"Sin amor no hay libertad, sino egoísmo que es el infierno."

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Este blog no está recomendado para menores, así que tú mismo con tu mecanismo.

fin del aviso



2 de septiembre de 2009

Manosmuertas

Manosmuertas es un artista, ha dedicado muchos años a aprender la técnica, sólo que no logra aplicarla. El miedo al fracaso paraliza, congela su voluntad. Así el tiempo pasa y su obra apenas avanza.

A esto hay que añadir su naturaleza solitaria y melancólica; Él quiere ser de otra manera pero no le sale. Vive solo y no se le conocen familiares ni amigos. Pero esto a nadie le importa, pues en la ciudad no hay tiempo para contemplaciones. Te distraes un poco y zas, te quitan el puesto.
Y justo eso le pasa a Manosmuertas. Un día, sin saber cómo ni por qué, es despedido de su trabajo. Entonces sufre una profunda aguda-crisis-grave (?) que lo lleva derechito al hospital.

Es un caso curioso, le diagnostican una atrofia súbita localizada. O sea, que pierde toda la fuerza en las manos, que le cuelgan flácidas todo el rato. Le asignan una pensión de invalidez y habilitan su casa lo mejor posible para que pueda valerse por sí mismo.
Aun así cada mínima acción es toda una odisea. Abrir la nevera, beber, ir al servicio. En fin, ya te imaginas.

Lo peor de todo es que esto no le ayuda precisamente a superar su bloqueo creativo. Los pinceles acumulan polvo desde ni se sabe hace ya cuánto. Pero aun así se niega a reconocerlo, sigue creyéndose pintor, sólo que primero necesita documentarse, inspirarse.
Por eso navega todo el tiempo por internet. Él no lo admite pero es un adicto. Consume así las horas, los días, las semanas, los meses, las estaciones, los años, su vida. Sin con ello ir a ninguna parte.
Simplemente se pone frente a la pantalla y se disuelve, como un cubito de aceite.

Verlo teclear es un triste espectáculo. Coloca sus manos suspendidas sobre el teclado y lentamente las desciende hasta que un dedo toca la tecla deseada. A veces el dedo se le dobla sin llegar a pulsarla y tiene que intentarlo una y otra vez. Pero esto sólo le pasa al principio.
Luego, con el paso del tiempo, sus manos sufren una cierta necrosación y se le quedan como acartonadas, facilitándole esta tarea (no hay mal que por bien no venga, oye).

Si quieres podemos curiosear un poco en su ordenador. Aunque (madredelamorhermoso!), a lo mejor no es buena idea...

Ejem, así Manosmuertas vive su particular descenso a los infiernos.
De manera apenas perceptible su vida suena cada vez en un tono más bajo: Do, Si, La, Sol, Fa, Mi, Re, Doooo...
Suavemente se deja resbalar por el filo de la depresión crónica (Manosmuertas llama a su nueva y patética existencia 'Lowlife', en homenaje a un conocido cómic).

Los médicos le recetan una estricta dieta a base de calmantes y mucho reposo. Cosa que adopta sin problema pues en nada afecta a su rutina alienante. Simplemente anda un poco más abotargado, aletargado, de lo habitual, pero enseguida se acostumbra.
Se desliza dulcemente envuelto por una burbuja amable y tierna que alivia (tapa) todos sus dolores y pesares.

Todos menos uno. Si hay algo que no desaparece es su deseo de encontrar pareja. Manosmuertas tiene el convencimiento de que si halla a la persona adecuada podrá recuperar la ilusión, la energía, la alegría de vivir. En esto no se equivoca, pues su cuerpo se ha vuelto indolente, apático, dependiente. Y, como no produce apenas nada, todo lo tiene que absorber de quien se pone a su alcance.
Vitalidad, entusiasmo, ánimo: Combustible. Es un parásito, un vampiro, y ni le importa ni le parece mal. Claro que, la gente no es tonta y todas escapan espantadas en cuanto ven de qué va el asunto.

Y no es para menos, flaco, pálido, demacrado y con las manos colgando, amoratadas, tumefactas, desecadas, es la viva imagen de la muerte y el mal rollo.
De todas formas, la ciudad no es su campo de caza, le basta con el internete. Sólo con charlar un poco con alguna desconocida ya se alimenta. El problema es que eso no aplaca su deseo, su sueño, su anhelo de encontrar un ángel redentor.

Lo malo es que su alto ideal apenas existe, y mucho menos en la red de redes. Manosmuertas se ha vuelto un experto en reconocer la calidad del material que se le ofrece y en descubrir el estrato social al que pertenece. Sabe perfectamente que se mueve en una escala mucho más baja de la que sería apropiada y necesaria para alcanzar su objetivo, pero no pierde la esperanza.

Mientras tanto se entretiene y juega con su particular colección de mujeres-phising, mujeres-florero, mujeres-lapa y mujeres-antes-me-corto-las-venas. Le divierte introducirse en la personalidad de cada una y descifrar sus rudimentarias mentes.
Claro que eso no le lleva hacia donde quiere, sino todo lo contrario.

Así, un día, Manosmuertas toca fondo y descubre lo más bajo de todo, el subsuelo del sustrato de las más profundas y remotas catacumbas de los sótanos de las mazmorras de la superautopista de la información. Descubre una extraña página que alienta a relacionarse en la más absoluta y morbosa oscuridad, en el más perfecto anonimato.
Ve que hay toda una increíble red de hoteles que facilitan ese tipo de encuentros en habitaciones especialmente acondicionadas para ello.
La depravada mente de Manosmuertas alucina ante la sola idea y las inmensas posibilidades que supone, así que no tarda en apuntarse y recolectar posibles presas.

El primer encuentro resulta un tanto extraño. Él llega primero y se acomoda en la cama, luego se abre la puerta y oye cómo algo, una espantosa mole, lucha contra el marco de la puerta hasta lograr introducirse en el cuarto.
El horror lo paraliza, ella avanza hacia la cama, entonces el cuerpo de Manosmuertas reacciona, salta como un resorte y sale de ahí corriendo como alma que lleva el diablo. No para de correr hasta que llega a su casa, su refugio, sano y salvo.

Después de esa experiencia tarda un tiempo en reunir el valor suficiente para intentarlo de nuevo, pero su hambre de vitamina social puede más y vuelve a las andadas.
Así logra tener varios encuentros, cada uno rodeado de detalles enfermizos, que atormentan sus recuerdos. No hay término medio, o son morsas o son esqueletos. Y la que no, tiene escamas, o espantosas cicatrices, o su piel es extrañamente pegajosa y viscosa, o sufre malformaciones terribles. Pero no se queja, sus manos y su cuerpo tampoco son para tirar cohetes, claro.

Aun así siente que necesita algo más, que esos encuentros esconden un tesoro oculto en algún lado, algo que no acierta a ver o a encontrar. Hasta que un día se le enciende la bombilla y descubre qué es eso que le falta. Quiere poder ver y estudiar esa fascinante fauna de los abismos oceánicos (mejor dicho 'sociogénicos'), esos raros especímenes de criptohomínidos (o de apariencia humanoide cuando menos).
Así pues, se hace con una pequeña cámara de video con grabación nocturna y con ella se dedica, poco a poco, a recopilar alucinantes documentos, increíbles testimonios de un mundo oculto y desconocido hasta la fecha.

Manosmuertas decide que esta sea su gran obra, el genial legado que ofrecer a la humanidad y con el que espera pueda comenzar su ascenso, su reconciliación con la existencia.
Por tanto, edita y prepara el montaje de su asombroso documental y convoca a los medios para su presentación.
Pero, algo no sale como esperaba. La prensa se centra en su figura.
Queda impresionada con su aspecto, con su tez macilenta y sus manos a lo monti-barns.

Él se percata de su error y procura adecentarse mejor para futuras apariciones. Cubre sus manos con unos discretos guantes y las mantiene rectas con un par de finas reglas sujetadas bajo las mangas. Pero de nada sirve, ya es demasiado tarde, la prensa ha visto 'sangre' y quiere su carnaza.
Le ofrecen sumas desorbitadas para que acceda a salir por la tele.
Incauto (y codicioso) acepta la oferta y se convierte en la mascota de los programas más indecentes y degradantes.
Para cuando se quiere dar cuenta ya está atrapado en un inframundo de basura y cotilleos, con un montón de periodistas pululando a su alrededor como moscas en torno a la mierda.

Harto y asqueado, Manosmuertas idea una salida drástica: Finge su propia muerte, cosa que no le cuesta demasiado esfuerzo con su aspecto. Y en cuanto puede se escabulle, raudo y sigiloso como una cucaracha, hacia su nueva vida y la continuación de sus extraños proyectos y su rara obra.