y tal vez atinada de las criaturas mitológicas.
De dónde nacen las sirenas? De la mirada del marinero que posa sus ojos preñados de devoción sobre la mar océana oleajeante, como dicen los de allende.
De dónde nacen las hadas? De la mirada amorosa de los jardineros hacia los matorrales floridos.
De dónde nacen los gnomos? De la mirada respetuosa del guardabosques hacia los árboles.
De dónde nacen los duendes? De la mirada tierna del ama de casa hacia su hogar. O de la del zapatero hacia su oficio, etc.
De dónde nacen los centauros? De la mirada leal de los cuidadores hacia los caballos.
De dónde nacen los homúnculos? De la mirada del alquimista sobre su obra.

Parece que allí donde colocas tu conciencia pones parte de tu alma y puede resultar algo así. Si todo es energía, nadamos siempre entre diferentes reinos vibracionales. Somos colores que se entremezclan a lo largo del espectro cromático. Cada uno con su propia tonalidad y esencia. Que se deshilacha tenuemente hacia las demás longitudes, creando modulaciones intermedias.

Si mi actividad me hace próximo y cercano a un reino, mi energía se mezcla y fusiona con la energía de ese reino. Hay un diálogo, y una manera de percibir la respuesta es mediante estas apariciones. El reino me devuelve un reflejo de mi ser.
Tal y como sucede siempre en todo momento, solo que de otras maneras menos llamativas.

Sabido es que al relacionarnos nos proyectamos en el otro y el otro nos hace de espejo. Esto mismo puede pasar con todo en la naturaleza.

Lo interesante es el tipo de respuesta que nos encontramos. La imagen resultante habla del grado de hermanación que tengo con aquello. Un humanoide simple muestra una relación más bien diferenciada. Una criatura híbrida significaría una fusión ya más profunda.

Podría decirse que esas apariciones son como pequeños chispazos de la imaginación. Al igual que los querubines. Anticipo y antesala de un posible camino. Lo que no está tan claro es el grado de realidad que puede llegar a alcanzar todo eso si se mantiene la energía entremezclada. Parece más bien imposible que nazca de ahí una nueva especie. Pero aun quedando a medio camino, esas entidades pueden adquirir cierta autonomía y personalidad cuasitangibles.

Las culturas ancestrales bien pudieron tener clara conciencia de esto.
Quizás supieron invocar a los elementales y mantener una armónica convivencia con la naturaleza mediante esto.
Tal vez aquello derivó en un creciente elenco de deidades de lo más variopinto, como la pléyade egipcia.
Y puede que todo eso cayera en el olvido por un exceso de antropomorfización.

El milagro de la existencia de las criaturas inter-reinos depende de un frágil equilibrio, que se rompe en cuanto se intenta llevar hacia tu terreno lo que no es de este, ni del otro.

Parece claro que nuestra conciencia nos abre los ojos a diferentes realidades según nuestra vibración. Por eso la importancia de los cultos y los lugares sagrados y templos. Para mantenernos en comunidad positiva.

Las criaturas celestiales y los demonios pueden tener algo que ver con esto. Podría decirse que vivir es hacer el amor con el universo todo el tiempo. Y si lo haces bien, nace de esto algo bueno. Y si lo haces mal, nace algo malo. Tanto si se manifiesta ante ti con forma humanoide como si no se manifiesta así, igualmente estás ligado a tu comportamiento y sus consecuencias.

Por eso existe lo que llamamos karma, el bien y el mal.
El cielo y el infierno son metafóricos y a la vez reales. Pero de eso ya cada uno irá catando lo que le corresponda.

A lo que iba, que somos responsables de elevarnos y crecer en buen espíritu con el todo. Cosa que merece especial cuidado, porque ir en la dirección contraria trae un resultado ciertamente espeluznante.

Y ahora es cuando deberías preguntarte si lo que los medios te ofrecen es inspirador o desmoralizante. Si la información que tragas es saludable o enfermiza. Si esta cultura inhumana y descarnada alienta tus más nobles valores y virtudes o te lleva a tu ruina y perdición.

Porque nuestra especie ya lleva demasiado tiempo arrastrándose miserablemente en este negro túnel en espiral descendente.

Y cada vez que la sociedad se harta de su organización, o agota todas sus posibilidades, se descompone y muda de piel, abandonando la anterior estructura y pasando una temporada crítica, especialmente penosa y vulnerable, de reaclimatación hasta establecer su nueva configuración.

Cada final y colapso de un sistema puede vivenciarse como un trauma pesadillesco. Tal cual. Una era oscura que plaga el mundo de monstruos y criaturas grotescas. Porque es lo que nuestra mirada proyecta al exterior.

Parece que el ser humano olvida con facilidad su papel en estos procesos, y cae y se enreda de nuevo en otro sistema maligno. Por puro miedo y por pura inmadurez.
Luego vienen las cazas de brujas y así se reprime y coarta todo intento de resucitar el espíritu de amor a la madre tierra, ya que en nada conviene para los turbios tentáculos tiránicos del mal que busca hacerse con el control del mundo.

Volviendo a las montañas, tal vez esta idea romántica de hibridación alquímica no sea necesariamente tal y como se plantea. Puede ser más sencillo. Igual la energía humana no interviene directamente. A lo mejor esas apariciones tan solo son la manera que tiene la mente de plasmar y materializar algo que está allí influyendo.

Pongamos que una montaña geopática fabrica una nube de energía perturbadora, que flota errante hasta que ciertas condiciones hacen que se pose. Esa burbuja enloquecedora provoca la huída espontánea de toda criatura sensible. Pero hete aquí que el tonto humano, con su arrogancia ignorante o su ignorancia arrogante, se mete de lleno sin percatarse.
Qué le espera ahí sino merma de su cordura?

Lo interesante de esta hipótesis es que puede estudiarse bastante bien. Basta con localizar las montañas problemáticas y monitorizar mediante cámaras con termovisión el comportamiento de la fauna.
Allí donde de repente se haga un vacío de criaturas, allí tienes una burbuja.
Pero ojo, porque también puede tratarse de una emisión de radón, cosa que habría que comprobar adecuadamente para estudiar bien cada burbuja.
Luego ya, quien valiente que se adentre, jeje.

Esto conecta con los mitos heroicos. Las pruebas del héroe tal vez consistían en avanzar allí donde los demás retrocedían. Allí donde el instinto dice que es mejor no seguir. Los lugares prohibidos.
Sin duda era una buena manera de labrarte una notable reputación.
Y posiblemente de esto vienen las leyendas de criaturas terroríficas, hidras, arpías y compañía.

Pero en el fondo esa búsqueda heroica también es un tanto quijotesca. Porque a la postre, de qué sirve?
Mientras no comprendamos el entramado en su conjunto, buscar exorcizarlo en sus manifestaciones concretas es más simbólico que práctico.

Otro experimento interesante sería colocar orgonitas en alguna de esas montañas geopáticas. Sería curioso ver si eso podría resolver en parte el problema y si la montaña acaso recobrase mayor actividad de fauna y tal.

Y creo que eso es todo.
Por último, se me ocurre que se podría hacer también un estudio comparativo de las culturas, viendo la cantidad y la calidad de sus criaturas fantásticas y mitológicas, estudiando la geología de cada territorio.
Puede salir alguna pauta.
Como que las montañas dan pie a unas criaturas, los valles a otras, los ríos a otras, los bosques a otras, los vientos a otras, etc.
Pero también es muy importante evaluar la salud mental de cada cultura, el grado de equilibrio y conexión con la naturaleza o de alienación y perversión.
Por ejemplo, los monstruos de la cultura japonesa son especialmente retorcidos y perturbadores. Tendrá algo que ver con su forma de ser? O será más bien cosa del terreno?
Qui lo sá.