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1 de abril de 2015

nubes en el cielo

Qué es la evolución?
Es un proceso continuo mediante el que la vida se va reconfigurando.
La vida es cambio y evidentemente implica transformaciones.

Hay escalas en las que esto nos resulta fácilmente constatable y hay otras donde no nos es tan fácil percibirlo.
La alquimia estudia seriamente esta cuestión.

Sin llegar tan lejos, se puede también encontrar alguna noción básica.
El agua se transforma en hielo y esto se podría entender como una evolución. El agua se transforma en vapor y esto se podría entender como una involución.

El valor positivo o negativo de nuestra apreciación depende en gran medida de nuestro criterio y nuestros esquemas.
El sentido y significado de cualquier cambio depende de tener una comprensión suficiente del contexto y conjunto en el que se produce.

Sin sabiduría no hay discernimiento.

Por eso el bien y el mal es un tema tan peliagudo.
El relativismo y el simplismo tienden a desfigurar las nociones.
Y las consecuencias son catastróficas.
De ahí la importancia crucial de una ética bien asentada y asimilada, que enraíce en la vida inequívoca y decididamente.

La vida es nuestra mejor maestra y hemos de saber aprender correctamente todo sobre ella, con respeto y diligencia.
No como las mentes corruptas, que persiguen el poder a toda costa, distorsionando las observaciones y elaborando dogmas adoctrinantes respecto a la evolución, con el único propósito de negar toda trascendencia, todo orden o inteligencia ulterior.

El atento lector habrá adivinado que me refiero al ateísmo, claro está. Esa absurda creencia que pretende que nada hay más allá, ni por encima, de lo físico y tangible. Que la realidad existe por azar.
Azar, graciosa ocurrencia.
Puedes pasarte toda la eternidad desencadenando eventos aleatorios y jamás producirán la mínima estructura ni remotamente semejable a la vida.

Bonita postura inmadura, cual niño que no guarda memoria de sus padres y asume que es huérfano y llega al disparate de afirmar que jamás los ha tenido, que ha aparecido en la vida espontáneamente, porque sí, por capricho fortuito.

En el fondo esta ideología lo que busca es eludir el respeto y la responsabilidad. Quiere carta blanca para hacer y deshacer sin tener que arreglar cuentas con nada ni nadie.
En parte es comprensible como reacción a la postura opuesta, ya que  durante siglos algunas iglesias han jugado un papel tiránico y detestable. Claro, con ese ejemplo, cómo no querer rebelarse.

Lo triste del caso es que los extremos terminan dando un resultado similar. Mal la tiranía eclesiástica y mal la tiranía cientifista.
Ya cansa tanto abuso y tanto tumbo de un extremo al otro.

Aquí de lo que se trata es de aprender de la vida para vivir lo más de acuerdo posible con ella.

Volviendo al ejemplo del agua.
Ya hemos dicho que tiene tres estados básicos: Sólido, líquido y gaseoso. Y que según se mire, cualquiera de esos estados puede parecer mejor o peor. Y que este juicio de valor solo tiene sentido en un contexto limitado y concreto.
Por ejemplo, si estás en el desierto, la evaporación te va a parecer un poco mal. Y si estás en el polo, la congelación te va a resultar un incordio.

Pero esto no quita para que todas las transformaciones de la naturaleza tengan su sentido y pertinencia.
Por eso hay que saber ver ampliamente, para reconocer los ciclos y las dinámicas que están operando y así poder encajar o participar adecuadamente.

La vida es inteligente y como tal demanda inteligencia para ser vivida.

Lo curioso es que algunos optan por oponerse intencionadamente a la vida. Valiente despropósito. El mal no es más que llevar la contraria siempre a los procesos y transformaciones de la vida.
El mal es querer conducir la vida a su perdición.

La tragedia del mal es que forma parte y se encuentra comprendido dentro de aquello que quiere destruir. Por lo tanto siempre va un paso por detrás y nunca logrará una victoria definitiva.
La propia existencia de la vida ya es la prueba más palmaria y evidente de esto.

La nada nada puede.

Quien abraza el bando equivocado debe cegarse para no ver esta realidad, pues de otro modo no logrará perdurar en su postura.
Y cuanto más se acerque a la verdad, mayor será su amargura.

La tiniebla es efímera.
El mal trata de contrarrestar esto mediante una estrategia de perseverancia. Por eso forma un gran clan, fuertemente adoctrinado.
Es la gota que siglo a siglo persigue socavar la roca.

La esperanza del mal es que este enorme esfuerzo dé lugar alguna vez a un mal mayor y más poderoso, una plaga que asole y arrase por completo la vida. O al menos que la malogre y desfigure lo bastante como para regodearse en ello.

Por eso se programan y se coordinan a años vista.
Funcionan a base de impactos. La efeméride del impacto se recalca con otro nuevo impacto. Así ahondan la huella, dificultan la cicatrización y prolongan el trauma.

Los agentes del terror aprovechan cada remachamiento de su iniquidad para sacar tajada de la natural reacción de miedo de los mercados, mercados dicho sea de paso diseñados por y para su entera ventaja y conveniencia, ordeñando así paciente y metódicamente nuestros recursos, para ampliar su dominio y monopolio.

Siempre el poder, el ansia de poder.
El desalmado aspira a usurpar el trono absoluto y exterminar la sustancia de la existencia misma.
Como si la vida fuese apropiable o secuestrable.
Como si la potestad vital fuese falseable o sustraíble.

No obstante, tampoco se ha de menospreciar el alcance de la maldad, ya que su repercusión concreta ciertamente es perniciosa y considerable.

La manipulación y el engaño son crecientes. Lo vemos cada día. La desinformación ofusca nuestra visión y entendimiento del entorno y la situación. Las noticias son un lavado de cerebro insultante y repugnante.

El discurso imperante es absurdo hasta niveles grotescos. La ideología predominante se pretende dueña y señora de la verdad, pero a la que rascas no encuentras sino inmovilismo e incoherencia. Esquemas obsoletos machaconamente implantados para privilegio y beneficio de una elite dirigente. Para que lo establecido se mantenga y perpetúe en su ilícita jerarquía.

Infecta dialéctica que expresan y exportan en todas las modalidades de su cultura, pelis, música, libros, arte, cocina, moda, arquitectura, documentales, etcétera, que el mundo consume ciegamente, sin ser consciente de los pérfidos valores que está recibiendo a través de todo eso.

La visión que transmiten es abyecta y perversa, pobre y degradante. Una mera competición salvaje y descarnada. De dónde viene esta visión? De su propia mentalidad. El mal proyecta hacia fuera lo que alberga dentro de sí.

La naturaleza la describen como la ley de la selva. Comer o ser comido. Y el colmo ya es cuando se ponen a jugar a adivinos del futuro. La llamada 'prospección biológica'.
Qué nos cuentan entonces? Básicamente, que todas las especies van a evolucionar hasta convertirse en monstruos asesinos.
Y por qué? Porque la 'lógica competitiva' de la supervivencia así lo obliga.

Ridículo reduccionismo sobre el que sustentan todo el endeble andamiaje de su mentalidad materialista. 
La pérdida del marco referencial conduce a este tipo de alienación nihilista.

La inmadura postura adoptada tiene esta consecuencia. Distanciarte de la naturaleza convierte la naturaleza en algo ajeno y hostil.
Quien enarbola negra bandera, hace de su existencia una guerra continua, interminable, extenuante.

Por supuesto, no todos los malvados son tan ineptos como para quemarse en una lucha directa, perdida de antemano. De hecho los más peligrosos son los más insidiosos, los que instilan veneno discretamente.

Los que truecan y pervierten las nociones comunes, los que llenan la vida de muerte y disfrazan la muerte de vida.
Los que enmarañan y embrollan las estructuras para atrapar a los incautos y exprimirlos a su merced.
Los que intoxican y emponzoñan, los que denigran y degradan, los que interfieren y arruinan.
Los que se disfrazan de salvadores y venden hipócritas promesas.
En fin, ya sabes.

Volviendo a lo de la evolución.
Una cosa muy curiosa es que los cambios no se producen de manera gradual sino más bien de golpe.
Las especies se mantienen fieles a su forma y diseño hasta que alguna circunstancia verdaderamente importante obliga a una reconfiguración inevitable.

El contexto determina esto. Y el contexto se compone de múltiples factores. Por eso resulta bastante absurdo elaborar teorías simplistas tratando de explicar las transformaciones.

El ejemplo clásico es: Por qué desaparecieron los dinosaurios?
Desaparecieron porque las condiciones que permitían su existencia dejaron de darse. Fue un meteorito el culpable de esto? Lo dudo mucho, pero, ya que me cae algo lejos, lo dejaré en un mero tal vez.

Por qué desapareció el Imperio Romano?
Hay teorías de lo más peregrinas. Ridículos efectos mariposa inverosímiles.
El fondo de la cuestión es que no se presta atención ni se tiene en consideración nada más allá de lo inmediato y tangible.
No se atiende al consenso macrodimensional que confluye y desarrolla las estructuras organizativas. El espíritu que da vida y continuidad a un proyecto hasta cumplir su objetivo o agotar su ciclo.

Esa es la cortedad de miras y de entendimiento del materialismo.
Por eso la evolución la entienden como una burda competición de mutaciones genéticas y demás absurdeces.

Y sin embargo, hay importantes avances como para poder reformularnos mejor todo esto. La teoría de los campos morfogenéticos es imprescindible para hacernos una idea más adecuada de lo que interviene en los procesos de la vida.

Una metáfora interesante sería imaginar esos campos como nubes en un cielo. Y esas nubes interactúan pacíficamente, conservando sus propiedades. Los seres vivos toman de aquellas las facultades que los configuran y en todo instante mantienen un vínculo con las mismas.

El caso es que nada permanece ajeno entre sí dentro de la vida, y hay constante reajuste y realimentación. Y puede darse un momento donde el vínculo con la esencia se difumine y los seres vivos encuentren cada vez más dificultad para mantener su configuración, porque el contexto empieza a ser otro.

Entonces se podría decir que el cambio se produce por dos motivos. Porque el vínculo debilitado ya no es capaz de mantener una conexión suficiente con la fuente de coherencia y estabilidad. Y porque, de alguna manera, el ser vivo logra acceder a otras nubes más acordes con su prioridad actual.

Las diferentes partes implicadas tienen distinto grado de responsabilidad en el resultado. Y está claro que la vida está diseñada para preservar su estructura y esencia por encima de todo, a la vez que avanza y se perfecciona progresivamente.

Un individuo, por inteligente que sea, no está capacitado, a priori, para modificar a voluntad la configuración de su ser.
Sin embargo, el chamanismo coquetea con leves incursiones en estos terrenos. No tanto como para metamorfosearse a la carta, pero lo suficiente como para abrazar nubes con cualidades interesantes.
Como ser uno con el espíritu del águila, por ejemplo.

Esto nos da una pista importante. Si comprendemos que la evolución física está fuertemente blindada y que poco o nada nos cabe hacer en ese sentido. Pero que la evolución psicológico-cultural-espiritual siempre ha sido el camino más practico y accesible.

Esto también nos permite revisar la historia de la humanidad con otros ojos.
Más en concreto, esas civilizaciones super antiguas y super avanzadas. De dónde sacaban tan extraordinario conocimiento? Y qué sentido tenía en semejantes culturas la realización de sacrificios humanos?
Qué clase de 'dioses' exigen ese pago a cambio de tales avances?

No pretendo que las nubes antes mencionadas tengan nada que ver con esto. Pero sí que hay esferas y reinos, de naturaleza quizás parecida a aquellas, con los que se puede interactuar. Y que allí puede haber entes positivos y entes negativos. Y que los positivos poco van a interferir en nuestro destino, al menos directa o explícitamente, por pura ética y lealtad a los procesos de la vida. Pero que los negativos parecerían más propensos y proclives a ciertos intercambios. 

Así, poco sorprende la maldad subyacente en nuestra cultura y sistema actuales. Ni que la inhumanidad domine el panorama.
Podría decirse que el juego sucio se viene jugando desde la noche de los tiempos.
Razón de más para aprender cuidadosamente a desentrañar la continua farsa y patraña bajo la que nos movemos.

Y bueno, que eso, que la evolución no es la parodia que pretenden algunos, sino que merece seria, detenida y profunda consideración.
Por si empiezan a nacer gallinas croadoras o ranas con alas y pa no quedarnos siempre con cara de tontos.