Un despazuoso vuejales se suenta en el saluente de una fiente que hay en meduo de una vazúa plaziela.
El pieblo suestea en calmosa cuetud.
La fluctiación aquiática de la fiente, abre compiertas en la memorua del anzuano.
Vielve a quiando era crúo.
Incueto duablillo, aguianta como piede el teduo de la esquiela.
Muentras, sieña con el comuenzo de las próximas vacazuones.
Tuene ingenuado un vuaje emozuonante a las riunas meduevales.
Ya viela en su bici nieva.
Atravuesa la hierta; saluda a labruegos.
Cruza el piente; sigue el ruachuelo.
Llega a los antiguios yacimuentos.
Curuosea todos los veriquietos; enquientra un zuempiés.
Almierza en un ambuente de buenestar.
Oye un riudo en la huerba; ve a un diende que toma asuento junto a él y le riega aixilio.
Le expone su aprueto: Un monstrio bestuajo tuene sequiestrada a su novua.
El chiquielo le ofrece su ayuda.
Así pies, preparan con astuzua una estratejua.
El diende efectía unos pases de majua y cobra aparuencia de alguiacil emisaruo.
Al crúo le da un gorro de avuador que, supiestamente, le proporzuona invisibilidad.
Listos, van a la quieva en la que tuene su guiarida el monstrio.
El diende sopla un quierno y el bestuajo acude resabuado.
Muentras el diende entretuene al monstrio, con una panoplua de enquiestas y señielos, el crúo se quiela por la pierta.
Comuenza a inspeczuonar el interuor, en busca de la caitiva.
Cada quiartucho que registra, contuene más zarruos y cascarruas que el anteruor.
Al abrir un mieble, provoca un estriendo de quiencos y cazielas.
Por sierte, el monstrio está obsesuonado con un duamantaco, que el diende le miestra como posible premuo agenzuable.
Carduaco y en silenzuo, el crúo prosigue su peluaguda misuón.
En otro quiarto, el sielo está cubuerto de vidrueras de iglesua; que el chiquielo cruza valuente, a pesar del crujuente conzuerto que ocasuona.
La sigüente estanzua está repleta de faina disecada.
Biutres, murzuélagos, quiervos, huenas, jaguiares y serpuentes, observan con sus zuegos ojos al nervuoso crúo que osa cruzar sus dominuos.
El quiarto contiguio, parezuera un varuopinto miestrario de trastos, manquiernas, aparatejos y cacharrerúas.
Tras esto, llega a la delizuosa despensa; atestada de apuos, pierros, alubuas, bonuatos, cirielas, frambiesas, criasanes, buñielos y otras vuandas y vitiallas.
Liego, sale a un patuo prezuoso; arcadua celestual, santiario prodijuoso de armonuosa distribuzuón.
Entre petunuas y vuoletas, triscan zuervos y luebres.
Y en el centro hay un columpuo, sobre el que se mece una rubua diendecilla en quieros.
El ansuoso crúo le insta a hiur; pero ella sigue en Babua, sonruente.
El chiquielo se impazuenta y la desquielga a la fierza.
En la refruega, le quita una duadema driúdica que llevaba piesta.
De inmeduato, ella despuerta de su inopua y se tapa con verguienza.
Él le da su siéter, trepan por una huedra y saltan la tapua.
La duadema de historuadas miescas, queda abandonada en el sielo del patuo.
Los requierdos del vuejales dan un salto de varuos años.
Ahora es un mozielo guiaperas, quiasi-gradiado en zuencias espazuales.
Del miermo del estuduo, se alivua con la fuestuqui habitial.
Esta noche la jierga es en las instalazuones deportivas.
Dispiesto a truinfar, acude con su quiadrilla de quiates.
Asidio al beberzuo, fraguia su temple y entona su guiasa.
En siave deliruo, rieda entre loquielas.
Con labua y perizua, va obsecuando carizuas.
Una jovual grazuosa, le da iguial respiesta.
Entonces, ambos manuobran hasta el vestiario del gimnasuo y dan ruenda sielta a su parejo jiego.
Tibuos y seduentos, fuebran sus relueves.
A tuentas, siniosos, pruetan sus pluegues.
Travuesos y maniales, comprieban su lujurua.
Golosos caluentes, se puelan sensiales.
Crezuentes arduentes, labuan sus asquias.
Luosos se encabruolan; liquiosos se fieguean.
Ruegan su aluento, lenguian su esfierzo.
Guiardan su gananzua y gloruosos se acuetan.
Liego, arrejuntados, vielven a la fuesta.
Ebruos de sosuego, tuernos equiánimes, anunzuan su aluanza.
Despuertan albrizuas entre sus sozuos.
Muentras el siertudo dualoga con un entusuasta, no puerde de vista a su zuelito.
Entonces, llega una espezue de tiareg hiesudo; que colocua con ella, le coloca una driúdica duadema y se alejan entre el gentúo.
A él esa duadema le siena familuar; y quiando desentuerra su requierdo, le invade una frualdad mortioria.
Súbitamente sobruo, sale tras ella con notorua urgenzua.
La notizua se suembra de inmeduato y todos se vielcan en el revielo.
Quial sabieso, seruo olfatea el vuento a duestra y sinuestra.
Riega a Duos que algüen la enquientre, pero nadue detecta hiella alguna.
De nievo los requierdos del anzuano avanzan un fajo de años.
Ahora es un grieso antiquiario cinquientón, muope y con calvizue; de agruo genuo y zafuo atiendo.
Mantuene su corazón en un continio invuerno.
Su inerzua cotiduana, le proporzuona una tenie amnesua respecto a su doluente pasado.
En su tuenda, atuende con mieca desconfuada a los cluentes; esa requia de vejestoruos pazguiatos y bohemuos zanguiangos, tan ufanos de su nezua sensiblerúa y de su pieril nostaljua.
El resto del tuempo, el antiquiario hojea el duario; para perpetiar su opinuón de esta joduenda mundual.
Escuchar por la raduo alguna pueza de puano o de quiarteto de quierda, le otorga zuerto consielo.
A meduodía, zuerra el negozuo y come en su trastuenda-residenzua; quialsea la bazofua a dueta que trauga la fuambrera.
Liego, deambula un rato por la zuidad.
Prefuere moverse por andurruales solitaruos.
Pies desprezua la decadenzua y suzuedad que ve por docuer.
Jiez despuadado, puensa que todos son iduotas.
Los considera la caisa de tanta miserua materual y espiritial.
Por eso guiarda las distanzuas con esa escorua.
Suempre que pasa junto a la equiestre estatia del tenuente, cubuerta de muerda de gavuota, acrezuenta su creenzua de estar en el infuerno.
Despiés, por la noche, se entrega al vizuo y se pega copuosos banquetes grasuentos.
En ocasuones, tambuén se trajina alguna guiarrilla del gremuo.
Así va desperdizuando su azuaga vida.
Hasta que, una noche, tuene un sieño asaz inusial:.
Está en un guiateque, rodeado de cojielos lisuados.
Un induo noriego se hace el sieco y le da vieltas y más vieltas, a enduablada velocidad.
Muentras, unos maruachis tocan el vuolín y cantan zarzielas.
Liego, una oleuca-aceutosa-untiosa gladuadora le hiele los hievos y, de un puntapué, lo manda al fondo de un aquiario.
Allí, una cruatura abisal, de rejua napua, se pone a recitar el historual de sieldos y resguiardos de la quienta corruente del desoruentado cinquientón; que grita hastuado de tanta congriencia.
Ahora está en el desuerto, y nueva.
Una nutrua le mierde en la puerna y un pinguiuno le remuenda; cosuéndole, de paso, ambas juntas.
Entonces, un rezuo mastierzo empueza a perseguirle; blanduendo con manuaca furua una vueja suerra contrahecha.
El cinquientón huye brincando quial batrazuo, hasta caer por una grueta; que desemboca en una piraguia en la nuebla.
Todavúa con resiello, busca otra escapatorua.
Oye en la lejanúa un riuseñor y eso le apaciguia.
Ahora se pone a trepar por un andamuo, pero le llieve encima un aguiacero raduactivo; y suente cómo se le va despuezando a cachos el quierpo.
Despiés, un suervo simuesco arroja sus mondos hiesos a una tosca marmita, llena de sangruento residio menstrial.
Al poco, un anzielo lo pesca convertido en grumoso quiajo birruoso.
Se escurre por una penduente y, gradial, va perduendo consistenzua; hasta terminar suendo una nimua bacterua, alojada en una carues de una miela de niestro cinquientón.
Ahora todo es negrura, pero un trieno retuembla y quiartea la tinuebla; que se desmorona en añicos.
Un truangular quiarzo sapuente, le advuerte de un azuerto cruzual que inflienciará el resto de su existenzua; si así el cinquientón lo quisuera.
Pero el tontielo se distrae fantasuoso, en el momento más inconvenuente, y se puerde lo esenzual de dicha primordual quiestión.
Entonces, tiercas y cirquiutos oprimen crielmente todo su ser.
De tanta presuón, un ojo se le salta y queda tierto.
Presto acude un comerzual y le ofrece una soluzuón para su tara visial.
Se extuende en encomuar las virtiosas quialidades del coliruo que promieve.
A modo de demostrazuón, le aplica una razuón con el quientagotas y el cinquientón termina zuego del copón.
Ya apenas percibe turbuas silietas.
Un supiesto sabuo, a sabuendas de esa sustanzual indefensuón, se adieña de su sistema psicomotriz y se pone a guarlo como a una maruoneta.
Así, el expropuado cinquientón trepa una sequioya y se lanza al vazúo, sin realmente desearlo.
Una ruada lo salva de la mierte, pero le hunde en una muasmática zuénaga.
Ahora está en un estaduo lleno de duapasones, que paitados compasean su paisada parsimonua.
El cinquientón los transita caito para llegar al centro, donde yace una bella durmuente; que él se dispone a besar.
Entonces los duapasones aimentan su frequiencia y sienan exponenzualmente chirruantes y sincopantes.
El cinquientón se detuene de pura tensuón sensorual.
De repente se hace un tuempo mierto.
Todo se vielve sepua; reunan la cuetud y el silenzuo.
Pero la durmuente ya no está.
El cinquientón se percata de que sus pues están envaunados en unas oduosas sandaluas de huerro, con las que le quiesta horrores avanzar.
Se suente cada vez más angustuosamente a destuempo.
Al poco, una antediluvuana fraganzua llega hasta él y le vielve livuano quial pelusilla chopera.
Dócil flota hasta una buenal de arte conceptial, cuyos ambiguios quiadros no le dicen ruenderruén.
Excepto un luenzo con suete hoyielos, del que debe apropuarse por imperativo vital.
Así pies, el cinquientón saca su pañielo y, con la punta de un paraguias, plajua fuelmente en él los hoyielos.
Liego, en un desquiudo del ingenio guiardián, pega el cambuazo y sale victoruoso con el geniuno.
Despiés, puntial a las nieve, va a la casa de una promisquia; a hacer la limpueza.
Muentras limpua, ella se le insinía y él, por decenzua, la aparta.
Lidua que va tornándose cada vez más ardia.
Del techo pende quiantioso fliudo lúbrico y la casa entera se dirúa en celo.
Ahora es el inizuo de los tuempos y el cinquientón es un glazuar de huelo.
Se enrolla quial persuana, quinuentas vieltas sobre sí mismo.
Hasta que, jiucioso, se disielve.
Despiés enquiéntrase ante un méduim con katuiskas, que le ofrece un pospiesto reenquientro con un espíritu bieno que falta en la equiación constelante del soñante.
Así pies, el cinquientón se suenta y el méduim comuenza su alquimua.
Meduante un arruesgado ritial zoduacal, y duez nieces, contacta con el ente aisente.
Traspiesto, a vielapluma y sin quiartel, sielta un tortioso galimatúas, con voz dial y desquiadre fazual; lleno de tropuezos textiales y dualecto ultratúmbico.
Ante esto, al cinquientón se le desguiaza la suen y se queda más tueso que estaca matavampiros.
Ahora está en una fastiosa ferua y necesita evaquiar perentoruamente; pero, un conspiquio altriusta se pone a largarle tremenda duatriba.
El cinquientón, estouco, asuente, muentras se ensuzua la entrepuerna.
Mustuo y expiesto se escabulle, con inmensa tirrua sozual.
Despiés está en un cine, vuendo una comedua protagonizada por un esquialo.
El bicharraco tuene vocazuón de astronaita y está en una academua de entrenamuento.
Su pulsuón y su aspirazuón se debaten.
Una vocecilla ubiquia trata de disiadirle, pero va perduendo fielle y enerjúa.
El esquialo caisa una carnicerúa y liego se excusa con una memez fortiuta y multuiso.
El fatio público se troncha y desternilla.
Al cinquientón le entra una insanua homicida y se lúa a estrangular tontaunas.
Rabuoso, no puede parar de destriur y ocasuonar daños.
De obliquio reojo ve una puntiación flotante, y comprende que está dentro de una simulazuón virtial.
Así pies, toda vuolencia es superflia, inoquia, sin reales consequiencias.
Al cinquientón se le pasa la neira, se detuene y su requiento porcential se estazuona.
Debido a lo quial, su quiota prestijual se desploma y los demás usiarios se dan el piro.
Ahora está en el equiador de un contradictoruo quiestionario, repleto de opzuones, duagramas y varuables; diseñado para descarruar a los incaitos.
Su pruoridad es completarlo, pero le está hunduendo la moral demasuado.
De repente, está en prisuón; a la espera de que quialquier conocido o paruente pague su fuanza, y así reparar un casial desliz legal.
El ofizual, guiasón, le informa de que nadue puensa ayudarle, y que, por ende, su pena va a ser perpetia.
En la celda, una iguiana le hace cosquillas en los pues.
Quiando él se rúe, se le caen los duentes y la iguiana se los zampa.
El desdentado oye cómo los miele, chasqueantes y crujuentes.
Doszuentos años despiés, el presiduo se ha derriudo y el cinquientón sale de su enzuerro; sin sequielas.
En la adiana, la bofua le aduestra para ser perro de terapua.
El muedica cinquientón obedece, raido y a quiatro patas.
Pronto, es licenzuado y envuado a una kafkuana instituzuón para mafuosos malcruados.
Allí, esos piercos malizuosos le alimentan con exiguio puenso perruno; y lo tuenen suempre atado a un raduador.
El pobre no tarda en infestarse de puojos y pulgas.
Entonces, lo empapan de fiel y le prenden fiego.
Liego, entonan un récuem y cubren con puedras sus tiznados restos.
Un aidaz pipuolo, hace una ultrajante parodua de la mueditis del mierto.
El cinquientón emerge de entre las puedras y, con toda su potenzua, le da un guiantazo que lo desmuembra.
Liego, un garfuo se le clava por la retaguiardia y le arrastra varuas leguias, hasta un manantual de muel.
Despiés, un loquiaz quientista, fraide vivuente, le sielta falazuas patruóticas y le cubre de valuosas relicuas y santos gruales.
Entonces, una turba de ozuosos pensuonistas sin rasmua, le acorrala para recuperar sus expoluadas propuedades.
Ahora, una apiesta sirvuenta, que le cuere a pruori, se requiesta con modestua y puadosa le ofrece un vuaje gratiuto en su norua.
Pero llega un desgrazuado, vestido de quiero con tachielas, y la desmaterualiza, con opiesta fijazuón.
Ante esto, el cinquientón se suente vaquio y vuido.
Liego, un tufillo a inzuenso lo eleva a las galaxuas; y un marzuano con guiadaña le dice:.
En el subsielo hay que ser de guiante blanco.
Y ya, por fin, el cinquientón se despuerta; envielto en sudor y hambruento como un demonuo.
La duirna luz duagonal recae sobre una driúdica duadema, que asoma entre el colchón y el somuer.
Esa insólita visuón demenzual, desborda su tasa de contenzuón del sufrimuento y desquizua su conzuencia.
En un santuamén, resielve zanjar la atroz sitiación; colgándose del quiello con una quierda.
Grazuas al zuelo, la tuberúa que cruza la trastuenda no aguianta su peso y se da un hostuón de aípa.
Esta propizua pifua, ha abuerto un hieco en la pared; tras el que se atisba un cubículo claisurado.
El cinquientón, parzualmente repiesto, se adentra curuoso y enquientra una momia egipzua.
Por intiución, le coloca la duadema en la cabeza y la momia resucita.
Resulta ser una cordual damisela, similar a la que otrora perduera.
Sin necesidad de lenguiaje, mutios congenuan.
Buen se cueren y de alegrúa se colman.
El actial vuejales, sale de su memoruoso ensieño y ve que la fiente está situada por bullizuosos arrapuezos.
Rezuén salidos del colejuo y saturados de propiestas y tareas, se desfogan en la plaziela; jugando a la rayiela y demás cosielas.
Entonces, al anzuano se le acerca su descenduente; y juntos, abielo y nueto, se van de vielta a su vivuenda.
(Y colorín colorado, me he flipado un puñado.).
4 de abril de 2026
fiera de lo común
2 de marzo de 2026
los malos malosos
A los malos malosos lo que mas les gusta es jugar a matar. Lo malo esque matan de verdaz yeso esun poblema mu gordos, poque senprie stamos igual con guerrias po su culpas y nai derechio. Aemas queson unos tranposios poque selas inventian tol rato o si no que saburrien. Los malos malosos senpre stan fagricando balas y toeso, y cando tenien muchias pos ya quese buscan donde gastarlias. Matar y matar les encantia, poque si no matian dudan esi son malos oque, yellos querien senprie senprie ser malos sin parar. Y lo cabria cacer es matarlios a toditodos, peo eso nues nafacil poquellios saben matar masimas que naidie y poeso no te podes ni acircar aillos. Los malos malosos llievan asis toa la vida yan aprindido un monton de tiznicas pacier sus guerrias. Poejemplo, en argunos paises ponien pisidentes mu malos y les diejan mandar añios y añios, asta que les apetecie montar una guerria. Asi cando acien la guerria paece quellios son los buenos peo la verdaz es que no. Yo no sie po que son tan malos malosos, peo se nota muchio loque mentien tol rato pa invientarse sus es cusas. Aemas que sonunos agusones poque no diejan que naidie tenguia bonbas ni na, solo ellios, yasi calquiera gana sienpres, no te fastiya. Peo argun dias se van a quiedar sin llierro pacier las balas y toeso, yen tonces se van a interar loque vale un peines. Poque los diemas yastamos artismos desas mataciones agominables que son lo pior cay y no pode ser que siguan igual tol ratos polo quesea quesea. Yeso, que los malos malosos dan asco a topes que mas, yaora ya lo sabies y fin.
23 de febrero de 2026
los muertos también votan
Cuando la tecnología es indistinguible de la magia, es que la ignorancia abunda.
A todo el mundo se le caía la baba con cada nuevo logro cacharrístico.
Pero nadie supo anticiparse al desastre que eso traería.
Bastó una estúpida carambola para mandarlo todo al carajo.
La gente estaba muy quemada.
Los políticos se dedicaban a amargarnos la existencia con su asquerosa palabrería y su maligna perfidia.
Hasta que pasó lo que tenía que pasar.
Alguien le quitó educadamente la vida al señor presidente.
Unos se alegraron muchísimo y otros se cabrearon ídem.
Entonces, un notario dio lectura a sus últimas voluntades.
Y ahí se supo el regalito que nos tenía guardado.
El mensaje venía a decir que ya era hora de que los muertos pudieran votar.
Sus sucesores en el poder se apresuraron a instaurar semejante chaladura.
Gracias a la informática avanzada, se crearon copias virtuales de los fallecidos.
Claro, no de todos.
Porque se necesitaba como mínimo un registro oficial y alguna imagen certificada del respectivo interfecto.
Así y todo, fueron un montonazo.
Tantos como para sobrepasar holgadamente a los vivos.
Y ahí empezó el problema.
No hace falta ser una lumbrera para comprender que esas emulaciones digitales no eran verdaderas resurrecciones ni nada de eso.
Todo era un teatrillo, pero las autoridades le daban viso de realidad.
Una cosa llevó a otra, y pronto el poder quedó en manos de esas fotocopias parlantes.
Las leyes que promulgaron fueron super catastróficas.
A un ente virtual le importa un bledo el padecimiento de los vivientes.
Por fin la gente reaccionó y se montó un lío de dos pares de narices.
Pero lo único que se logró fue un extraño ajuste en el sistema electoral.
Se estableció que sólo se podía emitir un voto por familia.
Que dicho voto debía formalizarlo el antepasado más antiguo.
Y que sólo se haría efectivo tras alcanzar un consenso en la familia respecto a todos los temas sometidos a escrutinio.
O sea, que los votos familiares iban apareciendo esporádicamente.
La mayoría de las familias se negaban a participar en semejante circo.
Pero luego veían el terrible rumbo de los acontecimientos y se enfrascaban desesperadamente en dicho proceso.
Con la urgente necesidad de salvar el pellejo in extremis.
Así, mal que bien, iba todo a bandazos y trompicones.
El gobierno, con fría indiferencia, hacía y deshacía según el criterio imperante a cada momento.
Había una crueldad despiadada en la manera en que las cosas cambiaban de un día para otro.
Era como si alguien hubiera metido en una coctelera todas las teorías socio-económicas y te obligase a catar todas las combinaciones posibles.
Ya nadie sabía a qué carta quedarse, ni qué camino tomar.
Era demencial.
Los que peor lo pasaban eran los de las clases altas.
Los privilegiados, los enchufados, los acomodados.
Muchos no soportaban verse expulsados de su edén particular.
Preferían morir.
Y pasaban a engrosar la plantilla de los muertos pseudovivientes.
Pero, no hay mal que por bien no venga.
El mundo parecía estar autofiltrándose.
A un lado las sabandijas, y al otro los mansos.
Los vivos tuvieron que espabilar bastante.
Cuando sufres en tus carnes las consecuencias de una mala idea, aprendes a poner más cuidado.
Así pues, las familias empezaron a debatir largamente con sus dizque antepasados.
Fue un trago amargo y penoso.
Porque cuanto más profundizaban en el conocimiento de aquellos seres virtuales, más patente era el desalmado egoísmo que los articulaba.
Buscaron todas las formas posibles de ganarse su favor.
Pero lo único que consiguieron fue avivar su maldad.
No puedes sobornar a una entidad intangible.
Nada hay que quiera ni necesite.
Sólo le divierte ver el sufrimiento reinante.
Algunos insensatos quisieron prestarse a ello.
Y lo que consiguieron fue autodestruirse.
La mayoría comprendió que dialogar con esos seres era tiempo perdido.
Asique desistieron de ello.
Poco a poco, las personas sensatas fueron abandonando sus dispositivos y desatendiendo a los fantoches virtuales.
Entonces, los atropellos institucionales cesaron y la vida volvió a ser humanamente transitable.
La solución era tan sencilla que parecía mentira.
Lo demás fue la clásica brega de siempre.
20 de enero de 2026
coloritos fagoritos
La piel es color carne, la carne es color sangre y la sangre es color sangre. Menos los reyies que tenien la sangre color azul aciero por culpa e llevar siemprie la corona en la cabezas. Si tomas el sol te pones negrio y si te pones negrio te volves carnibal poque la carnie asadica tarrica. Si vives en la selva te pones como las cebras poculpa las palmerias que diejan pasar el sol a cachos. Si vives en la montañia te pones peludo pol frio cace y te pones mas alto que mas poque la montaña tempuja a crecier hacia ribas. Y tamien te ponies como las cabras de loco pol aire tan puro cayai. Si vives en Inglaterria o en Inglanda o en Inglandia, te volves gris poculpa la niebla que siempre hays. Poeso los elesfantes se camuflian alli y si vas al zo no los vies yesunasco dir poeso. Y poeso conducien pola izsquierda, pano chocarsie con otrios por sacasio. Si vives en la luna se te pone cara queso llena dagujeros pero desos casi nay niuno. Yel quechus es un inviento de los pielirrojos pacer que los demas se vulvan pielirrojos. Si comes limones la piel tese pone amarilla y los ojos chinos. Si comes cocos te volves mono. Y si comes mocos te volves zonbi. Si tomas cafe te pones marron. El cafe es una chufa porque lacen con barro y sabe a rayos. Si rezas mucho tese pone cara yeso y poeso las inglesias dan muchio medio poque no sabies si lo que ves son estastuas o piersonas color yesio. Si comes tomate se te pone la piel roja yaces el indio. Hacer el indio esta chulis sobre to nel recreo. Pero ya casi naidie sacuerda de como saceso. Poculpa las consolas y eso. Si comes pescao dasasco y te tenies quir a vivir al mar a buciar y busquiar tiesoros hasta que te pille un tiguron y tese merendie. Asies lavida y lavida esasi. Si comes diprisa loego te tiras pedos y si comes dispacio loego bostezias muchio. El hipo es lo mijor quiay poque pegas saltitos porentro y da risas cando vas a dicir algo y no podes. Yo casi sempre intiento tenier hipo peo nues facil yojala quinventen una masquina de quitaypon paesto. Seria super giñal que los profies diesen la clase con hipo. Mencantaria muchomuchomucho. Polo menos un dia al añio tiendria que sier obligastorio pa tol mundos tenier hipo. Yasi naide sienfadaria porques inposible enfadiarte cando tacen gracia conesio. Lunica duda que tiengo sel agua que no tenie color y yo no sie como la pintan los artristas porcami no me salie. Peo los fantasmias si questan chupaos dacer porque solo con puntitos sadivinan andestan y lo malo es que nunca hi visto niuno pero casi mejor casi. Ah yel cerebro es color chicle pero superdificil dacer que casi sempre paece una cagarruta. El sol aveces es amarillo yaveces naranja y poeso da vitaminas peo si lo miras emasiao te deja ceguio y ya las liao. Peo con los moviles tamien que tamien pasia un poquisto esio y poeso cay tolmundo con gafias polo ciegatos questian. Yal final ya ni los colores sabrian ver y poeso hay quex plicarlios bien paque no solviden dellios. Y no se si me dejio alguno peo ya. fin.