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14 de mayo de 2010

onda modulada

Lo primero fue el parpadeo.

El origen de la existencia es algo que da bastante juego para profundizar en la concepción que tenemos de la vida y su esencia.

Hoy por hoy la teoría 'imperante' es la del famoso Big Bang, que traducido significa: Gran Explosión. A nadie sorprenderá, espero, que esta teoría sea, principalmente, producto norteamericano.

La nación yanqui tiene una especial querencia por lo desmesurado, lo violento, los contrastes extremos. En una palabra: lo bombástico. La máxima expresión de eso, claro está, es una explosión (y justo así es como celebran su independencia).
Es natural pues que un pueblo con tal idiosincrasia se desarrolle, crezca y viva por y para las armas. Y, por supuesto, la guerra se les hace del todo necesaria. Por eso siempre se están metiendo en conflictos bélicos, y si no los hay se los crean.

Al resto de países les toca sufrir y soportar las consecuencias de tal forma de ser. Cabría esperarse una mayor reprensión sobre tales desmanes, pero, qué va, aun encima le siguen el juego e imitan su ejemplo (mal negocio). Mas no entraremos en política ahora.

Estábamos con el Big Bang (el Horrendo Chupinazo Espacial, como bien llama Calvin). Al igual que todas las demás teorías sobre el tema, no logra explicar nada. Porque el punto clave, el paso primordial e indescifrable, es que de la nada nazca, emerja, salga 'algo'. El paso del cero al uno.

Si intentamos hacer una simulación (recreación) filosófica de ese punto, nos encontramos que el primer requisito es que la nada se desdoble, se diferencie, cree una polaridad. Cosa que sigue siendo absolutamente inconcebible. Pero vamos a suponer que, de alguna manera, se desdobla de sí misma. Ahora tenemos Nada-Algo, y de ahí viene el Parpadeo. Imagínatelo con colores, nada=negro, algo=blanco. Cuando del negro se desdobla el blanco, dónde se coloca? Aún no existe el espacio, no hay dimensiones, no hay materia. Así que, la única opción es el parpadeo, un parpadeo imposible de ver, ya que no hay nadie para verlo, ni hay un 'afuera' desde el que verlo. Siendo así es como si no hubiera nada (no hemos avanzado ni una pizca, entonces).

Qué es lo siguiente que hace falta? Para poder apreciar la polaridad estaría bien que ese parpadeo se produjera de una forma más espaciada. Necesitamos tiempo, que un estado se mantenga 'encendido' mientras el otro se queda 'apagado'. Sin tiempo el parpadeo no es más que una mancha gris indiscernible. La polaridad exige que sus dos polos puedan manifestarse con sus cualidades, de otro modo se hace imposible (deja de tener sentido, pierde su función) su existencia.

Pero el tiempo no puede crearse por sí solo, así por las buenas. El tiempo es una consecuencia del espacio. Así que, necesitamos un espacio. Cómo podemos 'sacarlo' de esa Nada-Algo? Modulando la frecuencia del parpadeo.
Cuando la polaridad encuentra la manera de auto-regularse se produce una gradación de su ser, hay como un suave deslizamiento recíproco (se 'despliegan' el uno al otro, proyectándose y apoyándose entre sí. Es profundamente paradójica esa diferenciación, el despegue, que precisa de la entrega de cada uno en el otro, igual que en el amor. Implosión-Explosión, crecer hacia dentro y hacia fuera...)

Nuestro pensamiento lineal no nos ayuda en esto, con él sólo llegamos hasta cierto punto pero a partir de ahí comienza el absurdo, las dimensiones empiezan a mezclarse y disolverse demencialmente.
De ahí la necesidad de explorar esas regiones provistos de gran flexibilidad, apertura mental, disposición positiva y humildad. Fluir sin perseguir, observar sin juzgar, 'comprender' sin explicar. La lección más provechosa que cabría sacarse es que nada está separado, que desde el primerísimo origen (si es que podemos llamarlo así) de todas las cosas ya se da esa condición (desde el mismo seno del concepto de la polaridad hay unidad), hecho cuya relevancia e implicaciones apenas empezamos a intuir mínimamente.

Digamos que, en una primera instancia, la polaridad es una dupla pura, un punto intermitente que aparece y desaparece salvajemente, incontrolable, indomable. Es pura lucha, puro conflicto. Negro y Blanco enfrentados pero sin reconocerse entre sí (ni a sí mismos). De alguna manera, la vida hace (o exige) que esa furia derive en una interpenetración mutua, se da una especie de casamiento de los opuestos, de ahí sale la mezcla, la escala graduada que nos permite ir de un extremo al otro. Entonces tenemos que la dualidad se ha convertido en una transición, un eje dimensional, y de ahí 'nacen' las cuerdas que vibran y que dan pie a la materia, al espacio y al tiempo.

Bueno, todo eso es bastante extraño (y probablemente lo entiendo mal y lo explico aún peor, jeje). Ahora bien, lo interesante de esta concepción es que apunta hacia una relación más 'armónica' (nunca mejor dicho) con la existencia.
Por de pronto 'suaviza' esa explosión inicial que ya no es tan drástica y absurda (ni necesaria) como se suele pretender.

Visto así, la creación es un escenario sublime, fruto de una fusión maravillosa, una boda alquímica, que marca desde el primer instante el camino del amor como el único posible en la vida. Un amor esencialmente paradójico, no tan fácilmente comprensible o realizable como creemos.

Sea como sea, el caso es que, de fondo, en toda la existencia, hay como un canto, una melodía, que nace de esos lazos o puentes, la famosa música de las esferas. Y de ahí salen los armónicos, las relaciones proporcionales que producen uno u otro efecto.

Moverse en la vida implica aprender a captar y aprovechar esos discursos 'sinfónicos'.
Cuando consideramos la vida como una vibración accedemos al lado abstracto y esencial de la misma. Si piensas que sólo hay materia y que eso es lo único que hay, naturalmente lo que consigues es quedarte justamente en ese plano. Superficie y fondo, ambas han de conocerse y vivenciarse.

El lado metafísico de la vida es nuestra gran tarea pendiente. Somos unos completos negados en su uso y 'aprendimiento' (como dicen los de allende). Veamos qué más se puede comentar sobre él.

El lado-que-está-más-allá-de-lo-físico no tiene dimensiones, o al menos no son tan definidas y estables como las que vemos por aquí.
Es adimensional, es ultradimensional, un todo nodimensional, antedimensional, quasidimensional, 'anti'dimensional (ya me he pasao de rosca, jeje). Estar allí es estar en la esencia primera (y última), esa que lo contiene todo, esa que nosotros buscamos como principio de todas las cosas, esa que gustamos de llamar dios (y cosas así). Es ahí donde podemos 'escuchar' la música de los tiempos.

El tiempo (la vida, todo) es una onda modulada, un líquido que danza y baila. Nosotros habitamos en su interior y lo vemos (y entendemos) de una forma muy limitada. Es una manta (no, más aún) y nosotros sólo vemos un hilo, menos aún: un punto que va recorriendo un hilo.

Otro ejemplo: Mira la ropa que vistes ahora, fija tu mirada en la más pequeña brizna de tejido que alcance a distinguir tu vista. Nosotros somos ese micro-fragmento y estamos intentando descifrar la forma del nudo del tejido del jersey del que formamos parte. Meta imposible para nuestros tecno-aparatitos.

Si pudiéramos elevarnos con suficiente perspectiva veríamos la forma que tiene el conjunto, la belleza de su diseño, la riqueza de su trazado, la perfección de su dibujo. Veríamos valles y colinas, caminos, encrucijadas, nudos, puentes, túneles, pliegues y toda la pesca. Pero, estamos dentro y no podemos ver nada. Sólo podemos extrapolar, trasladar, aventurar, imaginar.

Otra comparación: Mira las líneas de tu mano, esos son los valles y las montañas, ese es el mapa de tu vida. Desde fuera nos parece insignificante, irrelevante, ridículo, pero a su escala cada variación es un reto más que notable. Un simple hundimiento, una simple depresión, si no se sabe transitar adecuadamente, supondrá el fin de tu aventura. Y lo mismo con las montañas (no te fíes del paisaje, por bonito que se presente puede machacarte a base de bien si no aprendes a moverte en él).

Por eso hay que prestar atención al fondo de las cosas, conectar con su esencia, para ver qué tal 'melodía' susurra (hablamos de música celestial y cosas así en plan figurado, porque eso nos da una idea más accesible, pero si se estudia a fondo se ve que se trata de algo mucho más profundo, intrincado y estructuralmente inherente a la propia existencia: la vida en sí misma, ya sea 'hecha' materia como en todos los otros canales energéticos y demás niveles transmensurables), y captar qué tal viento nos sopla. Así pues, la vida tiene un nivel donde se lee su 'significado' (su sentido, su orden, su coherencia interna en todo momento dado), el valor simbólico de los hechos y los aconteceres. Todo lo que pasa y sucede contigo y a tu alrededor tiene una razón clara y específica de ser. Y esa razón no te es ajena, no está disociada de tu ser. Hay una profunda interrelación que conecta toda la existencia.

El hombre está 'invitado' a aprender eso. Le va en juego su felicidad y su futuro. Pero ahora estamos demasiado liados con otras cosas, mucho más inmediatas y superficiales, como para prestar atención a algo tan 'raro'. Consecuencia: Derechitos al agujero (sálvese quien pueda, jeje).

Total, que cada tiempo tiene su forma. Y esa forma incluye el futuro inmediato, mejor dicho, todos los futuros posibles inmediatos. Así pues, observando atentamente el presente puede anticiparse, a rasgos generales, la deriva que van a llevar los acontecimientos.
El presente está lleno de indicadores que señalan el camino que estamos siguiendo (chungo como pocos). Generación Ni-Ni, Hikikomori, Emo, alienación pura y dura, etecé etecé.

Imagina una gráfica hecha de círculos concéntricos, el centro sería la vida equilibrada y la periferia serían todos esos otros 'estilos de vida' marginales. Es importante ver cómo a medida que el ser se distancia de su centro su existencia va perdiendo estabilidad y consistencia, se va deshaciendo, descomponiendo, hasta llegar al extremo en que se autodestruye. Es como una voluta de humo, sus límites son difusos y quien se instala en ellos tarde o temprano termina desvaneciéndose, desapareciendo. Emo y compañía son las últimas tipologías que podemos encontrar, más allá de ellas ya no hay nada, porque el siguiente paso es el suicidio y eso, claro está, ya no es una 'forma de vida', propiamente hablando.

La mirada (la inteligencia tras la mirada) es la que lee, da, otorga, concede, entrega, encuentra sentido a lo que nos rodea. Si no se emplea esa capacidad de apreciación, valoración, calibración, significación voluntarias quedamos vacíos de contenido, y lo que nos rodea se vuelve yermo, muerto a nuestros ojos.
Entonces el ser se deshace en florituras, se pierde en insignificancias, se deshilacha, se echa a perder, se diluye, se disuelve, se evapora, no llega a ninguna parte.
Conocer y habitar nuestro centro precisa una aplicación continua, una constancia y dedicación considerables. No se da por arte de magia, desde luego.

Hoy en día la sociedad anda bastante extraviada por la periferia, por lo superficial, pero muchos también están retornando a la esencia (Y tú, sabes por dónde andas?). Total, que hemos convertido nuestra vida en un mal chiste que poco a poco se va transformando en pesadilla.

Te gusta ser explotado? Te gusta ser esclavo? Te gusta ser engañado? utilizado? manipulado? estafado?
Y piensas hacer algo al respecto? Cuál es tu plan?

Cada decisión que tomamos 'arrastra' a todo el universo con nosotros. Disponemos de un poder enorme y sin embargo elegimos el camino más perjudicial y dañino. Nos colocamos tan malamente que prácticamente estamos forzando, obligando, al universo a que nos aplaste.
Si crees que en el último segundo 'el cielo' se va a apiadar de ti y te va a salvar te equivocas. Aprende a navegar y evita las rocas, no es mucho pedir creo yo.

La forma es la que es, y dentro de ella cada uno tiene la opción de posicionarse lo más adecuadamente posible. En ese sentido hay como capas, niveles. Todos tenemos un destino colectivo común, pero hay muchas maneras de concretarlo según la actitud, voluntad y disposición de uno ante él. Saber escuchar su delicado transcurso es vital para comprender su rumbo. Para quien no escucha, cada cambio, cada 'novedad', es una sorpresa, un trauma, un tormento.

Como hijos de nuestro tiempo nos conviene ver claramente en qué punto estamos, qué consecuencias cabe esperar de nuestras decisiones anteriores. Y, por supuesto, tenemos la obligación de decidir qué futuro queremos y realizar el esfuerzo necesario para su cumplimiento. Está claro que el hombre ahora mismo es presa de su desidia, de su rutina, de su codicia, de su egoísmo, de su estupidez, etc. Resultado: Ruina absoluta.

Asumamos lo que hay. Se augura un mañana amargo, un profundo derrumbamiento, una traumática metamorfosis que ha de acabar con este obsoleto modo de vida inhumano, una catarsis necesaria y urgente. Poco o nada quedará tras ese proceso, y es comprensible.
Simplemente apliquémonos el cuento, no esperemos al último momento, que no nos toque aprender a las malas, empecemos ya, hagamos nuestros deberes hoy y mañana que venga lo que sea que quiera.

Entrar en el plano metafísico implica conectar con el alma, el espíritu, de las cosas, Es esa una conexión íntima y profunda, una comunión religiosa, un hermanamiento amoroso, el colmo de lo humano, la máxima expresión de nuestras posibilidades de 'conectividad' actuales.

Es interesante considerar el tiempo como algo vivo e interactivo, incluso hasta un grado extremo. Por ejemplo. Partiendo del presente, el árbol de los futuros posibles es inmenso, pero cabría aventurar que sus ramas no son completamente excluyentes entre sí, Cuando tomamos el camino A, los caminos B y C siguen a nuestro lado, al menos por un tiempo, hasta que se diluye su presencia o relevancia.
Esa proximidad permite que haya un cierto grado de mezcla episódica. Puede haber atisbos de realidades 'imposibles' o paralelas.
Es más, esos breves 'cruces' pueden seguir un patrón, una frecuencia, repetirse como un ciclo que sigue su propio proceso de evolución.
Piensa en un río turbulento, en las evanescentes formas del aire (y del fuego y del agua y de la tierra, en realidad toda la vida se mueve igual, sigue la misma dinámica, cada elemento a su propio 'tempo' y escala), los caminos se separan, dibujan círculos y espirales y se vuelven a encontrar. Y lo más lejano se encuentra con lo más cercano. Así, hoy podemos toparnos con el resultado de una bifurcación que sobrepasamos hace mil años y no lograr reconocernos en el producto derivado de esa opción alternativa.

Las infinitas variaciones del hombre. Cual plastilina podemos mutar y adaptarnos a multitud de formas de vida diferentes. Grande es esa capacidad, y más aún su peligro si nos olvidamos de 'pilotarla'.
Veamos, cuál es el resultado de nuestra cultura materialista actual?
La cosificación. TENER prima sobre toda consideración ulterior, adiós ética, adiós humanidad, adiós amor. Cuando perdemos de vista la esencia y nos quedamos sólo con la superficie todo se vuelve hueco, vacío, vano, falso, cáscara. Preferimos COMPRAR todo tipo de cosas, sustitutivos (lágrimas artificiales, con eso te lo digo todo), en vez de reconocer nuestro yerro.

En qué nos estamos convirtiendo? Nos alejamos de la naturaleza que nos rodea, sostiene y aloja. Descuidamos y perdemos las cualidades y recursos que nos hacen seres dignos de consideración. Optamos por lo más burdo y vano.

Es importante entender bien cómo se produce esto. Lo que piensas determina lo que haces. Según tu formación, tu entendimiento, dirigirás tu atención, tu voluntad y tu interés en una dirección o en otra. Allí donde poses tu mirada, allí se desplegará tu energía, allí nacerán tus ramificaciones, tus futuros, tus posibilidades.

Un ejemplo muy bueno para entender esto son los querubines del amor. Qué son? De dónde salen? Qué representan?
Los querubines se suelen caracterizar como niños-ángeles (Cupido, por ejemplo) y suelen ir asociados al romance. Lo típico es una pareja de enamorados y en torno a ellos varios querubines flotando.
Suelen ser alegres, traviesos y juguetones. Ahora bien, qué significan? Un querubín es la plasmación de un futuro posible. Si nace el amor entre una pareja aparece la posibilidad de que ese amor acabe alumbrando un descendiente. Pues bien, los querubines son los espíritus de esos bebés-en-potencia que se manifiestan con el ánimo de propiciar que se haga efectiva la unión de sus progenitores.
La presencia de varios de ellos también puede entenderse como signo de intensidad y calidad romántica o como amable competición de candidatos para el alojamiento en el seno materno.

Así que, el espíritu, lo metafísico y los futuros posibles tienen mucho en común (si no son prácticamente lo mismo) y hay que aprender a ver y trabajar con eso.
Sobre todo no hay que perder de vista nuestro papel 'director', somos la raíz esencial de la que emana nuestro potencial y es requisito imprescindible que sepamos mantener una visión clara y estable de hacia dónde y cómo deseamos ir.

Piensa en esto, todo el tiempo que inviertes frente a una pantalla hace que tus ramas de crecimiento y desarrollo se vayan expandiendo por dentro de la pantalla y al mismo tiempo se vayan replegando las que tienes por fuera de ella. Por eso hay que cuidar mucho dónde deposita uno su atención (de ahí lo de: cuidado con lo que deseas, porque puede cumplirse). Ahora supón que se interrumpe o desaparece la energía que alimenta la pantalla. Si muere el aparato muere con él tu proyección y proyecto de futuro. Ese es el precio de volcar nuestras vidas en las tecnologías.

Hemos montado un mundo que es puro ruido, pura interferencia, pura monstruosidad deformante, así resulta que no disponemos de espacio ni tiempo suficientes como para ordenar las ideas de nuestro interior, así nuestras ramas de potencialidades se ven captadas, capturadas, secuestradas, por todo tipo de timadores, falacias y demás basura.
El hombre es un vampiro para el hombre (Señor/a, le ofrezco una oferta buenísima, usted sólo tiene que...bla, bla, bla. Y siempre con la sonrisa más brillante).
Total que vivimos rodeados de intoxicación e intoxicadores, de contaminación mediática, contaminación ambiental y contaminación contextual. Veneno puro por todas partes.
Así nos deformamos y malogramos espantosamente y, lo que es peor aún, sin darnos cuenta siquiera.
Por eso es vital abrir bien los ojos, trabajarnos una formación humana excepcional y corregir nuestra deriva.
Pulir bien nuestro entendimiento y nuestros valores es una labor que requiere especial voluntad, persistencia y sacrificio. Pero a la larga nada puede sustituir eso.

La cosa es sencilla, si no hacemos nuestros deberes seguiremos estando a merced del absurdo imperante y compartiremos (en primerísima línea) su destino. Así que, Cuál es tu plan?
Tener un coche? Tener dinero? Tener una casa? Tener un niño (o mejor un perro, que sale más barato)? Tú mismo.
Si te dejas conducir dócilmente por este perverso sistema vagarás siempre perdido en la niebla, sumido en las brumas de tu ofuscamiento.

El frenesí, la superficialidad, la superabundancia de estímulos y (des)información, las drogas, el zápin, el estrés, la competitividad extrema, la avaricia, la frivolidad caprichosa y cambiante, el continuo escapismo autocomplaciente, el consumismo desaforado, la inmadurez acomodada y antojadiza, todo eso cumple a la perfección su función, te sacude, te exprime, te marea, te distrae, te tima (cual hábil trilero a un bobo), te aturde, te atonta, te idiotiza, te maneja como a un pelele y logra que tu destino quede por completo en manos ajenas (Y no quieras buscar la culpa de esto fuera, es toda todita tuya, no hay excusa ni perdón que valgan. Si vuelves loca tu brújula y tiras el timón por la borda está claro que no vas a ninguna parte).
Así, de tu ser ya no asoman sino ramas muertas (has hipotecado toda tu esencia y está en poder de banqueros y demás calaña, que se lo pasan a lo grande construyendo con ella un mundo inhumano, ideal para seguir exprimiendo a estos tontos imbéciles del haba. Hemos cambiado los querubines por buitres volando a nuestro alrededor (y tan contentos, oye!).

La cosificación tiene serias consecuencias, con las que ya estamos conviviendo de lleno. Conforme lo humano desaparece de escena lo mecano-maquinofacto va ocupando tranquilamente su lugar (y la 'comodidad' está detrás de eso. Es mucho trabajo vivir por uno mismo, mejor que nos lo den todo ya hecho). Nos envolvemos en una piel metálica (coches) y para sentir el contacto con los demás no nos queda otra que chocarnos, estamparnos contra sus respectivas carcasas. Solo así puede asomar brevemente (y a borbotones) nuestra naturaleza humana, que tan hundida en el fondo de nuestra miseria guardamos y escondemos. Pero en seguida acude el servicio de socorro y nos envuelve de nuevo rápidamente con multitud de tubos y aparatitos. A este paso pronto será costumbre regalar 'Mi Primer Pulmón de Acero' a los niños en sus cumpleaños.
Lo que hasta ayer se podía hacer a mano, mañana será obligatorio hacerlo a máquina, por la máquina, a través de la máquina, desde la máquina, con la máquina, para la máquina (del encuentro carnal al desencuentro aparejil, verbigracia).

Por esta vía llegamos en dos patadas al absurdo de reemplazarnos a nosotros mismos por aparatos metálicos. A esto aspira el hombre? A convertirse en robot? Valiente estupidez.

Otra consecuencia del materialismo: La posesividad. Aferrarte a las cosas no te hace dueño de nada sino todo lo contrario, te vuelve esclavo de ellas.

La ausencia más notable es la principal, el amor. Lo mezclamos con dinero y lo que obtenemos es un sustituto degradante, insultante, ofensivo. Lo evaporamos del sexo y lo que queda es aberración, perversión, suciedad, asco. Reemplazamos la amistad por una pantalla, cambiamos la salud por unas pastillas de más que dudosa efectividad, insultamos a la vida, humillamos a la naturaleza, ofendemos a la inteligencia, pedimos a gritos el infierno y como nadie acude a proporcionárnoslo nos lo estamos construyendo nosotros mismos. El precio de nuestra codicia y pereza sobrepasa con creces nuestra solvencia y capacidad de expiación.
Hay que ser muy inmaduro para llegar a este punto de no retorno.

Tras esta nefasta era de materialismo debe nacer una era de la información que nos reconecte (y reconcilie) con el espíritu olvidado.
Internet es un avance de lo que podría llegar a ser tal era. Mas puede pasar (de hecho está pasando) que el hombre se resista a abandonar su amado y edificante capitalismo. Eso nos lleva al límite por la vía rápida. El hombre morirá aferrado, agarrotado, a sus posesiones con sus frías manos muertas. Y ya está, al diablo con él y su maldita historia.

Para terminar, volviendo a lo del origen de la vida: La reflexión que he presentado sólo era un ejemplo, una aproximación. Pero lo importante de verdad es darse cuenta de que buscar una explicación al origen de la vida es en realidad intentar encontrar y demostrar la existencia o no existencia del supremo. Lo mejor que se puede hacer con ese deseo es recorrerlo con sencillez y autenticidad, sin esperar ningún resultado concreto. Si partimos con la idea preconcebida de que no (o sí) existe, tenemos un serio problema, nos escudaremos en nuestro modo de ver las cosas y lo proyectaremos hacia fuera, sólo veremos lo que queremos ver y forzaremos las situaciones para que 'nos den la razón'. Esa es la forma más triste de extraviarse por el camino. El miedo y la intolerancia aparecen en cuanto nos aferramos a cualquier idea o concepto. Eso nos lleva al pensamiento lineal y excluyente (o blanco o negro), que conduce a lo absurdo, grotesco, ridículo. Vamos, que en cuanto el hombre se cree que ha alcanzado 'la verdad' se pone a hacer el tonto, evidenciando su claro yerro.

El pensamiento no lineal es mucho más abierto y flexible, con él podemos contemplar todas las posibilidades sin necesidad de hacerlas incompatibles entre sí. La vida puede tener o no tener origen. La vida puede ser o no ser explicable. El ser humano puede llegar a comprender o puede no llegar a comprender la esencia última (o primera) de la existencia. El camino que nos permite avanzar es o no es empíricamente demostrable. En fin, se trata de integrar, incluir, interiorizar, agregar, aceptar, asimilar, reconciliar, reconocer, respetar los opuestos (cosa que se ha dicho ya un millón de veces) y sacar de ello el provecho oportuno.

No persigas la meta, aprende a seguir avanzando.