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11 de diciembre de 2014

partitocracia no es democracia

Democracia significa el gobierno del pueblo, y no significa el gobierno de los representantes del pueblo.
La democracia representativa es un mal chiste.
La única democracia verdadera es la participativa, la directa.
La única soberanía auténtica es la del pueblo.
Toda pretensión de autoridad sobre los demás es ilegítima.

Nuestra situación actual corresponde a una fase lógica de nuestro proceso de maduración, más o menos. Hay que comprender bien este camino para saber qué pasos nos acercan a donde queremos ir y qué pasos nos alejan.

La historia de la humanidad es la historia del despertar de la conciencia.
La sociedad se organiza de acuerdo al alcance de su conciencia.
En las pequeñas comunidades la democracia es fácilmente practicable. El problema viene cuando diferentes comunidades entran en conflicto. Eso obliga a establecer un gobierno intercomunitario, que nos lleva a las instituciones que constituyen las provincias y países. A su vez, los países se encuentran con dificultades cuando chocan entre sí sus intereses y tal. Así que la cosa se va complicando.

Más conciencia implica más atención y más cuidado. Más consideración hacia el prójimo y más precisión y elaboración en los acuerdos mutuos. No es lo mismo hacer malabares con dos bolas que con nueve.

La globalización es el intento de llegar a una organización y cooperación mundial. La mala noticia es que esto no lo va a realizar ninguna institución ni autoridad. Las falsas jerarquías ilegítimas ni quieren ni pueden instaurar un verdadero orden mundial justo y benéfico para todos. En su lugar lo que intentan es implantar su propia versión intrusa y suplantadora, una tiranía de explotación y opresión para el lucro y regodeo de unos pocos.

Es la suma de todas las conciencias la que decidirá y determinará nuestro destino. La conciencia de todo ser humano debe ahora alcanzar una comprensión elevada del individuo y del conjunto al que pertenece.

Sin esa noción no hay salida a esta pesadilla.

El respeto y la lealtad a la vida y a cuanto nos rodea es lo único que puede restaurar la justicia, la paz y la prosperidad para toda la humanidad.

Ser digno implica ser fiel a unos altos ideales y valores.
La indignación es el dolor que siente el inconsciente cuando va despertando a la realidad.
Es el dolor del brote que nace de la semilla y topa con la dura tierra.
Esa tortura solo termina cuando el sujeto abraza dentro de sí los principios que sustentarán y regirán su comportamiento.
Sin ese compromiso, convicción y fuerza interior, jamás se supera la barrera ni asoma sobre la tierra el brote para poder crecer y florecer maravillosamente.

La fuerza está en la vida. Abrazar los valores equivocados no esperanza, no conforta, no sustenta. La realidad se impone, por más que los ruines pretendan escapar de ella.

El infierno es la pasividad, la derrota, quedarte sufriendo todos los abusos sin hacer nada para sacarte de semejante situación, elegir el bando equivocado.
Así pues, los malos pasos llevan a la nada y quien toma esa senda experimenta su progresiva descomposición mientras los parásitos van desmenuzando y desguazando todo lo que pueden de él.

La naturaleza no se equivoca nunca. La putrefacción recicla la materia para reaprovecharla. La enfermedad aparece cuando las condiciones internas así lo requieren. Los parásitos no son la causa, sino la consecuencia.

La corrupción es un desmantelamiento y es síntoma de nuestra desconexión con la vida. El mal no comienza con la corrupción, la corrupción es la fase final del mal. La raíz del problema está en que la sociedad se ha desentendido de su deber.
Delegar es lo que tiene, que pervierte.

De nada sirve ahora llorar y reclamar. Un piloto que abandona los mandos para dormir una siesta y cuando despierta ve que el avión cae en picado, solo tiene una salida: tomar los mandos y corregir el rumbo.

El poder está dentro de cada uno de nosotros, no hay que buscarlo fuera. La realidad se construye con cada una de nuestras acciones y decisiones. Ningún partido político va a suponer el cambio que es necesario. La partitocracia es la mayor patraña engañatontos que hay sobre la faz de la tierra. Un sucedáneo que pretende suplir a la democracia con palabrería barata y juegos de manos.
Lo triste del caso es que llevamos demasiado tiempo picando en ese cebo y con ese señuelo. Cada vez más y más estúpidamente.

Permitir el robo y la apropiación indebida de nuestros recursos significa la cesión y abandono de nuestra existencia y voluntad.
Un mundo de peleles amuermados a los que patear y extorsionar con creciente odio y desprecio.
A esto estamos jugando, estamos explorando cómo de lejos puede llegar el mal, cómo de horriblemente puede llegar a comportarse.

El precio de este experimento lo sufrimos en nuestras carnes, así que más nos vale aprender rapidito lo que tengamos que aprender y salirnos de una vez de este tormento. Quien no vea a estas alturas adónde nos lleva esta inercia es que está más ciego que una tapia.

La conciencia mundial significa que el individuo sabe y reconoce que es hijo de la tierra y hermano de los hombres. Y por tanto asume un comportamiento responsable y considerado. Con el trabajo que eso requiere y acarrea.

La democracia verdadera tiene su núcleo en el consenso. El consenso es el fruto del compromiso y el entendimiento. Para llegar a esto hace falta una gran voluntad y dedicación en la comunicación y organización. En una palabra, coordinación.

Parece un mogollón muy tremendo, pero en realidad no queda tan lejos de lo que ya practicamos cotidianamente en la red.

La tecnología actual permite diseñar y establecer las estructuras que nos permitan alcanzar esto.
Ahora es el momento de dar pasos importantes en este sentido.

Todo el mal y toda la injusticia que el hombre ha producido y produce es intolerable. Y aun así hemos llegado a este nivel de desarrollo que posibilita el cambio que anhelamos.

Tenemos en nuestra mano la llave de la libertad.
Solo hace falta decisión y voluntad para emplearla.

El egoísmo es la versión corrompida de la personalidad.
La anteposición patológica del yo frente a todo, mutila y amputa la conciencia. El alienado no respeta ni cuida nada, pues se cree ajeno y exento. Sus acciones traen daño y abuso.

El egoísmo siembra el mal. Trae la mentira. Crea la desconfianza. Impide la colaboración.

Una sociedad egoísta es el infierno. Una sociedad egoísta está muerta en vida, está condenada a sucumbir a su irresponsabilidad.

Lo insostenible no se sostiene. Y si se pretende sostener lo insostenible, lo que se obtiene es el mayor horror horrendo inhumano, del que ya tenemos buena muestra en la actualidad.

El colapso es la consecuencia natural de construir sobre bases inestables. Un imperio levantado sobre la farsa y estafa tarde o temprano se derrumba.

Quienes no quieren ver ni comprender en qué consiste la verdadera justicia, paz y libertad pretextan que un orden semejante sometería al individuo y anularía su personalidad.

En eso se equivocan de medio a medio.
Se van de extremo a extremo porque no les interesa considerar la opción viable en realidad. En sus esquemas no cabe el equilibrio, no se contempla esa posibilidad. Porque de hacerlo se verían obligados a hacer un examen de conciencia del que saben muy bien que no saldrían igual que entraran. 

Un marco óptimo posibilita y alienta la natural expresión de la personalidad y la realización del ser con su actividad. Un marco que establezca y mantenga la justicia, paz y libertad imposibilita y elimina muchas malas prácticas, cosa que nada tiene que ver con la natural expresión de la personalidad.

Porque si me dices que para sentirte realizado necesitas un cetro para mandar y un látigo para fustigar, perdona que te diga pero estás enfermo.

La guerra es la antítesis perfecta de un marco óptimo. En un contexto de violencia incesante y caótica destrucción, la persona queda reducida a su instinto más básico y primario, todo lo demás se inhibe y reprime.

Solo el psicópata busca y provoca una situación de opresión para minar y corroer a placer.

El ser humano precisa orden, equilibrio, estabilidad y seguridad para desplegar y manifestar sus virtudes y cualidades.

Un bebé en estrés continuo se atrofia y malogra.
Un bebé nutrido y amparado tierna y beatíficamente, crece hermosamente y alcanza la mejor versión de su ser, su potencial más excelente.

Aquellos cuya conciencia carece de una noción de pertenencia no ven en el prójimo a un semejante sino a un competidor. Así que su modelo de vida consiste en una lucha. Se matan entre sí para poseer, dominar y controlar todo lo que tenga algún valor. No se dan cuenta de las consecuencias que les trae esta actitud egoísta y destructiva.

Abrir los ojos de los obtusos es delicado. Primero porque no quieren ver y segundo porque su postura obedece a mandatos profundamente arraigados en su mente.

Hace falta bastante habilidad y sabiduría para solventar eso.
Quizás mejor empezar creando y construyendo el ejemplo positivo, mediante la alianza de las conciencias despiertas, para que mediante la comparación pueda entrarles algo de luz en sus raquíticas entendederas.

A la vez, la comunidad consciente tendrá muy en cuenta la perfidia de quien se pervierte, para prevenirla y detectarla dentro de su comunidad a la mínima incipiencia, como dicen los de allende, y dispondrá las maneras de canalizarla y transformarla para bien.

Del cómo de todo esto ya vengo dando algunas pinceladas en otros escritos, así que no me repetiré más aquí.

La verdad os hará libres. Gran verdad esta, pero hay que saber entenderla. La verdad no es algo que un buen día aparece por arte de magia y te libera de tus grilletes.
Tuyo es el deber de ir hacia la verdad, encontrarla y permanecer siempre fiel a ella.
Nosotros somos quienes tenemos que construir el sistema que permita esto y no aquello.
La pesadilla termina cuando la sociedad responde buenamente y se comporta como quiere ser comportada.

Hechos, no palabras.