aviso

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fin del aviso


31 de diciembre de 2013

retícula

Soy de nuevo estudiante jovenzano, estoy en la escuela de arte, terminan las clases por hoy, doy muchas vueltas buscando mis carpetas, que pesan y abultan, de paso veo una exposición de alguien que ha triunfado haciendo garabatos emborronados, muchos se muestran críticos y tienen envidia, a mí me gusta la idea y reconozco su fortuna, pero no apruebo que sobredimensione y explote su hallazgo, pues eso le acerca a ligarse y contagiarse de los corruptos, hablando de corrupción, ya andando por la ciudad, resulta que han quitado nuestro autobús porque piensan hacer pasar por ahí una autopista, idea absurda a más no poder, pues las calles son harto estrechas y tortuosas, así que ya me dirás, total que tomamos otro bus que más o menos sabemos nos puede dejar medio cerca de la estación de tren, el bus está hasta los topes pero logramos sentarnos, ahora, y solo mientras dura el trayecto, es de noche y suena una música, cierro los ojos y recito la letra, mis compañeros y una señora que está a mi lado responden y continúan a lo dicho con sincera emoción, eso ha sido muy especial para todos nosotros, algo nos ha tocado muy hondo, algo sencillo pero significativo que ya no me acuerdo lo que era, luego nos bajamos en una parada que resulta más alejada de lo que nos habíamos pensado, cruzamos por dentro de un centro comercial totalmente vacío de gente y objetos, ni puertas ni estantes ni nada, un gris laberinto de pasillos interminables y solitarios, luego subimos por unas escaleras y salimos al aire libre de nuevo, estamos en una parte elevada de la ciudad y para llegar a la estación tenemos que atravesar varios jardines que parecen privados o así, lo que está claro es que no hay ninguna calle que lleve hasta ahí abajo, así que me adentro en el primer jardín y noto que algo raro está pasando, hay una extraña acumulación de diversos pedestales bastante básicos sobre los que descansan bustos animales o remates geométricos simples y elementales, sin demasiado valor estético ni material, pero que están completamente recubiertos por una capa irregular, de dos dedos de grosor aprox, de una especie de telaraña atípica y volumétrica, parecida a las celdillas poligonales que forman las burbujas de jabón cuando se apelotonan, pero sin burbuja alguna en este caso, solo los hilos imitando esa estructura, lo más surreal de todo es que da la sensación de que esos objetos han sido transformados por esa insólita redecilla de procedencia desconocida, como si previamente esas estatuas hubieran sido seres vivos o cualquier otro objeto cotidiano y esa cosa inexplicable los hubiera convertido en esto otro, así que, mientras voy avanzando entre semejante batiburrillo enmohecido, capto cada vez más vivamente la amenaza que supone y representa esa fungosidad incomprensible y delirante, intuyo y adivino sin duda alguna que se trata de una epidemia imparable que se extiende velozmente, al instante siento cómo el aire todo a mi alrededor se cuaja de esa telaraña, que llena de pinchacitos mi piel al completo en los puntos de contacto y ya no me puedo mover ni un milímetro, despertándome de golpe por la impresión que me produce eso.