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fin del aviso


24 de junio de 2014

ética en la mirada

El mal es malo, eso se ve.
Pero no vemos lo suficiente lo que nos une a él.
El mal se aprovecha de esto. Es su principal estrategia.
Se disfraza y se camufla para seguir desapercibido.
Explota nuestra falta de atención y cuidado. Mejor dicho, nace de nuestra falta de atención y cuidado.
Se alimenta de nosotros sin que nos demos ni cuenta. Lo alimentamos por no estar al tanto.
El negocio lo tiene muy bien montado.
Llama a tu puerta, te enseña su hucha y tu echas unas monedas sin pensar siquiera.
Estamos ciegos, hipnotizados, idiotizados.
Y así nos va.

Pero algo está cambiando. Poco a poco nos estamos despertando y cada vez vemos más claro los chanchullos intolerables que hay por todas partes. Este totum revolutum es la señal de que ha llegado la hora de terminar con eso.

El sistema muere irremediablemente.
Es un momento delicado y peligroso, porque tenemos que establecer en tiempo record nuestra nueva organización. Si no lo hacemos sucumbiremos, o peor, el mal encontrará la manera de seguir con su opresión, cada vez más insufrible y horrenda.

Estamos en un examen crucial, así que debemos enfocarnos muy mucho en aprobarlo.

Abrir los ojos implica tomar conciencia. Tener conciencia supone saber, conocer las consecuencias de cada mínimo gesto. Y no solo a un nivel inmediato, sino amplio y profundo.
Así y solo así vamos a crear y realizar una sociedad más justa, madura y responsable.

Las herramientas del pasado pierden su utilidad cuando cambia el contexto. Cuando nuestra intención y voluntad se orientan hacia la armonía, ya no tiene sentido fabricar armas y tal.
Lo que no desaparece se transforma. La política pasa a nuestras manos. El dinero, ídem.
Pero ojo, hay que tener muy claro el cuidado que debemos poner y mantener para que el cambio sea verdadero y duradero.
El mal siempre va a estar ahí, así que hay que tenerlo muy en cuenta y muy presente para que no vuelva a liarla como ha hecho hasta ahora.

Tenemos que conocer muy bien nuestra naturaleza, para saber y reconocer cuándo nuestros pasos nos elevan o nos hunden.
Estamos en una escalera. Abajo están los monstruos y arriba las maravillas. El cielo y el infierno.
Toda la vida con sermones sobre esto y seguimos sin entenderlo.

Nuestro principal trabajo es interior, para procesar y asimilar estas cuestiones.
Conforme nuestras conciencias van despertando nos vamos reuniendo y encontrando.
El juego de los malvados se acaba en cuanto dejamos de prestarnos a sus enredos.
La principal herramienta ha sido siempre el dinero. El mal se ha servido del dinero para engañar, abusar, usurpar, exprimir, esquilmar, acaparar, etc.
Las mayores atrocidades se han cometido por ese medio y con ese señuelo.
Miles de millones de personas han malvivido, sufrido y fallecido por culpa y causa de esa abyecta vileza.
Muchos han sido siervos y lacayos de tan nefasto estandarte.
El mal solapado sabe muy bien llegar a los dormidos y sacarles los cuartos.

Cuando el hombre duerme, el diablo despierta.
Todo cuanto delegamos en otros termina volviéndose contra nosotros. Debemos asumir toda la responsabilidad de nuestra existencia, en todas sus manifestaciones y aspectos.
Si seguimos jugando a la patata caliente con nuestros deberes salimos perdiendo todos, cada vez más y peor.

Todo es ponerse, todo es quererlo de verdad.
Nuestra voluntad dirige nuestra atención.
La atención trae la conciencia.
La conciencia nos hace estar despiertos.
Solo despiertos podemos reconocer la verdad.
La verdad nos hará libres.
La verdad desenmascara a los malvados.
Por eso la información es cada vez más importante.

El dinero no puede seguir siendo ciego, sordo y mudo.
El dinero es el principal vehículo para nuestro crecimiento, así que tenemos que darle una atención y dedicación muy importante.
Bitcoin sienta las bases para el nuevo consenso. Establece el marco más justo para el uso del dinero. Favorece que haya justicia, pues impide y previene malas prácticas. Una máquina bien diseñada no admite ni permite trampa ni manipulación alguna.

Ahora bien, por sí solo bitcoin no cubre todo lo necesario. Sin duda es un grandísimo avance, pero requiere algo más por nuestra parte para poder completar buenamente el conjunto.
El mal puede seguir llenándose los bolsillos, quizás no tanto, pero aún demasiado.
Hace falta una mayor vigilancia en la actividad económica.

Si compro una manzana no quiero que ese dinero acabe en manos de un malvado, ni ahora ni luego ni nunca.
Es mi poder y mi responsabilidad elegir bien, el problema es que el medio virtual y el medio real no están ineludiblemente vinculados.
La oscuridad permite al mal recibir su parte inmerecida.
Preservar nuestra identidad e intimidad tiene un alto precio, pero se entiende que cierto anonimato es recomendable, al menos de momento.
Así que es un dilema peliagudo.

Una opción puede ser añadir alguna funcionalidad condicional a la moneda. Una capa de información que determine e impida que la moneda pueda ser empleada para actividades no deseadas.
Se entiende que es complicado verificar el cumplimiento de esto sin una firme conexión con la realidad, cosa que compromete en parte la seguridad de las personas.
Además, según el tipo de evidencia que se solicite, se presta a posibles montajes, engaños y falsificaciones.
Así y todo, es preferible buscar y procurar algún tipo de credencial.

Por ejemplo, supongamos que quisiera crear una red solidaria, que dono una cantidad a una persona con la condición de que esa persona deba donar la mitad a otra persona para poder disponer de su parte, y así hasta el infinito.

Lo bueno es que puedes elegir a tu destinatario, lo malo es que esa u otra persona puede sentir la tentación de crear una identidad falsa para autodonarse la otra mitad truncando y terminando ilícitamente la cadena.

Cómo se soluciona esto?

No lo sé. Haría falta algún tipo de autentificación no intrusiva.
Hay algún proyecto que apunta a algo parecido:
http://bitshares.org/keyhotee/#
Pero siempre topamos con el mismo escollo, o das la cara o no funciona.

Parece más sensato trabajar lo más real y local posible. Pero esto tampoco garantiza nada, a menos que se tenga absoluto conocimiento sobre el destino de cada moneda, para lo cual necesariamente tendría que ser una moneda propia y de uso exclusivo.

Otra opción interesante es centrarnos más en la financiación colectiva. A través de proyectos y propuestas podemos ir creando nuestra pequeña comunidad de personas con intereses y valores afines.

Lo bueno de esto es que la información viene primero y luego llega el dinero. Nos obliga a exponer nuestra verdad.

El miedo es la victoria del mal, así que hay que buscar todos los caminos que sean necesarios para abrir paso a la verdad.

Tenemos que aprender a ser cada vez más exigentes a la hora de participar en cualquier actividad. No regalar nuestro poder tan tontamente.

Un fulano pide dinero para comprar semillas, reúne la cantidad pero luego cambia de idea y se compra en cuenta un arma.
O sí que compra las semillas, pero resulta que provienen de otro fulano que blanquea con eso otras actividades fraudulentas.

Esto se evita si disponemos de información veraz y completa de todo y todos.

O si no, se solventa si en lugar de entregar el dinero al fulano lo que otorgamos son vales, vales solo canjeables por un abanico limitado de bienes o prestaciones concretos. Vales caducables o de obligado retorno. De tal modo que el receptor devuelve el favor a su benefactor, reforzando así los lazos de solidaridad y correspondencia.

Sin duda esta manera de funcionar puede ser algo engorrosa, pues exige gran voluntad y compromiso, integridad y perseverancia, pero ciertamente ayuda a prevenir maldades indeseables. Es una manera de acotar el marco de acción y significar a sus miembros integrantes.

Se trata de no inclinarse demasiado hacia el dinero en sí sino todo lo contrario, ir cada vez más a una interacción basada en la credibilidad.

Reputación antes que riqueza.
Integridad antes que acaudalamiento.
El valor de cada persona está en los valores que emanan de cada una de sus acciones y omisiones.

Nuestra prioridad es crear redes solidarias. Aprender a ponernos de acuerdo y trabajar conjuntamente. Cosa que requiere una importante maduración personal, pues el egoísmo interfiere y perjudica, malmete y lleva a perpetrar fechorías inadmisibles y continuas.

El mal no debe distraernos de nuestro empeño. Su codicia viene de su desadaptación. Los malos valores abrazados por el inmaduro le vuelven ajeno y lejano a la naturaleza. Al no encajar, se lleva a violentar. Destructivo y dañino, agrede y atenta contra la vida y cuanto le rodea. Impedido para amar, no le queda sino la rapiña. Tristísimo sendero de degeneración y autodestrucción.

Qué podemos hacer con los malvados? Nada, o casi nada. Identificarlos, reconocer el grado de maldad en su comportamiento y evitarlos lo más posible. Minimizar su alcance y repercusión.
El mal no va a permanecer impasible, pero su poder es limitado frente a una sociedad adulta y comprometida.

Debemos seguirnos, vigilarnos y supervisarnos exhaustiva y constantemente entre todos para dejar de generar y sustentar tramas corruptas.

El mal se cuela por las rendijas.
Amasar una fortuna y depositarla en un banco es garantía de que los malvados van a hacerse banqueros y a la que puedan te la van a jugar y adiós muy buenas.

Reunir grandes sumas de dinero virtual tiene el mismo efecto llamada. Es mejor funcionar con lo mínimo imprescindible y lo más rápida y dinámicamente posible.

Una sociedad solidaria debe establecer un límite máximo acumulable muy ajustado, para obligarnos a buscar siempre el consenso de los demás.

La fragmentación de los capitales refuerza los lazos interpersonales y debilita las tentaciones de soberbia y abuso.

Es más rico quien tiene cien amigos capaces de responder con un pequeño aporte, que quien tiene cien dineros y ningún amigo.

Y eso, que ética en la mirada es cuando obras siempre con el bien en  mente, de corazón, con cuerpo y alma.