11 de febrero de 2008

Poemas porno

(Esta entrada no está recomendada para menores, así que tú mismo con tu mecanismo)

1
Ella entreabre sus ojos serenos, exhala y se despierta del sueño.
Menea su valle, mi boca en su pubis, luego sigue durmiendo.
Abre sus piernas, beso sus labios, mis manos exploran su nido.
Despierta húmeda su vagina, toco y muerdo su erecto ombligo.
Sigo lamiendo sus olas, desnudando de pelo su playa.
Donde soplo y hago entrechocar sus rodillas suavemente.

3
Mojan mi húmedo clítoris tus sucias caricias,
juegas con él mientras mi nariz saluda a tu travieso pubis fragante.
Me haces soñar de placer; Tus dedos, sin ningún pudor,
muerden mis pétalos.
Te hago sufrir, aplazo tu eyacular, juego a comer tu fruta,
mi valle pequeño se eriza con tu gemir.
Mientras tus manos, digitantes, me invaden, mi boca abraza
con cariño tu glande, delicado.

4
Frotabas la comida, que levantaba otro.
Empujabas tu dolor, nuevo, para saciar mis caricias,
tus pestañas gemían, bebías de mi mano, separabas tus tobillos,
deseabas mi peso sin hueso, gritabas, lamías,
tu piel se abría, húmeda, a mi placer,
te tumbabas en mis brazos, sentías, dócil, mis dedos hundir tu miel,
te encogías, miedosa, mi lengua te ataba,
escondías tu clítoris de virgen, sin escapar a mi lluvia, extasiada,
atravesándote, mientras tus senos, sedosos, lloraban.

6
Tus desnudas uñas quieren mi liso monte,
estimulas las dunas,
osado coges mis flores y te las comes,
te frotas suave, estremeciendo mis hierbas.
Me convierto en tu fluido,
me pellizcas y yo, con rubor, saboreo tu sudor.
Descubro algo que menear, el deseo eriza tu espalda,
respiro tu pene, me aparto el pelo,
chupas mi huerto.
Amo tu aliento, se deslizan tus pestañas sobre mi playa
y tapas mis pecas con tu espalda
mientras mi lengua se seca.

7
Quisieron secar sus playas mojadas,
la flor hueca besó sus brazos salados,
las pulpas se deslizaron sobre los duros acantilados
que ellas dulcemente trepaban, sonrojadas.
Despertaron erectas sus rodillas, llegaron los fragantes topos,
se ablandaron sus sedosos secretos, se masturbaron bajo el cielo.
Sus labios reían con la brisa, que levantaba sus pétalos
y lamía sus pubis palpitantes. la noche caía,
sus tobillos bailaban, sus culos vibraban,
sus pechos saltaban, chocaban, se frotaban,
sus bocas gemían, sus lenguas se abrazaban,
sus fuentes se mezclaban y la luna las bañaba de nuevo.

9
El sofá se llena de bromas, de pies juguetones y calcetines robados,
cosquillas y risas que se transforman en caricias.
Tu pecho roza mi paquete, tus manos traviesas se adentran
bajo mi ropa.
Huelo el hechizo de tu cabello, mis labios buscan el sabor de tu piel,
frotas mi pene erecto con tus bragas, chupas mis pezones.
Mis manos tiemblan, luchan con los botones de tu camisa, ganan,
se extasían mis ojos con la visión de tu sujetador, pero
enseguida te revuelves.
Noto tu cálido aliento sobre mi glande, me quedo sin respiración.
Miro hacia arriba, tus bragas bailan ante mi nariz, exploro su
textura con mi lengua.
Mientras, sujetas mis manos y tu boca hace maravillas,
me relajo, me dejo llevar, me elevo,
llego al cielo y toco las estrellas.
Liberas tu presa y te vuelves,
me miras con tus ojos golosos
y tu sonrisa llena de esperma.

11
Sola.
En la cama.
Recuerda a su antiguo amor, sus brazos, su cuerpo,
sus encuentros.
Lo imagina de nuevo sobre ella, siente su peso,
se excita.
Nota cómo se abre su vulva, cómo se introduce su miembro fantasma,
lentamente.
Recuerda sus manos, sus caricias, su cuerpo se estremece,
sus pezones se erizan.
Se acelera su respiración, su vagina se humedece, su cuerpo se contonea,
lenta, dulcemente.
Su cabello cae y se desparrama con sensualidad, sus ojos cerrados
se elevan.
Las ventanas de su nariz se dilatan, su lengua asoma tímida
entre sus labios entreabiertos.
Imagina que la está poseyendo con toda su pasión,
emite pequeños gemidos.
Su cuerpo se agita lleno de deseo, siente cómo la excitación
la penetra hondamente.
Sus miembros se sacuden a espasmos, el placer la inunda por oleadas,
cada vez más intensas.
Hasta alcanzar el clímax.
Entonces se relaja, disfruta,
deja que el gozo recorra todo su cuerpo, a él lo nota junto a ella,
abrazándola con sus brazos invisibles.
Amándola.
Aunque sólo sea en su imaginación, así lo recuerda.
En la cama.
Sola.

12
Dos viejitos arrugaditos, tumbados, mejilla con mejilla.
Con las manos de en medio juntadas y las otras reposando
al costado
de sus cuerpecitos, vestidos de negro, elegantes.
Dentro de un amplio ataúd, acolchado, con la tapa abierta,
rodeados de ramos, flores y pétalos.
Los dos viejitos mirando hacia el techo, esperando,
como quien no espera nada, con la mirada perdida, vacía, apagada.
Ambos respiran despacio, con dificultad, frágiles, sibilantes,
sus caras ajadas tiemblan, ligeramente, todo el tiempo.
Uno de ellos suelta un hondo suspiro, el otro empieza a llorar
en silencio,
corriéndosele el rimel, que resbala, tiñendo sus arrugas,
hasta llegar a la mejilla del otro, que también llora un poquito.
Entonces, lentamente, cada uno de ellos, con su mano libre,
baja la cremallera y mete la mano en la bragueta del otro,
sacando su pequeño pene flácido y meneándolo ligeramente,
con delicadeza,
como quien intenta resucitar a un pajarito muerto,
con sus manos nudosas, curtidas, gastadas,
sin conseguir ningún resultado.

16
Tu piel se ilumina por dentro,
mis ojos se llenan de lava.
Perdido en tu cuerpo mis manos exploran,
tus ríos, tus valles, tus montañas.
Tu cálido palpitar inunda mi corazón,
tu risa pinta de besos mis labios.
Mis caricias derriten tus huesos,
se separan tus piernas.
Se abre el mar y yo me hundo en tus arenas.
Como un pez nado en tus aguas,
que tú agitas y yo meneo.
Mientras tu luz, y mi fuego,
se juntan y funden creando un nuevo sol.

17
Recuerdo tus duchas valientes,
tus besos estrangulados,
tus senos dorados,
tus dientes sedientos,
tu cabello fragante,
tus pajas sosas,
tus jadeos honrados,
tus luchas calientes.