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Este blog no está recomendado para menores, así que tú mismo con tu mecanismo.

fin del aviso


1 de febrero de 2009

el beneficio de la duda

Sólo sé que no sé nada.

Esta idea debe acompañarnos, ir con nosotros, en todo momento.
Será nuestro centro, nuestra guía, nuestro mantra.
No la perderemos de vista ni la olvidaremos, así evitaremos caer en el frecuente y típico error de creer que sabemos algo.

Naturalmente sabemos alguna (o varias) cosas y podemos llegar a saber muchas otras. Pero hay que hacer una distinción importante respecto a todo ese 'conocimiento': No es exacto, ni verdadero, ni definitivo ni inmutable. Ni lo será nunca: Es parcial y como tal hay que tomarlo.
De hecho el principio más evidente que se nos manifiesta a través de la naturaleza, de lo que nos rodea, es el de que todo cambia, continuamente, y se transforma, se reconfigura, convirtiéndose en otra cosa.

Así la realidad 'juega' y se deleita con nuestros vanos intentos de apresarla, definirla. Y es normal esto, pues nuestra función no es hacer de 'árbitros'. Nuestros esquemas no ordenan nada, nuestras disecciones no revelan nada. Desmigajar lo que nos rodea no nos ayuda a comprenderlo, no son esos los ojos con los que hay que mirar.

(Somos libres de jugar a 'médicos' o 'científicos' si queremos pero sería un error creernos esos papeles. Lo que nosotros entendemos por 'sapiencia' empírica apenas es un simulacro infantiloide comparado con la fuente profunda de saber que únicamente alcanzan los auténticos iniciados. Seguir esta vía de crecimiento (la de los iniciados) supone reconocer que todo lo que 'sabemos' no es cierto y desprendernos de ello para así poder profundizar más allá. Quien cree que ya lo sabe todo nunca se molestará en cruzar ese umbral, ni siquiera sabrá de su existencia.)

Por todo esto se entiende que la 'sabiduría' imperante es precisamente la más sesgada e inexacta, así que no estaría mal el ser prudentes en su manejo.
El truco es sencillo, basta con no aceptar nada como totalmente verdadero ni exacto. No hay problema en contemplar las cosas como provisionalmente válidas, pero siempre dejando una puerta abierta a la incertidumbre.

La incógnita nunca ha de desaparecer ni quedar resuelta.
Aprendamos a vivir con ella. La duda es una buena amiga (incluso nos traerá sorpresas y nos llevará a nuevos hallazgos).

Todo (y cuando digo 'todo' es TODO) admite múltiples puntos de vista, diferentes formas de consideración e infinitos matices sutiles a observar y tener en cuenta. Con lo cual cada paso, cada idea, cada gesto, reflexión, principio, fórmula, axioma, etc. contiene en su interior todo lo demás, su opuesto, su contrario, su alterno, su negativo, su inverso, su reverso, su enantiómero, etc. (como un fractal sin principio ni fin.)

De esta forma, sólo quien no profundiza es capaz de creer en la 'veracidad' y 'certeza' de sus principios.
Por lo tanto lo más juicioso será no juzgar. Lo más sensato será no tomarse en serio nada, ni lo que uno piensa, ni lo que uno dice, ni lo que uno ve u oye. De otro modo el trompazo no tardará en alcanzarnos (chocamos con la realidad cuando nos separamos de ella, y esto lo hacemos al construir nuestros esquemas mentales, así que mantén tu mente abierta y flexible y nunca tendrás que sufrir fracturas. Recuerda la metáfora de los juncos, pequeño saltamontes.)

Aquí creo que iría bien una pequeña distinción: Hay dos formas de dudar, una excluyente y otra incluyente (descartar o no descartar, esa es la cuestión).

La que excluye dice: No lo tengo claro, dudo de mi capacidad de asimilación y discernimiento así que me abstengo de intentarlo, prefiero no pronunciarme, no correr riesgos, mientras tanto me quedo con lo seguro, con lo que ya sé, no quiero parecer (o que se vea que soy) tonto, además no me gusta pensar demasiado, rechazo lo que se sale o escapa de mis esquemas y me niego a considerarlo siquiera.

Esta actitud es típica de las mentes pasivas, acomodadizas, conformistas, simplistas, superficiales, mediocres, retrógradas, medrosas, conservadoras, fundamentalistas, cerradas, monotemáticas, aburridas, soberbias, intolerantes, que eluden los problemas, no afrontan la realidad y por tanto apenas evolucionan, son predecibles y fácilmente manipulables (desde su ciego 'fanatismo'), constituyen un material de primera para formar una masa pánfila y aborregada.

Luego la forma incluyente de dudar: Esto puede ser así o asá, de esta manera o de esta otra, etc. No descarto ninguna opción, contemplo y acepto todas las posibilidades y sus implicaciones, en la medida en que alcanzo a imaginarlas y concebirlas (soy consciente de mis limitaciones pero no por eso dejo de hacer uso de mis capacidades).

Esta actitud es típica de mentes activas, expansivas, inquietas, creativas, profundas, tenaces, laboriosas, ácratas, valientes, vivas.
Propias de personas despiertas, alegres, innovadoras, curiosas, detallistas, minuciosas, polifacéticas, inconformistas, abiertas, naturales, libres de ataduras y cargas innecesarias, limpias, puras, inocentes, que miran el mundo sin prejuicios y abrazan la vida de todo corazón, avanzan sin miedos ni preocupaciones, sin necesidad de someterse a patéticos dogmas ni de abrazar convencionalismos sectarios.

Lógicamente es este último ejemplo el que desde aquí se quiere promover y recomendar.

Para terminar, permítaseme insistir en las virtudes que esta actitud ofrece. Ya que estamos (tal vez) demasiado mal acostumbrados (a causa de nuestro proceso de educación) a dar por sentados muchos argumentos e ideas preconcebidas que actúan como base sobre la que edificamos nuestros razonamientos (cual mecanos) con esa apariencia de solidez, respetabilidad y fiabilidad 'contrastadas' que tanta seguridad y tranquilidad nos inspiran y proporcionan.

Pero que, sin embargo, son pura fachada, pues como se ha dicho anteriormente, todo es provisional y transitorio y por tanto el prestigio que otorgamos a esa base es inmerecido e inadecuado y haremos bien en despojar esas ideas (y todas las demás) de su falaz envoltura. Prescindiremos de 'creer' en la inmovilidad y exclusividad de etiquetas, categorías y jerarquías, ya que la realidad carece de tales (y de cualesquiera otros) atributos. Así pues debemos ser valientes y socavar por completo esos cimientos que impiden y constriñen nuestro crecimiento.

Hay que vencer el acomodamiento y eliminar toda esa rigidez, esa maraña de creencias ciegas adquiridas, que no queremos reconocer en nuestro interior ni permitir que cualquier ignorante de la vida del tres al cuarto nos discuta o ponga en entredicho.
(Y en el fondo es triste aferrarse así a lo que uno cree, a lo que uno 'piensa', como si desprenderse de lo 'firme' nos fuera a hundir en lo 'irracional' y nos fueran a engullir los monstruos (cuando el único monstruo que hay es el hombre (qué horror, cuánto miedo a lo desconocido, jeje))).

Total que cuanto más te empeñas en defender tus 'esquemas' más en evidencia te pones. Así que me vas a permitir que ponga en duda todo aquello que promulgas ufano (yo me aplico el mismo cuento, claro está) y a ver si así desaprendemos algo, que buena falta nos hace.

Bueno, más o menos creo que se capta la idea, no?
Pues eso: que dos más dos no son cuatro.