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Este blog no está recomendado para menores, así que tú mismo con tu mecanismo.

fin del aviso


19 de noviembre de 2012

abroad

Estoy en un curso de programación o diseño por ordenador o algo así. El profe me es conocido y simpático, lo mismo los compañeros. Las mesas están de dos en dos como en el cole. Delante de mí hay una chica y a mi lado otra chica, las dos me caen bien. Estamos de nuevo en la preadolescencia.

En un descuido, se me cae la funda de las gafas al suelo y suena a roto. La abro, hay dos pares de gafas, uno de los cristales se ha roto ligeramente a un lado, nada dramático, pero lamentable por lo tontamente que ha sido. Veo que son un modelo de gafas antiguas, que ya no uso, y las otras también son antiguas. Me preocupo porque no encuentro las nuevas. Me pongo a buscar y rebuscar.

Al rato deduzco que las llevo puestas. Aunque no parece que sea así. Es como si hubiera acallado la deriva del sueño con toda la intención, presentando un argumento plausible para poder centrarme en lo demás.

El profe se pone a explicarnos que para poder alcanzar un buen dominio de lo que estamos aprendiendo es imprescindible saberse al dedillo la saga mitológica de nosecuántos y nosequién. Así que nos pone una peli para una primera toma de contacto, y en próximas clases ya tendremos que estudiar en toda profundidad y detalle el tema.

El profe se va de la clase. La peli es un tostón al que no le hacemos mucho caso. Miro las imágenes sin interés, con burla y desdén, casi a la defensiva, sin seguir realmente de qué va ni nada. Estoy más entretenido buscando ponerme cómodo y tontear con las compañeras. Me siento sobre mis piernas dobladas. Ellas se ríen, solo falta que te pongas a rezar, dicen.

No es eso, debajo de mis piernas hay un pequeño balón hinchado y yo busco mantenerme en equilibrio sobre él. Llamo la atención y fardo por esta originalidad.

A ratos presto un poco más de atención a la peli, pero siempre con ganas de que se termine ya. Sobre todo porque no le vemos el sentido ni la relación con lo que estamos aprendiendo, vamos ni de lejos, ni de casualidad.

La peli es ridícula a más no poder, cuenta una historia tope de enrevesada, con mogollón de personajes y se da unas ínfulas que no veas. Es como si estuviera hecha para fanáticos de su religión. Además encima parece una imitación cutre barata de estartrec o estarguars. Es así como de ciencia ficción y tal, pero lo que cuenta no se sabe bien en qué tiempo ocurre o se desarrolla. Medio retro, medio futurista, vete a saber.

Los actores son estúpidos, se nota a la legua que son aficionados, visten ropas ridículas, burdas, vistosas, propias de una producción de bajísimo presupuesto. Su maquillaje también es cantón cantidad, casi parecen muñecos. Y encima están ahí declamando sus frases con evidente afectación y artificiosidad. Como si pretendieran subrayar lo importantísimo de cada gesto y cada palabra. Como si fuera lo más importante del mundo y de la vida.

Echa un tufo a secta idiota y absurda que no veas. Canta mogollón, demasiao. El caso es que cuando quiero me puedo meter dentro y estoy ahí con ellos, participando y compartiendo la escena. Como si fuera uno más del rodaje.

Luego por fin termina el rollazo y me fijo en algunos detalles. Resulta que se trata de la primera parte de una trilogía. Que se puede acceder a todo el material y la información mediante una dirección de internet. Alquids punto net o algo así. Se supone que es el apellido del protagonista y el nombre de la fundación que lleva todo el tema a nivel mundial y tal.

Salgo de la clase y me subo por las escaleras al piso de arriba. Por los pasillos me encuentro a actores de la peli, como arreglándose para salir cuando les toque, o desmaquillándose y por el estilo. Lo más grotesco de toda la historia son sus caracterizaciones. Parece que son de diferentes razas mutantes o así. Pero las mutaciones son muy tristes, muy poco creíbles.

Me topo con una chica actriz que viene hacia mí. De uno de sus ojos le sale una jeringuilla que orienta su aguja siguiendo la mirada del otro ojo. Parece que quiere besarme procaz y burlona. Yo me echo hacia atrás y la aparto, porque es peligroso y no voy a permitir que me pinche.   

También pasa otro actor, negro, adulto, con pintas de doctor. Va descalzo y sus pies son como de goma o flexibles. Si te fijas, tienen pelillos verdes, ojillos y textura así como de caracol o babosa.

Todo esto me confunde y cabrea. No se de qué va la movida esta pero me gustaría saberlo, para desentenderme de una vez o prestarle la atención que merezca. Una parte de mí está todo el rato tratando de calcular qué parte de realidad hay en lo que veo. Son actores o son así de verdad? Qué parte de mí acierta y cuál se equivoca?

Se me mezclan las cosas. Trato como de anticiparme y me pongo a imaginar posibles pruebas o consecuencias. Como un duelo frente al malo o cosas así. El malo, por cierto, es un crío y no tengo ni idea de qué pinta en todo esto, pero bueno, suma y sigue en la ridiculez.

Luego entro en otra habitación y hay un par de padres recostados en una cama. Están debatiendo sobre la pertinencia del programa espacial en que han inscrito a sus hijos (nuestro curso?).
Uno es partidario y la otra no, o al revés. Mientras hablan, sobrevuela entre ellos una pequeña mosquita negra, de alas triangulares, que van espantando según se les posa en un lado u otro.

De repente, la mujer se pone como a flotar y se agarra a una especie de antena que cuelga del techo. Al momento el techo se abre y se ve que es una nave espacial que se va alejando, poco a poco, en el cielo nocturno y estrellado.

El padre mira hacia arriba y ríe. De nuevo se trata de otra escena de la dichosa peli. Es como una metáfora de los argumentos que tenían cada uno, y parece que él se las ha ingeniado para liarla a ella, o es una especie de prueba de fe o algo así. Ella, aterrada, se suelta y cae gritando. El se pone a entonar un cántico o no sé qué historias. Y los que ven la peli se ponen a cantar lo mismo. La letra dice: He encontrado un error del sistema y me he salvado, o algo así.

Y eso es lo que pasa, aparecen como unas interferencias en la peli y al segundo siguiente están los dos bien, sanos y salvos, en el suelo.
Esto me sigue sorprendiendo y cabreando a partes iguales.

Ahora estoy otra vez en clase, ha terminado el rollo ese y nos toca descanso. Veo una galleta grande con la silueta de un personaje de una revista de humor. Abro su envoltorio y acuden varios compañeros a mirarla. La dejo donde estaba y me dirijo a mi mesa. Un amigo me mete prisa para que salga con ellos al recreo. Me pongo mi abrigo y dentro de la manga derecha me topo con una piedra redondeada, la saco, es un jade verde o parecido. Me dará suerte, me digo, y la dejo en mi mesa.

Vamos hacia la puerta y me doy cuenta de que voy descalzo, de nuevo regreso a mi mesa en busca de mi calzado y tal.

Ahora estoy en una calle de la ciudad, sin coches, vacía, solo, temprano, en silencio, bajo el gris cielo nublado.
Veo algunos mutantes de esos, que se persiguen entre sí, a su rollo con sus conspiraciones y tal. Parece que a uno le han disparado una aguja paralizante, se ha quedado ahí tieso, parado. Los demás desaparecen en un suspiro. Yo también me alejo con cierta inquietud y premura.

Llego a una tienda cerrada, sin rótulos ni escaparate ni nada, que sé que tiene algo que ver con toda la trama esta. Se oyen ruidos como de que están abriendo los cerrojos y las cerraduras por dentro. De pronto no sé si quiero estar aquí cuando se abra la puerta. No sé lo que puede haber al otro lado ni si me conviene o no. Lo más acongojante es el montón de rato que lleva sonando abrir de cerraduras y eso.

Me meto en el edificio de enfrente y subo unos cuantos pisos. Miro por la ventana y veo el edificio entero donde se encuentra la tienda esa. Todo el edificio esta cubierto con puertas metálicas, de estas de instalación eléctrica y demás. Esto me hace comprender que el edificio entero forma parte de ellos, sean quienes sean, que es su guarida central o algo así. Y que lo que se llevan entre manos no es cosa pequeña ni de broma.

Subo un poco más y veo también la azotea del edificio de enfrente. Pasan por ella varios individuos con cabezas como de dinosaurio. Más gente cutredisfrazada como la peli esa. Me fastidia que sea todo tan inesperado y absurdo, es como si me tomaran el pelo, o como si fuera todo tan increíble que ni me entero.

Bajo a la ventana de antes. Me fijo que alrededor de la ventana hay varias cosas con inscripciones, que me hacen pensar que los malos han estado también aquí antes que yo, espiando esa misma tienda.
Las inscripciones parecen como de pérfidos tratando de embaucar a críos. Y ya no sé si la tienda esa es de fiar o no, ya no sé si los objetos son para confundir o al revés.

Ahora estoy en un parque de atracciones, esta escena ya la he vivido antes, solo que no me acordaba. Soy un chavalillo y estamos varios montándonos en distintas atracciones. Formamos parte de la saga mitológica esa, parece que todo empezó así. Somos hermanos, pero estamos en diferentes bandos. Unos de ellos están montados en un coche antiguo, que ni se mueve ni nada. Su madre les está llamando la atención.

Yo me subo en una especie de torre de comunicaciones hecha de troncos de madera. Se ha empleado madera de distintos árboles, algunos más claros y otros más oscuros.
La torre sí que se mueve y va girando en círculos como en un tiovivo gigante. Trepo por ella y leo unas letras verticales que tiene clavadas en relieve en la parte más alta. pone ABROAD.
Arranco un tronco y me cuelo por dentro de la estructura. Parece que este gesto será trascendental para el devenir de los acontecimientos y tal. Pero ni idea de por qué ni nada.

Ahora voy tan tranquilo y tan contento por una calle que baja en pendiente. La calle es antigua, pretérita y arcaica. No muy ancha, sombría y solitaria. El suelo es de piedra y está invadido abundantemente de musgo y hierba, verdosa y descuidada. Transmite deliciosa frescura y atemporalidad.

Tiene amplios escalones. Me divierto impulsándome hacia delante y volando por encima de ellos sin rozarlos. Floto así tramos cada vez más amplios, sin que se incremente por ello la velocidad.
De tanto en tanto toco levemente el suelo y me impulso otra vez. A veces me desvío un poco hacia un lado o el otro, hasta rozar la manga de mi abrigo con la pared, pero sin importancia.
Bajar así me da una sensación muy placentera de ligereza y serenidad.