"Sin amor no hay libertad, sino egoísmo que es el infierno."

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Este blog no está recomendado para menores, así que tú mismo con tu mecanismo.

fin del aviso



30 de junio de 2012

entre gigantes

Fue a principios de agosto.
Estábamos ahí tan tranquilos, viendo los juegos olímpicos por la tele, cuando, va y se aparece un ovni de esos en el cielo. Ahí plantado enmedio, justo encima del estadio olímpico.

Y claro, la gente flipando y alucinando. Que mira tú, que dónde se ha visto eso. A unos les dio por gritar y a echarse a correr como unos locos, y a otros venga a hacerle fotos y a grabarle con el móvil. Como si no hubieran visto nunca un ovni. Y a lo mejor era en verdad eso, pero bueno.

Pero que el ovni ese que no hacía nada de nada, que solo estaba ahí quieto parado y ya. Y mira que era grande el condenado, casi como el estadio olímpico ese o más, por ahí por ahí.

Luego ya la gente se cansó un poco, porque es verdad que cansa un montón estar ahí mirando esa cosa con la duda y el miedo, la tensión y el comecome.

Porque, son de los buenos o son de los malos?
Y cómo son? Por qué no salen ni hacen nada?

Total, que mandaron unos aviones para investigar. Y después de dar muchas vueltas, pues que algún piloto garrulo de esos pues que se puso más de nervioso y les tiró un pepinazo al ovni.

Pero nada, que no le hizo nada. Ni un rasguño.

Y así pasaron los días, todos los días de agosto con la misma mandanga. A todas horas lo mismo con las noticias, pesados que para qué con eso. Y es que además no había por dónde cogerlo además, que no había manera de explicar nada.

Miles y miles de horas de grabaciones y descripciones del exterior del ovni, que por cierto era cien por cien por cien liso y laso, tócate las narices. Ni una mala mancha, ni un bollo, ni un remache, ni una junta, ni un empalme, nada.

Quedaba casi hasta bonito y todo por la tele, tan minimalista, relajante. Le quitas el sonido y te puedes pegar un buen viaje.

Y aun así la tabarra que nos dieron los medios, fuuuuu...
Imagínate, con lo plastas que son ya de por sí los pesados,
venga ahí tertulias y debates y más y más teorías, a cual más idiota, absurda y estúpida.

Mira, estoy de los científicos catalufos hasta aquí. Ahora resulta que lo tienen que saber todo ellos, que no hay nadie que sepa más de nada que ellos. Anda que, país de pazguatos, leñe.

Lo mismo valen para un roto que para un descosido. Cuando no te están vendiendo la moto con los genes, es con los virus y si no otra cosa. Son más cansinos que los de Yartel, que ya es decir.

Y encima es que se les ve el plumero cosa mala, a una legua se les ve, que lo que buscan no es más que el prestigio y el dinero. Chupar de la borrega y vivir del cuento, como todos. Si acaso con un poco más de estilo y disimulo. Pero qué va, que no cuela. Chupópteros con clase, pero chupópteros a fin de cuentas.

Mucha gráfica y mucha jerga pero que nada, a otro bobo con ese cuento, que uno ya es perro viejo y ya no se la dan con queso. Ni por estas.

A lo que iba, que menudo hartazgo de meloncios y oportunistas. Menuda pasarela y desfile de descerebrados, brrr...

Qué manera de fastidiarnos las vacaciones a todos. Total que, luego llegó septiembre, la vuelta al curro, la consabida depre y los dichosos coleccionables. En fin, lo de siempre.

Y en una de estas, el día menos pensado, el once me parece que fue, va y se abre una compuerta del ovni ese, que casi nos habíamos olvidado de él y todo, y empiezan a salir venga y venga ahí extraterrestres sin parar todo el rato. Que ni te lo creerías la de esos que salieron. Si casi parece hasta mentira y todo que cupieran ahí todos ahí metidos dentro. Y eso que grande ya era ya un rato el ovni ese, como ya he dicho.

Y qué tíos los extraterrestres. De pintas eran como nosotros, pero más altos, mazo de más altos.
El que menos, mediría sus buenos dos metros y medio, y el que más, llegaría hasta cuatro y pico, conque fíjate, menudos gigantes los notas.

Y que no hablaban nada de nada, ni jota. No decían ni mú. No abrían la boca ni por equivocación, que vamos que nunca, que no.
Así que no se sabía qué idioma hablarían, ni si nos entendían o no.
Pero a mí me da que sí, porque tontos no parecían, no.

Otra cosa rara es que tampoco se les notaba que respiraran. Además, que los agujeros de la nariz casi ni se les veían, y con los oídos lo mismo. Y encima que flotaban y atravesaban todo como si fueran fantasmas, pero luego los tocabas y eran de carne y hueso, así que fíjate qué cosa más rara. Total que bueno, bien mirado, no eran tan parecidos como parecían, porque ya me dirás tú, qué movidas marcianas son esas y de dónde han salido estos figuras.

Y además, que iban a su bola todo el rato.
Se fueron repartiendo como les daba la gana, y a lo que te quieres dar cuenta, pues que había uno de cada en cada familia como poco.
Y tan pronto se quedaba uno como otro, que les daba igual y que no paraban de ir de aquí para allá todo el rato. Libres, sin ataduras, a sus anchas.

Y a ver quién es el guapo que les dice que no. Si no había manera de controlarlos, ni dominarlos ni nada. Porque ya lo creo que se hicieron mogollón de intentos, desesperados intentos, de acabar con ellos. O al menos encontrarles algún punto débil, que sirviera para frenarlos un poco al menos.
Pero qué va, nada. No había manera, no había por dónde pillarlos, tú. Así que nada, que eran invulnerables a todo lo habido y por haber, los tíos. Y mira que se probaron cosas raras raras, casi hasta ridículas de contar y todo, así que me las voy a saltar, jeje.

Y ellos a lo que se dedicaban era a supervisarnos a nosotros, todo lo que hacíamos y tal. Se ve que les gustaba o motivaba eso, o no sé.
Total, que ahí los tenías, todo el rato encima y al tanto para intervenir a la mínima de cambio.

Que discutíamos, nos hacían poner paz.
Que fallábamos en algo, nos lo hacían ver y reparar.
Y qué jodido era eso al principio, sobre todo para los más indómitos y rebeldes. Cuanto más grande la hacías, peor. Porque luego no te librabas de deshacer el estropicio, ni loco, ni de broma, ni en sueños. No se escapaba nadie, así que, a la fuerza, aprendías, qué remedio. Algunos por la vía dura y amarga, y otros ya más rapidito si eso.

Y todo sin palabras. Te lo hacían ver las cosas a base de gestos y contactos y tal. Más o menos amables o intimidatorios según reaccionaras. Porque es que no se cortaban ni un pelo, no tenían ni el más mínimo asomo de piedad ni sentimientos.
Les daba igual que en una rabieta te lesionaras o mutilaras, voluntaria o accidentalmente, ligera o gravemente.

Ellos no actuaban, no interferían. Esperaban. Y si salías de esa, bien y si no, pues también, se iban con otro y tan panchos, como si nada.
Su filosofía no era hacer por ti lo que a ti te era debido hacer, eso estaba clarísimo estaba.

Todo su afán era no dejar pasar ni una.
Eran la policía más incansable y eficaz que se ha visto ni se verá.

Te pillaban siempre in flagranti, tanto si los tenías delante como si no. Era como si lo pudieran verlo todo, a través de las paredes, incluso en tu propio pensamiento. Acongojante, por decirlo en plan así a lo fino.

Y eran bastante imaginativos para hacerte aprender lo que les interesaba. Te cogían ahí del cuello y te llevaban donde fuera que quisieran y te hacían hacer las cosas más extrañas o impensables. Que tú te extrañabas, porque, qué tiene esto que ver conmigo?
El caso es que luego, pasado el tiempo, a lo mejor te dabas cuenta y entendías el sentido de eso, la intención, la lección. Y molaba.

Y en eso sí que se notaba que eran un pasote de listos los tíos.
Sublimes, brillantes, versátiles. Raudos, infalibles, insuperables. Insondables, inefables, sabios como nada en este mundo.

Era casi hasta inspirador y admirable, a la que le pillabas el truco y te fijabas. Esa capacidad de respuesta en todo momento, esa genial espontaneidad, o espontánea genialidad, esa fluida inteligencia, flexible, cambiante, adaptable, esos recursos infinitos, etc.

El más bello espectáculo, el mejor festival, el ejemplo más inspirador y revelador. Grandiosos.

Era normal que, al poco, los que captaban esto quedaran totalmente admirados, prendidos, prendados, prendidados como dicen los de allende, y entregados, arrebatados, arrebolados...

Pero me estoy anticipando un poco de más de la cuenta me parece. Por dónde iba? Ah sí:

Te cogían por el cuello y te obligaban a que encararas tu tarea o deber asignado.
Te conducían gentil, levemente, si respondías bien a sus requerimientos. Pero no dudaban en forzarte terriblemente como te hicieras el tonto o te rebotaras.

Resistirse era mala idea, muy mala idea. Y reaccionar violentamente peor aún, pues tenían la habilidad de volver tu furia en tu contra. Con lo cual el que salía perdiendo siempre era el mismo. Y ni se despeinaban los tíos.

Nunca perdían la paciencia. Sabían ser firmes y constantes hasta salirse con la suya. La única escapatoria era el suicidio y quien no se percataba de esto terminaba de manera bastante horrible, espantosa y lamentable.

No por lo que hicieran ellos directamente, sino porque era como estrellarte contra un arrecife de rocas. Y esto no por su altura, sino por la misma razón, fuera cual fuese, por la que eran invulnerables. Era como si las leyes de la física no fueran con ellos, o todo lo contrario, que las tuvieran a su entera disposición. Flipa.

La verdad es que tenían poder de sobras para aplastarte como a un mosquito. De haberlo querido, podían haber impuesto un reinado del terror sin el menor inconveniente. Por suerte no fue así, por suerte.

Eran muy conscientes en todo momento del dolor que podían infringirte y que podías soportar sin daños irreversibles. Y por lo común se ceñían a estos límites, que solo traspasaban si no había más remedio, y no por iniciativa suya.

No había pues por su parte abuso gratuito, ni un mal gesto, ni nada de eso. Implacables, inmisericordes, inagotables, una y mil veces te corregían hasta que recapacitabas, cedías y hacías lo que era debido.

Muchos humanos no lo llevaban nada bien esto al principio. Pero eso duró bien poco, porque, o aprendías o cavabas tu propia tumba.
Total que, los no-aptos desaparecieron del mapa en un abrir y cerrar de ojos. Expeditivos. Se llevaban a su ruina antes de que diera tiempo a nada. Y luego nos tocaba a nosotros enterrar sus cuerpos. Así que eso te hablaba muy a las claras de lo que te podías esperar como no te entonaras con el son que ellos marcaban.

Los tíos estos, los extraterrestres, se lo tenían bien montado pero bien, sobre todo por la enorme diferencia que nos separaba. Es que no podíamos ni hacerles ni sombra ni nada.

Para mí que hasta lo del ovni ese era más teatrillo más que otra cosa. Porque es que esta gente para qué van a necesitar algo así. Si es que se ve que estos lo pueden todo, sin necesidad ni depender de nada. Sin máquinas, sin energía, sin alimentos, sin nada de nada.

No son de este mundo. Hasta tal punto que ni podemos ni imaginar ni concebir. No nos llega, no nos alcanza. No somos capaces de tener ni el más leve atisbo ni indicio ni barrunto ni vislumbre sobre su origen, su naturaleza, su interior ni nada de eso.

Comparados a nosotros son como dioses. Al menos yo es que es lo más parecido que he visto nunca. Y no se me ocurre nada que le haga más justicia a esa palabra que estos tíos. Hasta un extremo increíble, insólito, insoportable. Que da vértigo y te estremece de solo pensarlo.

Total, que ahora ya no tenemos ningún problema. Se ha terminado ya todo. Ya no hay crisis, ni guerras, ni robos, ni engaños, ni crímenes ni abusos ni asesinatos, ni nada de nada.

Todo es paz y armonía.
La gente crece y florece maravillosamente.
Las artes prosperan abundante y hermosamente.
La vida brilla radiante, generosa y esplendorosa, como nunca antes vio la humanidad.

Y a todo esto, que me acuerdo un montón de un perro de mí que tenía. Porque ahora ya yo sé lo que es vivir entre gigantes. Y menos mal que son buenos amos...