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Este blog no está recomendado para menores, así que tú mismo con tu mecanismo.

fin del aviso


4 de noviembre de 2007

La Chica con Cara de Sergio

La chica con cara de Sergio se mira en el espejo del baño, el grifo gotea lentamente.

Plic.

La chica con cara de Sergio se mira y le vienen a la memoria dolorosos recuerdos de su infancia, en el colegio, del momento en que aquel diablo de crío encontró las palabras adecuadas para marcarla de por vida con el dichoso mote.
Antes de él otros lo habían intentado pero la cosa no cuajaba porque no acertaban del todo, siempre que probaban a llamarla cara de niño o cosas así aparecía alguna pega u objeción, y es que los críos siempre han sido un público muy exigente, no aceptan cualquier cosa y por eso, durante un tiempo, la chica con cara de Sergio pudo vivir libre de esa etiqueta.
Aunque en realidad eso no representara gran diferencia pues el trato que recibía era igualmente cruel e hiriente, ella no comprendía por qué los demás actuaban de esa manera, por qué le hacían sentirse mal sólo por no ser como se supone que debía ser.
Por qué este castigo si yo no tengo culpa de nada?
Y ellos reían y seguían atacándole, ciegamente, como si con eso fuesen a lograr algo, aparte de hacerle daño y destruir su autoestima.

Plic.

Todavía resuenan esas risas en su cabeza mientras la chica con cara de Sergio se mira en el espejo y se ve fea y se aborrece.
Desprecia sus rasgos y se concentra en ese sufrimiento, a pesar de que su cuerpo es perfecto, hermoso, delicado y fragante como un lirio. Incluso su cara es preciosa, ciertamente un poco exótica, eso sí, pero preciosa. Es su propio juicio lo que más daño le causa y no se da cuenta de ello, ella sigue creyendo que los demás tienen razón, que es un monstruo y que merece ese desprecio, ese trato vejatorio.

Plic.

La chica con cara de Sergio continúa reviviendo recuerdos traumáticos, esta vez de su adolescencia, de cuando quiso acercarse a un chico que le gustaba. Recuerda lo nerviosa que estaba y lo mucho que tardó en reunir el suficiente valor para atreverse y cómo las palabras que él pronunció le hicieron trizas el corazón, aunque no fueran malintencionadas. De nuevo se le acelera el pulso y escucha aquellas palabras cayendo sobre ella como losas pesadas: Perdona pero tú eres chica o chico?
Tendría que haber caído fulminada entonces y al menos no habría tenido más problemas. Pero no fue así, sus amigas, por llamarlas de alguna manera, acudieron a rescatarla, pues se había quedado paralizada, impactada, y la sacaron a la calle mientras se iban riendo estentóreamente. Risas que aún se le clavan en su interior.

Plic.

La luz del espejo le devuelve al presente, contempla su reflejo y sigue pensando. Después de una experiencia así cómo no aislarse? Cómo no llegar a la conclusión de que todo el mundo es malo, cómo no dejar de confiar en los demás y hundirse en el silencio, la soledad, el dolor. Cómo no rendirse y ponerse de su lado y sentir asco por ser así, rara, diferente, deforme. Cómo no caer a veces en la confusión máxima, en el querer quitarse la vida, en el buscar soluciones fáciles en cualquier tipo de evasión que le proporcionara algo de calma o, por qué no, algo de placer incluso.

Plic.

Pero eso tampoco funciona, la chica con cara de Sergio guarda negros recuerdos de sus intentos desesperados, ya de adulta, cuando creyó que podía sustituir el amor por el sexo. De aquel antro lleno de salidos y viciosos que no paraban de preguntarle si era un travesti y si tenía polla, de aquel experimento con aquella joven que por un momento le hizo sentirse querida pero que luego igualmente le hizo sentirse sucia, utilizada, despreciada.
De cómo se vio profundamente humillada ante todos, de cómo lo que al principio parecía una broma divertida se transformó en un maltrato degradante y asqueroso. Y, finalmente, de cómo reían quienes contemplaban aquel enfermizo y bochornoso espectáculo.
Siempre lo peor son las risas de los demás, piensa, incluso su recuerdo abre viejas heridas que nunca terminaron de curar del todo.

Plic.

La chica con cara de Sergio tiembla por dentro, mirarse en el espejo la altera y remueve profundamente, sabe que haciendo esto se ocasiona mucho daño pero quiere tocar fondo, derrumbarse, terminar de una vez con la lenta tortura de vivir en estas condiciones. Para bien o para mal desea que algo cambie pues ya no quiere seguir soportando su infierno particular, tan cotidiano.
Por todo esto, la chica con cara de Sergio se queda sin habla, y sin recuerdos, se le atraviesan las palabras, se le hacen un nudo que le oprime la garganta y rompe a llorar. Al principio quedamente, despacito, luego amarga e incontrolablemente, doblándose sobre sí misma, apenas sosteniéndose en pie, frente al espejo, mirando su horrible expresión llena de dolor y amargura.
Así, llora larga y desconsoladamente hasta quedar vacía por dentro, hasta quedar anestesiada por la propia angustia, sin fuerzas, sin ánimo, sin brillo en su mirada. Envejecida, deshecha, exhausta.
Luego, ya más calmada, la chica con cara de Sergio se lava, se recompone como buenamente puede, esboza una especie de sonrisa ante el espejo y se va.

Plic.