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31 de julio de 2013

adenda a Abortomanía

(Nota: Viene de: http://dersony.blogspot.com/2010/08/abortomania.html)

Se me ocurren algunas cosas más que decir sobre este asunto.
Ahora aparece otra vez la polémica por las reformas que se quieren hacer y tal.
Lo malo de esto es que casi nunca se profundiza lo suficiente en la cuestión. Se dan vueltas y más vueltas sobre las mismas cuatro cosas de siempre. Así no se avanza nunca.
Cuando escuchas lo que quieren y pretenden unos y otros, llegas a la conclusión de que todos se equivocan, en mayor o menor medida.

Muchas premisas, por no decir todas, se sustentan sobre falsas suposiciones. Se quiere hacer pasar lo arbitrario como cierto y acertado. Solo contemplan su opción como válida.

Eso es un problema.
Qué pasaría si intentáramos contentar a todo el mundo a la vez?
Que conseguiríamos justo lo contrario.

Por ejemplo. Hagamos una ley que obligue a abortar y a tener el bebé alternativamente, una vez cada cosa.
Obviamente sería una imposición profundamente injusta, sin embargo, tal vez ayudaría a que los fanáticos comprendieran un poco mejor la postura contraria.

Pero ese planteamiento es erróneo, porque para contentar a todo el mundo basta con no interferir. El que sea feliz procreando que procree y el que sea feliz sin procrear que sinprocree.
Lo que pasa es que no sabemos tolerar ni respetar la diferencia.
Es como lo del burka, la ablación del clítoris y cosas así.
Claro que está mal, pero peor aún es meterte donde no te llaman.

Sin embargo, está claro que la sociedad tiene una conciencia social que le lleva a buscar y cuidar algunos valores comunes, como los derechos humanos y tal. Aunque luego esa misma sociedad se los pasa por el forro a la que le viene en gana, pero eso ya es otra historia.

Lo difícil está en establecer los puntos de encuentro y que estén en consonancia con el espíritu humano del momento. Y más difícil aún es encontrar la plasmación correcta en la realidad de todo eso.

Lo malo de nuestra situación actual es que nos encontramos prisioneros bajo un entramado que falsifica y adultera nuestra naturaleza y esencia.
Bajo esta confusión adoptamos algunos valores que creemos adecuados pero que en el fondo no lo son, ni mucho menos.

Y esto del aborto toca directamente sobre un punto crítico, un nervio vivo y delicado.

Es nuestra forma de vivir la que produce y genera estos problemas.
Bailamos al son que nos dictan cuatro avispados, abrazamos credos y dogmas que nos inhabilitan y ciegan. Adoptamos el abuso y la decadencia como norma. Y así nos luce el pelo.

Este juego demencial solo sirve e interesa a los de arriba. Al resto le conviene despertar y terminar con esto, porque lo que viene luego es un poco feo, un poquitín muy feo, un copón mucho de feo, o es que no lo estás viendo? Pues eso.

El aborto es una consecuencia y un apaño, la raíz del asunto está en la conciencia, en la cultura, en la formación. Educa a las personas y ya no hará falta tener que recurrir a esto.
Pero claro, no interesa, porque entonces se derrumba todo el invento. Una explotación necesita esclavos, no hombres libres.

Aquí lo que pasa es que no estamos parándonos a pensar el papel que juega el estado en todo esto.
Ya hemos dicho que el aborto debe ser una cuestión absolutamente personal. El estado no debe intervenir de ninguna de las maneras.
Es un error que evidencia el deficiente grado de madurez de la sociedad y la perfidia de las jerarquías al cargo.

Por eso lo más importante es reconocer que no se debe trasladar esa responsabilidad. Nadie tiene derecho a exigir a otros sobre este respecto.

Cuando la mujer toma una decisión en cuanto a continuar o no su embarazo, asume un deber del que no puede desentenderse ni desprenderse. Tanto es así, que ni siquiera los médicos deberían participar en ello.
Es absolutamente injusto e improcedente implicar a terceros en un asunto tan íntimo y serio.

Así pues, lo que precisa profunda revisión es el método, el procedimiento mediante el que se realiza el aborto.

Claro que, poco se puede esperar de una sociedad inmadura y aletargada.
Todo el tiempo y toda la energía que se gasta en manifestaciones y demás muestra a las claras la nula capacidad de resolución.

La protesta nace de la frustración y la frustración nace de un callejón sin salida. Hasta el más simple ratón de laboratorio aprende a retroceder y buscar otra vía cuando se topa con un camino cortado.
Pero los siervos no. Los siervos son esclavos de sus esquemas.

Por eso nunca verás nacer de ellos alternativa ni mejora alguna.

Es de tontos empeñarse en que la solución tiene que depender y provenir del estado única y exclusivamente. Cuando sería tan fácil como poner interés y voluntad para acabar encontrando o desarrollando métodos más oportunos y mejores.
Y la condición indispensable es precisamente esa que te decía, la no implicación de terceros. Todo método que no cumpla esta condición no debe aceptarse ni adoptarse bajo ninguna circunstancia.

Ya sé lo que me vas a decir. Qué pasa si una mujer está en coma o es retrasada y la dejan embarazada? Pues busca al padre y que apechugue. Y si no aparece? Pues alguien habrá que lo quiera, o si no el estado que lo venda, que aproveche sus órganos o que haga lo que le dé la gana. Y si el padre es también retrasado o también está en coma? Joder...

Todo esto es una movida que se vuelve muy chunga si nos volvemos inhumanos y despiadados. Aunque también te digo que a veces es mejor dejar que la naturaleza siga su curso. Si un ser vivo no reúne las cualidades elementales para poder llegar a desarrollarse como ser humano, casi es mejor dejarlo morir y ya está. A veces por querer ser muy buenos nos pasamos de rosca y los resultados son monstruosos.

Lo que la sociedad tiene que comprender es que velar y cuidar por mantenerse fiel a su humana y piadosa condición implica interés y dedicación social. No valen las palabras bonitas y luego a llorar porque el estado es malo ni chorradas de esas.

El mundo es feo porque no lo estamos haciendo bonito.

La razón por la que esto no sucede es la misma por la que el aborto es tan importantisísimo para esta sociedad.
Por una cuestión de desidia e inmadurez.

Hemos creado y construido un sistema basado en unos valores deficientes y degradantes. Erróneos. Y la consecuencia es esta.

El sexo mal entendido y mal practicado conduce al aborto y a todo tipo de perversiones y degeneraciones.

Abre los ojos, investiga y aprende. No creas ni por un momento que la formación que has tenido sirve ni es suficiente. Ni en sueños.

Verdaderamente nada hay más hermoso y elevado que el sexo bien integrado y aplicado. Es preciso conocerlo para poder apreciar y reconocer claramente cuán cerca o lejos te encuentras de él y así te encamines en la dirección adecuada.

Vivir superficialmente conduce a una estrechez y servidumbre tales que ni se es libre ni se quiere serlo siquiera.
Este es el fruto de la incultura. Esto pasa cuando abandonamos lo sagrado que hay en nosotros, en la vida y en todo.

El discurso de este sistema no se sostiene, se derrumba en cuanto lo examinas con detenimiento y reflexionas sobre lo que implica y a lo que lleva.
Es muy fácil dejarse engañar por el equívoco al principio. Es más, yo mismo he medio metido la gamba unas cuantas líneas más arriba (en 'Abortomanía', quiero decir), entre muchas otras veces, al decir que el mismo respeto merece quien recurre al aborto como quien no.

Eso hay que matizarlo. 

La falacia está en la equiparación.
La mujer es libre de decidir. Sí.
La mujer puede hacer tanto lo uno como lo otro. Sí.
El estado supuestamente reconoce y procura esa posibilidad. Bueno, pero a ver cómo.

Porque no es lo mismo.
No es lo mismo ser responsable que ser irresponsable.
No es lo mismo prevenir que curar. Y si no quieres tener que curar tienes que prevenir.

Otro tanto pasa con las desviaciones sexuales y demás aberraciones.
Pero no entremos ahora en eso, que bastante hay con esto, jeje.

Es por esto que el estado no debería emplearse en reparar los síntomas, sino en sanear los orígenes de los que provienen todas las calamidades. Claro, que en ese caso se encontraría con la triste paradoja de reconocer su papel y tener que corregir su comportamiento hasta tal punto que dejaría de ser lo que es. Cosa harto improbable, si no es con la total implicación de la sociedad al completo.

Quieras que no, todos estamos metidos en esto. Y hay que tomar conciencia para cambiar lo que se ha de cambiar.
De otro modo, el camino de la inmadurez lleva a una degradación continua. Si el hombre insiste en adoptar una forma de vida tal que la reproducción supone un estorbo indeseable e incómodo, está claro que su continuidad será nula. Y aún pretenderá desentenderse por completo de esa función. Cosa que el estado aprovechará encantado para fabricar los esclavos que precisa a su gusto y medida.

Y esto es lo que pasa cuando jugamos a hacernos los tontos. Que deriva y repercute en una larga serie de consecuencias cada vez más tremebundas y desagradables. Porque la vida no se presta a semejante extremo de degeneración y miseria, no sin acarrear profundo dolor y sufrimiento.
Pero oye, que si hay ganas de suicidarnos así, pues venga.

El camino de la virtud, por contra, propicia y favorece la educación y crecimiento de todos por todos, con todos y entre todos.

Claro, eso es la teoría.
La realidad es bastante más lamentable, como bien sabemos.

Ya puestos, podemos jugar un poco.
Vamos a imaginar que somos el estado y nos apetece cambiar, de buena o mala fe, las condiciones para la práctica del aborto.
Supuestamente para evitar abusos, reducir gastos o lo que sea.

Qué opciones hay?
Infinitas, todas las que se nos quieran ocurrir.
Podemos llegar a ser todo lo condenadamente retorcidos que queramos. Al fin y al cabo mandamos sobre una manada de descerebrados que han depositado simpática y generosamente toda su responsabilidad y poder sobre nosotros para que hagamos con ellos lo que nos venga en gana.

Por ejemplo.
No hace falta limitar el acceso.
Basta con añadir una sola norma.

La mujer que quiera abortar ingresa en ayuno.
Se le practica el aborto.
Se tritura el feto extraído.
Se le obliga a que se lo beba.

Fácil. Limpio. Sencillo.

Si lo piensas, no es algo tan raro.
Hay culturas que se comen la placenta y cosas así y no pasa nada, me parece, no sé, o igual me lo estoy inventando, vete a saber.

El acto de beber la materia orgánica extraída tiene interesantes implicaciones. Pone a prueba las convicciones de la persona.
Tal vez le ayuda a procesar y asimilar mejor lo que le ha conducido hasta ese punto.

Si de verdad está en coherencia consigo misma, este trago no le supondrá el menor inconveniente.
De otro modo, posiblemente experimentará un trauma que tal vez le sirva como punto de partida lo suficientemente significativo como para motivar una profunda reflexión sobre el asunto.

Luego hay otros que abogan por el aborto post parto, que le dicen.
Eso también puede ser interesante.
Al fin y al cabo, si la sociedad no pone interés ni cuidado en evitar el aborto, tampoco le viene por unos meses.
La administración lo tiene chupado con esto.
Basta con alargar el papeleo y las listas de espera y ya está.

Llegado el parto, se le concede a la madre el privilegio de acabar con la vida del recién nacido si así lo desea y aquí paz y después gloria.

Esto se llama quitarse de enmedio elegantemente.
Para qué mancharte las manos de sangre con algo que ni te va ni te viene? Que pringue a la que le corresponde.
La madurez se demuestra de acción, no de palabra.

En fin, que si nos ponemos tontos ya se ve bien claro que tenemos todas las de perder.
Por eso esta cuestión merece ser estudiada con detenimiento por cada uno.

Ir a locas por la vida no trae nada bueno.
El respeto debe ser absoluto y completo, para uno mismo y para los demás. Desde ahí nunca caerás en pedir o exigir. Eres responsable de lo que haces y también de lo que omitas o evites. Vive y asume tu vida.

Insisto: No hay peor cosa que no saber desplegar y aprovechar el abanico de posibilidades. El burro muere de sed por no mirar y ver que tenía el oasis al lado.