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fin del aviso


20 de octubre de 2013

el reno de los mandiles

Es un reno con muchos mandiles.
Los lagos manan donde menos te esperas.
La cínica de la gasa es venerada por las bandas.
Realzar los sueños es todo un arte.
El románico es muy crítico para los cánticos.
El encerado está a buen recaudo con las reas.
La brisa alborota a los carcamales.
La vida del paro es de infarto.
Con tanta bolsa flotando no hay quien respire.
Los desiertos se divierten con los topes.
Tragos y oros no traen más que disgustos.
Un bozo con nata inquieta y desasosiega.
A los sobados hay que gasearlos.
El pasaje está lleno de prados.
El racimo de la novia es bochornoso.
El hogar achanta a los machitos.
Destetar de los jugos cuesta lo suyo.
El bonito asado está de rechupete.
Las lisas llegan más lejos.
Demasiado mullido tampoco es bueno.
El madero abobado es la pesadilla del estilita.
La rosa que se estropea trae complicaciones.
Vasos y copas no pegan ni con cola.
Las telas desordenadas no sirven para nada.
Hay cepas que piden sanción urgente.
Los anacardos moriscos no son nada andinos.
Los botes de la oca son de cuidado.
Una fina decente da buena fonda.
Los sanos son poco amigos de las ratas.
Cotejar pelis nuevas es peliagudo.
La calle llena de botas da muy mala imagen.
El usurero toca la lira perniciosamente.
Los trinos hacen más llevadero el invierno.
El guano se enroca con los rigores.
Los salvajes se pasan el día riendo.
Cuando los inicios son claros es fácil jugar.
Paria sin casa, runas y tizas.
Las más escaladas terminan deseadas.
Los morosos tienen predilección por las moreras.
El tritón pide mimos.
Las bulas clasistas ofenden y enfadan.
Los que van por la calle dando tubos no son de fiar.
Un caldo ajerezado no se ve todos los días.
Es rica en dramas pero solo la quieren por sus rulos.
Para espiar fechas hay que tener buen ojo.
Las loras canosas son muy pesadas.
El enólogo se ha aficionado a los vinilos.
Un mote vistoso atrae o repele según su gracia y acierto.
Los ricos traen muchos quebraderos de cabeza.
La mejor meta te rebasa por todas partes.
El cuero leal protege el preciso geranio.
Los pedidos no tienen destino.
El estrado no admite peros.
La foca toca el bajo como nadie.
Monas violetas patrullan las calles.
Se sube al trono y se arroga una casta elevada.
En la sala de espera, todos pica en ristre.
Los miólogos conocen los mitos solo de oídas.
Las batas están colgadas en torno a la canela.
Tracas y barracas alegran el cotarro.
Todo está tan copado que así no hay quien compre.
La calma lo cubre todo.
Ya no hay curros como los de antes.
Las pateras son muy traicioneras.
Mejor sin banca que con dudas.
El conejo gobierna sobre sus comadres.
Los grandes premios empalagan.
A casi nadie le gustan los perros.
Tiene el bazo cascado de pulir cetros.
Al galo le sientan fatal las patillas.
Los ceros más problemáticos son los que están a la derecha.
Al final no se va a poder ni crear en paz.
El andar palatino es la moda.
El friolero siempre está malta en mano.
El etéreo feral concita glosas entusiastas.
Demasiada ficción gemina los falos.
Un babero con baba plantea hondos dilemas.
Las palmas propician el deshecho.
Las garras humeantes no traen nada bueno.
Está deslomado porque ha perdido una mula.
El coro con flor te corre el calco hasta el tétano.
Los pasos de cera se estropean enseguida.
El bombo colma los anhelos.
Los delgados drogan todo pato canal.
Tatas dulcísimas aguardan en los postes.
De un macetazo lo dejó sin crisma.
Tonadas hay a toneladas.
Otra vez hay paga de pijos.
El alberge entre los mulos es glorioso.
Hay vales que es mejor no tomar.
Los viejos le dan a la petaca sin parar.
Sin plantas no habría vida.
Tras el venado se esconde un maravilloso peaje.
La cama se disfruta cuando se eteriza.
La carca da solaz a la graja.
El mar se va a acabar.
Tropa uniforme, cesta en la cabeza, mítico bicéfalo.
Los gatos están descontrolados.
El pandero evoca ritos paganos.
La libre indómita trisca en la medina.
Quien tiene un pan, cree.
Esa morilla está para comérsela.
Los tópicos son cocos chocos y nada más.
La gaceta sigue a los gorrones.
Quien ayuna sabe lo que es un coto en condiciones.
La chica de las piruetas tiene un palito estupendo.
Un terco no es ni medio normal.
La costa es la corza eterna de cualquier estima.
Las canas no tienen pecio.
Visto un silo, vistos todos.
Nadar entre las olas te deja hecho fosfatina.
Ese perito es muy simpático.
La pecera pisada desdice mucho de su dueño.
La pella es manjar de meones.
Algunas paridas pueden epatar.
Las fases geniales son para el disfrute adulto.
El limonero causa estragos entre los marinados.
El cavar no es para todos, y el caviar menos aún.
Tanta factura lo llevó al fisco.
Al empalado no hay que darle la espada.
El sagrado sin cartel hace cuentos recuerdos.
Las tipas ruidosas se piran por el chile.
Zapar todo el rato es muy pesado.
La solera de los antojos es excesiva.
Una mirada basta, vasta desolación asola.
Escupir mondas es muy lucrativo.
Los godos se deshacen de los gajos heridos.
El garbo te libra de los gamos.
El ético solitario se refugia en la gaita.
El mando timorato suplanta lo ignoto con lo remoto.
El retro forzoso produce pesos costosos.
Aquí al que desolla lo desolan vivo.
Los nulos ocultan el lucro del ala.
El agrado no va con las rudas.
La jara incita a la jerga.
La cosa seca tiene una cita púbica para su estreno.
Casi no quedan cines, el patio está raquítico.
Viga y puntal dan seguridad.
El salón se tiñe de ajeno.
El último grito de parrandeo fomenta las cerezas de dos en dos.
El zoo se ha vuelto un lugar herético.
Quien legue, libe.
Los deficientes metales hacen malas aleaciones.
Suelos y sueros es mejor no mezclarlos.
Al mínimo crio (sic) en la calle todo son boinas y sienas.
Las majas recatadas no sacian a nadie.
Los linos pueden tener todas las multas que haga falta.
El exceso reclama zafios.
Las tetas arteras te dejan sin aliento.
Las curdas del paje son para verlas.
La raqueta pierde todo su encanto de inmediato.
La meca está infamada.
Los obesos se hincan pensando en pacer.
Las marinas adornan fetén cualquier piscolabis.
Los feos que nadie quiere se van al limo.
Las lacas desmedidas ionizan profanamente.
Un pino lleno de bolas de colores es de un gusto discutible.
Las muchas muecas revelan a la maleducada.
Limpiar tubas es un oficio repugnante.
Los falsos loros traen verdaderos loros.
Los pecadores no admiten pactos.
Sus peones son unos campeones.
El aborto se pasa el día mediando entre las nubes.
El despojado añora los celos.
La seda es buena cuando se desliza con suavidad.
Las anchas quieren su propia sala.
El velo enseña más que esconde.
Las coquetas acaparan las rectas.
La mejor reacción es la que sale sola, sin pensar.
El fan de las ganas parece mejor de lo que es.
Las pociones no pueden llegar a dos.
La anciana cansa regenta una tienda de camiones.
El ruido de la lona es porque está muy tensa.
El hurto da abundantes alegrías.
Su pupa condena miles, feliz quien cate ese uno.
Sin matiz no hay iluminación.
El que trabaja con broca gorda se merece una buena broca.
El inmoral se la pasa pitando procazmente.
Los hilos perpetuos no tienen hebras.
Culos y fresas resultan en goles y furias.
Menor que transgrede su tuteado, merece que le reviente la pana.
Las coletas ya no se estilan.
Los frenos son apropiados para los llanos.
Las turcas se apean con suma facilidad.
Las malas vistas son la ruina del oculista.
Cada prima tiene su lado bueno.
Los saldos marean a las clientes.
El camelo no hace bueno al cauto.
De taba no sale pomada.
Un minuto sin menaje retrotrae al atavismo.
A veces se ven caras cómicas en el corro.
Los recios son peligrosos jugando a los dados.
Los tratos en sí no son ni buenos ni malos, es lo que hagas con ellos.
Los cánidos van a base de sobas y trompicones.
El mudo se cartea que da gusto.

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