aviso

Este blog no está recomendado para menores, así que tú mismo con tu mecanismo.

fin del aviso


23 de septiembre de 2012

no veas esto

Había una vez un friqui, amigo de lo morboso, que se dedicaba a mandar correos a sus conocidos con imágenes tope chungas.
Claro, siendo como era tampoco tenía muchos amigos, porque había que tener bastante estómago para tragar esas cosas.

Lo normal era que la gente no se resistiera a la curiosidad y luego se les quedaban grabadas en la memoria. Y ya que se enfadaban y lo mandaban a la mierda, claro.

Normal, porque hay que estar muy pirao para que te guste o te haga gracia ese tipo de cosas. Como el gore y por ahí.
Pero lo peor son los casos reales. Ya se sabe, que la realidad supera siempre a la ficción. Ya te digo.

Total que el friqui este se trataba casi que solo con otros del mismo palo, de su rollo y eso. Así que no sé cómo fui a parar a él, o cómo fue a dar él conmigo, ya no me acuerdo. Pero a mí que me registren, jeje.

Pues eso, no veas, que empezó a mandarme sus mensajes con enlaces a las delicias y curiosidades que se iba encontrando y tal. Ya te imaginarás, platos de un más que dudoso gusto. Y ya al poco yo también me harté y lo mandé a tomar por saco. Toma no, a ver si no.

El caso es que una imagen de esas se me ha quedado bastante metida en el coco. Y de tanto en tanto me viene el recuerdo. Y no es que sea por el asco. Es algo así como una espinita clavada, que la tocas a ver si sale o qué. Y da cosa y dolorcillo y como gustillo.

Pero si lo piensas, tiene mensaje además. Que no está por estar, que guarda algo, un aviso, una lección, un recordatorio, alguna moraleja sobre la vida y eso. Aunque no quiera o me atreva a ponerle palabras. De momento.

Y como seguro que lo estás deseando pues que te la voy a contar.

Resulta que eran unas fotos de una noticia que había en un blog. El texto decía que un tiburón había matado a una bañista en una playa de Cuba. Y las fotos mostraban el cuerpo de la finada.

El caso es que las fotos eran hasta bonitas y todo. Muy naturales. A primera vista lo que veías era una bella chica joven, de piel morena, tumbada sobre la arena, con su bikini, en un día soleado.
Todo normal y corriente.
Hasta que te fijabas.

Te fijabas un poco más y ya empezabas a ver cosas que no encajaban. El brazo derecho le faltaba, y al lado izquierdo había un brazo suelto, así como si nada, tirado en la arena.

Vale, dices, seguro que es una broma y que se ha enterrado algún gracioso para que parezca eso. Pero no no, para nada, ni hablar. Ya te digo.

También se veía algo raro en la piel de su torso, por el lado derecho, como si le faltara bronceado a cachos o le hubieran echado arena por encima. O algo así.

Luego en las otras fotos ya se veía más claro lo que pasaba. Las terribles heridas que marcaban su cuerpo. Las terribles heridas que se abrían y le llegaban tan dentro, enseñando a la vista demasiado del cuerpo. Carne, grasa, músculo, hueso.

Sin sangre, menos mal. Aunque así es casi hasta más terrible y todo. Ya ves tú.

Y entonces ya te percatabas. Que un tiburón no hace esas heridas, tan limpias y perfectas. Que un tiburón no suelta así como así a su presa, sin comerla ni nada. Que un tiburón desgarra de forma salvaje, infalible, inconfundible.

Y ya en los comentarios lo aclaran. Que la pobre chica murió por las aspas motoras de alguna embarcación. Y eso sí que tiene todo el sentido. Así sí que se explican las rajas, la regularidad y perfección de los cortes.

Y qué terrible fin para tan inocente criatura.
Qué brutal contraste despiadado.

Habría que darle más vueltas a esto. Uno no se conforma con dejarlo así. Pero tampoco vamos a liarnos ahora, que tampoco es momento, creo, me parece, no sé. Ya si eso te lo vas pensando o preparando.

Y si no me crees, busca busca.
Busca y verás.